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Articulo

Arad / Aradán VII

Por David Wapner


Cuento corto y premios

El rabino, un jasid de Jabad Lubávitch, enciende las velas de Jánuca, y canta la oración que exalta los milagros de aquellos días.

Amén, amén, amén, responden los presentes.

Desde las butacas de atrás, se insinúa un cántico que enseguida se extiende a todo el público, y que culmina con devoción. Parece una iglesia evangelista.

Es un acto que comienza con la entrega de los premios a los ganadores del concurso “Cuento local”, de cuentos cortos, que organizó la municipalidad de Arad.

El tercer premio es un hombre que nada en un mar bravo, trata de llegar a la orilla, pero se ahoga. La jurado encargada de entregarle el cheque para comprar libros, lee de un papelito un texto en donde interpreta el cuento, y llega a la conclusión de que el hombre se salva, parece que alguien había en la orilla.

En el segundo premio, una mujer se despide de este mundo, con el recurso de tomarse una nave espacial que la llevará a algún sitio que no precisa. En carta a un “querido mío”, da cuenta de las injusticias, del rumbo equivocado del planeta, de la contaminación de la atmósfera. El jurado de turno, entrega el cheque a la madre de la autora, y lee de su cartoncito un elogio a la imaginación de la autora.

El ganador del concurso concibió a un policía que se enfrenta a olores subjetivos o abstractos. El texto gira en torno a la percepción, el policía ya conoce los olores de la muerte, del miedo, del silencio, pero es la primera vez que se enfrenta con el de la locura. Tiene que detener a un hombre que se volvió loco, conducirlo a un hospital, para concluir al final que no es delito ser loco. Le entregan su premio, orden de compra por mil shékels para comprar libros en Steimatsky. La presidente del jurado lee su interpretación, el policía tenía muchos compañeros que lo comprendían y apoyaban, y de este modo, la voz narradora pudo superar esta situación traumática.

Arena abajo y arriba

Todo el país cubierto por una tormenta de tierra que viene de África. La concentración de partículas de polvo en la atmósfera es tan densa, que se aconseja a las personas con problemas respiratorios, ancianos, niños, minusválidos, no salir de las casas. Cuando llueva, en unas horas, el cielo quedará limpio. Si no llueve, será el cambio climático. Desde hace un tiempo, que la única lluvia eran los cohetes. Por causa de la masacre en Gaza, de la que se cumplen dentro de poco un año de su inicio, sólo habían caído a cuentagotas, apenas cañitos aislados, tucas, restos de viejas sesiones. Desde Aradán tratan de compensar la sequía, con la promesa de verdaderos misiles, aptos para suscitar tormentas (las cabezas atómicas, que desmienten, y todo lo que se desmiente es cierto). Están locos en Aradán, por una sílaba de más, quién es el que prima.

El rescate

I

El cuñado de Netaniahu fue a visitar a los padres del soldado tomado rehén por el Hamas hace casi cuatro años, Guilad Shelit, quienes acampan frente a la Knesseta, a la espera de una decisión del Primer Ministro, que debiera ser resuelta hoy, 21 de diciembre, y se demora. Debe decidir la liberación de los dirigentes palestinos presos en cárceles israelíes, los pesados, que son un puñado, Netaniahu no quiere. El cuñado fue a decirle a Noam y Aviva Shelit que su hijo será liberado durante la próxima operación militar en Gaza, “¿y cuándo va a ser?”, preguntaron los padres, “en dos, seis meses, máximo”. Buscar a Shelit en Gaza es como trepanar el cráneo de un hombre para hurgar con cuchillo en su cerebro en pos de un pensamiento oculto. El hombre va a morir, y su pensamiento con él. Salvo que el pensamiento oculto sea una excusa, y la trepanación el fin. La gente de Arad está con cara de culo, un humor de mierda, muere de aburrimiento, se muestra amarga y actúa agresiva. Les falta droga, la droga del pueblo, la guerra,, la más pesada, sin sustituto ni retorno, el último recurso. Con la guerra, todo vuelve a adquirir sentido, las emociones vuelven a tomar color, los semblantes, los gestos corporales, todo, todo adquiere velocidad. Su efecto, luego de un cese del fuego, perdura por un tiempo, pero, por el uso reiterado, cada vez dura menos, y el adicto pide más, necesita aumetar la dósis. Ahora, ¿cómo se inventa una guerra, con qué material se la fabrica, cuando el proveedor está quebrado? ¿De vuelta caerle a los Gazanos, demolerlos a bombazos, pasar la aplanadora y cantar victoria? ¿Bajo qué excusa? En una nota del diario Israel Hayom (Israel hoy), de circulación gratuita (el segundo del país, detrás del Yediot Ajaronot), cuyo título es “Perdón que vencimos” (firma Yoav Limor), se afirma que “la victoria en “Plomo  Fundido” es inapelable. No por Krock-Out, pero sí por puntos. Hamas todavía está vivo y sigue siendo una amenaza. (Pero) Hamas, que fue sorprendido por el Tsahal en cada una de las instancias, ya no dispara cohetes, y, lo principal: volvimos a tener confianza en nosotros mismos.” Tras párrafos pletóricos (de vanagloria por el accionar bélico), agrega Limor: “Claro que no sería inteligente comparar entre lo que nosotros tenemos y lo que ellos tienen. El equilibrio de fuerzas sería algo así como que el Barcelona de Messi jugase contra un equipo las divisiones infantiles del Hapoel Ashkelon.”

II

¿Cuál va a ser la excusa? ¿El rearme del Hamas? ¿La muerte del Hijo? El Hamas no tiene intención de largar a Shelit por menos de lo que pide, para eso invirtió cuatro años (que, a decir verdad, para el Islam no son nada) de esfuerzos, pero tampoco de matarlo. Salvo que Israel decida una operación rescate. Ahí, sí, al chico lo matan. La venganza es una excusa plausible para declarar una guerra. Hay que fabricarla, bajo un concepto retorcido, pero el síndrome de abstinencia apremia.

Hay otra opción, más difícil y riesgosa que cebarse con Gaza: Aradán invita a Arad a que la ataque, le tiende trampas, la atrae con artes de flor carnívora. Hay funcionarios, políticos y militares que hacen fintas y sombra, pero en la calle no hay entusiasmo. Sería una guerra de verdad, con misiles de primera categoría y mucha víctima local. Esta opción sería la última, como tomarse una botella de nafta a falta de alcohol.

III

El gobierno ya envió su respuesta al Hamas por medio del mediador alemán: liberarán los prisioneros bajo condición de que aquellos que tienen varias perpetuas sean deportados a Gaza, o a países terceros. Hamas no va a aceptar. A todo esto, el soldado Shelit no sabe nada. Sigue suspendido en el tiempo, colgado de su uniforme. Si Sharón despertase, o si muriese. Pero no hace ninguna de las dos cosas, y su estado se corresponde con la situación del soldado. El era el gobierno cuando el Hamas dio el golpe. Y todavía lo hace para Shelit.. No es que el rehén de los islamistas desconozca que desde su abducción se hayan sucedido en Israel dos primeros ministros más. Eso lo sabe, pero, en su pozo, ¿qué cambia?

IV

Hamas acepta, pero a medias. Pide reducir el número de deportados. Con tanto exiliado interno en Gaza, pueden suceder varias desgracias. Una guerra civil, por ejemplo, entre Hamas y partidarios del Fataj. O, como narraba el dibujo animado de la campaña del partido de Líberman para las elecciones. Piratas malvados, encarnados por el presidente palestino Abu Mazen, el primer ministro Ismael Haniya (Hamas), el jefe del Movimiento Islámico, y los ocho diputados árabes israelíes en la Knesset, cometen tropelías a troche y moche. Hasta que llega el barco del capitán Líberman (con gorro marinero y músculos como Popeye) y los atrapa a todos. Hace un paquete con ellos y los deposita en una isla desierta. Cuando el buque se aleja, acciona un detonador a control remoto y la isla vuela por los aires junto a sus ocupantes. El capitán Líberman sonríe satisfecho y regresa a su puesto de mando.

V

También es posible inventar una guerra en el frente interno. Líberman promete que, luego de que finalice el período de moratoria para la construcción en las colonias de ocupación, se actuará contra las construcciones ilegales en el Néguev (el sur) y la Galilea (el norte). Se refiere a 100.000 viviendas de beduinos y árabes israelíes, que construyen sin permiso porque nunca el gobierno se lo otorga. El canciller propone que no se trata de gente inocente, sino que forman parte de un plan muy organizado para expandirse dentro del territorio de Israel con el propósito de fracturarlo, o alienarse de él. Al mismo tiempo, un rabino norteamericano lidera un proyecto para que 2500 familias de judíos yanquis golpeadas por la crisis, se radiquen, en un futuro próximo, en el Néguev. Apenas pisen territorio israelí, se convertirán en ciudadanos de pleno derecho. Los jóvenes se incorporarán al ejército, y a lo mejor les toque participar en operaciones para erradicar viviendas ilegales plantadas por el enemigo interno o quintacolumna, en su mayor parte pastores.

VI

A los colonos de ocupación, autores de la quema de la mezquita y los libros sagrados de la aldea palestina Yasuf, no los agarraron, pero, mientras, rabinos se presentaron ante los vecinos y autoridades religiosas locales a pedir perdón. También pidió perdón y condenó el ataque el Gran Rabino (ashekenazí) de Israel, Itzak Meltzer. Incluso, algunos religiosos de las colonias de ocupación vecinas tomaron entre sus manos los Corán quemados  para besarlos.

Como Dios manda

A un soldado judío se le permite actuar en la expulsión de ocupantes ilegales de tierras en Tierra Metida, salvo que se trate de judíos. Esto está prohibido por la Torá, o sea, Dios mismo: ningún judío puede se expulsado de su tierra, so pena de sacrilegio. Dios está antes que el Estado, las leyes de la Torá prevalecen sobre la jurisprudencia civil y el dictamen rabínico debe ser obedecido por sobre una orden militar. Este sistema de valores es el que impulsan las Yeshivot haesder. Una yeshivat haesder, “Seminario del Concordato”, es un seminario rabínico que firmó un acuerdo  con el estado y el Tsahal por el cual los seminaristas, a la par que estudian Torá, reciben instrucción militar. El treinta por ciento de los militares israelíes pertenecen, o se han formado, en estos seminarios religioso-militares, verdaderas falanges, y son considerados como los más aguerridos y patriotas. El rabi Eliazar Melamed, director de la yeshivá haesder “Ar habrajá” (”La montaña de la bendición” o “Montaña bendita”), lidera una rebelión religioso-militar en contra de la evacuación de asentamientos judíos en territorios ocupados (muy pocos micro-asentamientos,  puestos de avanzada, que responden al eufemismo de “ilegales”, han sido levantados hasta ahora; por cada uno que es tirado abajo se levantan diez), o al congelamiento (otro eufemismo) de la construcción de nuevas edificaciones en los asentamientos “legales” por diez meses. En los cuarteles sagrados en donde cumplen el precepto de la conscripción, los soldados incontaminados y puros (no se mezclan con mujeres), enarbolaron carteles y pancartas en las cuales se dice que no cumplirán las órdenes de oficiales superiores que tengan que ver con echar a judíos de Tierra Santa, por que va contra las leyes de Dios. Dios es un general, me había dicho una vez cierta amiga que se fue a vivir a Jevrón. La obediencia debida del soldado debe privilegiar a Dios antes que a la linea de mandos militar, o al estado de derecho. Esto no es objeción de conciencia, porque un religioso no actúa por conciencia, obedece a un dogma. Y un soldado-religioso actúa como iluminado. El Tsahal no sabe cómo resolver este dilema. En el ejército de ocupación va creciendo una falange. El ministro de defensa, Ehud Barak. dio por cancelado el acuerdo con la yeshivá de Melamed, el rabino. Poca cosa, Melamed, un pequeño ayatolah Jomeíni judío, tiene mucho ascendiente dentro de la comunidad “del acuerdo”. Y en cualquier momento puede salir a batallar un Mohamed Alí Seineldín con Torá y fusil.

Aradán sigue los acontecimientos.

(Arca Apache es la edición por capítulos del blog La marca de no sé.)

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