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La superpotencia de los días pares

Por Guillermo Piro 

Queridos amigos de Israel que cada tanto tienen la paciencia de pasar por este tugurio, les propongo un pequeño test, de una sola pregunta. Para ustedes Israel es:
1. Un pequeño país cercado, cuya existencia está continuamente amenazada y continuamente necesitada de ayuda.
2. Una potencia mundial que puede resolver sus propios problemas sola.
Si respondieron 1, son amigos de Israel, seriamente preocupados por su existencia. No hay nada de malo en eso.
Si respondieron 2, también son amigos de Israel, igualmente preocupados por su existencia, y sigue sin haber nada de malo en eso.
Pero si el lunes responden 1, el martes 2, el miércoles 1, el jueves 2, el viernes 1 y el sábado 2, aunque sean amigos de Israel hay algo que no funciona.
No hay nada de malo en apoyar a Israel, porque Israel, lo que quiere, es que la apoyen: los lunes, los miércoles, y los viernes los israelíes se sienten aislados de la comunidad internacional (dejando a los Estados Unidos de lado, naturalmente). La sensación es que los martes, los jueves y los sábados Israel lo único que quiere es oír decir: “Haz lo que quieras, tienes todo el derecho”. A lo mejor el derecho lo tiene, ¿pero tiene la fuerza?
A menudo, discutiendo con amigos de Israel, aparece este tema. Israel es fuerte, Israel “podría resolver” sola el problema “si quisiese”, solamente “pagándole a sus enemigos con la misma moneda”, “atacanbdo donde más les duele”, etc. En suma, estamos hablando de una potencia económica y militar que podría dar vuelta a Medio Oriente como si fuese una media, pero que no lo hace porque tiene una ética, una estructura democrática, etc., etc.
Esto, en cierto sentido, es verdad. Israel tiene la bomba, sus enemigos (todavía) no.
Pero dejemos de lado el Apocalipsis. Detengámonos en lo que pasó en estos días. El balance de las víctimas me parece que habla claro: Israel tiene todo el poder de tiro que quiere. ¿Pero podrá derrotar a Hezbollah? Difícil. ¿Por qué conseguiría hacer ahora lo que no consiguió hacer en los últimos veinte años?
Lo irónico es que Hezbollah no existía hace 24 años, cuando Israel invadió el sur del Líbano para liberarse definitivamente de la OLP de Arafat, que de hecho lo controlaba. Para los chiitas de entonces, la OLP era un grupo de sunitas, mitad mafiosos y mitad extremistas políticos. Y sobre todo intrusos. Conociendo un poco la historia de ese país resulta lícito imaginar que antes o después se habrían organizado contras ellos. Pero eso no pasó. ¿Por qué?
Porque llegaron otros intrusos, todavía más intrusos que ellos: los israelíes. Recién entonces los chiitas comenzaron a organizarse en milicias. Este es el resultado de una ocupación: no sólo Israel no consiguió sacarse de encima a la OLP, sino que, en compensación, se ganó un enemigo nuevo en el sur del Líbano.
Pero si Israel fuese la potencia que pretende ser en los días pares, Hezbollah no sería otra cosa que un recuerdo lejano. Por el contrario, Hezbollah se vanagloria de ser la única fuerza que le ganó una guerra a los israelíes –la guerra de liberación del sur del Líbano, justamente, que terminó con el retiro de los israelíes en el 2000. ¿Pero los israelíes (y sus amigos) se dieron cuenta de que la perdieron? ¿Cómo se explica, a la luz de los hechos de hoy, su retiro precipitado? ¿Qué tenía en mente el zorro de Barak?
No se sabe. En los días pares se puede formular esta teoría: a lo mejor no tenía nada en mente. A lo mejor los israelíes se retiraron porque no podían más, simplemente por eso. Israel es un país muy chico en crisis económica, con demasiados enemigos, demasiados frentes externos e internos, y cada tanto baja los brazos. Pero eso sería como decir que Israel, cada tanto, pierde la guerra, y eso no se puede admitir, está prohibido. En los días pares.
¿Tienen presente a la clásica mamá italiana, que está constantemente quejándose, siempre lamentándose de que nadie la ayuda en los quehaceres de la casa, y que al mismo tiempo es refractaria a cualquier intento de ayuda? Porque en realidad no es ayuda lo que espera, sino disfrutar del derecho a poder lamentarse porque nadie la ayuda.
Si digo que Israel es un poco así, ¿cuántos puntos de antisemitismo me gano?
A las madres cada tanto se las ayuda de verdad. No puede hacer todo sola, siempre. No puede tener durante toda la vida los reflejos y la fuerza de una veinteañera. No puede ser todo el tiempo sabia como una cincuentona. No son perfecta, aunque sean nuestras madres.
Israel es igual: cada tanto hay que ayudarla. De Hezbollah –que la amenaza– y de sí misma. De los enormes quilombos que arma y que siempre paga con sangre.

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