Articulo

Velocidades IX

pcchNotas sobre el capitalismo Asiático II


Por Leonardo Sai

El peso de la gran China en la economía política mundial

Pensar el llamado “desafío chino”[1] supone entender que no se trata de un punto de vista ecuánime, abstracto, diluyendo la pregunta que interroga por su poderío en un análisis “típico” de la membra disiecta de las ciencias sociales: Sea su discurrir antropológico, culturalista, institucionalista, sociológico, es decir, vacuo —especialistas que repudian el concepto en el medio del concepto bajo la forma del modelo analítico— respecto del asunto que da que pensar: El lejano horizonte de una planificación regional de los recursos estratégicos que transforme la actual devastación que la cínica jerga financiera, empresarial, periodística y académica llaman “commoditie” o “materias primas[2].

¿Qué entendemos por planificación? No podemos avanzar mucho en esta reducida nota. Escuetamente: La dirección científica del Proceso Social de Producción o Proceso de Producción Social entendido como unidad entre un proceso de producción material  y un proceso de articulación social general. La diferencia entre una teoría de la planificación propia de los trabajadores en tanto clase que gobierne la Producción y la dirección planificada de un Estado, como el Chino, requiere, a su vez, del replanteo de lo que entendemos por ciencia, tecnología, clase obrera, etc. Tomamos la definición de “planificación” en un sentido general subrayando que en China no es en los trabajadores mismos desde donde emerge la dirección de la planificación sino a través del Comité Central sobre el conjunto de los trabajadores. Esta forma del ejercicio del poder y del gobierno de la producción (“de arriba hacia abajo”) es la que el capitalismo hizo suyas, aquí  “con peculiaridades chinas”. Toda empresa “planifica”. La cuestión es saber específicamente qué es planificación socialista y que no. Volvamos.

El sistema de representación política que, en apariencia, gobierna las sociedades nacionales de América Latina carece, absolutamente, de una direccionalidad común que constituya un poder efectivo de negociación (vital) para el rumbo de la economía política mundial de los próximos veinte años. Para este plazo, el Partido Comunista Chino (que tiene 72 millones de afiliados, 22 millones de ellos tienen expedientes académicos universitarios de carrera corta y superior; a 2006) ha programado las metas a las cuales conducirán al Estado Chino a la producción de una sociedad “modestamente acomodada”. En este sentido, solo en el segundo proceso se puede hablar, realmente, de representación política. A diferencia del “proyecto bolivariano”, que es un miserable panfleto, el pensamiento de la triple representatividad es la formulación sintética de una experiencia política:

El tema del Congreso es: Mantener en alto la gran bandera del socialismo con peculiaridades chinas, tomando como guía la teoría de Deng Xiaping y el importante pensamiento de la “triple representatividad” y aplicando a fondo la concepción científica del desarrollo, para proseguir la emancipación de la mente, persistir en la reforma y la apertura, fomentar el desarrollo de manera científica e impulsar la armonía social, en una lucha por conquistar nuevas victorias en la edificación integral de la sociedad modestamente acomodada… representa el objetivo por el que luchan nuestro Partido y nuestra nación para el año 2020... (Hu Jintao ante el XVII Congreso Nacional del PCCH; 15 de Octubre de 2007; Beijing)

Y esto es hace así, ciegamente, porque América Latina, en su conjunto, se ha privado de una real compresión de la economía política del capital tecnológico o, en términos todavía más terribles: Porque la diferenciación del capital se la secuestra, sin enterarse, o, cínicamente, la entrega. Nuevamente, no podemos exponer aquí el concepto del capital diferenciado (El Capital Tecnológico; Pablo Levin; Catálogos; 1997) si bien estamos tratando de indicarlo.

En la última década, China recibió en promedio 50.000 millones de dólares anuales en concepto de inversión extranjera directa. Esto, al mismo tiempo, coincide con lo que la literatura/jerga observa como “desplazamiento competitivo respecto de América Latina en la economía global”. Este dato, meramente empírico, de una China como principal receptor de IED del mundo, en lo que se refiere a los llamados “países en desarrollo”, es una evidencia grosera de lo que conceptualmente llamamos diferenciación (tecnológica) del capital y que fue descrito, superficialmente, con varios tintes. Uno de ellos es “tercerización”.

No se trata, simplemente, de la instalación masiva de fábricas o subsidiarias de trasnacionales (capital meramente reproductivo o capital simple), China, entre 1994 y 2002, abandonó la política de importación de líneas de producción completa para hacer frente a una transformación más amplia basada en la incorporación o traspaso de tecnología básica (capital tecnológico). Esto, a su vez, dice que China no ha podido todavía establecer una eficiente red endógena de innovación (China depende de tecnologías extranjeras y su traspaso forma parte hoy de la agenda del G-2) y de la prioridad de establecimiento de centros de I&D para el Partido:

Incrementar la capacidad autónoma para construir un país innovador. Se trata del meollo de la estrategia sobre el desarrollo del país y la clave para elevar su fortaleza integral. Hay que persistir en seguir el camino de innovación autónoma con peculiaridades chinas… Se va ejecutar el Programa Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico a Medio y Largo Plazo… Se acelerará la implantación del sistema estatal de innovación y se brindará apoyo a las investigaciones en ciencias básicas y en tecnologías de vanguardia y de beneficio público. Se apresurará el establecimiento de un sistema de innovación tecnológica con las empresas como sujeto, guiado por el mercado y que integre la producción, la enseñanza y la investigación, con el fin de orientar y apoyar a los elementos necesarios para la innovación en su agrupación en las empresas, promoviendo así la transformación de los logros científicos y tecnológicos en fuerzas productivas reales. (Hu Jintao ante el XVII Congreso Nacional del PCCH; 15 de Octubre de 2007; Beijing)

Dicho de un tirón: A una potencia que concibe a veinte años, le corresponde un variopinto continente que se dirime en el cortoplacismo electoralista; A la diferenciación meramente empírica bajo el modo del commoditie (tanto para la soja en Argentina, cobre para Chile, Petróleo para Venezuela, China es, en todos estos casos, y para Brasil también, socio cabeza en todos los ranking y explicación de la bonanza de dólares en sus respectivos Bancos Centrales) como estrategia para la economía mundial, se le contrapone un Estado que toma nota de la potenciación tecnológica del capital y lo conduce mediante una burocracia técnica que reivindica, como esencial, la planificación científica (marxista) de la economía. América Latina se pone como políticamente indiferenciada frente a la inmanencia mundial de una economía política muy jerarquizada, competitiva, diferenciada por el desarrollo tecnológico.

¿Conducción de esta diferenciación mediante una planificación regional de los emergentes? China, sin duda, tomó nota del BRIC. Hablan y hablarán del peaceful devolopment, impulsarán lo que ya se denomina multipolaridad… habilidad diplomática, soft power, amistad entre países: Nuestra impotencia se llama abdicación en política.

La estabilidad política de los incipientes procesos que en América Latina intentan despegarse de lo que identifican como “neo-liberalismo” depende de la capacidad futura de éstos de construir un poder relevante y de si pueden defenderlo, bajo la potenciación de la China Mayor, para sí mismos.

Bibliografía:

El Capital Tecnológico; Pablo Levin; Catalogos.

Entrevista a Carlos Abalo; Site Nacion Apache.

El Siglo de China; Oded Shenkar-

El Desafío Chino; Revista Nueva Sociedad; www.nuso.org; Online.


[1] Creemos que las modificaciones producidas por el avance chino no pueden considerarse como cíclicas ni temporales sino que constituyen una reestructuración fundamental del sistema global de negocios y un nuevo posicionamiento de los principales interesados. Como afirma Oded Shenkar El florecimiento de la China al despuntar el siglo XXI se refleja no sólo en una inundación de importaciones baratas, la decadencia de algunos segmentos del sector manufacturero en otros países o el traslado de empleos al exterior, todas tendencias importantes. No sería una exageración decir que el progreso de la China marca una línea divisoria que cambiará el panorama mundial y que es equivalente al ascendente de los Estados Unidos como potencia mundial económica, política y militar en el último siglo. Si las actuales tendencias continúan, la China superará a los  Estados Unidos y llegará a ser la mayor economía del mundo (en lo relacionado con la paridad del poder adquisitivo) a la vuelta de dos décadas o acaso menos… (El siglo de China; Verticales de Bolsillo; 2008)

[2] La agricultura como tal ha muerto y no es noticia que una semilla transgénica posee 400 patentes de laboratorio. No hay tal cosa como “materia prima”. La agricultura está atravesada por procesos industriales y tecnológicos para existir como tal. Hablar de “la agricultura” como una “rama de producción” es mencionar un proceso solo existente en el pensamiento desligado del proceso real.

[3] Guomindang o Kuomintang (en chino, ‘Partido Nacional del Pueblo’), partido político de China, formado durante la revolución de 1911, cuya actividad llevó al derrocamiento de la dinastía Qing (Manchú) y al establecimiento de un gobierno republicano. El Guomindang fue fundado por el líder revolucionario nacionalista Sun Yat-sen, cuya elección en 1911 como presidente provisional de la república convirtió al Guomindang en el principal partido del nuevo gobierno. Sin embargo, al año siguiente, el líder militar Yuan Shikai sucedió a Sun como presidente y expulsó al Goumindang del gobierno, por considerar su política autocrática y opuesta a la de los representantes del partido. Después de la I Guerra Mundial el Guomindang estableció su propio gobierno en el sur de China y trató de asegurarse el reconocimiento de las principales potencias extranjeras, aunque sólo consiguió el de la Unión Soviética. El partido celebró su primer congreso nacional en 1924; entre los delegados hubo numerosos grupos no pertenecientes al Guomindang, en especial los representantes del Partido Comunista chino, que ejercieron una gran influencia sobre las decisiones del congreso. Entre 1924 y 1927 el poder de los comunistas dentro del Guomindang aumentó rápidamente; pero en el último año Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek), oficial militar y líder de una de las facciones derechistas del partido, expulsó a los comunistas e inició una campaña militar para la conquista y unificación de toda China bajo la bandera del Guomindang. A finales de 1928 esta campaña ya había triunfado; el Guomindang inició un periodo de ‘tutela política’, durante el cual el partido dirigía el gobierno al mismo tiempo que informaba al pueblo sobre sus derechos políticos. Este periodo, que en un principio debía finalizar en 1935, se prolongó (debido a la guerra contra Japón) hasta finales de 1947, fecha en que fue promulgada una nueva constitución.

Mientras tanto, tras el fin de la II Guerra Mundial, los comunistas, que operaban desde sus bases en el norte de China y Dongbei Pingyuan (Manchuria), habían reanudado las hostilidades contra el régimen nacionalista del Guomindang. Los intentos de mediar en el conflicto por parte del gobierno de Estados Unidos en 1946 fracasaron. En el sangriento enfrentamiento que se originó, los ejércitos nacionalistas sufrieron graves derrotas, y a mediados de 1949 los comunistas controlaban la mayor parte del territorio chino. El Guomindang y el resto de sus ejércitos, casi dos millones de hombres en total, se retiraron en el verano de 1949 a la isla de Taiwan. Con la ayuda económica de Estados Unidos y bajo el liderazgo de Jiang Jieshi, el Guomindang consolidó progresivamente su dominio sobre Taiwan, territorio donde ha seguido gobernando. A la muerte de Jiang en 1975, la dirección del Guomindang fue asumida por su hijo, Jiang Jingguo. Tras su muerte en 1988, Lee Teng-hui se convirtió en el primer presidente taiwanés del partido.

[4] Jiang Jieshi o Chiang Kai-shek (1887-1975), político y líder militar chino, que fue una figura fundamental en la historia de la moderna China. Chiang nació en Fenghua (provincia de Zhejiang) el 31 de octubre de 1887. Tras adiestrarse en la Academia Militar Nacional de Baoding, marchó a Tokyo en 1907. Allí asistió al Colegio del Estado Mayor del Ejército y conoció a Sun Yat-sen. Chiang se unió a la Liga Revolucionaria Unificada de Sun (Tongmeng hui), organización secreta y precedente del Guomindang (Kuomintang), Partido Nacionalista chino. Cuando surgió el levantamiento de 1911 en China, Chiang regresó a Shanghai, donde participó en el derrocamiento del gobierno imperial y en la fundación de la República de China (1912). También participó en la siguiente segunda revolución (1913) y en la campaña (1915-1916) contra el jefe militar Yuan Shikai. En 1923, cuando buscaba ayuda del gobierno soviético, Sun envió a Chiang a la URSS a estudiar el ejército soviético y los sistemas sociales. En 1924 se convirtió en superintendente de la Academia Militar de Huangpu, centro de adiestramiento del ejército del KMT.

Las luchas internas agitaron al KMT poco después de la muerte de Sun en 1925, pero el poder militar siguió en manos de Chiang y como comandante en jefe del Ejército Revolucionario Nacional surgió como el líder más poderoso del partido. En 1926 se embarcó en la expedición al Norte para aplastar a los jefes militares del norte. Mientras todavía se llevaba a cabo esta campaña en 1927, Chiang, a punto de entrar, a través del matrimonio, en la familia Song, linaje acaudalado y de banqueros educados en Occidente, terminó con la alianza del Guomindang con los comunistas y ordenó su liquidación. Poco a poco desarrolló una ideología confuciana autoritaria, el ‘movimiento nueva vida’, como alternativa al comunismo.

Después de unificar China bajo su propio liderazgo, Chiang lanzó una serie de campañas a principios de la década de 1930 contra los comunistas dirigidos por Mao Zedong (Mao Tsé-tung) y Zhou Enlai (Chou En-lai), mientras también ofrecía resistencia a los japoneses, que habían invadido Dongbei Pingyuan (Manchuria) en 1931. Esta política obligó a los comunistas a iniciar su Larga Marcha en 1934. También provocó que el general nacionalista Zhang Xueliang raptara a Chiang —la denominada emboscada de Xi’an— en 1936. Tras su liberación, comenzó a surgir un frente nacional unificado contra los japoneses. Fue elegido líder del Guomindang en 1938. La guerra a gran escala con Japón se inició al año siguiente. Durante esta fase de la II Guerra Mundial (1937-1945), Chiang surgió como líder nacional y mundial. Mientras seguía con sus esfuerzos para contener a los comunistas, movilizó los recursos nacionales de China en un esfuerzo por resistir la invasión japonesa. En 1942 se convirtió en comandante supremo de las fuerzas aliadas en la zona de influencia de China y un año después representó a su país en la conferencia de El Cairo.

Cuando los japoneses fueron finalmente expulsados en 1945, Chiang se enfrentó inmediatamente al reto comunista por la supremacía y de nuevo se produjo la guerra civil. Los intentos de mediación de Estados Unidos entre ambas partes fracasaron y en 1947 el ejército comunista llevó a cabo una ofensiva general, obteniendo victorias en Henan y al norte de Hebei. La batalla de Huaihai (1948-1949) supuso otro desastre para Chiang y cuando el general Fu Zuoyi (1895-1974), jefe de la región de Pekín-Tianjin, se rindió a los comunistas a principios de 1949, las fuerzas nacionalistas se hundieron. Después de que los comunistas consiguieran rápidamente el control de todo el país, Chiang fue obligado a trasladarse a la isla de Taiwan. En Taiwan, con ayuda militar y económica de Estados Unidos, Chiang pudo estabilizar la situación y realizar un ambicioso programa de desarrollo económico. También amplió su base política reformando el Guomindang e introduciendo el talento taiwanés nativo en su gobierno, que seguía siendo personal y autoritario. Bajo su liderazgo, Taiwan comenzó a modernizar su agricultura e industria y el país se hizo muy competitivo en comercio exterior.

A principios de la década de 1970 el gobierno de Chiang sufrió graves reveses en el ámbito internacional cuando Japón y Estados Unidos comenzaron a mejorar las relaciones con el gobierno comunista chino. Chiang murió después de una larga enfermedad el 5 de abril de 1975, habiendo nombrado como sucesor a su hijo Jiang Jingguo.

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