Articulo

Velocidades VII

arrugaLos ultrajes de la expulsión

Por Leonardo Sai

El síntoma de una sociedad estupefacta

El adjetivo testimonial frecuentó, asiduamente, la lengüeta de los argentinos de los últimos recientes ¿lejanos? meses de la coyuntura política. Por definición, reclamó un sistema, un contexto, para ser enunciado. Y allí, donde fue palabra, evidenció, a su vez, la oscuridad de un no-dicho, más sutil y significante.

Se habló de “candidaturas testimoniales” para designar falsos aspirantes al poder, que sostienen a otros, justamente, por ser en nada “aspirantes” sino en tanto conservadores de un poder (político) que posibilita al “apadrinado” como expresión y ratificación de poder del testimonial. Se habló de “políticos y política testimonial” para hacer referencia a una “política de ideas” o a “políticos idealistas” que sostienen programas de “dudosa eficacia” en los términos de un realismo pragmático vuelto vulgata y opinión a la mano. También se habla de “intelectuales testimoniales” cuando se alude a “pensadores” que “se dedican” a “la denuncia” de problemas sociales, aceptados por y mediante el sentido común como tales,  sin una comprensión “de la naturaleza del poder” o de “la naturaleza del hombre” evidenciando “una postura fácil” “de buena conciencia” o despreciada como “políticamente correcta”. En cada uno de estos ejemplos, existe un presupuesto esencial: La impotencia respecto de lo testimoniado. En el primer caso, impotencia para la formación, renovación y selección positiva de un sistema de cuadros. En el segundo caso, impotencia para discutir, honestamente, la naturaleza del programa. En el tercero, simplemente, impotencia del ideólogo para el pensamiento.

La virulencia e irritación que se presentó en las distintas conversaciones -aquí como interacciones abstractas- bastan para reproducir la carga que se manifiesta como reacción subjetiva de una impotencia objetiva.

El discurso político se ha banalizado como discusión de un proyecto colectivo, esto es, en tanto producto social de una conciencia crítica. Dicho en otros términos: El discurso político repudia el concepto y se vuelve la cáscara vacía de la competencia de individuos (políticos profesionales) que representan intereses privados que no buscan la mediación del Estado (interés general) sino, precisamente, su sujeción. El Estado deja de representar el interés privado como el público, incluyendo al conjunto de la sociedad en el sentido de una clase dirigente, para ser, lisa y llanamente, el primero con prescindencia del segundo, bajo la forma del Estado y sin dirección de ninguna clase (nacional). Esto, que la literatura sociológica analiza, esquemáticamente, como transición del carácter moderno del Estado a su existencia posmoderna, se muestra, en el periodismo, con la fuerza unilateral y paralizante de lo inmediato: Un grupo económico puede ser elevado al rango de enemigo de la sociedad; Un problema serio, sea ambiental o social, puede ser presentado como versión local, actualizada, de la política nazi; Prácticas naturalizadas, socialmente desaprobadas, resultan”cosa en sí” del argentino. ¿Qué tienen que ver estas “supuestas anécdotas” con la educación en los contextos de privación de la libertad? Mucho, es indudable.

En principio, permiten abordar nuestra primera afirmación: Una sociedad que no concibe política a largo plazo es, necesariamente, impotente respecto del conjunto de los problemas reales que demandan urgente resolución; Carece, en verdad, de Política y se trata de una sociedad que “testimonia” los males que la aquejan. La fórmula de Lord Keynes queda, entonces, invertida: En el corto plazo estamos todos muertos. Todo lo cual no quiere decir que no se consideren acciones inmediatas sino que éstas requieren de un rumbo estratégico con ningún otro horizonte que un mundo vuelto una relación concreta(1).

Largo y corto plazo se relacionan, explícita e implícitamente, con el proceso de (re) producción social. Escuetamente: ¿Quién se va a ser cargo de la enorme masa de desocupados permanentes? ¿El Mercado? ¿El Estado Nación? Está claro que la política de planes sociales puede aliviar, coyunturalmente, sufrimientos que requieren de urgente intervención. No obstante: ¿Ha podido, significativamente, reducir la masa de desocupados? ¿Han decrecido las villas miserias a lo largo y lo ancho del país? Se pudo reducir, a pisos de gobernabilidad, una brutal tasa de desocupación, con picos históricos en el 2002, pero “el modelo” no es capaz de, sistemáticamente, integrar y sostener la incorporación de un ejército de reserva, cada vez menos “de reserva”. La oposición política pueda, obviamente, culpar cómodamente al oficialismo; el oficialismo pueda, a su vez, mirar el modo de construcción política rival y afirmarlo como su anverso con remaches “republicanos”. Para no ahondar en esta amputación de la política, rebajada a lo estrictamente electoral, mencionaremos (puesto que no podemos abordar aquí este asunto) que el problema central que liquida la posibilidad de pensar la exclusión social, y una solución apropiada, es una incomprensión de la economía política del capital tecnológico(2) que hostiga todos los cimientos del Walfare State. Ningún “plan quinquenal” puede resolver lo que el mercado global ejerce y solicita como presupuesto: La planificación regional de las economías emergentes. Las actuales “cárceles de la miseria” se explican menos con “la caja de herramientas” de Michel Foucault que con las intuiciones de la diferenciación tecnológica del capital de Schumpeter. Mencionaré, brevemente, este relevo que Gilles Deleuze advertía.

Si la disciplina constituía la racionalidad de las instituciones de la sociedad del capital industrial para la construcción de las fuerzas nacionales de explotación del trabajo (internamente indiferenciadas, homogéneas, y políticamente diferenciadas: Estado/Sociedad Civil) el control es la racionalidad más específica para las instituciones que la sociedad del capital tecnológicamente potenciado desarrolla en pos de organizar las fuerzas productivas a escala planetaria (intrínsecamente diferenciado y políticamente indiferenciado: los poderes soberanos ya no encarnan el interés público desencadenado una crisis aguda de representación política). Todo lo cual no quiere decir que “el control” reemplaza a “la disciplina” sino que ambas conviven pero se diferencian respecto del poder que ejercen determinadas formas específicas del capital. El panóptico de Bentham ha sido reemplazado por los laboratorios sin paredes de Charles Proteus Steinmetz. Nos encontramos con una segunda afirmación:

La masa de excluidos y la miseria del encierro desmienten las ilusiones constitucionales del capitalismo benefactor y evidencian esa “edad de oro” como una forma transaccional de la geopolítica de la guerra fría. La verdad pueda, finalmente, emerger con toda su crueldad: La clase capitalista, ahora global, puede convivir con la masa creciente de excluidos del piso alcanzado por la civilización humana y fundar ONGs de beneficencia, asimismo, globales. Para ser más claros y cínicos: Los pibes chorros son “un problema existencial” para los asalariados y, únicamente para los trabajadores, en toda la extensa gama de su diferenciación y formas. Es una vieja verdad sistémica que vuelve a presentarse, cotidiana.

El derecho penal del capital

El sistema penal hace su entrada en el marco del capital tecnológico donde la férrea contradicción capital-trabajo ha producido escisiones más profundas y dolorosas: Trabajadores capitalistas no asalariados, por un lado; y excluidos permanentes del proceso social de producción, por el otro. Los primeros presentan el aspecto de burgueses, contratan trabajadores, son profesionales propietarios de sus medios de producción, y sus capitales son capitales reales, sin ser capital para sí mismos; Tienden a identificarse con los intereses del capital colosal, con mayor exaltación cuanto más ilusorio es su carácter burgués. La literatura económica comenta el fenómeno como “tercerización”. Los segundos vuelven indistinta la diferencia que Primo Levi encontraba entre el campo de exterminio y vida cotidiana:

“… en ésta [la vida común] no sucede con frecuencia que un hombre se pierda, porque normalmente el hombre no está solo y, en sus altibajos, está unidos al destino de sus vecinos; por lo que es excepcional que alguien crezca en poder sin límites o descienda continuamente de derrota en derrota hasta la ruina. Además, cada uno posee por reglas generales reservas espirituales, físicas e incluso pecuniarias tales, que la eventualidad de un naufragio, de una insuficiencia ante la vida, tiene menor probabilidad. Añádase también la sensible acción de amortiguación que ejerce la ley, y el sentimiento moral, que es una ley interior; en efecto, un país se considera tanto más desarrollado cuanto más sabias y eficientes son las leyes que impiden al miserable ser demasiado miserable y al poderoso ser demasiado poderoso. Pero en el Lager sucede de otra manera: aquí, la lucha por la supervivencia no tiene remisión porque cada uno está desesperadamente, ferozmente, solo…” (Los hundidos y los salvados; Primo Levi; Trilogía de Auschwitz; Océano Editorial; 2005)

La sensación de inseguridad de los primeros, aún en torres de palacios de cristal o amurallados en barrios exclusivos con control perimetral, hacen carne los proyectos de solución final del Derecho Penal del Enemigo (Jakobs). Los segundos, cuando se identifican como “pibes chorros”, para el caso argentino, resultan valores de uso de la legitimidad de la institución policial puesto que la corporación policial es más bien remisa a entablar pactos policiales con pibes que “salen a trabajar”, se cargan un botín de siete pesos, matan a mansalva, encima con medio barrio de testigo. La utilidad yace en que permiten el reclamo de mayores atribuciones, relaciones con los medios, el periodismo amarillo y farándulesco, hacer lo que llaman “estadística”, y obtener, desde el poder legislativo, penalidades más duras, es decir, mayor presupuesto, caja y poder.

En las diferentes formas de la diferenciación de clase -la aristocracia obrera para el marxismo- que la “teoría” social norteamericana aconceptualmente divide como clases medias, medias altas y altas y todos los “entre una y la otra” que se pudieran describir, lo cierto es que, en las urbanizaciones cerradas, countries, etc, encontramos, fundamentalmente, asalariados del gran capital trasnacional, profesionales de grupos económicos locales, formas de trabajadores capitalistas, trabajadores improductivos (artistas, famosos, jugadores de tenis, fútbol, polo, etc), el desigual empresariado PyME. En suma: Una miríada sociológica variopinta que lejos de constituir una clase capitalista nacional son parte de un proceso mundial que sucede a sus espaldas, proletarizándolos y subsumiéndolos al capital (tecnológicamente) potenciado (global, según la jerga del momento) con su absoluta satisfacción. Aquí la clave de una dominación, a su vez, global.

Decíamos antes: La marginalización social, los bolsones de miseria que explotan desde las villas a toda la sociedad, amurallada y sin muro, es una trampa astuta del poder al interior de una cada vez más diferenciada clase trabajadora que, al interiorizar el discurso del derecho penal del enemigo, reproduce a escala ampliada, la contradicción provocando nuevos bolsones de miseria y barriendo debajo de la alfombra a quienes antes eran “gente como uno”.

Este fenómeno produjo, en la superficie, su propio consumo bajo el modo del best seller literario en La Viuda de los Jueves de Claudia Piñeiro, recientemente llevada a las salas de cine, que oficia de anticipo, a escala municipal con excusa del 2001, de la llamada crisis de la sub-prime o crisis de las hipotecas en Estados Unidos, donde otrora gerentes de bancos, o accionistas de fondos de inversión, duermen con sus 4×4 en estacionamientos de Shooping… lo último que lograron saldar antes del diluvio.

Solo en este marco de interpretación, a pesar de ser general, creemos, es posible, una (pre) compresión básica del problema del encierro carcelario en su contexto de producción, para una sociedad, como la argentina, cuya economía se encuentra dominada por el capital extranjero -tomando la cúpula empresarial de 200 empresas de mayor facturación, el 77,3% de la facturación global de la cúpula le pertenece a empresas extranjeras (Lozano, Rameri, Tomás Raffo; Las transformaciones en la cúpula empresarial durante la última década; Mayo 2009; CTA)-  que es una forma descriptiva, recortada, de hacer referencia al sistema mundial del capital tecnológico.

Los humanos de este sistema de la crueldad habitan las ilusiones reformistas bajo el modo del depósito.

Depósitos de carne humana

El 14 de Noviembre del 2002 llega al juzgado de Garantías N° 2 de San Martín un informe producido por el Ministerio Público Fiscal y la Defensa Departamental respecto de la Unidad Carcelaria N° 1 (Olmos) del Servicio Penitenciario Bonaerense. Describe, entre otras, las siguientes condiciones: superpoblación, detenidos que duermen bajo las camas de otros, insuficiencia de servicios sanitarios con roturas y averías de caños y letrinas, escasas y nulas actividades deportivas, educativas; toda actividad reducida al espacio mínimo entre bolsones y trastos; ausencia de artículos de limpieza, mierda que se desparrama entre cañerías por el deficitario desagote, hacinamiento, humedad, tuberculosis y sarna, robo de alimentos, déficit de autoridades legítimas dentro del penal, déficit de medicamentos. Retraso de causas y abandono. En el inciso número 11 de tal informe se afirma: “Tales condiciones hacen que el penal pierda su sentido constitucional y se transforme, literalmente, en un “Depósito de carne humana”. Uno tiene la sensación de que los detenidos están a la buena de Dios”.

Seis años más tarde el informe “Malos tratos y torturas físicas: un estudio sobre procedimientos de requisa, sanción de aislamiento y agresiones físicas en cárceles federales” realizado por la Procuración Penitenciaria de la Nación, bajo la dirección de los investigadores Alcira Daroqui y  Carlos Motto, entre otros datos contundentes, da cuenta de que el 72.1 % de las personas detenidas en cárceles atraviesan situaciones de maltratos y torturas por parte del personal penitenciario y que solo un 27.9% no han pasado por esta situación. En ese sentido: 939 personas encuestadas fueron sometidas a la requisa de desnudo total; de ese total 601 personas fueron agredidas físicamente: 293 fueron golpeados dentro de los dos meses inmediatamente anteriores a la realización del informe; 151 casos fueron lesiones severas. El 60% que padecen torturas son jóvenes entre 18 y 34 años: Me sacaron un diente y me cortaron la pera (el mentón), fue de una patada cuando estaba tirada en el piso; Ahora estoy usando una faja por los dolores en las costillas, me arrancaron un premolar de un culatazo de itaka; De una golpiza me dieron 4 puntos de sutura en la frente, me fracturaron el codo y el antebrazo, estuve enyesado casi 90 días y me arrancaron un diente de un culatazo; Tuve desprendimiento de retina en el ojo derecho, te buscan la cara cuando tiran trompadas o palazos, a me dieron con todo con un palo(3).

Este año la Comisión Provincial por la Memoria, presidida por el premio Nobel Perez Esquivel  -Comité contra la Tortura- presentó un informe en el que denuncia torturas con picanas, submarino seco (método mediante el cual se asfixia a una persona colocándole una bolsa de nylon en la cabeza), duchas heladas: Durante 2008 crecieron un 10% el número de muertos, un total de 112 personas, uno cada tres días. Este informe yace actualmente en la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Según el mismo, en marzo de 2008 la población carcelaria de la provincia ascendía a 21.104 detenidas, cifra que creció a 24.180 para el mismo mes de 2009. Cabe, asimismo, destacar que el 73% de la población penitenciaria bonaerense no tiene condena firme. Jueces, fiscales, defensores, burócratas del sistema judicial en su conjunto, conviven con diversas expresiones de violencia real e institucional, es decir, simbólica, como la tortura, los tratos degradantes sin reconocer en ellos violación alguna de norma.

La medida más importante de involucramiento judicial durante el 2008 fue la decisión del Máximo Tribunal Bonaerense de intervenir convocando a una Audiencia Pública para analizar el estado de la situación carcelaria bonaerense. Tal es el Caso Verbitsky-CELS. Situaciones de hacinamientos han sido descriptas por el informe La situación carcelaria: Una deuda de nuestra democracia del Centro de Estudios Legales y Sociales. Respecto del número de mujeres privadas de libertad, el número ha crecido notoriamente en los últimos años. En la actualidad, de la totalidad de las detenidas el 10% reside con sus hijos en los centros de detención y nueve de cada diez mujeres detenidas con sus hijos lo está bajo régimen de prisión preventiva; En la Unidad 33 donde está alojado el 90% de las mujeres con hijos en prisión, el 96% está procesada siendo el tiempo de detención promedio de mujeres embarazadas y con hijos que se encuentran procesadas es de un año y ocho meses (El sistema de la crueldad III; Informe sobre violaciones a los derechos humanos en lugares de detención de la provincia de Buenos Aires 2006-2007; La Plata)

Recuperada la democracia, en las cárceles federales del país, había 2.369 presos, en 2007 la población es de 9.148, según el Servicio Penitenciario Federal (SEP; 2006). En los últimos diez años la población carcelaria total en el país creció un 80%; de 29. 690 en 1997 a 54.000 en 2006, teniendo en cuenta que no se contemplan la situación de las personas detenidas en dependencias policiales o de otras fuerzas de seguridad, siendo esta población aprox. un 10% y arrojando una cifra de 60.621, faltando datos de Jujuy, Misiones, Salta, según SNEEP 2006.

Una de las medidas fundamentales del gobierno de Kirchner en materia de prevención de la tortura fue la firma y posterior aprobación legislativa del Protocolo Facultativo contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Sin embargo, al no avanzar el Estado en la implementación del mecanismo nacional de prevención de la tortura previste en el Protocolo, esta decisión no cobró fuerza, venciendo el plazo para crearlo en junio de 2007.

jorgejuliolopez003-afa9bLo que queda del humano

Primo Levi nos enseño, más allá de culpables y responsables, que el testigo es un decir-verdad, un acto de contra-justicia respecto del poder. También enseña que los verdaderos testigos (martis, en griego) son quienes no hubieran podido hacerlo. Se amontonan en nuestras prisiones, son nuestros muertos por una bala perdida, pibes violados en comisarías, hijos asesinados por un par de monedas.

No es casualidad que sean Julio López y Luciano Arruga testigos de la sociedad argentina, la conciencia desgarrada de esta historia aún sucediendo.

BIBLIOGRAFÍA:

El capital tecnológico; Pablo Levin; Catálogos; FCE; 1997.

Los hundidos y los salvados; Primo Levi; Trilogía de Auschwitz; Océano Editorial; 2005.

Notas

(1) “Cuando Estados Unidos y China establecieron relaciones diplomáticas hace 30 años, no se sabía qué depararía el futuro. En 1979 China aún emergía de las ruinas de la Revolución Cultural y su producto interno bruto se situaba en sólo US$ 176.000 millones, una fracción de los US$ 2.5 billones (millones de millones) de EE.UU. Incluso el transporte y la comunicación entre nuestros dos grandes países representaba un reto: Nos conectaban unas cuantas líneas telefónicas poco confiables y ningún vuelo directo. Hoy, el PBI de China supera los cuatro billones de dólares, todos los días se intercambian miles de correos electrónicos y llamadas a través del Océano Pacífico, y para el año próximo habrá 249 vuelos directos por semana entre EE.UU y China” (Un nuevo diálogo estratégico y económico entre EE.UU y China; Hillary Clinton y Timothy Geithner; The Wall Street Journal of Americas; Julio 28 de 2009) ¿Hace falta mencionar el impacto que tuvo China en toda América Latina en estos últimos años y, en especial, en Argentina durante el record de crecimiento y acumulación sistemática de reservas desde 2003 jamás visto en 200 años de historia económica? ¿Hace falta recalcar y poner en evidencia la ausencia de una estrategia conjunta? ¿Acaso la jerga del establishment no lo sabe muy bien cuando destruye los recursos naturales estratégicos a meros commodities?

(2) Si bajo el capital industrial el tiempo de trabajo socialmente necesario, mínimo, es condición del excedente, bajo el capital tecnológico el tiempo de trabajo excedente se vuelve condición del necesario: Mientras la sociedad intervenga menos en el proceso productivo (dado el piso tecnológico y la escala de la producción) tanto mayor es su población excedente y el excedente de esa producción altamente eficaz.

Todo lo cual no quiere decir que el mundo queda dividido entre fábricas robotizadas y masas excluidas, desocupadas. Nunca hubo tantos asalariados en la tierra como en el presente. El capital es la relación mundial, lo propiamente global. Dado que la expansión capitalista es el mundo mismo, ésta ha incorporando nuevos mercados en su lógica, operando una jerarquización férrea al interior de la lógica del valor: Los gigantes tecnológicos-potenciados planifican economías enteras, subsumen la acumulación del capital nacional agónico, por periodos relativamente extendidos, produciendo innovaciones permanentes únicas (que el resto del sistema deberá asimilar obligatoriamente) desarrollando los mercados mismos donde vuelcan, necesariamente, los procesos de reproducción de capitales simples, esto es, las fábricas donde nuevos contingentes de ocupados se incorporan, masivamente. Nuevamente, China es un claro ejemplo de esta lógica.

(3) Declaraciones extraídas del informe citado.

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