Articulo

Las patatas y el marketing

Por Hernán Vanoli y Diego Vecino 

 


 

(Respuesta del blog semicolectivo Hacia el lento y dulce Bicentenario -en el que participa Juan Terranova- a la nota de Patricio Pron publicada en Etiqueta Negra, Nro. 70. Un artículo sobre el mismo tema se publicó aquí.)

 

Alguien se despierta, pone el programa de Chiche Gelblung y se hace un mate. Puede ser alguno de los dos. Prende la computadora. Es Miércoles y es Abril. Una rutina omniosa que nunca se le ocurrió cambiar. Recibe un mail que dice “lee esto” y es el link al texto de Pron. Se siente un inocente y necesario eslabón en la economía política del escándalo, pero se indigna un poco, inevitablemente. Al rato tiene que salir de su casa, tomarse el 109 al centro que a las 9 de la mañana viene repleto. Se asfixia, transpira y eso es todo lo que necesita para que se deshaga el conjuro Pron. Ya está pensando en otra cosa.

 

Sabemos como funciona esto: alguien tira una piedra en un determinado escenario, otro la levanta y la vuelve a tirar. Gritos, ruido de cristales. La onda expansiva moviliza conciencias. Aparecen los comentarios de los frustrados de siempre -siempre aparecen, los imagino a todos encerrados en un sótano, una especie de politburó del resentimiento y la inoperancia, el cuartel general de la gente tóxica -, los literatos ociosos conversan en el colectivo, en el gtalk, en los bares y esquinas de Palermo, donde la gran mayoría trabaja, vive, o aspiraría a vivir. El dengue se triplica, el desempleo más o menos, en la esquina de mi casa casi matan a un tipo y por un par de semanas va a haber doble vigilancia: en muy poco tiempo todos nos olvidamos del affaire Pron.

 

Sin embargo, ese texto, que probablemente sea de lo mejor que Pato escribió en su vida, va a servirnos para decir unas cuantas cosas, porque es mágico. Mágico, muchachos: cuando algo, tanto desde el lugar desde donde se enuncia, como en el soporte en el que circula y en su contenido, expone de forma tan transparente los mecanismos de dominación y el chiquitaje literario llevado a su máxima potencia, hace aparecer cosas de la nada. Cosas que estaban escondidas, latentes, digamos. Y que de pronto están ahí.

 

 

Rucci, traidor

 

NNA, Joven Guardia, da lo mismo: no nos interesa. Lo que hay son algunos libros, cuentos dando vueltas, centímetros cuadrados en los suplementos culturales. Ya se dijo: las antologías son un mapa del rosqueo y del capital social. Eso, en lugar de hacerlas despreciables, puede llegar a hacerlas interesantes si se las mira bien. Porque permite rastrear, reconstruir, entender. Pero vayamos al principio: La Joven Guardia. De la de acá no vamos a hablar, hablemos de la de España. En la tapa hay muchos mates de colores, todos vacíos, puestos ahí para la exportación o para el turismo. El inconsciente político del libro. A lo que vamos es a contarles sobre lo que escribió Pron. Porque Patricio, Patito, está defraudado. Está triste, está mal. La literatura argentina lo decepcionó. A él, que rajó como pudo a Alemania, que quiso estudiar filología para cambiar la realidad, que vio 2001 por la Deutsche Welle, chupando un porrón de cerveza tibia y comiendo shawarmas en los puestitos de la calle, en horario de trasnoche por la diferencia horaria -desvelado, dramático-, recibiendo mails de los amigos que se quedaron y dándoles fuerza para seguir, probando algunas drogas blandas y ahorrando en euros bajo el resguardo calefaccionado de las habitaciones para visitantes de alguna oscura universidad teutona. La literatura argentina, (la joven porque la otra es inmortal), lo defraudó.

 

Resulta que Patricio es un buena onda. Total. Un tipo fino, inteligente, irónico, intelectual: buena onda. En Madrid, de a momentos, se siente solo. Es duro estar allá. Menos mal que está internet, porque sino… capaz que se volvería. La cuestión es que, al enterarse de que su rosca para entrar en la versión española de LJG había funcionado, y que no sólo había funcionado sino que iba a tener que hacer de lazarillo a sus amigos sudacas, se puso contento. Lo imaginamos una mañana, desayunando café en algún lugar coqueto o en la barra de su cocina blanca y amplia, leyendo Clarín en la laptop para estar a tono con sus compatriotas. Volver a escuchar el boludo, las bromas, la selección. Gran plan gran. Y además, iban a poder hablar de literatura. Sacar la chapa. Patricio tiene ventaja: habla alemán. Iba a impresionarlos, iban a hablar del Facundo, de Las Islas de Gamerro, de Goethe, de todo. El futuro, España, el mercado ibérico, estaba en sus manos.

 

Pero no. No. Resulta que se encontró con unos almaceneros. Peor que eso: almaceneros que posaban de escritores. Lo primero que le preguntaron fue por porcentajes de agentes. No le preguntaron por Thomas Mann, no hicieron un chiste sobre Piglia: preguntaron por porcentajes, los muy mercenarios. Así que Patricio tuvo que adaptarse. Si estás en el baile, bailá. Seguiles la corriente, comete unos pulpitos. Todo bien. En lugar de cuestionarles el fundamento político de sus obras, de averiguar su posicionamiento público como intelectuales, de informarse sobre la incansable movida literaria porteña, o cuestionar la ontología de su escritura si querés, en lugar de preocuparse por el clima social en esa Buenos Aires cubierta de humo y de policías que se veía por la Deutsche Welle en 2001, o de intentar un diálogo sobre Cucurto incluso -aunque por ahí no es lo que más le hubiese gustado-, les siguió el carro. Los cebó. Mientras tanto, tomaba notas mentales. Se sabe: la traición a los traidores no es tan traición. Está justificada. Ellos, comerciantes viles, y ella, prestigiosa gracias a la imbecilidad congénita de sus contemporáneas, traicionaron a la literatura argentina. Patricio los traicionó a ellos. Saludos a Vandor.

 

 

Marketing

 

Igual, la recriminación no viene sólo por el espíritu almacenero, la cosita del porcentaje y la liquidación en euros. Hasta ahí se aguanta. El problema es el marketing. Marketing, esa palabrita linda. Acá en HEB lo amamos. Seamos directos: un tipo que estudió filología alemana no conoce cómo funciona el marketing. El que ahora paga el Colo De Narváez pensando en 2011, el que usa Coca Cola para venderte diarrea dulce con gas a $ 5,50 el medio litro. Si lo pensara un poco se daría cuenta de que, por fuera de la moralina cipaya, la historia de la literatura es la historia del marketing. La sutil diferencia, en una de esas, es que la literatura viene de la pérdida y el marketing va hacia la ganancia. Pero estos sudacas almaceneros vinieron a hacer negocios y no a hablar de literatura, ¿no Patito? En Europa somos diferentes.

 

Aunque, mirándolo desde otra perspectiva, y acá si que hay que recoger el guante del vigilanteo anciano y ocioso que comenta en los blogs, lo de Patricio también es marketing. Su mejor texto, lo dijimos: el que salió en Etiqueta Negra. La revista Hombre de la clase ociosa y letrada amiga del establishment latinoamericano, progresista y liberal, anarquista cuando le conviene. La Granta sudaca, su lado b, subordinado y cagón. ¿Qué es Etiqueta Negra sino un cuidado estudio de marketing, Patricio? ¿Qué es ese diseño, esa paleta de colores, esos cronistas ganadores de la beca de García Márquez, sino un riguroso estudio sobre segmentos, nichos, consumos?

 

Patricio sacrifica a sus amigos circunstanciales en el altar de la literatura blanca, blanda y bien armadita. Desde Europa, les rebana el pescuezo para entrar al mercado estadounidense con las manos llenas de sangre. Podría haber sido un héroe, como Asís. Pero la enorme diferencia es que la traición de Asís adquiere una dimensión política suplementaria (se traiciona al partido, se traiciona al progresismo, se traiciona al periodismo o a la diplomacia, a todo en realidad menos al menemismo) en la que Asís siempre sale perdiendo y esa derrota lo engrandece porque arriesga. Mientras que Pron no arriesga absolutamente nada importante y sale ganando. Pron apuesta por sí mismo. Por su caminito de baldosas amarillas, como otro buen almacenero que en lugar de vender desesperación y narcisismo sudaca vende humo literario.

 

Me pregnto, sinceramente, cómo es que Patricio Pron llegó a esa idea de las “hautes lettres” sino a través de un laborioso trabajo de marketing. Para construirse como un cronista, un hombre de la literatura, para vender a ese humo, convengamos: primero se lo vendieron a él. Y queremos ser claros:

 

“Alguien habría tenido que decirles que la literatura consiste en leer y en escribir libros y que ésa es una actividad virtualmente antieconómica porque descansa sobre la búsqueda de un sentido esquivo a un mundo en perpetua confusión y nadie quiere eso en su casa a la hora del almuerzo”

 

Alguien tendría que decirle a Patricio Pron que el marketing es un discurso más noble, poderoso y literario que la literatura. Que el marketing tiene más que ver con esa trasnochada y hueca “búsqueda de un sentido esquivo en un mundo en perpetua confusión” que el blues lacrimógeno de la moral kafkiana. Que el marketing tiene que ver, además de con eso, con muchísimas otras cosas y que con lo que no tiene nada que ver ni lo tendrá jamás es con porcentajes, comisiones o salarios. Pero Pron es asustadizo y todo lo que huele pedestre, sucio, caca -los precios y el marketing- lo asocia al azar. Pron, digo, disimula bajo la solidez de su pluma la debilidad de sus convicciones. Alguien tendría que decírselo. Pongamos que por esta vez vamos a ser nosotros los de la desgradable tarea.

 

 

El Prat Gay de la literatura joven

 

Pron, argentino, no escribe papas. Escribe patatas. Nos viene a la mente cierta aguafuerte de Roberto Arlt sobre los usos del lenguaje. En un punto, está bien: en cinco años, quizás Pron también diga so cabrón y gilipollas, para ahorrar tiempo y trabajo. Es un detalle. Pero lo que es una joyita es este párrafo. No por Pron, que ya dijimos, es inteligente, irónico, vive en España y tiene una teoría copada sobre Robotech. Este párrafo, más que por quién lo dice, vale por lo que dice: una síntesis apretada del pensamiento regresivo, formalista y tristón que conforma 
una verdadera hegemonía no sólo acá, sino en muchas partes del mundo:

 

“En Barcelona y en Madrid iba a acabar comprendiendo que se ha dado vuelta a la relación entre escritores y libros. Mientras que en el pasado el escritor se exhibía en público o daba entrevistas tan sólo como forma de apoyar la venta de su libro, que era «el» objeto de la producción literaria, en la actualidad el libro ya no es un fin en sí mismo, sino que sirve meramente como apoyo de la figura del escritor, como si éste fuera una marca que necesita sacar periódicamente nuevos productos al mercado para que los consumidores no olviden su nombre”

 

El escritor prostituido, el mercado como demonio, los libros como recipientes del arte. Lugares comunes de la indignación demócrata y cristiana, que es una de las formas de la inoperancia política. Pensar así, vaya y pase. Tenés un poco de angustia, vas a terapia, te vas a estudiar filología a Alemania. Aprovechás las ventajas comparativas de tu origen de clase. Pero decirlo así… Nos hace pensar en la actitud de los que se indignan porque ahora el fútbol es un negocio de la tele (para colmo es mentira, porque el negocio no es la tele sino las apuestas, el merchandising y el blanqueo de dinero). Nuestros abuelos: buena gente, con diagnóstico nostálgico y equivocado, y mucha indignación pour la gallerie. Los queremos igual. Pero “descubrir” lo que ya se sabe en base al encuentro con sus compatriotas, eso ya larga un tufo raro. ¿Marketing? Sería demasiado. Más bien, una defensa boba del chiquitaje literario y poco más.

 

Al igual que Prat Gay, formado por la JP Morgan, Pron -el Prat Gay de la literatura joven- provocador hasta donde le conviene, habla desde afuera y quiere depurar moralmente en base a valores superiores: la literatura, la honestidad inoperante. Ese tipo de acusaciones vienen a caballo de un deseo de no enfrentar realmente a los conflictos y transformaciones sociales -ponele, que la literatura sea cada vez más marginal y que esto sea en buena parte por los escritores aburridos, chantas y que se la dan de artistas, que los blogs y otras superficies la coman a mordiscones, que la industria editorial vaya a caer en un coma profundo en menos de lo que parece-, sino de quejarse para, a fin de cuentas, guardar y mejorar el lugar propio. Ahí no hay vocación de poder. Sólo limitaciones travestidas de quejas.

Comentarios (17 comentarios)

“Un escritor nace del talento y del tiempo… tiempo para observar, estudiar, pensar. Por consiguiente, no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas no esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir sin demasiados bienes terrenales. Es cierto que Balzac obtenía una inspiración especial de la compra de objetos y la acumulación de enormes deudas, pero la mayoría de personas con hábitos caros son propensas a fracasar como escritores.

A la edad de veinticuatro años, tras la derrota de la Revolución húngara, me encontré en Canadá con unas cincuenta palabras de inglés. Cuando me di cuenta de que era un escritor sin una lengua, subí en ascensor al último piso de un alto edificio de Dorchester Street en Montreal, con la intención de arrojarme al vacío. Al mirar hacia abajo desde la azotea, con terror ante la idea de morirme, pero todavía más de romperme la columna vertebral y pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas, decidí tratar de convertirme en un escritor inglés. Al final, aprender a escribir en otra lengua fue menos difícil que escribir algo bueno y viví durante seis años al borde de la miseria antes de estar listo para escribir En brazos de la mujer madura.

No podría haberlo hecho si me hubiesen interesado los trajes o los coches… en realidad, si no hubiera visto otra alternativa que la azotea de aquel rascacielos. Algunos escritores inmigrantes que conocía trabajaban como camareros o vendedores para ahorrar dinero y crearse una “base financiera” antes de intentar ganarse la vida escribiendo; uno de ellos posee ahora toda una cadena de restaurantes y es más rico de lo que yo pueda llegar a ser en mi vida, pero ni él ni los otros volvieron a escribir. Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No has de atormentarte con ambiciones contradictorias.”
Stephen Vizinczey

Saludos,
APG

APG / Abril 19th, 2009, 9:39 am / #

[...] poco tarde, Vecino, Vanoli y -la sombra de- Terranova, bajan línea sindical respecto a las infidelidades entre el marketing y la [...]

Cuando el gallo cacarea en lo alto del palo… « el fantasma / Abril 19th, 2009, 10:08 am / #

No entiendo: según Pron sus colegas argentinos son unos comerciantes, pero resulta que en las cosas básicas (muy básicas) del negocio en España tuvieron que ser desasnados por él, Pron, que de eso nada sabe ni le interesa.

werte (Fabián) / Abril 19th, 2009, 10:37 am / #

La observación de El Fantasma es apropiada. Hay algo de publicidad no tradicional, parece una película de Pol-ka. Falta seriedad en los componentes de la pseudo disputa. Y la seriedad corresponde a cierto rigor teórico del que carecen. Mezclan todo en una bolsa y dicen, uy, mirá lo que me salió. Esto sí que da para debate.
Demasiado esfuerzo el del chancho que no puede hacer círculos con un vaso y un lápiz.

Mefisto / Abril 19th, 2009, 2:11 pm / #

Se burlan de los que esgrimen valores, se ríen de la honestidad, defienden un pragmatismo salvaje propio de la derecha más inmunda, creen correrte por izquierda usando argumentos populacheros y nacionalismo berreta. Estos son los jóvenes empresarios/escritores de la era K.

Gummo / Abril 19th, 2009, 2:15 pm / #

Por algo pagaron el pasaje a Barcelona los niños bien con poder, los niños Pro. Pasa que el menemismo dejó abierta la brecha para el ingreso de semejantes engendros (Scioli, por ejemplo), y ahora De Narváez. ¿Alguien imagina a Terranova como diputado? ¿Secretario de Cultura?
Qué vuelva Dorio.

Mefisto / Abril 19th, 2009, 3:00 pm / #

No era la febril imaginación de Capussoto, ¡¡¡¡los Palito Ortega montoneros existen y escriben aquí!!!!!!!! Un
sincretismo basófico nunca imaginado. XD!!!!!

Lalo Ranni / Abril 19th, 2009, 3:10 pm / #

Borges, Benjamin y Calasso, son algunos de los pichis que dedicaron artículos y hasta libros completos a Kafka. Les faltó la iluminada conciencia de Vecino (¿vecino de qué o de quién?) para decir algo como: Alguien tendría que decirle a Patricio Pron que el marketing es un discurso más noble, poderoso y literario que la literatura. Que el marketing tiene más que ver con esa trasnochada y hueca “búsqueda de un sentido esquivo en un mundo en perpetua confusión” que el blues lacrimógeno de la moral kafkiana”.

Vamolopiiiiiiiiibe / Abril 19th, 2009, 4:37 pm / #

Una vez acallado el estruendo alrededor del artículo de Pron, estaría bueno pinerse a definir al Sujeto Literario del presente argentino.

Omar Genovese casi de casualidad en un comentario reciente aquí en de NA halla la luz en cuatro trazos; primero un Fogwill como el energúmeno adoptivo prometedor de excelencia, luego la conjunción humanoide Pigliaira o Airapiglia, monstruo bifronte que combina sustentación académica vacía de contenido, impulsada sólo por complicidad de dictámenes tautológicos, con una inserción sucia en el comercio especulativo apelando a premios arreglados o otras prácticas de comercio envilecido.

Hay un problema: el escritor que quiere vender pero necesita ser progre para ser aceptado por un mercado que así lo exige. Pero los mercachifles que han construido su producto dentro del progresismo y se deben a su submundo aborregado que condena automáticamente cualquier gesto heterodoxo como de “derechas”, deben luchar como toros para insertar esa contradicción sin que se note. Patear calles desesperados por vender a la vez lucir abstractos e indiferentes al mercado, resoplar compungidos por lo mal que la pasan los chicos pobres de la calle que roban y no dejar de calcular un instante los réditos para si mismos.

¿Será por eso que como dice Guillermo Piro los mejores escritores de la historia han sido de derechas? Lo seguro es que la pasan mejor porque no cargan con esta cruz de plutonio, no necesitan jugar el doble juego; lisa y llanamente unen acción y escrita y postura ideológica, no se desgastan en estrategias de simulación.

Por ello, la mejor opción para resolver esta atribulada ecuación es el filoperonismo, el único colchón filosófico y racial que permite absorber las contradicciones y emerger con atajos y excusas populacheras para correr indistintamente a todo el mundo por derecha o por izquierda. En definitiva, es el atajo del populismo conservador; las actitudes de derecha se justifican porque de hecho son populares, las de izquierda porque son funcionales a la mentira inoperante de una ideología de catálogo.

Hernán Vanoli y Diego Vecino, queribles muchachos peronoides, simpáticos iconoclastas de la blogósfera, arman una tocada de culo a Patricio Pron llena de chicanas pero diríamos que aceptable hasta que cometen el tropiezo fatal: llamativamente anclan el discurso en una reivindicación berreta del marketineo presentándolo como popular, moderno y piola. El marketing es parte de la ciencia económica capitalista. Si quieren agasajarlo, escriban un reconocimiento a Al Ries y aquel inolvidable “Positioning: The Battle For Your Mind” y no este torpe “aguante” adolescente a un par de amigos piolas. No es inmoral hacer marketing del propio producto para difundirlo y venderlo; pero hay que hacerlo lícitamente en términos de exposición, a la luz del día del discurso. Y pagar los impuestos conceptuales que corresponden.

Y un error casi imperdonable es que usan para coronar el toqueteo de glúteos quizá la única idea rescatable que Pron expone; aunque sea una verdad de perogrullo para cualquiera que tenga dos dedos de formación sociológica; la única forma de construir marketing alrededor de un producto en decadencia como el libro es primero vender el personaje escritor, y que este objeto sea tomado como mero merchandising de él, un aditamento de cobra atractivo en referencia a su instrumentalidad respecto de la esencia que es la admiración personal. La era audiovisual transformó las raíces de la industria cultural de modo que probablemente hoy día la única forma posible de despertar interés adquisitivo es a través del mercado de personalidades y no del de textos, sustancia fría carente del más mínino atractivo. Digamos que la cultura audiovisual influyó en esta transformación imponiendo sus modelos; los del cine, la televisión, de la industria del deporte y entertaiment masivo. Las editoriales han tomado cuenta que sin construcción del producto-escritor no hay posibilidad de generar interés para comprar el producto-libro ya que la esencia de éste -la lectura de historias- en si mismo no posee atractivos que lo hagan deseable más a que una ínfima minoría económicamente irrelevante. Si construimos a Terranova o Cucurto como tipos “atractivos” en términos de “capital simbólico” –como diría el Leo Sai- puede que alguien se le ocurra comprar uno de sus libros. Lo deseable son las personas, se consume la personalidad, se establecen banales relaciones de identificación. El cholulismo ha sido es hoy día más que nunca, la fuerza movilizadora de ventas más grande de la llamada industria cultural.

Luego, es obvio que el objeto más jugoso de la carrera del escritor en pos de ingresos económicos no es el libro sino el acceso a puestos pagos en el periodismo cultural o en las empresas editoriales. Para acceder a ellos, la construcción de esa imagen es de vital importancia.

Julio / Abril 19th, 2009, 7:24 pm / #

¡¡¡¡¡¡¡basta de boludos!!!!!!!

javier manal martinez / Abril 19th, 2009, 7:47 pm / #

La tríada que conforman Vecino, Vanoli y Terranova, es tan simplista, obsoleta y reducida, que no resisten ni el menor análisis. Peor, ni lo merecen. Este texto es algo peor que innecesario, resulta irrelevante, nada aporta. Bueno, sí, dice lo que ellos son, con el mismo descaro que los acusa Pron.
El marketing como ciencia oculta del nuevo populismo berreta.

Alberto Montes / Abril 19th, 2009, 10:14 pm / #

¿Esto no será un viral para la nueva colección de la Joven Guardia en tapa dura editada por Planeta, colección dirigida por pron?

Nicolás GV / Abril 20th, 2009, 12:11 pm / #

basta de ancianos vigilantes que creen en la literatura!!!

joubert laurent / Abril 20th, 2009, 12:28 pm / #

[...] que nunca volveré a hacer”, que publicamos en la edición 70, ha causado alegría, horror, consternación. Hay opiniones de todo tipo: a favor y en contra de Patricio, a favor y en contra [...]

Desde Etiqueta » iA Notebook » Patricio Pron golpea duro / Abril 22nd, 2009, 12:55 am / #

La pucha: esto y el famosísimo “`garrenmé que lo mato” andan parejísimos. Un acaloramiento, propiamente. Para hablar con más propiedad: un bochorno. Brocha gorda, trocha angosta, gordura con hinchazón. La preguntas es ¿era para tanto? ¿Y qué si les da por el marketing? Marketing da “guita”, da “minas”. ¿Ta mal? Reconozcanló. A ver, repitan conmigo: quie-ro-gui-ta, quie-ro-mi-nu-zas. Ahi tamos. Lo que sí, por favor una rectificación respecto de eso de “la historia de la literatura es la historia del marketing”. Ahi le pifiaron con tutti, pero se entiende: el artículo de Pron los dejó en pelotas.
(Ahora por lo bajo, como para que no se entere nadie, les digo que el artículo de Pron presenta hechos y el de ustedes una serie de conjeturas. Muchas conjeturas. Conjeturas al por mayor. Como decir, la Feria de la Salada pero de Conjeturas. La Ciudad de los Niños. Eso. Llena de conjeturas. El predio ferial de Palermo. El predio conjetural de Palermo. La conjura de Palermo. 1 a 1 y un partido que resultó un bodrio, como este artículo)

Ricardo Enrique Bochini / Abril 22nd, 2009, 6:13 pm / #

¿Alguien leyó lo que escribe Vanoli? Aunque Pron sea un zapato, ¿desde dónde crítica Vanoli? Mucho llenarse la boca con la política, pero vamos a los hechos: Vanoli parace salido de un taller de Paszkoski, y en los hechos es un jovenguardista nato. Busquen un relato de él internet. Es peor que Grillo Trubba y Terranova juntos… lo cual es mucho…

el lector / Abril 22nd, 2009, 8:20 pm / #

No sé si lo comenta alguien, pero esto es anfibológico:

“Una gira supuestamente divertida con escritores argentinos que nunca volveré a hacer”.

Parafrasea a Foster para hacerse el inteligente, y justo lo que él inserta (”con escritores argentinos”) es lo que arruina el título. Es la clase de burradas que te ev itan perder el tiempo leyendo a un salame (o escribiendo para “desenmascarar” sus verdaderas intenciones). A veces la crítica es realmente fácil.

tarkus serna / Junio 20th, 2009, 6:45 am / #

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