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Articulo

Un literocultivo

[El presente artículo interviene en el debate generado por una nota periodística de Patricio Pron, cuyo PDF puede descargarse desde aquí.]

 

Por Inés Pereira

 

Patricio Pron concluye así su artículo, describiendo la desconfianza con la que los dedos de los editores españoles toman un manuscrito de algún integrante de la NNA, (ya ha ganado su sigla): del mismo modo en que recibe una enfermera una muestra de orina.

Antes, leemos su relato publicado en el No 70 de Etiqueta Negra, que podríamos resumir así: un escritor argentino radicado en el exterior desde hace casi una década, coincide con un grupo de compatriotas a quienes algún organismo estatal les ha subvencionado un viaje de negocios a España. Comparten el mismo hotel, van juntos de tapas, copas, putas o museos, se conocen, desconocen  o reconocen como miembros de una nueva generación que amerita su inclusión en antologías ad-hoc, y luego el flamante distinto de la lista, narra sus aventuras en tono más o menos crítico.

La nota de Pron no nos descubre el mundo, sólo se enfoca en la aventuras de unos muchachos que quieren extender el barrio de Palermo hasta que abarque no sólo Almagro y Villa Crespo, sino también el hemisferio norte del planeta. Allí (aquí) es donde reinan, lo que desearían ahora es cachar giles transoceánicos para venderles la pujanza de la joven América en sus letras, -es sabido, el cambio los favorece-. Tal vez no contarán más que con la esperada estrechez con la que puede juzgarlos un contemporáneo. Tal vez no les importa que nadie los comprenda, si, como dicen, escriben para divertirse. Postulándose como deudores de nadie, se empeñarán en convencernos de que todo lo que hay es lo que nos traen, y así también, venderán en el mercado interno esta idea : ellos representan la actualidad de una literatura argentina que parece, además,  comenzar con ellos. Ellos, son los crecidos durante el Menemato, los formados en los años de la convertibilidad, los hijos de la clase media que deseó y pidió que le dieran dos, y más tarde que le devuelvan todo, y después, que se fueran todos, pero todos. Acaso por esto, el título de la entrevista que les hizo El país, los encierra en un corralito, el de las jóvenes promesas. Es aquí donde asegura Grillo Trubba:

 ”se lee más que nunca. Se lee como entretenimiento en otras plataformas, y también se debe reconocer que el lector que compra un libro es uno preparado, más erudito”, añade Tomas.

Es decir, que quien se acerca a estos libros, sería el lector que los autores tienen ya catalogado como alguien que puede sumirse en un mundo más complejo. Malas noticias, muchachos, una literatura que nada cuestiona no conseguirá lectores críticos.

“No tenemos dogmas, vemos a la literatura como un objeto recreativo”, explica Pron. Esta soltura se refleja en la experimentación entre géneros literarios, la diversidad de los temas que abordan y su versatilidad para difundirlos. Ya sea en sus antologías, por las calles de Buenos Aires o desde las entradas en sus blogs. Comparten la convicción de que la literatura sirve para sentir, expresar y divertirse. “No tenemos una queja conservadora. No vamos gritando, ‘el rock murió’, ‘la gente no lee’. La literatura no necesita nadie que la venga a defender”, concluye Terranova.

La precisión con la que explican todo lo que no hacen, es como decirnos, sin vergüenza alguna, que nada tienen para decirnos. Y bien, reconocemos su negocio, los dejamos hacerlo, los felicitamos si esto les reporta un premio o el reconocimiento de editores y lectores extranjeros, pero si pretendieran usar la camiseta de esta selección, tendrán que transpirarla un poco más, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, porque juegan el partido solos. No tienen dogma, no comparten nuestros dioses. La literatura, vista como  objeto recreativo no parece producir sujetos recreados. Yo no aseguraría que no son solemnes, y sin embargo, estoy tentada de afirmar que no son serios. Porque se los identifica con un solo aspecto de la llamada crisis del 2001, (que la mala conciencia de el español promedio gusta recordarnos para solidarizarse formalmente con nosotros, su hogar después de la guerra, como España debió ser el nuestro después de la dictadura aunque esta vez no conseguimos jamás status de ciudadanos de primera) Estos son los hijos escritores de esos caceroleros que golpeaban las puertas de los bancos, no los de los que dejaron de trabajar en la fábrica, de vivir en la pensión, de comer en su mesa o dormir en una cama. No conocen, ni los roza o los conmueve, más marginalidad que la de emborracharse en alguna fiesta cool . A alguno de ellos le gusta ensayar frases acerca de la relación literatura-política. Pero lo entiende como una cuestión de personal posicionamiento respecto del poder de turno. Reyes de lo efímero, lo egoico, no dejarán más testimonio de este ideario, no hay en ellos más preocupación que una urgencia  casi fisiológica de “pararse en la vida” antes de los 40. Eso es en ellos “lo político”.  Unas décadas antes habrían sido el hijo profesional o comerciante próspero que volvía al barrio a exhibir un auto nuevo, los domingos. Hoy traen un libro bajo el brazo, o un contrato de edición, o la promesa de un carguito, o alguna groupie.

Mientras tanto, algunos percibimos que la historia argentina se llena de hongos sin que nadie la traiga o la rescate, o intente al menos comprenderla, -digo historia y digo literatura, no distingo entre ambas-  en un cuarto cuyo último habitante ha sido acaso,  justamente, el que nos apagó la luz. Y así como de la historia intentamos extraer alguna cosa, esperamos de la literatura algo más que el tiempo estéril que se fuga mientras jugamos en una play station. Esta idea de la literatura como juego o pasatiempo no los acerca ni a un Sydney Sheldon, o a una Corín Tellado, por el contrario, los separa, de ellos inclusive, una abrumadora cantidad de ejemplares vendidos.  Pero aún sin propósitos, habrá de todos modos, consecuencias. Porque el país tiene una historia, una que abunda en dolor y hambre y muerte, y tiene también una natural disposición al olvido, la cultivada desmemoria, que acaso prohija esta clase de juveniles representantes de lo viejo. No nos engañamos con la sensación de que es el huevo o la gallina: cuando reivindicamos la inutilidad del arte, no confundimos su sustancia, esa sustancia de otro orden que lo hace in-útil, con la banalidad cínica, la estupidez, la gratuidad, el silencio o la insensibilidad -que es otra forma de la estulticia-. En el principio, -recordamos lo escrito en un libro muy antiguo-: era el Verbo. No imaginamos un paraíso literario como un parque de diversiones con muchos puestos de panchos y pochoclo atendidos por sus dueños. Hemos leído para alcanzar placeres mayores, y sin duda los hemos alcanzado. No lleven a Frankfurt, por favor, estas salchichas; ya las inventaron ellos.

Y, ¿sabés, Terranova?, no pretendemos defender la Literatura porque ya es grande y sale sola, les informamos, simplemente, que no les bastará imprimir sus escritos con la apariencia de libro para ser considerados escritores. La experiencia nos recuerda que aún en la noche más profunda, escribir y leer pueden traer -porque ya lo han hecho a lo largo de la historia- alguna luz, más luz, con la potencia iluminadora del presente que tendría aquélla que Goethe reclamaba.

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Comentarios (33 comentarios)

clap, clap.

Gus nielsen / Abril 12th, 2009, 4:35 pm / #

Estaba de acuerdo con todo lo que se afirma en el artículo hasta aproximadamente la mitad. Es ahí donde me pareció que Pereira empezaba a patinar, a causa, tal vez, de un notorio encono cuyos motivos desconozco. Después volví a leer el texto y descubrí que no, que el desacuerdo ya estaba de antemano, que la posición de Pereira es cuestionable aunque la introduzca diciendo un par de verdades y que ese encono es manifiesto desde el principio.

No voy a defender a la JG o NLA o NNA. Yo también he criticado la falta de un posicionamiento claro de esta supuesta nueva camada literaria, la ausencia no ya de manifiestos o programas sino del mínimo espíritu peleador, y a mí tampoco me parece que la mentada “generación” pase de ser un “grupito”. Pero si la crítica pasa por identificar a la NNA con el Menemato y por agarrarse de una declaración de Pron para descalificar toda la producción de un grupo de jóvenes escritores, es obvio que no estamos pensando mucho.

Me parece que reclamarle a un grupo cualquiera de escritores que su intervención en el ámbito de la política vaya más allá de “una cuestión de personal posicionamiento respecto del poder de turno” no es acertado. Porque entonces deberíamos pedirles otra cosa, pero me parece que Pereira les pide esa cosa sólo a ellos y a nadie más y, por otra parte, ¿cuál sería esa otra cosa que se les pide? La generalización del argumento es un debate viejo (el intelectual comprometido, ver Sartre) y no parece que haya sido resuelto, de manera que no conviene dar por sentada una posición sin explicarla. Creo que la articulista se vería en problemas a la hora de demostrar que los escritores relevantes son aquellos cuya posición frente a la política supere “una cuestión de personal posicionamiento respecto del poder de turno” y de nombrarlos. Lo mejor, dicen, es enemigo de lo bueno. (Un impulso maligno me lleva a preguntarle dónde quedaría ubicado Borges en esta especie de crítica político-moral.)

Hay en el texto una acusación más específica y por lo tanto más errada: “Estos son los hijos escritores de esos caceroleros que golpeaban las puertas de los bancos, no los de los que dejaron de trabajar en la fábrica, de vivir en la pensión, de comer en su mesa o dormir en una cama.” Esto parece implicar que un escritor sólo puede aproximarse a la política cuando lo hace desde la marginalidad o desde el recuerdo de la marginalidad, con lo que ese terreno les estaría vedado a todos los escritores de clase media-media para arriba, y como en la argumentación de Pereira los conceptos de literatura, historia y política parecen estar totalmente interpenetrados, entonces todo escritor que siempre haya dormido en una cama está condenado a la irrelevancia. ¿Quién sería, en este caso, la figura relevante entre los nuevos escritores argentinos? Espero, sinceramente, que la respuesta no sea Cucurto.

Soslayando la posibilidad de críticas más interesantes que había esbozado más arriba, Pereira sigue argumentando en esa línea desrumbeada: “Unas décadas antes habrían sido el hijo profesional o comerciante próspero que volvía al barrio a exhibir un auto nuevo, los domingos. Hoy traen un libro bajo el brazo, o un contrato de edición, o la promesa de un carguito, o alguna groupie.” ¿Por qué cargar las tintas sobre ello? Es lo que todos haríamos de tener la oportunidad. Si yo pudiera editar en España (para lo que, pienso, previamente tendría que tener editor en la Argentina), claramente lo haría. El tono peyorativo con que Pereira habla de “banalidad cínica” podría aplicarse a escritores de cualquier época pero no justamente a Terranova, en quien la autora del texto centra las críticas del final, tal vez porque es el nombre más reconocible de la “Joven Guardia”. Es, después de todo, un escritor con una posición teórica clara que explicita en su literatura (”El Caníbal”, “El ignorante”). A lo mejor estaba pensando en Guillermo Martínez, que llegó a Hollywood con una novela de misterio de nula raigambre social y que seguramente jamás durmió en una frazada puesta sobre el piso. Pero es de la generación anterior, ¿no?

Ojo: con esto no defiendo a Terranova, que no está de ningún modo entre mis escritores favoritos y con quien me he manifestado en desacuerdo en público y en privado. Pero no creo que citar a Goethe en su lecho de muerte aporte nada si la discusión niega el valor del otro por arbitrio o por encono o por principio.

“Si pretendieran usar la camiseta de esta selección, tendrán que transpirarla un poco más, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, porque juegan el partido solos. No tienen dogma, no comparten nuestros dioses.” Eso dice Pereira, y habría que preguntarle quiénes son esos dioses y por qué se siente autorizada a hablar en nombre, ella sí, de la literatura argentina. Confieso que el nombre de Pron no me sonaba y los de Tomas y Grillo Trubba los conocí a partir de esta sobreexposición mediática de la “Joven Guardia” de los últimos dos años; el de Terranova, en cambio, ya me era conocido antes de leer sus libros. El de Pereira… mmmh. ¿Quedo mal si digo que no sé quién es? En todo caso, si resulta que ella sí estaba en la selección, porque me perdí todos sus partidos.

Sebastián Lalaurette / Abril 12th, 2009, 4:51 pm / #

Favor de obviar ese “porque” en la oración final. Gracias.

Sebastián Lalaurette / Abril 12th, 2009, 4:52 pm / #

Hay toda una generación argentina que carece de compromiso de cualquier tipo, pues no consideran que involucrarse a fondo en algo -desde el amor a la literatura, desde el cine a la ciencia, desde el fútbol a la televisión, desde el gremialismo a la política partidaria, etc- no vale la pena. seguramente algo de responsabilidad en esto tenemos generaciones anteriores. Pero eso no los disculpa.
Hay cantidad de hablidosos de la palabra que escriben bien pero no tienen nada atrás, nada de contenido, nada de sustancia. Onanistas de la literatura, se regodean en textos brillosos que o brillantes. Y hay una corte de babeantesgagá posmoderos que con tal de agradar a los que vienen son capaces de defender la idiotez disfrazada de liviandad cool.
Con matices que son materia de discusión en otra parte, me parece que la autora tiene razón.
Saludos y bienvenda la discusión.

Osvaldo Croce / Abril 12th, 2009, 5:38 pm / #

Sebastián: Cuando me refiero a pensar la relación entre literatura y política quiero decir que no puede tratarse de mi relación -en tanto escritor, con los políticos de turno. Esto es una visión casi íntima del tema. No es compromiso servil con la realidad lo que le reclamo a la literatura, quiero decir que para que exista una nueva literatura argentina, debería ligársela a una sucesión, una genealogía. En los dichos de algunos de estos autores, parecería -me parecería a mí, en todo caso- entender una especie de generación espontánea, sin antecesores a la vista. Cuando hablo de que fueron criados durante el menemato, me refiero a lo que Pron resalta acerca de la preocupación por el marketing, uno no sólo representa lo que pretende representar, ubicado en un momento histórico preciso, o discute o acepta u omite, con lo cual también estará tomando una posición. Hay encono, sí, no puedo soportar que se digan cosas tales como esto que afirma Terranova, con afán buscapleitos porque a alguien le dirige este mensaje, “no vamos por ahí diciendo el rock ha muerto”, “la literatura no precisa que nadie la defienda”, “la filosofía ha perdido su objeto” (esto lo ha dicho en otro lado, pero suma) y como soy peleadora yo también, le contesto en términos semejantes. Por supuesto que no tenés que conocerme, es más, sería extraño que así fuera, porque salvo para muy pocos, soy una desconocida. Sin embargo alguna vez comentaste en mi blog, me parece recordar. Yo no defiendo aquí a la literatura, sino a una percepción o concepción del arte que siento vapuleada y menospreciada, algunos estarán de acuerdo y otros no, Espero, francamente, que quien acuerde o confronte conmigo, no me pida previamente que le muestre el documento o el c.v. De todos modos, podés ver lo que hago que es la mejor manera de saber quién soy, desde luego, en: http://www.bosquedesignos.blogspot.com http://www.lapropiatierra.blogspot.com
http://www.materiadensa.blogspot.com
http://www.pinturasciegas.blogspot.com
http://www.equusmeus.blogspot.com

inx / Abril 12th, 2009, 6:37 pm / #

No coincido con Inés, la respeto y creo que se quien es; en cambio sí coincido, en casi todo,con Lalaurette , salvo por el final de su texto. Oponer la “visibilidad” de Terranova (o para el caso Cumbio, que también tiene un libro editado) a la del autora de el presente artículo es un golpe bajo o un absurdo, porque sabemos que en literatura la visibilidad no es garantía de calidad literaria y que la “no visibilidad” o marginalidad tampoco significa ausencia de escritor (de hecho muchos de los mejores autores argentinos permanecen inéditos, en poesía Inés es un caso).
Pero creo que este debate lo único que hace es seguir con lo mismo de siempre, no es nada nuevo y no creo que de para más, Pron no descubrió nada. No estoy de acuerdo con el artículo, no creo en el paradigma de autor que aparentemente propone Inés, no me interesa si Terranova publica o vende más o menos, si no les gusta no compren sus libros, no los lean, dejenlo que viva como viven tantos otros, de escribir cosas que probablemente coincidamos en no reconocer como literatura; lo que sí me queda es una duda: ¿Quién es Sebastián Lalaurette ?

Quesada / Abril 12th, 2009, 9:12 pm / #

Sebastián, creo que tu argumentación es válida, a partir de reconocer el límite generacional entre quienes cuestionan la (¿cómo llamarla?) “actitud estética” de Terranova y quienes, como vos, enfrentan el corte con otro tipo de objeciones y, además, compartiendo ciertos estigmas por pertenecer a esa nebulosa contemporánea forzada por las antologías. Lo que noto es un enfrentamiento de ideas (para algunos será, ideas contra falta de ellas) respecto al arte y su funcionamiento en el campo de la política cultural. Y un sostén ya no de moral, sino de ética respecto a la propia obra en su relación con ese ámbito de reproducción del conocimiento.
Eseinstein sostenía que el cine es entretenimiento. La lectura también lo es, sin dudas. Pero, ¿qué pasa cuando una obra deja de entretener para establecer por delante al sujeto que la produce? Ahí el otro debate. Aclaro esto porque, realmente, me asombró mucho tu cuestionamiento respecto a la exposición de Inés Pereira. Te cuento que, como editor de Nación Apache, siempre ha colaborado con el desarrollo de este sitio, como con artículos, organizando las Jornadas Nación Apache y hasta moderando una de sus mesas. Inés es poeta, ejerciendo el oficio de librera (una de las pocas que aún persisten en el medio), y doy por sentada su buena fe y capacidad intelectual para enfrentar éste o cualquier otro debate literario. Su presencia en los blogs es de más de cinco años, y forma parte de ese amplio círculo de bondades que hacen a la libre circulación de los saberes en la red.

OmarG / Abril 12th, 2009, 11:30 pm / #

Inés, Quesada, Omar: me sorprende que no se haya entendido el punto de mi planteo. ¡Yo no le ando pidiendo el DNI o el CV a todo el que intervenga en un debate! Sólo me pregunto quién es la persona que se arroga el lugar de interpretadora de la literatura argentina cuando dice: “si pretendieran usar la camiseta de esta selección, tendrán que transpirarla un poco más, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, porque juegan el partido solos. No tienen dogma, no comparten nuestros dioses”, o cuando dice “les informamos, simplemente, que no les bastará imprimir sus escritos con la apariencia de libro para ser considerados escritores”. Ahí, además de encono, hay soberbia.

Sobre la relación entre arte y mercado podríamos hablar horas, pero empezaría diciendo que Dickens invertía tal vez más tiempo en promocionar sus obras y sus lecturas que en escribir: llegó a niveles de autopromoción francamente risueños. Y ahí están los Beatles grabando la publicidad de una leche cultivada.

Sebastián Lalaurette / Abril 13th, 2009, 12:18 am / #

Aún si fuera un lector anónimo, el interrogar respecto a la trayectoria (y más tratándose de una dama) invoca más a una discusión vecinal que a un debate. Y no voy a citar las palabras de tu comentario porque están ahí y son suficientes como explícitas.
Pero, disculpame Sebastián, tu afirmación: “Es lo que todos haríamos de tener la oportunidad.”, antecediendo a la cita sobre el floreo ególatra, marca cuál es tu posición respecto al tema. Simplemente, no la comparto.

OmarG / Abril 13th, 2009, 12:55 am / #

Omar: en tu último comentario decís dos cosas no relacionadas, me parece. Sobre que no compartís mi punto de vista no tengo nada que decir; está muy bien. Sobre lo anterior, insisto: si alguien le niega a un escritor el carácter de escritor por más que publique libros y si lo deja fuera de la selección nacional de la literatura, está asumiendo credenciales. Lo que habría que pedir ahora es que hagan la lista de los que juegan en la selección y a qué dioses les rezan antes de los partidos, porque yo no tengo esa lista, no la conozco, y no sé a quién rezarle.

Sebastián Lalaurette / Abril 13th, 2009, 1:02 am / #

Bueno, Sebastián, a no ponerse tan susceptible. Por más que haya publicado libros no llamaría escritor a Narosky, ni a Osho, ni a Víctor Sueyro, que en una de esas vuelve a resucitar -lo hizo una vez, recordá y escribió libros- y es candidato junto a Lilita Carrió.
Hay semejantes que escriben y hay semejantes escritores. No nos hagamos los distraídos. Y no hace falta una lista. ¿O Pettinatto te parece un escritor junto a Cortázar?
Por otra parte, cabe preguntarse: ¿por qué no pedirle mayor compromiso político, o de cualquier otra índole a estos tahures de la palabra que como el Mago Fafa son Nada por aquí, Nada por allá?
No tengas miedo a preender la luz sobre el engaño. Aceptá que hay muchos chantas con buena promoción y buenos agentes literarios y que no merecen ser exponentes de nada que no sea su propio ego. ¿Cuál es el problema de aceptarlo?¿Que Terranova y sus acólitos te miren mal? Me parece que no. Un abrazo.

Osvaldo Croce / Abril 13th, 2009, 7:12 am / #

¡Jajaja! No, Osvaldo, no es susceptibilidad ni miedo. Simplemente insisto en el punto ante la evidencia de que no se entiende. Pero bueno, dejémoslo así, aceptemos el derecho de cualquiera a decir quién es escritor y quién no, quién está adentro y quién está afuera, y todos contentos.

Ahora, a lo que me preguntás te respondo dos cosas levemente contradictorias: primero, no tengo problema en aceptar eso y de hecho yo mismo he dicho algo así alguna vez; segundo, lo acepto en general pero no particularmente en el caso de Terranova, que mal que mal tiene una obra y una visión sobre la literatura.

Sigo esperando que alguien me diga quiénes son los Cortazares de hoy.

Sebastián Lalaurette / Abril 13th, 2009, 7:51 am / #

Sin ánimo de ejercer mi autodefensa, digo que mi opinión -tratándose de la de una desconocida- no implicará sentar las bases de nada en ningún lado. Establecido ya que no es la visibilidad de alguien lo que requiere Sebastián para discutir una opinión, digo que tengo tanto derecho a arrogarme la interpretación de la literatura (lo hago en tanto lectora y porque mal o bien, también alguna obra tengo) como como lo tienen estos muchachos “visibles” de erigirse o aceptar que se los considere como representantes de una nueva literatura argentina. Si de generaciones se trata, pertenezco a otra y se me disculpará ejercer esta generalización (la de hablar en nombre de un grupo etáreo) si es que nadie la discute en ellos. Se me ocurren Oliverio Coelho, Beatriz Vignoli, Walter Cassara y algunos que no tienen la prensa necesaria, como Adrián Pais. No sé si nuevos Cortázar, cada uno encontrará o elegirá su tradición, eso sí, para eso, creo que antes, deberán reconocer alguna.

inx / Abril 13th, 2009, 11:43 am / #

Siguiendo en la línea de estas discusiones, solo puedo advertir que tal vez estemos errando el problema de fondo.
Ciertamente es difícil decir, hoy, quien podría llevar la camiseta argentina; qué es lo que está in y que está out en Literatura Argentina, qué es vendible en euros y qué en patacones, pero lo cierto es que evidencia nuestra falta de Recursos Humanos y Financieros para sustentar “una literatura”.
Que los pibes de NNA, estén viendo cómo se imponen en ese poco espacio de edición, cómo es que tienen que agruparse para poder acceder a la publicación de “primera división” (para usar una expresión de Terranova), habla de una pobreza coyuntural del Medio y no de la sustentabilidad de la Literatura (y aquí hablo de la Literatura en sí: ese campo de batallas que se difunde en el tiempo.) Lo triste, es que estos “jóvenes” con su magra producción antalogada, piense en términos menemistas (en tanto época) de “posicionamiento”, “proactividad”, “venta de producto no necesitado”, “connivencia”, “desregulación”,”promoción”, “lleve tres por uno”, etc, antes de sumergirse en la búsqueda de una literatura propia, no grupal, no generacional, y sí extrema. No es necesario que sea política, ni social, ni pronunciarse (una vez más) en favor del arte por el arte. Su autenticidad sólo será legible para el lector futuro, su necesidad sociopolítica o tan sólo humana emergerá sola y a su pesar (pudiendo darse vuelta a sus pronunciamientos idiológicos o programáticos como en el caso de “Almas Muertas” de Gógol)

Es evidente que la Literatura, como el fútbol, desata pasiones descontroladas, Inés, y tu reacción es entendible. Lo que me temo, es que hay quién se sirve de estas discusiones acaloradas, para pasar desapercibido. ¿Cómo hemos dejado caer nuestras grandes editoriales en manos multinacionales y en distribuidoras mercenarias? ¿Cómo hemos asesinado a nuetros Mecenas? ¿Cómo hemos acallado a nuestra Crítica Literaria? ¿Cómo hemos perdido nuestra inserción a través de revistas literarias de renombre? ¿Cómo retrocedemos en nuestra educación formal para despertar lectores en todos los niveles educativos? ¿Cómo abandonamos a los libreros a la suerte de los listados de best seller de los suplementos culturales?

El problema no es simple. No basta con decir: publicar primero, luego escribir.
Hay que Escribir, Corregir, Publicar y Difundir (y subsistir con otra cosa, mientras tanto, y más acá en el tercer mundo). Necesita de muchos actores propios, en diferentes estadios de la cadena. El análisis que debe hacerse es múltiple y coyuntural. Temo que quedemos tan sólo trenzados en una guerra de pobres contra pobres, frase ya muy manida pero no exenta de cierta consideración.

Saludos

Miguel P. Soler / Abril 13th, 2009, 12:19 pm / #

Cualquier actividad humana terminará estableciendo relaciones con un mercado, el tema es si el autor se pliega a las necesidades del mercado o se afirma primero en las propias, estableciendo una estrategia que le permita negociar su oferta en la demanda existente. Otra cosa es el trabajo esclavo, que quiere acertar en descubrir esa demanda con el fin de que su obra la satisfaga. Pienso en los pintores y en una época en la que los galeristas requerían sólo obras de gran formato, o en el auge de la novela histórica argentina, casi todas escritas por periodistas y por encargo. Eso, en mi opinión es ser escribidor, lo que de todos modos, no obsta para la construcción de una gran obra. Crimen y Castigo tenía el encargo de construirse como un folletín aleccionador acerca del exceso en el consumo de alcohol, el pobre Fiodor seguramente necesitaba mucho algunos rublos, y ya sabemos lo que puede el genio por sobre la necesidad. Podría ser el caso de La virgen del cerro, podrá no serlo.

inx / Abril 13th, 2009, 1:14 pm / #

La gente indignada que cita a Sartre me aburre mucho. Lo que escriben Terranova, Trubba, Martínez, etc. puede gustar o no gustar, pero hablar de ellos como si con su estilo les negasen a los escritores “comprometidos” (categoría muy discutible) el acceso a la fama, el dinero, los medios y los lectores es propio de resentidos.

Martín / Abril 13th, 2009, 4:42 pm / #

La literatura tiene un pozo invisible para repartir …¡y si no se ve no se reparte! Mitad de nada sigue siendo nada. Creo firmemente que hay lugar para todos, justamente porque no hay NADA para llevarse a la casa. Y si el lugar está limitado, podemos levantar las soguitas y ampliarlo. Por ahí entra alguien interesante y nadie estará obligado a salir para dejarle su silla al nuevo. Los únicos que joden son los que plagian, los que compran premios, los que critican con mala leche, los que se creen los conductores supremos de la literatura. La puta mierda, bah, pero de esos hay en todos los oficios y profesiones.

Gus nielsen / Abril 13th, 2009, 5:40 pm / #

Martín, creo que se te mezcló lo que dice Pereira con lo que digo yo.

Gus: clap clap.

Sebastián Lalaurette / Abril 13th, 2009, 8:12 pm / #

Martín (y Lalaurette), leen lo que les viene en gana. Así no se puede debatir. Nadie, pero nadie, ni siquiera mencionó a ningún compromiso por parte de los ¿escritores? que se mencionan. Aparece por ahí Martínez, también, junto con etc. que ha de ser muy reconocido pero todavía no le llegó el turno de la fama. La cuestión está planteada burdamente por el tal Martín, sin que éste lo perciba, obvio: lo de Terranova, Trubba, Martínez, y el indigno etcétera, no es una cuestión de gusto, para nada, sino de que se quieren arrogar la representación de la literatura argentina sin tener estilo. Porque NO LO TIENEN, carecen de ello. Así como de lecturas suficientes. Creen que escribir es un pastiche, o cumplir con todas las normas del taller literario al que concurrieron como buenos opas (Martínez). Luego, la falta de recursos imaginarios. Pero en ese ramo, bueno, no se salva ni etcétera.

Alberto Morgen / Abril 13th, 2009, 10:53 pm / #

Excelente idea la de plantear estos temas.
Sería bueno que semejantes debates tuvieran difusión y enriquecimiento en ADN, Ñ, Radar y otros lugares donde cada nota esconde un aviso publicitario.
¿Cuándo habrá un crítico literario capaz de plantear que a Fulano o Mengano le falta estilo, le falta formación literaria?
¿Cuándo reconoceremos la mediocridad de nuestra actual literatura que a veces es apenas un borrador corregido a las apuradas y exigiremos sin miedo que se escriba mejor?
¿Está mal descubrir que, como en el fútbol, por ejemplo, cada vez estamos peor?
Nadie recuerda los libros de autores argentinos que salieron hace dos años -con excepciones muy contadas- y generalmente se rifan por dos pesos en las mesas de saldo sin que les interesen a nadie. No reflejan ninguna problemática ni planean nada sustancial.
Está lleno de redactores que le hacen el juego a las editoriales.
En cuanto a que “hay lugar para todos” como dice Big Gus, es cierto, pero también lo es que hay niveles y calidades. Y hay que reconocerlo sin pudores ni temores.
Eso es lo que está fallando. Tener una obra no es haber pubicado libros. Es ser un escritor sólido con sustancia e ideas para trasmitir.
Y si no se cita un Cortázar contemporáneo, es porque no existe. No hay.
Cualquier manipulador ingenioso de palabras pasa por escritor.
Cuando volvamos a ser exigentes en serio y no nos conformemos con la mediocridad, tendremos una buena literatura.
Coincido con Inés y me alegra que exista este debate.

Osvaldo Croce

Osvaldo Croce / Abril 14th, 2009, 8:15 am / #

Entre los narradores nuevos no hay nada, la verdad, son malísimos, todos talleristas de Paszkowski o comerciantes del periodismo cultural. De los que nombra inx: Cassara y Vignoli son esencialmente poetas; Oliverio Coelho ya no es nuevo, lleva publicado mucho y aunque hasta ahora es sin dudas el escritor de culto de la década, se pueden avivar de España y el sistema se lo puede morfar como a Aira en los últimos diez años. Pron ya mostró la hilacha. Cucurto es el bleff del siglo. Mairal podría escribir algo pasable si se olvida de querer gustarle al lector con esas novelas edulcoradas.

lars / Abril 15th, 2009, 8:01 pm / #

Eh, Lars (creo que sé quién sos), ¿y Oyola qué te parece? De todos los NNA es al que mejor le va, creo.

Sebastián Lalaurette / Abril 15th, 2009, 8:14 pm / #

Ah Lalaurette… te la pasás buscando credenciales ajenas (simulando inocencia, hasta descuido diría…), ponés a un librito insostenible como paradigma de la renovación literaria argentina, y ahora buscás cómplices por la identidad. ¿No es todo esto medio policíaco? ¿Por qué derivar en semejante panegírico adolescente? Oyola limpia piletas, que limpie entonces. Ahora, ¿sabe nadar?
Eso es otra cosa.

El ontólogo / Abril 15th, 2009, 9:56 pm / #

El Ontólogo: yo no pongo a nada como paradigma de nada, sólo digo que para hablar de un escritor hay que haberlo leído. Y el que limpia piletas es Bruzzone, no Oyola.

Sebastián Lalaurette / Abril 15th, 2009, 11:38 pm / #

¿Y qué hace Oyola? ¿Limpia parabrisas en Juan B. Justo y Corrientes?

El ontólogo / Abril 16th, 2009, 11:12 am / #

La forma en que seguís demostrando que no sabés de qué hablás es mucho más graciosa que tu chiste.

Sebastián Lalaurette / Abril 16th, 2009, 12:32 pm / #

Vos te sentabas en el primer banco buchoneando a todos los compañeros de escuela. Si se caía el borrador corrías presuroso a entregarlo a la maestra o profesor. ¿Sabés qué? Sos un reload del gordo de Jacinta Pichimauida.

El ontólogo / Abril 16th, 2009, 9:10 pm / #

Ja.

Sebastián Lalaurette / Abril 17th, 2009, 4:05 am / #

Hay una zona gris, territorio de abandono, que surgió de Babel a la fecha: esa segunda diáspora intelectual no tomó el camino del exilio sino el de la representación para el mercado. Un emblema de dicho tránsito está encarnado en Fogwill, cuyo nombre podemos ubicar en la articulación de Ford y Cargill. Ambas marcas, ligadas a servicios imprescindibles para los dueños de la tierra y de las armas. ¿Y cuál es el resultado? Fogwill conjugó en sí mismo una tremenda expectativa (estrategia de producto) que no condice con el tono de su obra. Vendió un plus en ese tintineo de la vajilla al momento de sacar el mantel que la hacía lucir prometedora. ¿Y en qué terminó Fogwill? En una reconstrucción de la oralidad de púlpito, acaso evocación de las formas primitivas de la declamación grecoromana. El tipo opina, enfrenta, sacude el flequillo que no tiene. Ah, el silencio.
El otro autor de época es la delicada combinación que podemos llamar: Piglaira. Bestia bifronte que combina la necesidad teórica de la academia con el ejemplo del hijo pródigo de los agentes literarios. El guiño cómplice de la élite con el cholulismo: algo tan caro al efecto del menemato. Príncipes y grasas en el mismo barco, donde la bonanza iguala oportunidades. Qué falacia descubrió el filo 2001-2002, qué corte quirúrgico dejó, imposible de cicatrizar. Y ahí, con otro tipo de dólar, otras condiciones, cuando todo parecía resurgir lentamente, una nueva literatura. Pero hay algo muy extraño, el puente entre la realeza y el bajo fondo no se ha cortado, esa ilusión de luz al fondo del túnel, de salida, ha tenido manifestaciones ridículas, risueñas, y hasta pobres. Di Nucci es, tal vez, uno de los quistes de tal infección.
Pido, en lo posible, que los comentarios se enfoquen en el tema que trata el artículo. Dejen de comportarse como barrabravas de un club del ascenso y guarden compostura. Gente grande.

OmarG / Abril 17th, 2009, 7:05 am / #

El planteo de Inx es sólido y aporta suficientes elementos para entenderse claramente.

Detrás de las objeciones de Lalaurette, como cuestionar una afirmación crítica argumentada y tildarla de “soberbia” sólo porque vienen de una persona que no goza de popularidad, al mismo tiempo que autoriza lo contrario; a quién posee cierto nombre le está permitido ser soberbio, subyace la típica visión mercachifle de la cultura. En vez de caramelos, libros. Algo parecido a lo que decía el artistejo Cippolini; un poema es un poema sea de Belén Marchese o de Mallarmé. La literatura como souvenir, como los gorritos, los libros, el mate tallado. Solo existe lo que vende, y si vende es bueno, final de la discusión. Dentro de este marco alguien decide pagarles gastos para que hagan un tour de ventas por Europa; bueno, si los se apoya a los exportadores de mortadela para que coloquen sus productos, esto no estaría del todo mal.

Me gustaría saber si Lalaurette hizo algún relevamiento serio de la producción escrita por gente nacida después de 1970 para certificar con algún argumento estético que estos tres escritores son seleccionables para representar alguna “guardia”. Creo que de nuevo no se distingue las operaciones de mercado de las emergencias culturales sólidas. No se es capaz de distinguir el slogan publicitario de la realidad. El problema no es comprarse una Quilmes cuando tenemos sed y buscamos algo barato, el problema es creerse que en efecto tomársela es hallar ¨el sabor del encuentro”. Aquí se da valor de conclusión de análisis crítico a un slogan, cualquiera puede presentar lo que quiere vender –un desodorante por caso- como “lo mejor de la nueva generación”, lo peor es dar por verdadero ese lema sin ningún juicio racional de por medio más que la obediencia y la credulidad a lo comercialmente establecido.

Julio / Abril 17th, 2009, 7:32 pm / #

Yo no dije lo que vos decís que dije, Julio, y por lo tanto no lo certificaría de ninguna manera. Si leés el post en que linkeo al debate en el blog de Genovese vas a poder ver todo lo que vengo diciendo de la supuesta NNA (incluso eso: que es supuesta).

Sebastián Lalaurette / Abril 17th, 2009, 9:15 pm / #

Lalaurette, si son la supuesta literatura nueva argentina, también pueden ser los húerfanos de la supuesta hija de Perón.

Mefisto / Abril 19th, 2009, 3:03 pm / #

Nooo, hijos míos no son. Ni supuestos. Salvo que haya sido violada por un idiota, mientras dormía…

marta holgado / Abril 19th, 2009, 4:48 pm / #

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