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Todos somos terroristas

 
Por Luis Menéndez

 

O: el terrorismo que no cayó del cielo, cual rayo maligno e inesperado. La verborrea fácil y descuidada pro israelí, ahistórica y ciega, azuzada entre la cruzada capitalista neoliberal y ética posmoderna olvida -oculta- las alargadas raíces del terrorismo en nombre del cual regala licencias genocidas al Estado de Israel. La propia palabra “terrorista”, tal como escribe Terry Eagleton, lleva implícita la infravaloración; cuando no, queda reducida a la simple matonería: el terrorista es el salvaje fanático, que no se adapta a la convivencia moderna, que no respeta las legalidades de los estados constituidos ni -oh, pecado- las democracias capitalistas. Esta caricatura del terrorismo olvida -oculta- que el terrorismo es en realidad -otra vez Eagleton- una pura invención moderna. Como idea y práctica política emergió por primera vez con la Revolución Francesa, lo cual equivale a decir en realidad que el terrorismo y el Estado democrático moderno son hermanos gemelos. El terrorismo nació, en la época de Danton y Robespierre, como terrorismo de Estado y, al mismo tiempo, como terrorismo contra el Estado. Si hay Estado, hay terrorismo. Algo que los defensores de los “derechos de los Estados” gustan escamotear (además del curioso brinco de alienación: ya no son los seres humanos quienes poseen los derechos, sino que es esa fantasmagoría de las relaciones sociales llamada Estado el que los acapara).

Pero esto no es lo único que se esconde. Acorde a su condición posmoderna y atestada de pensamiento débil, el cotilleo pro israelí enmascara y niega la historia: nada más funcional a la práctica genocida que argumentar desde el puro presente. Terroristas fueron casi todas las organizaciones sionistas que actuaban en Palestina antes de la partición y la creación del Estado de Israel. Casi todas ellas realizaron atentados contra los mandatarios británicos y también para aterrorizar y desplazar a la población árabe. Desde 1920 la Haganah se ocupó de dinamitar casas árabes en la ciudad vieja de Jerusalén y aldeas campesinas. Lo mismo el Irgún, otra organización sionista que utilizaba unidades especialmente entrenadas para operar en las aldeas árabes en la década de 1940. El Irgún, junto a otra organización del sionismo, el grupo Stern, son los responsables de la matanza en la aldea de Deir Yasin, donde dinamitaron a los habitantes árabes en sus propias casas. Después de la proclamación del Estado de Israel, con estos tres grupos se forma el ejercito nacional israelí. El terror no llegó a Palestina de mano de los árabes ni de los musulmanes sino que se instaló allí desde las tinieblas iniciales del sionismo.

Desde hace algunos años Israel se presenta a su propia gente como víctima autojusticiera que se defiende contra un gran mal, el terrorismo musulmán. Como ha expresado Ilan Pappé cualquier “erudito” es reclutado “para explicar lo demoníaca y monstruosa que es la lucha palestina, si es dirigida por Hamas. Son los mismos eruditos que satanizaron a Yasir Arafat en una era pasada y deslegitimaron su movimiento Fatah durante la segunda Intifada palestina”. Es la misma ética verbal que justificó la ocupación y el despojo desde 1948, que llamó terrorista y antisemita a la OLP, a quienes se levantaron en las Intifadas y a cualquiera que reivindicara la causa palestina. La misma ética que legitimó durante todos estos años los campos de refugiados y el asesinato continuo de líderes e intelectuales palestinos. La que avaló durante décadas la práctica de la expulsión y el encierro, hasta hacer de Gaza el gueto concentracionario más grande del mundo. Poco de bueno puede surgir de un gueto sometido año tras año al despojo, el miedo y la barbarie, bien lo supieron los judíos de Varsovia. El terrorismo de Hamas es el hijo bastardo del terrorismo sionista; su encarnadura especular,  carne de su carne, aunque sin su despliegue militar y sin sus voceros ilustrados.

Comentarios (2 comentarios)

Me parece muy bueno tu analisis!

Maca / Enero 8th, 2009, 11:09 pm / #

¿Revoluciòn francesa? Apuesto a que puedo encontrar,siglos antes,una referencia a alguien que,con autorizaciòn y poder conferidos por su Señor,se inmolò en medio de sus enemigos para eliminarlos a ellos aùn a costa de su propia vida.¿No parece la descripciòn de un “terrorista suicida”?……
Sin embargo ese es el desenlace de la historia de Sansòn………

fabio / Enero 9th, 2009, 10:03 am / #

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