El inconmensurable
Por Oliverio Coelho
Con Peripecias del no Luis Chitarroni (1958) consiguió lo que pocos escritores sin descender al subsuelo de los géneros y los argumentos conmensurables: un libro que parece haber sobrevivido a la subjetividad boscosa de un hombre, a las lenguas reales e imaginarias, a la erudición, a las interjecciones falaces y a la fatalidad de los nombres propios. Ese libro/diario/caja de resonancias, anudó todos los géneros. Podría considerarse que este tratado incidental sobre la escritura participa de la sucesión borgeana y es a la vez su conclusión.
En esta línea, la del tratado incidental, Mil tazas de té propone el mismo cortejo poético frente al programa borgeano. Podría hablarse de una biografía pasional del pensamiento literario o, en definitiva, de un modo de lectura sembrado de indicios, boutades e iluminaciones. Tal como en Borges, en Chitarroni la declinada anacronía suprime la afectación o la solemnidad en favor de las aliteraciones y el aticismo anglosajón.
En Accidentes inseparables, el primero de los cuatro ensayos reunidos en Mil tazas de té, a partir de Pierre Menard y de las lecturas célebres del Quijote –la desmesura de Nabokov, el “servilismo positivista” del bibliotecario vidente Paul Groussac–, trayendo a colación a O. Lamborghini, Chitarroni suspende la intencionalidad del personaje de Borges –querer “escribir no un tributo ni un libro imitativo de la novela de Cervantes, sino el Quijote, el verdadero Quijote”–, y propone una lectura original y consecuente, en la que Cervantes y Borges permanecen unidos, como monstruosos siameses, por el accidente inseparable de una lengua aprehendida, confiscada y transformada por el autor de Mil tazas de té.
Los extranjeros definitivos propone un recorrido por el exotismo y los nacionalismos en la literatura, y termina analizando Los fantasmas de Aira en relación a estos tópicos. Cinco días es el diario del pasaje del autor por La Habana. Al igual que el diario de Xochimilco en Peripecias del no, el contacto privilegiado con las mitologías literarias y la tradición de otro país desata en el narrador una cadena de notas extrañadas. Los oficios del cálculo es un breve ensayo que revela buena parte de las bondades de la narrativa de María Martoccia. En alguno de los tantos momentos felices que ofrece el libro, el autor arriesga: “contar una historia acaso sea sostener un pensamiento”. Esto, por supuesto, se cumple con creces en la inspirada prosa de Mil tazas de té.
* Publicado en Inrockuptibles noviembre


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