Nietzsche bloody Nietzsche
(Presentación de Hegel Not Dead, ponencia de Mariano Zukerfeld)
Por Leonardo Sai
Acaso sobre el gran fondo filosófico, que es la verdad, haya prevalecido una cuestión de tendencias, ajenas al ansia de conocimiento a cuya satisfacción debería consagrarse toda fuerza creadora. En ausencia de tesis fundamentales defendidas con la perseverancia debida, surgen las pequeñas tesis, muy capaces de sembrar el desconcierto.
Juan Domingo Perón
Congreso de Filosofía de Mendoza; 1949
¿Por qué es importante pensar con Hegel en el medio de esta espantosa crisis mundial salpicando miseria, hambre y desocupación por todo el mundo? ¿Es importante? Con una sola condición: Retomarlo en la dirección de Marx.
Luego, y en el medio de, la crisis del 2001 las sucursales locales toninegristas hicieron su pequeño “negocio” editorial: Algún librito, alguna video-conferencia, una trascripción allí, mailing por allá, tertulia en asamblea inmanente, comentario en Página 12, papers en rizoma, discusión inteligente de Atilio Borón: ¡Todos dicen te quiero Spinoza!. De este modo, el lumpen-academicismo de revoluciones blandas, medio pelo de pasiones alegres, logró sobrevivir en una sociedad partida de miseria bajo una sola consigna, esa que proyectan siempre al Otro: ¡Figuración o muerte!.
El texto que aquí presentamos, más allá de su formato de ponencia, con su correspondiente abstract, y sus demostraciones asquerosas de capital simbólico (¿Hace falta hacer tres citas en tres renglones? Esos valores eran parte del imaginario —en términos de Castoriadis— de la forma de vida —por aludir a Wittgenstein—, o del habitus —por usar la expresión de Bourdieu—, de los más diversos grupos sociales(1)) se nos presenta como un maravilloso panfleto de política teórica, un ejemplo de vitalidad académica, de provocación intelectual, crítica de martillo al pos-estructuralismo, condensación de voluntad de destrucción, esto es, un intento de unir la pasión con el concepto.
Zukerfeld mete en una misma bolsa a Foucault, Deleuze, Lazzaratto, Guattari, Negri, Virno, Derrida, Badiou, Latour, la cierra, la ata con el piolín de la sociología —su crítica a la posmodernidad, como ideología, es un comentario a La Modernidad líquida del viejo Baumann— y se dispone al boxeo del pensar. Por supuesto, que, en nueve páginas, frente a tesis descomunales como Repetición y Diferencia o Anti-Edipo de aquella gloriosa dupla francesa— no puede sino lanzar un par de cachetazos de divorciada. Miremos más de cerca.
El trabajo, como bien dice Mariano, intenta discutir supuestos epistemológicos, vueltos sentido comunes académicos e, incluso, “militantes” (Por cierto, nada más ridículo y caricaturesco que un “militante posmoderno(2)”). Estos supuestos los resume así:
• Para los hijos de la posmodernidad, la categoría de Totalidad es empíricamente errada y políticamente reaccionaria.
El primer problema, con este supuesto supuestamente impensado, no es, cosa obvia, incluso para una lectura rápida, que para los post-estructuralistas, en sus versiones inteligentes (Deleuze y Foucault), efectivamente, la totalidad tiene un carácter de aplastamiento sobre la diferencia y sobre la singularidad. Sucede que en Hegel la Totalidad no es una categoría sino un Concepto que, en su movimiento, incluye a su propia negación. No se trata de una “totalidad dialéctica” (pleonasmo) sino de una Totalidad Negativa. La “hipótesis” planteada no sirve, justamente, porque no se plantea, adecuadamente. Dicho sea de paso, Hegel no es Popper: hipótesis no equivale a afirmación.
• La multiplicidad como punto de partida.
Efectivamente, para Deleuze, no se trata ni de lo Uno ni de lo Otro sino de la multiplicidad. Ahora bien, esta multiplicidad no es ni filosófica ni política. Para Deleuze, la multiplicidad es Real, es lo real (categoría imprescindible para analizar al pos-estructuralismo) En todo caso, la multiplicidad es un problema para cierta política y para cierta filosofía (fascismo deseante, de izquierdas y de derechas) que se apropia del concepto de totalidad. Frente a esto, la trinchera de la filosofía del deseo francesa de los setentas era algo así como un anarquismo epistemológico.
• Los pensamientos de la Diferencia permiten el florecimiento de la pluralidad.
El imaginario de la Diferencia, la política de la Diferencia, la pluralidad como bandera, y todas las payasadas de la pequeña burguesía del invernadero europeo, se pudo desplegar como un lindo abanico progresista, quizás, (adverbio que gusta mucho a “los posmodernos” y a Zukerfeld) hasta los incidentes, la quema de autos, de los inmigrantes y marginales en Francia. Pibes chorros parisinos. Hecho social que manifestó, brutalmente, un proceso de exclusión social. Todos somos plurales cuando se está seguro, cuando hay trabajo, cuando hay un Estado organizado y burocráticamente efectivo como el francés. Basta que suban los índices de desempleo para Hobbes destruya a Locke o para que “el pluralismo” devenga estado de guerra y la política de la diferencia homosexual, negra, travesti, rece: Pluralidad dentro y para Nosotros, los europeos. Pregunta elemental: ¿Es el pos-estructuralismo una epistemología?
No creo ni que Gilles Deleuze ni Michel Foucault, menos Derrida (la “teoría” del actor en red de Bruno Latour es, simplemente, un mamarracho, y ya tendremos la ocasión de explayarnos, ampliamente, sobre esa absoluta pérdida de útil tiempo) se hayan planteado algo así como una epistemología. No eran científicos ni les interesaba la ciencia. La epistemología misma es un efecto de poder. No se trata de “construir una epistemología”. Puesto que la episteme es ya, en sí y para sí, un determinado correlato de fuerzas estructuradas. Se trataba de someter a crítica despiadada toda episteme. La epistemología organiza la Diferencia, no la libera. “Los pos-estructuralistas” no plantean una epistemología: la deshacen, la borran como rostros de arena en informe fango; muestran que obedece a tácticas, relevos, estrategias de poder.
La epistemología como voluntad de saber, como política de la verdad, no es epistemología sino el ejercicio de la crítica misma. Dicho de otro modo: En algún punto perdido del universo, cuyo resplandor se extiende a innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el instante más mentiroso y arrogante de la historia universal(3). El enemigo, entonces, no era Hegel sino Sócrates.
Otros pasajes, quizás, los menos felices: No más grandes relatos sistémicos, cada cual puede criticar y pontificar desde su blog de existencia efímera. Con unas pocas líneas y muchas visitas basta para enterrar las estructuras teóricas vetustas. Y, fundamentalmente, no más totalidad. El mundo ha estallada en infinitos fragmentos… abarcarlo teóricamente es una forma de violentarlo. Todos somos distintos, lo vimos en una propaganda de Benetton. Los negros, los indios, los homosexuales, los discapacitados y las mujeres ya están incluidos en esta época de muros derribados… Hoy somos una cosa, mañana otra… Vamos a consumir hoy, que mañana no sabemos que puede ocurrir…(4) En suma: para pasarla bien en la modernidad líquida hay que tener dinero, como siempre. Para el resto, se ofrecen budismos, yoga o evangelismo, o sea, paciencia estratégica. Lipovetsky, más allá de su cinismo, mostró que la sociedad del turbo-consumidor es anti-dionisíaca y su felicidad: paradojal. El imaginario que tanto asco le provoca a nuestro sociólogo crítico no se sostiene ni en el núcleo duro de su propaganda.
Otra cuestión: Zukerfeld, una vez mencionado, e invocado, todo el credo de la historia del pensamiento sociológico (Marx, Durkheim, Weber, etc) se atreve a decir: No hay multiplicidad anterior a la definición de lo normal. Bravo, lo dijo. Sociología vs. Filosofía pop. Pues bien: eso es justamente lo que interesa en, al menos, Deleuze: ¿Qué cosa?
Concepto vitalista, deleuzeano, anti-lacanoso, del Deseo, su concepto, netamente, nietzscheano del deseo. Deseo como voluntad de potencia, deseo de deseo, deseo de potencia, máquina deseante, pulsión y aparato de captura. Zukerfeld no menciona este concepto, eje sobre el cual la obra entera de la reflexión pos-estructural gira: Deseo, filosofía del deseo, máquina deseante. Dice, gracias al recordatorio de la Lic. Florencia Botta, que la multiplicidad aparece con el régimen de dominación. Nuestro sociólogo dice esto y, al mismo tiempo, puede sentirse izquierdista y revolucionario. Justamente, allí donde Deleuze pone el dedo en la llaga del lacanismo, en la herida de su conservadurismo teórico: el deseo es pre-social porque es lo revolucionario mismo. Afirmar que el deseo nace con la Ley es, para Gilles Deleuze, lo reaccionario par excelence. Allí nace, gloriosa, toda su crítica al psicoanálisis y no es otro su punto de partida que aquél que desarrolla, plenamente, León Rozitchner en la Cosa y la Cruz bajo la siguiente pregunta: ¿Desde donde piensa el Ser la metafísica occidental? Pues bien: desde la Ley, desde el Padre, desde el lenguaje del Capital: lenguaje patriarcal, Razón de la dominación que sella, reduce, aplasta la multiplicidad, captura la experiencia trágica y produce la historia de la locura.
¿Por qué Hegel not dead? Porque “el pos-estructuralismo” ha sido deformado, pisoteado, al punto tal de que un sociólogo jóven, en lugar de disfrutar todo lo que esta novedad en el saber inaugura y produce, confunde un imaginario que ha torcido, vuelto puro servilismo de la subjetividad licuada, a una filosofía fecunda, original e inteligente como la del maestro Deleuze, como la del genial Michel Foucault. Se ha torcido, es decir, interpretado a Deleuze del peor modo posible (Órganos sin cuerpo de Zizek, en primer lugar) No soportan una filosofía que propone lo desestructurante del deseo: ¡Llamen a Papá Lacan o a San Marx por Dios”. Hegel not dead porque este imaginario, sobre el cual se monta toda el comentario de Mariano, es el que triunfó, obturó, “re-significó”, la audacia teórica del Anti-Edipo.
Nunca entendieron la novedad que esa máquina conceptual cargaba. No importa: la pésima lectura tiene tanto derecho como la superior. Las prácticas políticas basadas, ya no esta teoría original, sino en este imaginario blando de multitudes rizomáticas y contra-imperios amorfos nos conducen, irreversiblemente, a la derrota. ¿Qué hay en Hegel? ¿La praxis? ¿La dialéctica? ¿El motor del pensar de Das Kapital? Sin duda. Retomar, y no volver a Hegel. Otra advertencia: Necesitamos, en todo caso, el Hegel de Pablo Levin(5) (economía política de las catacumbas); No el de Rubén Dri(6) (lumpen-teología).
Dicho de otro modo: Urge retomar a Carlos Marx de un modo no althusseriano, no ricardiano, no tonigresista, no esquizoide, no francés sino alemán y hegeliano, es decir, marxiano. Y no creo que Nietzsche sea la destrucción del Concepto sino la voluntad de poder que lo encarna. A pesar de Nicolás González Varela, no está sellada la fuerza, ni el sentido, de una filosofía en su literalidad: ¿Acaso Marcuse no es también Heidegger? ¿Hemos intentando pegar con mocos a Nietzsche con Hegel? En absoluto: Con Hegel, simplemente, nos deshacemos de nuestros contemporáneos.
Entiéndase bien: en la economía política del concepto lo que se encarna es la lucha de clases y, en la lucha de clases, la voluntad de poder. Cuando se une la pasión con el concepto se activa y se le da carne al pensar. Se produce el movimiento dialéctico, se hace historia. Praxis. Hegel not dead no porque haya que entreverar la dialéctica con la empiria (el concepto la contiene) sino porque la doctrina del concepto no puede sino poner en movimiento, incluyendo, a todas estas posiciones estructurales, formalistas, vitalistas, spinozistas, bajo el único sentido que importa: el revolucionario. Nos hemos quedado con sujeto amorfo, cadavérico, disecado, formalizado: ¿Por qué Nietzsche bloody Nietzsche?
Porque Nietzsche es el concepto nocturno de la política. Es la mirada de la experiencia trágica, la atención puesta en la sociopolítica del dolor del mundo. El lado mañanero, diurno, radial de la política es el costado periodístico de la política, lo visible, lo apolíneo. El lado nocturno de la política es sangriento, desgarrador, dionisiaco, anti-periodístico, insomne. Es mirada de lechuza. Se trata de estudiar lo auténticamente escorpiano de la política. En la superficie, la construcción posmoderna de lo socialmente soportable. En el deshecho, en el residuo, en lo podrido de la sociedad: la insoportable proliferación de sufrimiento con motivo, precisamente, de tales construcciones de lo soportable. Para este tipo de investigación nietzscheana, deleuzeana, escorpiana, foucaultina, solo cabe una lógica: la psicopolítica de los instintos: de Maquiavelo a Marx, de Hobbes a Fukuyama. Esta doctrina nietzscheana del dolor inmanente a una vida que no precisa justificarse requiere ser sobrellevada por lo apolíneo, simbolizada… vuelta Concepto y Espíritu, es decir, Dialéctica o lucha de clases. Sin sujeto, sin dialéctica, sin lucha de clases: Así estamos.
A: ¿No habéis desmerecido con tu pendenciera “presentación” el trabajo al cual os introducios?
B:¿Acaso no sabeis ya que con nuestra belicosidad agasajamos a los mejores amigos? Para los enemigos… ¡Os sobra compasión!
Notas:
(1) Hegel Not Dead; Mariano Zukerfeld.
(2) ¿Qué es un “militante posmoderno” ¿Un fan de Guattari? ¿Un consumidor? ¿Un estudiante de filosofía que se rapa para parecerse a Foucault? ¿Telerman es un “militante posmo”? ¿Es un “militante posmoderno” un inteligente mal educado que ataca a pseudo-escritores por medio de los “efímeros” blogs?
(3) La Gaya Ciencia, Nietzsche.
(4) Hegel Not Dead; Mariano Zukerfeld.
(5) El Capital tecnológico; Pablo Levin.
(6) Intersubjetividad y Reino de la Verdad; Rubén Dri.

Comentarios (2 comentarios)
“Porque “el pos-estructuralismo” ha sido deformado, pisoteado, al punto tal…”
Es indiscutible, pero no me parece mal procedimiento tomar pensamientos exigentes -digamos así- por el lado de sus manualizaciones, que es el nivel donde se desarrollan las instituciones y los talantes. Sobre todo en casos donde la correlación histórica es abrumadora. Para el caso, la paradoja de que los movimientos minoritarios produjeron sus más grandes avances en el contexto intelectual de un tosco y totalitario hegelo-fanonismo (”nación negra”, “un mundo sin hombres”, “Berkeley es Auszchwitz”, todas figuras encarnadas de la negación abstracta, con toda su tenebrosa belleza destructiva) que en un contexto intelectual “post-lo que sea”, que tanto se ha esforzado por ser su expresión más fiel, y acaso porque lo ha logrado, o ha podido hacerlo (”el búho de Minerva…”). Ahora lo que tenemos es este juego banal entre corrección e incorrección política, dónde una y otra se cambian sus contenidos semana a semana, así que no cabe sino coincidir con Zukerfeld: Fogwill es Tenembaum deprimido.
werte / Noviembre 5th, 2008, 10:19 am / #
Leo, lograste confundirme en cada línea, señala que tu pensamiento está muy claro. Volver a disfrutar de estas criolladas filosóficas me acelera el pulso; hace falta dotar de potencia al pensamiento; el turno del pensamiento débil, la marginofilia, la compasión y las engañapichangas negadoras del anarco-psi no van más, son escapismos de la plena derrota. Porque lo francés es el pensamiento de la derrota; deconstruir, poner al poder en negativo fotográfico, trazar los planos de las ruinas del mundo para concluir que todo es nada más que una cárcel y un manicomio de mierda, pero que cambiarlos no forma parte del deseo.
Hoy Niestzche es al pensamiento lo que Borges a la literatura.
Pero Niestzche, el atormentado adalid de la crueldad productiva, mató a Dios para liberar al espíritu fascista de escrúpulos morales, para quitarle el lastre de ese humanitarismo piadoso de monjitas que entre otras cosas decía que la vida de un débil valía tanto que los fuertes debían privarse de aniquilarla en pleno ejercicio de su condición. Marx en cambio mató a Dios en tanto consuelo de tontos; como receta de manipulación para amansar los espíritus de los explotados económicos. Pero hya mucho boludaje posmo-progre que anda yirando por ahí clamando por cualquier lumpen, y también bastante paleo-zurdaje citador de clásicos bolches mal digeridos, que se confunden fiero con esto a punto de creer que porque Niestzche desechó por pusilánime a la moral religiosa resultó por ello un liberador clasista de la opresión sotanal. Bueno, habrá que leer lo de Zukerfeld; los alemanes vienen marchando…
Werte: Teneumbaum y Telerman suenan parecido, significantes en cascada…
Julio / Noviembre 6th, 2008, 3:32 pm / #
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