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¿Cómo se puede escribir de otra manera?

celinePor Jean-Marie G. Le Clézio

No se puede no leer a Céline. Un día u otro se llega a él, porque es así, porque está allí, y no lo podemos ignorar. La literatura contemporánea pasa por él, como pasa por Rimbaud, por Kafka y por Joyce. Céline pertenece a cierta cultura siempre en estado naciente que es en cierta forma el sueño del pensamiento contemporáneo.

Se llega a él, y sin embargo, él no hace nada para eso. No busca fieles. Los rechaza. No quiere ser parte de la cultura, ha cerrado las puertas de su universo, y se burla. A aquellos que se aproximan, los rechaza. Huye de todos aquellos que quieren encerrarlo en la gran máquina de clasificar, de sistematizar. Sabe estar lejos de los homenajes. No aceptó su sepultura.

No hay en él altos ni bajos, ni entrada ni salida. Él no propone ninguna forma geométrica, ningún género, ningún abecedario. Y sin embargo sabemos que una parte del mundo le pertenece. Está siempre en la memoria, verdadero, entero, ejemplar. Está siempre vivo.

Sucede que él está absolutamente en la negación. La idea de la rebelión –contra la burguesía, el dinero, el ejército, el orden– no ha tenido tiempo de volverse utilitaria. La realizó con un solo movimiento, donde la reflexión no intervino. No cometió crímenes en la literatura, no puede haberlos. Pero existe el insulto. Es así como Céline recibe a aquellos que se le acercan: insultándolos. El insulto es una de las formas primeras del lenguaje, la más directa:

¡Roñosos! ¡Facheros! ¡Chancros! ¡Asquerosos! ¡Coloquíntides! ¡Volúbilis! ¡Eh! ¡Clemátides!

O bien se forma en medio de una anécdota, de una imagen:

Pero reflexionándolo, mirándolo bien, mi jauría me perjudica, ¡es cierto!… Pero me protege de los groseros… Desconfío de la gente que pasa… los desconocidos… ¡y los conocidos! Ellos escuchan ladrar a los perros… Acechan, ¡dan media vuelta!… ¡A los asesinos no les gusta correr riesgos!… Son más prudentes en matarte que un burgués en comprar sus Suez…

Se trata siempre del mismo acto de agresión que prevé el mal y el combate por medio de otro mal. Lenguaje que no busca seducir de manera lineal sino que procede por una serie de golpes, lenguaje que se funda en el dolor. Es por el dolor que Céline escapa de la literatura, que queda, por decirlo así, fuera de alcance. El no jugó el juego. No pudo admitir la novela ni la historia. No aceptó la sociedad de los hombres.

También es el insulto, el lenguaje arrojado, sincopado, impulsivo, donde cada signo de exclamación es una barrera contra la que choca la inteligencia (el signo de exclamación es, ante todo, el indicio de un signo mudo) que ejerce tal fascinación sobre nosotros, que fuimos conquistados por el lenguaje coherente. Fascinación hecha de horror y alegría hecha de temor. Alguien escogió quedar fuera del juego, algluien escogió ser testigo.

El vehículo de ese insulto continuamente erizado contra nosotros es, bien entendido, un lenguaje del margen. El argot celiniano no tiene nada que ver con las novelas populistas o con las novelas policiales. Posiblemente sea el argot de la guerra, como en Cassepipe y Guignol’s Band. Pero en el Viaje, Muerte a crédito, De un castillo a otro, es verdaderamente otro lenguaje que inventa Céline, un código secreto del que somos deliberadamente excluidos. Con la clausura del lenguaje adivinamos el sistema celiniano: el rechazo no es solamente una actitud ante el mundo, es la invención de otro mundo.

Esta particularidad es tremenda. Pero una vez que la barrera se ha franqueado (y para eso, debemos abandonar toda pretensión de juicio) somos inventados por el sistema. Aquel que ha leído el Viaje, y sobre todo el extraordinario Muerte a crédito, aquel que los ha vivido, helo ahí sumido en las reglas del universo celiniano: ¿cómo se puede escribir de otra manera? ¿Cómo evitar la quemadura de esa mirada, cómo evitar la monstruosa ferocidad del mundo? Céline es de aquellos a los que es necesario olvidar para poder vivir.

Traducción de Guillermo Piro, publicada en Babel, Año II, Nº 15, marzo 1990, sobre el texto de J.M.G. Le Clézio: “¿Cómo se puede escribir de otra manera?” publicado en Le Monde (París). Suplemento del 15 de febrero de 1969. Reproducido en Les critiques de nôtre temps et Céline, Editions Garnier Frères, 1976, págs. 182/184.

Comentarios (2 comentarios)

Desde mi desconocimiento absoluto de la existencia de este señor (de la que me avergüenzo muy poco) hasta el desayuno de ayer, ahora vengo a leer esto y a no poder estar más que acordar:

“[...] el pobre Celine lamentaba mucho ser tan asquerosamente pobre. Viaje al fin de la noche es un insulto para todos, incluso para los excluídos a todos los banquetes de este mundo. Por eso nos gusta tanto.”

Escrito por quien suscribe el 7 de octubre, en ocasión de esta noticia (http://kurioso.wordpress.com/2008/10/03/%C2%BFrenunciarias-a-todo-para-comenzar-de-nuevo-con-tan-solo-18-euros/).

Perdón por la autocita, pero me llamó la atención la casualidad de acordar con un premio Nobel que no conozco. Lo voy a poner en el CV.

Fender / Octubre 10th, 2008, 2:04 pm / #

coincido en eso de que la literatura le queda chica a aquel doctor frances. esta bueno que se lo reivindique en estos dias en los que la correccion politica no hace otra cosa que esterilizarlo todo…

gustavo gauna centanni / Octubre 30th, 2008, 2:46 pm / #

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