Federación
Por Tomás Linch
La Historia
En 1979 la ciudad entrerriana de Federación, ubicada sobre la margen del río Uruguay a 500 km. de Buenos Aires (Argentina), se inundó debido a la construcción de la represa hidroeléctrica de Salto Grande. Previamente el gobierno militar de la época había decidido trasladar a toda su población a una nueva ciudad construida con ese propósito: la Nueva Federación. El embalse de la represa provocó que el 30% del pueblo, sufriera la embestida del agua en su punto neurálgico: la plaza, la basílica, los edificios públicos y las casas más importantes quedaron bajo el agua. La decisión de inundar el pueblo se tomó en 1947 cuando se firmó el acuerdo con Uruguay para la construcción de la represa. Pero la efectivización del proyecto llegaría recién en 1974 y el proceso de relocación se hizo entre 1977 y 1979.
Con el traslado de los habitantes, los lazos sociales, barriales y económicos de la antigua ciudad fueron barridos de un plumazo. La nueva Ciudad, inaugurada por el propio Jorge Rafael Videla y a medio terminar era un desastre: no contaba con calles ni alumbrado público. La escuela y el hospital no se mudaron sino hasta varios meses después. Tampoco se construyó un puente entre las dos ciudades por lo que debía realizarse un rodeo de 20 kilómetros para cruzar de una margen a la otra del nuevo lago que separaba las dos ciudades. No se emplazaron espacios públicos ni centros de participación (clubes, plazas, parques, bibliotecas, cines, centros culturales).
Las casas se repartieron por sorteo, y estaban organizadas por “categorías” determinadas por el tamaño y la calidad de las casas de la Vieja Federación. Las había de 2, 3 y 4 dormitorios en categoría A, B, C y D. Todas pequeñas: los muebles no les entraban en las casas nuevas, no había patio. Todas las casas eran iguales, y hasta fines de 1982 estuvieron prohibidas todas las reformas. La gente no sabía en qué casa meterse: en alguna todavía presiste un ladrillo pegado con cemento a un medidor de luz; estrategia del dueño para reconocer cuál era su casa.
De la Vieja Federación no quedó absolutamente nada. La fueron tirando abajo con topadoras a medida que mudaban a la gente. Por las noches, los camiones de la mudancera dejaban canastos en la puerta de una casa de la ciudad vieja. A la mañana pasaban a buscar los canastos llenos. Al mediodía las topadoras tiraban abajo las casas. Los que podían, y a escondidas, desmontaban los fondos de las antiguas casas (los frentes habían sido fotografiados por el gobierno) y se llevaban aberturas, vidrios, cerámicos y puertas hacia sus nuevas casas. Innumerables historias llenas de tristeza y nostalgia ilustran este período de la ciudad.
La actualidad
La ciudad de Federación (la Nueva, aunque este adjetivo ya no se menciona) está declarada “ciudad jardín” y es hoy un colorido pueblo con hermosas playas de río abiertas a los deportes acuáticos. Una gran vegetación adorna sus calles. Cuenta con nuevas escuelas y una tasa de delito insignificante. El turismo es cada vez mayor gracias a un casino y a su atractivo principal: el parque termal.
En 1994 se perforó el suelo de la ciudad nueva tras el objetivo de encontrar aguas termales que hoy permiten que funcione el primer (y unos de los más grandes) complejos termales del País. Este complejo revitalizó la nueva ciudad, le dio un fundamento, un importante ingreso económico y es hoy -junto con el cultivo de citrus y una incipiente industria maderera- la principal actividad productiva de la ciudad.
Es conmovedor caminar por las calles de la Nueva Federación, conocer esta historia y advertir sus rastros a cada paso. La mayoría de las casas están reformadas de alguna manera: cambios en el frente, espacios agregados, pintura de todos los colores imaginables. Los espacios de reunión se dan en los intersticios. (En 1990 se habilitó la Plaza Libertad. En una casa en la avenida comercial se abrió un centro cultural independiente.) Las calles tienen nombres claramente militares: todas las que dan al río tienen nombre de flores, las transversales, de héroes de la patria o personajes “intachables” de la historia argentina. La única referencia a la historia del pueblo es la Avenida 25 de marzo, el día en el que se inauguró oficialmente la Nueva Federación.
Las dos ciudades conviven de manera fraternal y productiva. Se ha instalado en la ciudad vieja la industria maderera que abastece no solamente a la nueva ciudad, si no a gran parte de la provincia. Se puede, desde la puerta del complejo termal, hacer una excursión a la vieja ciudad y escuchar su historia. Se puede también visitar el museo que hay en la vieja ciudad. Y algunos habitantes comentan que cuando baja mucho el nivel del agua en el lago, desde una embarcación se logran divisar algunos techos y construcciones no demolidas de la vieja ciudad
Pero no todo brilla en Federación. Viven en la ciudad vieja más de 1.200 familias de manera muy precaria. Algunas pocas quedaron desde el traslado, otras fueron llegando desde el interior de la provincia y de otras provincias en busca de tierra sin precio y oportunidades laborales. Algunas familias viven en el esqueleto del viejo hospital o de la vieja escuela. Los otros habitantes conviven entre casillas de madera o material de manera muy pobre. El pasado tiene aún una gran deuda con las dos ciudades.


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