Novedades perpendiculares
Por Oliverio Coelho
Las nuevas narrativas son un tópico agotador de la actualidad. Muchas veces lo nuevo es una amable enumeración de nombres propios, una lista sábana que impide distinguir dónde hay escritores y dónde marketing o buenas intenciones. Desde hace años, cuando se habla de literatura latinoamericana, se busca encontrar a los herederos serviciales y auténticos del Boom. En cada país, el servicio estético ideológico –especie de fofo acoplamiento literario– adopta diferentes formas, y en cada generación hay un ejército higiénico que mantiene la literatura en sus cabales y escribe acerca de temas que, desde la orilla española, contribuyen a exaltar la representación mediática de Latinoamérica: las FARC en Colombia, la huella de Sendero luminoso en Perú, los narcos en el norte de México, etc… Puros fantasmas de alteridad.
Otros autores intentan rehuirle a esa puesta en escena de la realidad social, y sitúan sus tramas en una Europa enigmática, adoptando el formato policial, y devolviendo de algún modo una imagen seductora y pícara al viejo continente. La generación mexicana del crack, con suerte despareja, ha incurrido en esta operación, en este montaje exótico que es un paso más en la devolución de caricaturas: si antes Latinoamérica era territorio virgen, ahora Europa, con su pasado, parece ser un nuevo Macondo. Entre nosotros, Guillermo Martinez y Pablo de Santis han olfateado la veta.
Cada tanto, sin embargo, aparecen escritores totalmente desafectados, que excavan en la médula de la literatura. El peruano Diego Trelles Paz plasmó, en El círculo de los escritores asesinos (Candaya), una novela genial, de una exasperada coloquialidad, en la que las distintas versiones del crimen de un crítico sirven como excusa para recuperar, en una Lima de bares y cantinas, una épica literaria bolañesca. En México, Álvaro Enrigue consiguió con Hipotermia y La muerte de un instalador páginas inolvidables y libres de cualquier clisé. Su reciente Vidas perpendiculares (Anagrama), probablemente vaya en este sentido y ojala llegue a Argentina.
Publicado en revista Inrockuptibles.

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