Entrevista a Yarón Kerbel, dramaturgo y director de teatro israelí
Por David Wapner
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¿Había yo pronosticado dos, tres semanas, para la publicación de la segunda entrevista de esta serie? ¿En qué sistema calendario estaba yo pensando cuando aventuré tal plazo? Cualquiera haya sido la causa, me demoré, y en este lapso, ha sucedido tanta desmesura en esta tierra que, una de dos, o fatiga, o saca de quicio.
El día en que quedamos para encontrarnos con el joven dramaturgo, director teatral y actor israelí Yarón Kerbel, Bat-Yam estaba en estado de alerta máxima, los servicios de inteligencia habían recibido información “caliente”: dos palestinos habían logrado infiltrarse en sus calles. Se inició una cacería por aire y tierra, con participación de fuerzas policiales y militares de todo el país, al mismo tiempo que se aconcejaba a la población a tomar recaudos, y estar atentos, por si alguien veía gente sospechosa, o sus movimientos. No puedo decir que en los barrios cundió la histeria, pero los medios sí generaron un clima de “alerta roja “ y tensión “amarilla”. En horas de la tarde los encontraron en la ciudad vecina, Jolón. Los hicieron desnudar, por si ocultaban cinturones explosivos. No tenían nada, nada de nada, eran aspirantes a trabajadores ilegales.
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Tiene treinta años, nació en la ciudad de Jolón, ciudad vecina a Tel-Aviv (y a Bat-Yam), y estrenó una obra, su ópera prima, “Adam zvei dan” (Hombre se desangra). Cuarenta minutos de teatro sin palabras, un coral mudo, con actores que se mueven como si fuesen piezas de una coreografía de relojería, entre los cuales se incluyen, no sólo los que ponen el cuerpo, sino, también, la iluminación y la música. “Hombre se desangra” habla de una pareja y su hijo, y la muerte de este, en circunstancias que no se explican, pero que todos, en una sociedad que le ha puesto nombre al padre “huérfano” de hijo (shjol), entienden.
Conocí a Yarón en la boletería del teatro “Haguesher”, de Yaffo, en donde trabaja en la boletería (tambièn limpia casas). Habíamos ido con Ana, en plan de conseguir entradas de favor, o con rebaja. Allí, Yarón aprovechó para invitarnos a una función de su obra, en una sala “off” de la zona antigua de Yaffo, el teatro hasimtá.
Así comienza “Hombre se desangra”:
Yarón Kerbel escribe y dirige como si fuera un músico.
Lo esperé a la salida, lo felicitè y lo invité a hablar.
Nos encontramos en un café de la rambla de Bat-Yam, un día de abril a las diez de la mañana. La que sigue es la charla que mantuvimos, en hebreo, lengua materna de Yarón, lengua mía de inmigrante, y así traduje:
¿Dónde estudiaste?
En Yoram Lewinshtein, hay una escuela de teatro en Shjunat Hatikvah, al lado del shuk, ahí, una escuela de actuación, de veras atractiva.
¿El proyecto comenzó allí?
Te cuento desde el principio; comenzó a partir de una idea. Tenía en mente la idea de un hombre hecho de diarios, un personaje hecho totalmente de diarios. Esta obra está dedicada a la memoria de mi primo, lo mataron hace seis, casi siete años en Gaza, en la base Marganit. Está enterrado en Jolón, en la parte militar del cementerio. Y a partir de su muerte, (la obra) comenzó a conformarse en mi cabeza. De observar a sus padres, de pensar en lo que nos había sucedido, a mí y a mis padres. Creo que esta obra es el intento de darle a todo esto una forma, darle forma al shjol (duelo de los padres por la muerte del hijo). Básicamente, entonces, comenzó con la idea del hombre de diarios, y luego se le fueron incorporando todo tipo de imágenes. La idea del padre, médico, que busca un medicamento para el shjol, busca en un medicamento la solución a este problema. Y una madre que entra en un embarazo así de gigante y da a luz un cementerio gigante. Es la escena que viste en la representación. Ahí fue que me acerqué a Amir Orián, un tipo que se llama Amir Orián, que tiene un teatro en su casa, hace ya veinte años, Teatrón hajeder (Teatro de Living).
Oí hablar de él.
¿Oíste? Es una persona muy interesante, conviene que te encuentres con él alguna vez. En su casa comenzó a desarrollar la obra. Escribí Adam zvei dam, Hombre se desangra, cuadro por cuadro, más o menos lo que viste allí. Y entonces, llegamos por primera vez al festival de Acre, llegamos hasta las instancias finales, pero no fue aceptada. En ese momento tenía otro elenco, y se disolvió. Junté otros actores, y organizamos una decena de audiciones, pero sin aceptación, la gente se asustaba, nadie quería meterse con un material de este tipo. Al final, se alternaron tres castings. Tres padres, tres madres, tres hijos. Por fin, subimos la obra en el Festival Israel (Jerusalén, 2006), con el cast actual, con estos compañeros y desde entonces seguimos juntos.
Relacionaste los diarios con el shjol, el hombre hecho de periódicos con el shjol, ¿por qué?
Porque me atraen los diarios desde muy joven. Ahora, al principio el hombre estaba constituído por diarios, y luego pasó a ser un hombre hecho de necrólógicas, de avisos fúnebres. Pensé en la necrólógica, en el concepto de la necrológica, que es, básicamente, memoria. Si ves una necrológica, básicamente ves la memoria, el documento oficial de un ser que… que… básicamente, la memoria… recordar al ser.. hace tiempo que no hablo de la obra… Es la memoria, la memoria, el diario permanece mucho tiempo, las palabras, los obituarios…
No se si tuviste oportunidad de ver avisos fúnebres de periódicos extranjeros, pero en Israel, en especial, son de gran tamaño, ¿a qué se debe?
No se por qué, no investigué por qué los avisos fúnebres se ven tan grandes; en España, por ejemplo, ¿no son así?
No… existen las páginas de obituarios, pero cada aviso es relativamente pequeño, parecido a un aviso clasificado del Yediot Ajaronot, búsqueda de viviendas, algo así… también en Argentina.
No se porqué en este país ponen avisos tan grandes…
¿Qué espacio ocupa la muerte y el duelo (shjol) en Israel?
Oíme, en un país con esta vida… no hay aquí nadie que no haya experimentado eso, el shjol está cerca de todas las familias. Antes de la fundación de este estado, la gente estaba dispuesta a dar su vida por él. Existía una ideología, todo era por el bien de la sociedad, para que tengamos todos un hogar. Ahora, cada uno se preocupa por sí mismo, y el shjol ocupa un lugar muy serio en el país, porque la gente antes tenía un objetivo, tenía una misión, y eso se difuminó.
Ahora, shjol es una palabra diferente que duelo (evel) ¿o el duelo forma parte del shjol?
Pensé… la palabra madre de shjlol es sejel, mente, shakul, refleccionado, y si alguien shojel, pierde un hijo, se suscita una situación tan ilógica que es como que una parte de la mente hubiera desaparecido. A lo mejor esa es la raíz de la palabra. El duelo, me parece, es como una música que acompaña al shjol, esa mutilación de la carne, en que el ser humano sangra…
En castellano, y creo que tampoco en inglés, no existe una palabra equivalente a shjol…
¿No hay una palabra parecida?
Existe duelo, duelo, claro que sí…
¿Du-e-lo?
Duelo.
¿Y cómo se le dice al padre que perdió a su hijo?
No existe una palabra específica. Debe ser porque aquí, la muerte, en especial la muerte de jóvenes, ocupa un lugar central…
¡Es que es una situación anormal! En esta tierra mueren más jóvenes que adultos. Los padres entierran a sus hijos, es una situación caótica, fuera de lo común.
¿Entendés árabe?
¿Arabe? Sí, un poco; una amiga iraquí habla conmigo en árabe; en esta obra tengo un compañero, se llama Tufik, un g-r-a-n artista, y ese muchacho es árabe cristiano. Y él, desde el principio…, la causa de que la obra es sin palabras es que quise que no importase en qué cultura haya muerto el chico, podría haber sido un chico árabe el que muere, o un chico judío, porque sangre es sangre, no importa de dónde.
Aquí es donde te quiero preguntar, ¿qué lugar ocupa en el israelí la muerte del otro?
De nuevo…
Me refiero al chico que muere del otro lado del conflicto.
¿Cómo siente un israelí cuando un chico muere del otro lado? En lo que respecta a mí, cambió en forma notoria. Digamos, hasta la Segunda guerra del Líbano, hasta la guerra que aconteció hace un año, yo creía en la paz, era ingenuo; creía que todo iría bien, y que no importaba cuál chico era el que moría, y en verdad no importa, no hago el cálculo de si un chico que muere es árabe o judío, es un niño, no alcanzaron, a grandes razgos, a ver los alcances del conflicto. Me dolía cuando oía acerca de la muerte de un chico árabe, o de alguien que no era de los nuestros.. Pero, tras la guerra, se fortaleció en mí la sensación de que aquí necesitamos defendernos, y corté con eso, corté con eso, sentí que tocaba un lugar sensible, vos ves lo que ocurre y decís, a vengarse, a vengarse, vamos, a devolvérselas, a devolvérselas. Porque, en principio, se clama venganza por un chico, y entonces, no sabés cómo responder a eso.
¿Pero vos creés que el establishment defiende a los chicos?
¿A los chicos judíos o… ?
A los judíos.
¿En este país?
Sí.
Escuchame, si a los 18 años nos llevan al ejército, es que confían en nosotros, ya no nos llaman “chicos”; básicamente, desde el momento en que llegás al ejército, ya no sos un chico pero…
Pero en la lengua diaria sí les dicen “chicos’…
“Nuestros chicos”, es algo que se dio ahora, en los últimos años, desde que salimos del Líbano, es como si todos ellos fueran nuestros chicos, y por lo tanto duele más perderlos. Antes de eso eran soldados, ahora pasaron a ser “nuestros chicos”, y por eso a la gente le resulta cada vez más difícil luchar, porque eso lleva a morir.
¿Pero cambió tu concepción del palestino?
¿Mi obra?
La muerte de un chico del otro lado.
¿Si cambia mi concepción del palestino? Mirá, cuando eso sucede, reacciono con frialdad, soy frío; antes me hubiera importado y dolido más, ahora siento que se trata de, o yo, o ellos, incluso al precio de… no me fijo en eso, me despego de eso, porque tengo mucha bronca, pero soy conciente de que no fue un árabe quien mató a mi primo, sino un demonio (mejabel), un terrorista. Escuchame, nuestra familia está deshecha, con el correr de los años se festejan las fiestas y siempre hay un chico que falta, siempre, y no es posible reponerse de eso, no es posible. Es un hueco, un hueco, ni más ni menos.
¿Tu obra, como dijiste antes, es un intento de curación?
Cuando mataron a mi primo, huí; dos días después, viajé, tenía un trabajo en Eilat, viajé. No entendía que había sucedida, no entendía como enfrentarme a eso. Me las vi con la muerte desde muy joven. Cuando tenía alrededor de 16 años, tuve una amiga a la que se le disparó un tiro y murió.
¿En qué circunstancias?
Jugaba con un revólver con una con un chica de 17 años, se les disparó y murió. Directo al corazón. En esa época, exactamente, también se suicidó Kurt Kobain. Yo era un admirador de Nirvana, y todo eso, de repente, me parecía heroico. El suicidio, la muerte. Así que me ocupé mucho de eso, escribí muchas canciones sobre el tema, todo el tiempo trataba de darle forma a esa experiencia. Darle forma, porque son cosas a las que les tengo mucho miedo, cosas que conozco, y me parece que esta obra es un intento de darle forma al shjol, hacer de él una suerte de escultura, y desde el momento en que puedo verlo, le tengo menos miedo, es menos abstracto. Entonces, básicamente, hubo la intención, a través de esta obra, de darle una forma al shjol, darle un rostro.
En la obra, padre y madre toman rumbos diferentes para enfrentar el shjol. El padre hace lo imposible para conservar lo que queda del chico, mientras que la madre encara el duelo, y entra en relación amorosa con el hombre hecho de periódicos.
El uno quiere recordar, la otra quiere olvidar, es un cuadro de situación de nuestro país. Hay un padre que quiere conservar la memoria, lo que hubo, quiere conservar el niño tal como fue, es por eso que regresa a él. Todo el tiempo reconstruír la memoria, regresar a aquello que fue, porque su memoria tambalea, de hecho, la obra es atemporal, no la define el tiempo, podría extenderse por años. Cuando él (el padre) construye el corazón, aquella escultura, lo que hace es reconstruir allí la vida anterior, graba su memoria dentro de aquella estructura. ¿Y la madre? Se hace adicta al duelo, se rinde al duelo. Se sumerge hondo; mientras que él trata de emerger a la superficie, la madre intenta hundirse, enterrarse a sí misma. Y el hombre hecho de diarios, en tanto, he aquí, ¿cómo es que comienza? Ella lee, sentada a la mesa, los avisos fúnebres, y desde el diario, emerge este hombre. Es una suerte de amnesia, ella quiere olvidar, desprenderse del dolor. Y el padre quiere enfrentarlo.
Hablaste de “adicción”, ¿vos creés que en Israel existe una adicción a la muerte?
Sí, nosotros aquí sacralizamos la muerte, hasta ahora la hemos sacralizado; entonces, en los años que sucedieron a la fundación del país, la muerte fue, también, un sentimiento de victoria, porque nosotros morimos con un objetivo específico, morimos por nuestro país. Y, ahora, ya no es así, pasamos a ser un país que sacraliza sus muertes. Ceremonias, las ceremonias del Día de la Memoria, siempre tratan de infundirnos ánimo, que vale la pena morir por nuestra tierra. Y eso ya no es cierto, la gente quiere vivir, ya no quiere morir, y debido a eso, me parece, nos cuesta tanto salir a la guerra, porque la gente comprende que quiere vivir, la gente quiere vivir.
Entonces, regresemos a la segunda guerra del Líbano, ¿valió la pena?
Mirá, yo no soy un político, no se nada de política, pero hay un dicho que dice “quien se compadece de los crueles, termina siendo cruel con los débiles”, quien se compadece de los malos, al final se ensañará con los más débiles. Y creo que eso es lo que nos sucedió.
Entre la compasión y la exhibición de fuerza, ¿no existe nada en el medio?
Pensemos…
Yo, por ejemplo, vengo de un país que sufrió a las fuerzas armadas, unas fuerzas armadas feroces, que impusieron valores, formas de pensar.
Dictaduras…
Dictaduras. Y algunas de las fuerzas que se les opusieron, también tuvieron una cosmovisión militarista. La derrota en la guerra de Malvinas ante los ingleses dio paso a la etapa democrática actual, con altos y bajos, y lo militar, el militarismo, a grosso modo, entró en descrédito. Así, en casi toda Latinoamérica. Y uno llega a aquí, a este país, y comprueba que el ejercito toma parte integral de…
…del alma del ser humano que vive en Israel.
…y todo pasa por el ejército, incluso el rock, suena tan ilógico, que el rock, la música del rock, haya nacido en el seno del ejército, es algo…
…que no genera una cultura anti militar, se diría.
Claro. Durante la guerra de Vietnam, en los Estados Unidos floreció el rock, la psicodelia, el flower power, Bob Dylan, Joan Baez, los Jefferson’s Airplane. La cultura rock se opone a lo militar.
Cierto…
…y aquí, incluso la “Canción de la Paz”, de Miri Aloni, nació en el ejército.
Cierto, cierto, cierto, en verdad, el ejército no siente paz…
Por lo tanto, regresemos a lo que dijiste…
…yo pienso que nosotros, que en nuestro país, hay un miedo mortal, se sufre miedo todo el tiempo. Si al principio construimos bombas nucleares, lo hicimos sólo para defendernos; ahora, con todas las amenazas que nos rodean, me parece, y debido a eso, no reconocemos medias tintas entre agresividad y misericordia. Porque casi todos nosotros hemos pasado por el ejército, y no existe ese espacio, todo el mundo en este país tiene la obligación de ir al ejército. Y sabemos que si no fuésemos al ejército, nosotros no estaríamos aquí, simplemente, no estaríamos. Es como agarrarse fuerte, y por eso hay… no existe un punto medio, aún no estamos preparados para ese punto medio. Porque siempre hay alquien en contra nuestra, y siempre estamos en guerra, siempre necesitamos defendernos, a nosotros, a nuestra existencia. Pienso que también la contracultura… desde el asesinato de Itzak Rabin… Había un programa, “Sof onat hatapuzim” (Fin de la estación de naranjas), de Yohav Cutner, hombre de la música de este país, ya hace muchísimos años. Se ocupaba de los 70’s, 80’s, en Israel, de los 90’s, justo la época en que comenzaba Kurt Cobain, Nirvana, Guns & Roses, también Metallica, todo aquello; era la época del grunge, en la que el rock floreció en todo el mundo. Y también entre nosotros, los recitales de Doctor Custer, Cnesiat hasejel (Iglesia mental), y Aviv Gueffen, considerado el gran maestro de aquella época. Y luego de que asesinan a Rabin —era época de atentados—, la música toda se amansó. Desde entonces, la música se volvió dulzona, tranquila, agradable al oído. Me parece, es un proceso que toda la sociedad transcurre, porque nosotros, la gente, no quiere oír explosiones, no quiere oír nada que suene en contra, quiere estar tranquila, quiere calma, reposo.
¿Y cuál es la solución? Recordarás que Ehud Barak, el primer ministro —llegué a este país cuando la transición de Nethaniau a Barak—, el primer Barak, el que impulsó un proceso de paz, planteó también la posibilidad de una reducción del servicio militar, incluso a la transformación del Tsahal en un ejército…
…“pequeño e inteligente”.
…profesional, sí. Ahora, que lo conocemos bien, sabemos que se trata de un tipo poco serio, que vive enfrascado en sí mismo, pero, aún así, hizo algo: salió del Líbano.
No me importa cómo lo vean, salió de allí, de un lugar en donde fueron muertas miles de personas porque sí, y él fue quien lo hizo, muy bien que lo haya hecho.
Sin embargo, la idea de reducir el ejército, de convertirlo en profesional, que hubiera ayudado a dar comienzo una era…
…menos militarista… fue muy ingenuo, muy ingenuo, siempre tenemos esperanza, ¿qué es lo que más me hubiera gustado ver? Paz, de veras, ¿por qué no?, yo no quiero guerrear, ya estoy asqueado. Que sea para bien, pero, me parece, perdimos nuestra inocencia, es algo que desapareció de nosotros. También, con el desastre de las torres gemelas. De pronto, nos dimos cuenta de que hay extremistas que, qué le vamos a hacer, no podemos convertirnos en un ejército pequeño, no estamos en situación de convertirnos en un ejército pequeño e inteligente, y nosotros debemos… no se cuál es la solución (risa); no se, no soy un tipo político.
Todo comenzó con tu obra: la muerte de un joven. En la obra no se explican las causas de su muerte…
Es algo en que pensé, si elegir que el chico fuese soldado, porque, al principio, en mi cabeza, él era soldado, un chico-soldado que muere. Pero, de a poco, pensé que, desde el momento en que lo ubique en el ejército, lo hago muy específico y, de este modo, dejaría de hablarle a mucha gente. Mi aspiración es crear un territorio compartido por todos. Entonces, le quitamos el uniforme, y pasó a ser… hay una canción, que al principio abría el espectáculo, de una cantante libaneza, Fairuz, que está en contra de Israel, es anti-israelí hace ya años, y la canción se llama “Shadi”, una historia, también, sin lugar, sin algo concreto. Cuenta la historia de un niño que va a jugar en la nieve, y desaparece, allí, en la nieve, en la montaña, porque “han habierto fuego en el valle”. Desde el momento en que oí esta canción, vi que, wallah, lo mismo puede suceder, del otro lado. Y eso fue lo que me decidió, creo, a dejar al chico “limpio”, de modo que el padre no sea alguien concreto, que pueda, en igual medida, ser árabe o judío. Porque todos nosotros somos el “humano que sangra”, todos sangramos.
Elegiste un lenguaje sin palabras, que confiere al espectáculo una cuota de expresionismo; por momentos parece una película del cine mudo, el papel de la música es muy importante.
La música ocupa el lugar de las palabras, la compuso Yuval Nestner; la escribió al mismo tiempo que yo la dramaturgia, de modo que la música es las palabras. Me influyó mucho Antonin Artaud, porque para él el teatro se dirige a los sentidos; se dirige a la vista, al oído, al olfato, y al cuerpo. No se dirige a la mente, porque desde el momento que pasa por el filtro de la mente, cada palabra en escena tendrá connotaciones. Yo, como judío, le doy connotaciones a la palabra “soldado”, digamos, si un muchacho árabe viese la obra, haría todo tipo de derivaciones; de inmediato relacionaría “soldado”, con ejército israelí, judío. Desde el momento en que se prescinde de las palabras, se depura, se expurga lo que sabemos, y nos deja como simples humanos, esponjas, sólo absorbemos, sólo respondemos. Y esto me hace sentir que las palabras hubieran complicado. Se trata de dolor mucho mayor que un dolor personal, siento que se trata de un dolor del mundo…
¿Cuánto dura la obra? No demasiado…
Cuarenta minutos.
Cuarenta minutos en un tempo perfecto.
Así es, en cuarenta minutos, toda una vida. Eso nos preguntamos, cuánto tiempo, cuánto tiempo transcurre. Hay una escena, en la que el chico muere, y la madre va tras su hijo. Mientras ella avanza, el chico rueda, y ella tras suyo, ¿te acordás?
Sí.
Esa escena, para mí, representa casi un año. Un año, en su casa, en que ella va en pos de la memoria, va y vuelve, mientras que el padre está clavado en su corazón destrozado, sin saber cómo salir de ahí. Entonces, el sentido del tiempo es algo que quisimos tensar en la obra. Es como una canción muda. Canción sin palabras, así es como defino mi trabajo. Porque no soy poeta, pero sí escribo canciones, y desde el momento en que ingresé a este mundo sin palabras, entendí que la palabra es funcional.
¿Es tu primer obra?
Sí, sí, mi primera obra.
¿Trabajaste como actor?
Mi papel lo hacía otro; subimos a escena por primera vez en el festival Israel de 2006. Lo hicimos en el marco de un proyecto de creadores que estrenan por primera vez, función única. Nos dieron el escenario, y ahí otro actor representaba al “Hombre de los avisos fúnebres”. No nos llevamos muy bien y, al fin, decidí hacerme cargo yo. Porque, en el origen de todo, dos veces me volaron de la escuela de actuación, se reían en la escuela y me decían, “andá, andate y hacete director”. No estuve de acuerdo, y regresé de nuevo a la escuela. Hice quilombo, me reincorporaron y me dijeron, siempre el lugar del director o del escritor es más potente que el del actor. El “Hombre de los avisos del periódico”, siempre lo pensé como un papel para mí; me dije, wallah, si nadie me quiere como actor, voy a crear un papel para mí. Y en el momento en que la obra subió a escena, me dije, guau, puedo volver a actuar. Pero ya no me veo como actor, no más. Siento que no estoy lo suficientemente pulido como para ser actor.
¿Y como dramaturgo?
Como creador, más que dramaturgo.
¿Estás escribiendo algo nuevo?
Escenas; junto escenas, ideas, me da mucho miedo meterme de nuevo en esto, porque fue un proceso muy duro. Desde que estrenamos, hace dos años, no hago nada. Me da miedo entrar en otro proceso creativo, sobre todo en el margen, porque, en general, no hay presupuesto, no hay sustento económico. No soy de aquellos que piensa todos los días en el dinero, yo voy a limpiar casas, limpio casas para sustentarme. También trabajo en el teatro (en la taquilla), pero, da miedo, porque en los márgenes, aquel que en este país trabaja en los márgenes, la tiene que pelear todo el tiempo para conseguir dinero, porque aquí no hay presupuesto para la cultura, casi todo el presupuesto va a parar al ejército, la mayor parte del presupuesto va para nuestra seguridad. Aquí se considera a la cultura un privilegio.
¿Vos creés que el presupuesto del estado es decisivo para el desarrollo de la cultura?
Sí, la cultura es lo que va a voltear nuestras hojas de parra, es lo que nos impulsa hacia adelante, hacia lo que vendrá, a la continuación de la vida.
Los grupos independientes, tanto en Estados Unidos, como en Argentina o España, son la semilla de lo que más adelante se verá, es en las compañías del “off” donde se generan las corrientes…
…siempre es así, así es el moviento, están los márgenes, que luego se mueven en dirección al centro, y siempre los márgenes se renuevan.
¿Vos te movés en los márgenes, en forma temporal, porque no podés acceder al centro, o el margen forma parte de tu cosmovisión?
Mirá, siempre me interesó, y siempre deseé que existan límites, y siempre quise saber qué pasa en las esquinas-límite, y que pasaría si las tenso. No me interesa traspasar totalmente este límite, sino permanecer siempre en la vértice-esquina, y tensarlo, ver hasta cuánto resiste. Situarse en los márgenes posibilita esto, porque el centro, el centro está muy lejos de los bordes. Si hablamos de un círculo, el centro, está muy lejos del perímetro. Y para llegar a los márgenes, necesito estar aquí, en la esquina. Un buen ejemplo se dio en el Teatro del living; trabajábamos en el living el día entero, y siempre pensé que lo que más me interesaba de ese living eran sus esquinas. Las esquinas son los márgenes; yo me veo a mi mismo, no precisamente como un tipo que vive sólo en los márgenes, mi aspiración es llegar a la mayor cantidad de público. Pero, ya metido en el centro, ya no es posible ver lo que sucede, porque ya estás adentro. En los márgenes, en cambio, podés mirar a los costados y pispear lo que ocurre en el centro. Por lo tanto, sí, los márgenes forman parte de mi cosmovisión. Me interesan más las esquinas, los extremos del límite, menos me interesa el centro.
Hablando de duelo, de teatro, me viene la imagen de Janoj Levín. En sus obras, el tema del duelo tiene un lugar importante. Y también la música. ¿Qué pensás de él, y cuál es su influencia en lo tuyo?
Guau, Janoj Levín me influyó muchísimo. Principalmente, porque habla un lenguaje compartido por todos. Esas criaturas simples hablan sobre sexo, la muerte, la vida, sobre el ser humano. Mucho me influyó, en especial, porque logró hablar sobre tantas cosas sin transformarlas en temas en sí mismos. Fue un tipo antielitista, tuvo logros como “La reina de la bañera”… lo admiré tanto. La idea de que un espéctàculo pueda causar tanta revulsión. Conocerás, por supuesto, “La reina de la bañera”; eran los años setenta, produjo desórdenes; Amir Orian, mi maestro, nos contó que lo convocaron para que, tras cada función, lo cuide a Janoj Levín, para que no le hicieran daño. Cuando falleció, fue muy triste.. Janoj Levín, me influyó mucho. También desde el punto de vista de actor, encarnar los personajes de Janoj Levín es un regalo marivilloso. Participé en una obra de Janoj Levín, e hice el papel de enterrador, un papel muy pequeño. Pero, poder escuchar esos textos cada noche… me muero por escribir como él. ¿Está traducido al castellano?
Todavía no. Yo traduje algunas escenas, publiqué un fragmento en la revista que yo dirigía.
Algo que te quiero decir es que, creo, otra cosa muy linda en Janoj Levín son sus obras que toman distancia de las colectividades, del Estado de Israel, que las hace menos específicas. Y hay otras, en cambio, en la que se acerca a aquellas, a los israelìes y a los judíos. E una mirada de afuera, que permite ver lo que sucede adentro desde un punto de vista menos contaminado. Desde adentro, es dificil discernir qué pasa.
¿Qué expectativas tenés, ahora que viajas al exterior?
Es la primera vez que actuaremos en el extranjero. Fijate, de lo que más hablamos en esta entrevista es de política, y me dijeron que, cuando viajemos al exterior con la obra, lo primero que pensarán de nosotros es, ¿vienen de Israel? Seguro que hablan de eso. De este modo, pasaremos a ser isralíes-judíos que hacen teatro isralí y judío, en lugar de personas que hacen teatro. Primero nos verán como judíos, luego como seres humanos. ¿Qué expectativas? Espero que me otorgue la posibilidad de trabajar en el extranjero, porque aquí, en este país… me será muy duro. Y creo que desde lejos es más fàcil escribir sobre el país que de cerca. Y mis expectativas… palpar, llegar a todos. No tengo mensajes, no llevo conmigo un mensaje, la obra no tiene mensaje, no tiene mensaje, yo no vengo a decirle nada a nadie… no tengo nada que decir. La muerte es la muerte, duele. Las experiencia aquì es hacer una canción sin palabras. Exacto, como una canción que da cuenta del estado de cosas.
¿Cuál es el lugar del teatro israelí con respecto al resto del mundo?
¿Como potencia teatral?
¿Qué teatro es el israelí?
Wallah, gran pregunta, “qué teatro es el teatro israelí”. Mirá, existen movimientos, exactamente como en cada cultura, creo. Están los movimientos marginales y los movimientos centrales. Y aquì, debido a que somos un país de los márgenes (lateral), yo veo a nuestro teatro… somos margen, no somos centro de nada, estamos en un borde, somos una minoría en Medio Oriente. Por lo tanto, pienso que nuestro lugar en el mundo, todavía debe pensarse como marginal. Pero, por ejemplo, a Janoj Levín en los últimos dos años comenzaron a traducirlo. Hay un emprendimiento del (teatro) Cámeri, dedicado a traducirlo a cinco cinco lenguas: amareo, ruso, francés, castellano e inglés. Pienso que todavía debemos considerarnos como marginales en el mundo. Pero, de a poco…
¿Es ventaja o desventaja pertenecer al margen?
¿Al margen? Una ventaja, por supuesto.
El cine de los márgenes es el más interesante, y con el teatro pasa algo parecido…
Claro; oíme, nuestro desarrollo viene de los márgenes, si no hubiera márgenes, no habría posibilidad de desarrollo
¿Te sentís cómodo aquí?
¿En Israel?
En Israel.
Mirá, es mi casa. Querría morir aquí, no querría morir en otra parte. Cómodo, no, porque en esta profesión, el teatro, todos con quienes estudié en la escuela, la mayoría, se encientran en igual situación económica. Pero aquí hay action, hay material, aquí siempre pasa algo, no hay tiempo para aburrirse. Abunda materia prima para la creación, pero, no sé si la palabra correcta es “cómodo”, pero es mi casa. Querría averiguar qué me pasaría si estuviese lejos de aquí. Pero soy israelí, mi esencia es israelí, nací acá, hablo hebreo. Pero… cómodo, no. No me gano el sustento, es muy difícil. Artistas… hay muchos artistas de la danza que tienen mucho éxito en el extranjero, como la compañía Bat-Sheva, como Yassin Godar. Y ellos sostienen que lo único que hace posible continuar trabajando en el país son los viajes al exterior. Porque allí, por ejemplo,.en especial en Europa, de pronto me pagan por mi espectáculo… aquí jamás gané dinero por mi espectáculo. Recibí presupuesto para montarlo, pero jamás paga alguna. Allí se concibe al arte de modo diferente, concepción que en este país no existe. Se respetq , antes que nada, a la seguridad, al ejército, y a lo que sea escencial para nosotros, para nuestra supervivencia. Escencial para nuestra supervivencia es, por el momento, la seguridad, y la cultura es un privilegio. Por lo tanto, yo me encuentro en un lugar privilegiado. He aquí un buen ejemplo, el Festival Israel, cuando me preparaba para participar allì, duarante ese período no trabajé por cuatro meses, no fui a trabajar, no tuve ingresos. Pero trabajé más duro que en toda mi vida, trabajaba todo el día. Y , tras eso, regresé al trabajo, wallah, me dije, no trabajé por cuatro meses, porque aquí no se concibe el arte como trabajo, porque es un privilegio hacer teatro, es un hobby, no es algo serio. Porque aquí, en este país, lo que se requiere es ganar un sueldo, mantener una familia, casarse, ir al ejército, ir a la reserva. Se requiere estar unidos. Y desde el momento en que hacés algo como esto, pasas a ser el payaso del barrio, te ocupás de estupideces, y no de cosas indiscutibles, escenciales para la vida en su conjunto.
¿Hay izquierda en Israel?
No, no hay izquierda, ya no hay izquierda.
¿Meretz no es izquierda?
Ya no…
Los anarquistas, a lo mejor…
…los anarquistas de las manifestaciones en contra de la muralla. Aquellos que manifiestan en (la aldea palestina) Bilaím; no creo en ningun extremismo, porque es destructivo en si mismo… Hay dos caras de la moneda, si bien hacemos cosas malas, nosotros somos aquí mayoría. No somos sólo nosotros los que manifestamos en Bilaím en contra nuestra, no somos sólo nosotros los culpables, hay dos caras de la moneda. Yo no creo que esa izquierda sea la solución, que ese extremismo sea la solución. Yo siempre me consideré izquierdista…
¿Y como se puede romper este equilibrio, este status quo? ¿Y cuál sería el aporte del arte? ¿Al cambio? Es un pregunta muy grande. No creo que se quiebre, porque nosotros hemos alimentado generación tras generación esta situación, de modo que esto no tiene visos de terminar, si progresa el bien en el mundo, también el mal lo hará. Siempre es necesaria la esperanza, y en ese sentido el arte puede aportar ese lugar de la esperanza, de un futuro mejor. Me parece que ese es el objetivo del arte.
¿Creés posible la construcciíon de una alternativa, al menos, sentar las bases intelectuales para un cambio?
Pienso que nos resulta difícil, en cuanto país, otorgarle un lugar al cambio, hablar de cambio… hay unos pocos que hablan de paz, de hacer la paz, yo creo que son ingénuos. Porque, en concreto, somos ocho milones de personas, cinco millones de judíos, y alrededor nuestro, no se cuántos, tres millones de personas, que, digamos, gran parte de ellos no nos quiere aquí. Por lo tanto, creo que la esperanza de un cambio… no estoy seguro que vendrá de aquí, que vendrá de entre nosotros. Porque, oíme, somos humanos, siempre guerras, siempre… nunca hubo tranquilidad… a lo mejor dos humanos se habrán arreglado entre ellos pero, creo que está en nuestra naturaleza hacer la guerra. Y la paz, siempre es una suerte de esperanza, pero, sabelo, la paz es algo que no existe en la realidad.
Pero, aquella esperanza de ser “pueblo libre”…
“Pueblo libre en nuestra tierra”, ¿no?
De hecho, no se concreta, porque ser libre implica se libre por completo, también de prejuicios. Desprenderse de…
…de todas las guerras…
…una concepción del mundo que no lleva a…
“Ser pueblo libre en nuestra tierra” son palabras del himno, Hatikvah… “Ser pueblo libre en nuestra tierra”, esa es la esperanza: esa sí que es la esperanza. Pienso que, sí, queremos eso, el tema es cómo lo hacemos. El arte puede, en este sentido, como el vuelo de la paloma, la paloma de la paz. Pero, para atraparla, y transformala en algo concreto… eh… no sé cómo salimos de esto. No sé, no sé cómo se soluciona esto. Yo lo veo así, todos los humanos son iguales, yo, un muchacho árabe, todos somos iguales, todos somos lo mismo, tenemos los mismos problemas, las mismas preocupaciones, las mismas esperanzas y sueños. Pero, la esperanza, sólo la esperanza puede ofrecer eso, y el arte puede ser, pero es sólo su espejo, no quien la lleve a cabo. El ser humano es quien necesita hacerlo. El ser humano, y no sólo los judíos, no sólo nosotros, en todo lugar se necesita hacerlo. Y también los árabes necesitan un examen de conciencia. Todos necesitamos un examen de conciencia. Hasta que no lo hagamos, siempre pelearemos, siempre le echaremos la culpa al otro. Necesitamos hablar de nuestros problemas; yo estoy aquí para hablar de nuestros duelos, no de los de otro pueblo; antes que nada, veamos en qué me equivoco yo, luego veremos cuáles son los errores de los otros. Antes que nada, mirar hacia nosotros, y aprender a repararnos, y el arte es una forma de hacerlo, de autorreparación. Siempre se dice que el teatro es una suerte de espejo, el espejo es nuestro rostro, el teatro es el espejo de la vida. Y desde el momento que es espejo de nuestra vida, entonces, puede generar esperanza.
Una vez, un famoso periodista, en una entrevista que le hicieron, dijo, “yo, en primer lugar, soy israelí; en segundo lugar, judío, y en tercer lugar, ser humano”, algo así, cito de memoria. ¿Cómo te ves vos?
En primer lugar soy ser humano. A causa de que vivo en Israel, Israel me obliga a definirme primero como israelí. Pero en primer lugar está el ser humano, esa es mi esperanza, de que otro humano me considere humano. Que yo te considere humano, y no a partir del lugar de donde venís. Vos, en sí mismo, frente a mí, alguien que viene a hablar conmigo. Humano.

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