Articulo

Nos quisieron matar a todos

humito.jpgPor Gustavo Valle

Se me estaban nublando hasta los pensamientos. Mi cabeza humeaba y cuando me proponía hacer algo por mi propia voluntad (hacer pis, cortarme las uñas), me atacaba un tedio vital mortal (como el tedio vital mortal que hizo famoso a Giacomo Leopardi por allá en mil ochocientos). Y terminaba tirado en el chinchorro como un oso perezoso pensando estupideces. Apenas alcanzaba a prender la tele y en la tele decían que el asunto se prolongaría cinco días más, que los pastizales arderían perpetuamente, que si uno quería se podía tapar la nariz y la boca y dejar de respirar, definitivamente lo peor que uno podía hacer era respirar. Tosí. Apagué la tele, cerré las ventanas, bajé las persianas, puse pañitos húmedos en las rendijas (¡las putas rendijas!) Me inventé una técnica según la cual pude descifrar los cambios de dirección del viento (en otra parte explicaré esto) y distribuí los muebles de casa en función de esta técnica. Coloqué el sofá contra la puerta del balcón, la cama frente a la ventana principal y arrimé la cómoda hasta obstruir el ventanuco del lavadero por donde entraba el humo. Me proponía aislarme de la enorme nube gris. Pero como la enorme nube gris era el aire mismo, entonces me había aislado del aire, y yo no estaba maduro para el suicidio. Intenté otra técnica: cuerpo a tierra. Panza y cachetes contra el piso. La preceptiva bomberil ordena cuerpo a tierra para evitar broncoespasmos. El humo, según esta preceptiva, tiende a subir al cielo. Es una infeliz ironía que esa informe cosa gris vaya al cielo, y uno al trabajo. Pero este humo argentino no era un humo cualquiera, era rastrero (humano humo, merecería llamarse) pues en vez de subir bajaba. Me pregunto si algo tuvo que ver el hemisferio sur, la latitud treinta y cuatro, la cercanía a la Antárdida, el mundo al revés, lo ignoro, la verdad, lo ignoro. Que si la presión atmosférica, escuché, que si los hectopascales, que si el viento norte, y cosas por estilo. Pero el puto humo no se iba. Se me ocurrió levantar la persiana y asomarme: era la lluvia ácida, el Apocalipsis en Buenos Aires. Definitivamente había un plan en marcha, y ese plan era exterminarnos a todos, asfixiarnos como ratas. Un laboratorio de aniquilación, carajo, de eso estoy hablando y no nos dimos cuenta. Y yo que no creo ni en el Gauchito Gil ni en el Santo Niño de la Cuchilla, cómo hago, me pregunté en medio de una gran desesperación, a quién encomendarme. Prendí de nuevo la tele, que es mi santuario en casos de emergencia, y allí estaba la presidenta vestida de plañidera con pelo al viento, lentes de mosca y blusa fucsia. Comandaba las operaciones de sofoco, pidiendo explicaciones a los capitanes, subiéndose a un helicóptero para sobrevolar los incendios. Y repartió culpas a diestra y siniestra, a los matones del campo, a los negligentes peones, a los inescrupulosos capataces, al dios Marte, a los espejitos, al triquitraque. A mí me dio un respiro (en realidad tosí otra vez) al ver a Cristina trabajar por el bien de todos, rodeada de cámaras, y sin el moño de Llongueras ni el tallercito hecho a su cadera. Apagué la tele antes de sufrir un ataque de optimismo y me asomé nuevamente a la ventana. Entonces pensé en Sandro, sí, con sus pulmones agujereados y en lista de espera para el transplante. Pobre Sandro, metido en esta humareda, después de arrancar tantos suspiros, la verdad. Y también pensé en la inflación y se me salieron las lágrimas. Y después pensé en el precio de los pasajes Buenos Aires-Caracas y me hice pis encima. Y al rato pensé en cómo sería escribir el humo, no el fuego (que ya lo hizo gente seria como Donatien Alphonse François de Sade) sino el humo, este humo que se mete hasta en las células hasta fumigar mi sinapsis. Y después de tanto pensar y pensar mis pensamientos ya se estaban chamuscando, ardían como barajitas y tuve una jaqueca contagiosa. Decidí bajar nuevamente la persiana. Corroboré que todos mis dispositivos estuvieran funcionando a la perfección: la alfombra tapando el hueco de la puerta, la cortina del baño atorando el acceso al balcón, un par de suéteres amuñuñados contra el aire acondicionado que no sirve, que nunca sirvió. Y me tiré en el chinchorro a ver las cenizas volar en el alto cielo albiceleste (no había alto cielo albiceleste, es una metáfora, para eso están las metáforas). Abrí los Cantos de Giacomo Leopardi en una página cualquiera y me dispuse a vivir la vida a plenitud.

Comentarios (7 comentarios)

Gustavo,
Vi imágenes de Buenos Aires impresionantes, una ciudad en medio del apocalipsis, como si la nevada del Eternauta de Osterheld se hubiera gasificado y en vez de la toxina bajar en copos pues subía en humos.
Quizás es el resfriado que cargo encima, quizás la memoria asmática de mis pulmones, pero el punto es que a medio relato empecé a toser incontrolablemente. Como si con las imágenes que se me venían con la lectura estuviera tragando hectolitros de humo.
Un abrazo desde Caracas

Jose U / Abril 30th, 2008, 10:18 am / #

Gustavo, qué sensación de “correspondencias” (entre Caracas y Buenos Aires, quizás, entre los tiempos) tan curiosa me produjo el relato: como ver el negativo del “Legajo de la nube y el suicidio” de G. Meneses:
“aquel inmenso cuerpo de brillante gordura fue traído por el viento para que forjara la sustancia de aquel atardecer: su marfil incandecente. La nube amarilla estuvo presente, suspendida sobre la ciudad […] la ciudad se llenó de una tensión ambiental extrañamente delicada […] La luz amarilla estaba viva entre las casas, sobre los vidrios de las ventanas, en el niquelado de los automóviles, en la mirada y en las joyas de alguna señora, en la comba de las uñas, en el tierno verde de las hojas.
[…] Si hubiera sido más intensa pudiera ser el resplandor de fragua, metal derretido, incendio que lame ruinas destrozadas. […] Pero no: la luz de aquella tarde era como la impresión que puede producir la palabra de un individuo extranjero que nos pregunta algo en un idioma desconocido”…

desde acá, un trozo luminoso y oxidado, un poco de la invasiva luz mineral de nuestra Caracas…

ELENA / Mayo 1st, 2008, 10:09 am / #

espero que los editores de random house-mondadori lean este blog y comiencen a ver que hay aquí un narrador haciéndose (casi hecho, digo, un buen narrador, que narra con ritmo, controlando bien la dosificación de sus enigmas -barthes dixit-)… el final, un poco apresuradi, pues, ¿cómo seguir con este cuento?, y, al mismo tiempo, ¿cómo cerrarlo bien?… pareciera que es tan terrible decidir “¿cómo empezar?” (y usted, mi querido gustavo, logra comenzar bien, comienza logrando un comienzo logrado) como decidir “¿cómo terminar?” un relato… bueno, usted está en ese dilema, en ese entres y dos delicioso… suerte…

rafael / Mayo 1st, 2008, 9:26 pm / #

Si no fuera por lo de mi tocaya, podria ser Santiago, si no fuera por el idioma Bombai y si no fuera por el aire acondicionado Nueva York. Muy elocuente, y a pesar de los pesares la vida es la vida.

Cristina / Mayo 2nd, 2008, 1:39 pm / #

miren en www.juanimassi.blogspot.com:
Se presentó Desmemorias en el “marco” del Bafici. 300 ocuparon las escalinatas. La seguridad del shopping no pudo impedirlo.

juan imassi / Mayo 5th, 2008, 1:51 pm / #

Mirá al nuevo Di Nucci del cine!!!!

en www.lapeceraqueapesta.blogspot.com

La Pecera que apesta / Mayo 6th, 2008, 10:21 am / #

34° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

CON EL III FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA LA FERIA DEL LIBRO SALE

A LA CALLE CON LECTURAS EN LA CÁRCEL Y HOSPITAL

Buenos Aires, miércoles 7 de mayo. Tras la inauguración el martes 6 de mayo a las 20:30 hs del III Festival Internacional de Poesía que se realiza en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en las que leyeron los poetas Luis García Montero (España) y Jacobo Rauskin (Paraguay), con la presentación de Graciela Aráoz, en la Sala “Rincón de la Lectura” (Pabellón Ocre), hoy los poetas salen a la calle a visitar cárceles y hospitales.

Además de las lecturas en el ámbito de la feria, esta edición -que se caracteriza por la multiplicidad de voces, de registros y la presencia de poetas jóvenes que cada año va siendo más notable- sale a la calle, visitarán en el día de hoy la cárcel de Ezeiza (Unidad Penitenciaria N°31) donde se encuentran las madres con sus hijas/os y el hospital Fernández..

Con esta acción a cargo de poetas nacionales e internacionales, la Feria sale a buscar lectoras y lectores, en este caso de poesía y ha elegido estos dos espacios porque se sabe que toda lectura que produce goce, calma el dolor y derriba muros.La poesía abre mundos, espacios y es provocativa.

El festival, un clásico ya en la Feria del libro, tuvo este año un padrino muy especial, Ricardo Piglia, que en el discurso con que dejó inaugurada la feria, enfatizó la importancia de la poesía, ya que es la única que ” ha logrado establecer ritmos lentísimos y también rápidos, tiene una relación con la velocidad que es única: la poesía está en el límite”. Dijo el autor de Respiración Artificial. Además de defender la ética de los poetas y alegrarse que exista un festival en la feria del libro.

www.el-libro.org.ar

www.festivaldepoesia.blogspot

Festival de Poesia- Feria del libro / Mayo 8th, 2008, 11:36 am / #

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