La inmortalidad al alcance del hombre
Por Mori Ponsowy
["No quiero ser inmortal a través de mi obra. Quiero serlo venciendo a la muerte”, dijo Woody Allen hace años. ¿Y quién no? Desde Fausto hasta Dorian Grey, desde los egipcios embalsamados hasta Susana Giménez y sus treinta cirugías para seguir luciendo joven después de los sesenta, pocos hombres han aceptado la brevedad de la vida como un hecho feliz. Ahora, por primera vez en la historia de la humanidad, un grupo de estudiosos y científicos afirma no sólo que la inmortalidad es posible, sino que se encuentra al alcance de nuestras manos.]
Aunque el hombre desde que es hombre ha buscado mil y un maneras de burlar la muerte, de alejarla mediante la combinación de hierbas y danzas desorbitadas, de conjurarla a través de plegarias e invocaciones metafísicas, de olvidarla zambulléndose plenamente y de cabeza en el presente, o aún de trascenderla con su propio sufrimiento y el martirio corporal, La Inexorable hasta ahora nos ha ganado todas las batallas, dejándonos no sólo mortalmente humillados y recontra vencidos, sino también fríos varios metros bajo tierra, secos, ajados, y tan endiabladamente tiesos que cualquier posibilidad de revancha queda de antemano condenada al más estrepitoso de los fracasos.
“No quiero ser inmortal a través de mi obra. Quiero serlo venciendo a la muerte”, dijo Woody Allen. Y esta frase, que en boca del célebre comediante no sonó más que a ironía sutil, es la base del pensamiento y del trabajo del “Movimiento Inmortalista”, originado en 1986 en los Estados Unidos, y cuya premisa básica es la convicción –compartida por todos sus miembros– de que la inmortalidad es una posibilidad real, no sólo en un más allá etéreo e intangible, sino aquí en la tierra y para nosotros los –hasta ahora, pero no por mucho tiempo más– mortales.
“Aspiramos a ser inmortales” dicen, sin el más mínimo asomo de rubor. “Creemos que la muerte es una imposición que se le hace a la vida; un contratiempo que puede y debe ser eliminado mediante la tecnología. En el fondo, apuntamos a la realización del máximo potencial humano y a transformarnos, finalmente, en seres no ya humanos, sino en transhumanos.”
Los cadáveres no están muertos: sólo gravemente enfermos
Por primera vez en la historia, se trata de una filosofía que ofrece la inmortalidad sin valerse de recursos sobrenaturales. Su premisa clave es que la muerte no es un acontecimiento único, repentino e irreversible, sino un proceso que ocurre a lo largo de un período de tiempo: cuando morimos no lo hacemos de un instante para el otro, sino paulatinamente. Y es que los datos que emplean los médicos para confirmar la muerte de un ser humano, varían según los avances del conocimiento científico, de manera que cuán muerta esté una persona depende de cuán ignorante –o avanzada– sea la tecnología disponible en ese momento.
De hecho, hasta la década del 50, antes de que existiera la resucitación cardiovascular, la medicina consideraba “muerta” a toda persona cuyo corazón hubiera dejado de latir. Sin embargo, con los avances de la tecnología y la invención del electro-shock, las cosas cambiaron de tal manera que hombres y mujeres que poco tiempo atrás hubieran sido considerados “cadáveres”, de la noche a la mañana dejaron de serlo. El desarrollo tecnológico permitió revisar nuestra definición de la muerte: lo que había cambiado era la idea que los médicos tenían de la muerte, no la situación del paciente.
Los inmortalistas se afanan en sostener que carece de sentido considerar nuestra inhabilidad para resucitar a un ser humano como prueba concluyente de su muerte y, menos aún, como argumento de que resucitarlo sea imposible en el futuro. El corazón puede haber dejado de latir, los pulmones de respirar, pero la información genética de las células, la estructura del cerebro, el amor que una vez sentimos, los recuerdos almacenados en las neuronas durante toda una vida, siguen ahí intactos por un tiempo aún después de que hayan cesado las funciones vitales esenciales. “Casi siempre, cuando los médicos certifican la muerte clínica, el paciente aún se encuentra vivo en un 99%, pues la mayor parte de sus tejidos y funciones permanecen intactos aún después de haberse detenido el corazón y los pulmones.”
La consecuencia natural –pero no por ello menos escalofriante– de este razonamiento es que muchos de los cadáveres frescos que hoy son sometidos a autopsias, en realidad no están del todo muertos, sino más bien –y según los estándares del futuro– gravemente enfermos. Nada más lógico, entonces, que intentar preservar de la mejor manera posible los cuerpos de estos “muertos-pero-no-tanto” hasta cuando los avances de la ciencia permitan sanarlos de los infaustos males que los aquejan. En vez de encerrarlos para siempre bajo tierra en una caja de madera donde el tiempo, las orugas y las bacterias se encargarán, inevitablemente, de acabar con todo asomo de vida, mejor será, qué duda cabe, sumergirlos cuanto antes cabeza abajo en cápsulas de nitrógeno líquido a 196 grados centígrados bajo cero, y mantenerlos en ese estado de suspensión, evitando su deterioro, hasta que la ciencia encuentre la manera de revertir la enfermedad y haga posible su re-animación.
Nanotecnología: un futuro de consecuencias impredecibles
Por anti-natural y extraño que todo esto pueda sonar, los inmortalistas afirman que no se trata de ciencia ficción. Su certeza está basada en dos pilares: el primero es la cantidad de especímenes que han sido congelados y resucitados con éxito: insectos, moluscos, algunas especies de anguilas, tejidos y hasta órganos enteros, así como embriones humanos que luego crecieron y se desarrollaron hasta convertirse en niños saludables y totalmente normales.
El segundo pilar, sin embargo, reviste una importancia aún mayor y viene dado por la rapidez con la que se viene desarrollando la “nanotecnología”, un área de investigación novedosa que se especializa en la manipulación de átomos individuales mediante dispositivos computarizados infinitamente pequeños.
Las expectativas generadas por la nanotecología en la comunidad científica son prácticamente ilimitadas. Para comprenderlo, baste notar que a lo largo de su historia, todos los objetos fabricados por el hombre –desde la primera hacha con punta de silicio hasta la última de las computadoras– han sido manufacturados mediante la manipulación de millones y millones de átomos a la vez. Es como si hubiéramos estado construyendo el mundo que nos rodea con piezas de Lego. La tecnología molecular, en cambio, permitirá construir cosas (computadoras, automóviles, papas, pizzas, árboles, tejidos vivos, corazones) manipulando átomo por átomo, y colocando cada uno de ellos en el lugar requerido para producir la estructura deseada. Así, podremos re-estructurar los átomos del carbón para obtener diamantes; o los de la tierra y el agua para obtener arroz.
El avance en la tecnología molecular es indispensable para la eventual resucitación de las personas que hoy permanencen en estado de suspensión criogénica, puesto que permitiría reparar el daño causado por el congelamiento a nivel celular, así como revertir las alteraciones específicas causadas por el envejecimiento y la enfermedad. De esta manera, la re-animación de un crionauta supondría no sólo curarlo de la enfermedad que acabó con su vida, sino también un proceso de rejuvenecimiento que acabaría por devolverle el cuerpo que tuvo cuando era adolescente. Y si la tecnología permite curar de los males de la vejez a los cadáveres suspendidos, obviamente también podrá hacerlo con los seres vivos.
“Estamos constituídos por átomos y moléculas y estamos aprendiendo a manipular esos átomos y a moverlos de un lado para otro para arreglar las moléculas fallidas y convertirlas en otras más adecuadas. La vejez es una enfermedad curable que podrá prevenirse. Eventualmente, esperamos que el hombre se haga inmortal, que alcance una vida no necesariamente infinita, pero sí indefinidamente larga y saludable.”
Por utópico que todo esto pueda sonar, hay investigadores que sostienen que el día en que la inmortalidad esté a nuestro alcance no está tan lejos como parece. Richard Smalley, ganador del Premio Nobel de química en 1996, estima que los avances en este campo están ocurriendo tan rápidamente que para el 2010 empezaremos a operar con los primeros nanodispositivos de reparación celular. Por su parte, Robert A. Freitas, autor de uno de los textos más conocidos sobre nanomedicina, vaticina que los primeros intentos de resucitación criogénica podrían ocurrir entre los años 2040 y 2050. Sin embargo, no todos los científicos son tan optimistas, y aunque la opinión general es que la resucitación ciertamente será posible algún día, la mayoría de los versados en la materia opina que aún faltan unos cuantos siglos de avances tecnológicos para que eso ocurra.
Lo que la ciencia no puede dar
El hombre ha vivido tantos milenios muriendo y volviendo a morir inexorablemente, generación tras generación, que es irrelevante si para conquistar la vida eterna debemos esperar cuarenta años o un par de siglos. Lo verdaderamente importante es que gran parte de la comunidad científica admita que la vejez es una enfermedad curable que podrá prevenirse y que llegará el día cuando la reanimación sea posible y el hombre pueda vivir indefinidamente.
¿De qué manera cambiará la vida del ser humano ante la perspectiva de un tiempo que se estira prácticamente sin fin delante suyo? ¿Cómo será para los primeros crionautas regresar a la vida de manera tan poco natural? ¿Regresar a un mundo que tendrá poquísimo en común con el que habitaron cientos de años atrás? ¿Qué amigos podrán tener entonces esos Lázaros huérfanos, sin familiares ni vínculos cercanos en el mundo como no sean un par de tataranietos desconocidos e indiferentes? Sin duda, algunos lograrán sobreponerse a la añoranza e insertarse en esa comunidad humana novedosa, y quizá para entonces ya inmortal. Volverán a enamorarse, encontrarán trabajo, fundarán nuevas familias.
Pero también habrá quienes sean vencidos por la nostalgia. Quienes se arrepientan de haber vuelto. Quienes no le hallen sentido a la vida si los seres que una vez quisieron no se encuentran ya sobre el planeta. Quienes sean desbordados por el peso del acontecimiento y pidan que acabe de nuevo –y esta vez sí para siempre– su vida apenas recobrada. Ciertamente, esta segunda versión de los acontecimientos sería menos alentadora. Sería la historia de un Lázaro cuyos ojos, después de haber vislumbrado el Paraíso, no se acostumbran al brillo inmisericorde del mar. Sería la historia de hombres y mujeres que soñaron con la inmortalidad en una vida y quienes al alcanzarla en otra descubren que aún hay algo que se les escapa.
Quizá vencer a la muerte sea más sencillo de lo que pensamos. Quizá no sea imposible, y el instinto de vida sea más poderoso que todas las fuerzas de la entropía. Al fin y al cabo, tratando de no morir hemos estado durante milenios. Pero lo que aún está por verse, lo que ningún avance tecnológico podrá darnos, lo que ningún científico puede vaticinar, es si esos seres “transhumanos” en los que nos convertiremos serán mejores o peores que nosotros. Si reirán más y harán menos daño. Si serán generosos y más compasivos, o si seguirán siendo tan miopes como los mortales que por ahora somos. Quizá vencer la muerte no sea tan difícil como aprender a vivir la vida. Y es que por corto que sea el tiempo que nos sea dado, vivir bien, vivir éticamente, tener una conciencia pura y la mirada limpia, requiere un esfuerzo muchas veces sobrehumano.
Este artículo fue publicado en La Voz del Interior el 24 de octubre de 2004


Comentarios (3 comentarios)
Buen articulo!! Aqui hay mas actualizado: http://www.crionica.org
Carlos Gil / Junio 20th, 2007, 2:16 pm / #
Soy Cristiano, y creo que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios; Esto quiere decir (pienzo yo) que tenemos las cualidades para desarrollarnos por nuestras propias facultades hasta lo imaginable. La inmortalidad del hombre es un hecho biblico, ya sea por medio del cumplimiento de lapromesa divina, o por nuestra propia capacidad, heredada por nuesta semejanza a nuestro creador. Que bueno que ya hay gente que pienza que el hombre no fue crado para ser enseñoriado por la muerte.
Jose Esparza / Julio 5th, 2008, 9:43 pm / #
no quiero morir!!!
espero que algún día podamos lograr vencer a la muerte!
seria maravilloso en verdad.
Gabriel Polischuk / Agosto 28th, 2008, 1:05 am / #
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