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La Antorcha de la Vergüenza

juegos olimpicosPor Ezequiel Fernández Moores

Occidente se despierta con despertadores chinos, come con cubiertos chinos y se viste con ropa Made in China. Sólo ve la sangre de los muertos del Tíbet o de Darfur en la antorcha olímpica que arribará este viernes a Buenos Aires. ¿Por qué tomar exclusivamente al deporte como vehículo de indignación moral?, se pregunta hoy el Comité Olímpico Internacional (COI), azorado ante las escandalosas protestas que está provocando el recorrido de la antorcha. Pero el COI jamás fue ingenuo. No lo fue cuando inauguró el recorrido de la antorcha olímpica, nada menos que para los Juegos que celebró el nazismo en Berlín ´36. Y tampoco lo fue cuando en 2001 asignó a Pekín la sede de los Juegos de 2008. China no era una democracia entonces y mucho menos lo es ahora. Pero amagaba ser el gigante comercial al que todos reciben hoy con los brazos abiertos. Todos pueden hacerlo menos el deporte.

Para aceptar a China, la ONU, la UNESCO y la Cruz Roja tuvieron que expulsar a Taiwán. El COI, en cambio, impuso a China la presencia de Taiwán como una de las condiciones para asignarle los Juegos. Lo recordó estos días el español Juan Antonio Samaranch, ex presidente COI y principal responsable de que Pekín ganara la sede de los Juegos. “Esto de los derechos humanos es algo muy delicado. Estamos a favor, claro, pero muchos países que acusan a otros de no respetar los derechos humanos deberían mirarse a sí mismos”, agregó Samaranch, que no se arrepiente hoy de aquella decisión. A sus 88 años, Samaranch tampoco se arrepiente de haber estado a cargo del deporte español en tiempos del dictador Franco ni de las fotos de archivo que lo muestran con su brazo erguido haciendo el saludo fascista.
El olimpismo siempre pretendió creer en un mundo de ensueño, de un deporte puro, neutral y apolítico. Una entelequia perfecta, tan conservadora como la carta olímpica que ahora quiere imponer a los atletas para evitar que se desborden en sus declaraciones o cuando suban al podio. Pero que no logra hacer respetar a la propia China. El fundador del olimpismo moderno, el barón francés Pierre de Coubertin, decía que la geografía deportiva era más importante que la política. Y el COI siempre contó como si se hubiesen celebrado a las tres ediciones de los Juegos que, en realidad, fueron suspendidas en tiempos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Pekín está marcada como la edición XXIX de los Juegos, cuando todos saben que sólo celebraron 25 Olimpíadas. ¿Ingenuidad? No. El COI no fue ingenuo cuando mantuvo a Berlín como sede de los Juegos del 36 aún después del ascenso del nazismo al poder. No lo fue cuando eligió el dinero de Atlanta, la ciudad de la Coca Cola, y no a la historia de Atenas para celebrar en 1996 los Juegos del centenario. Y menos lo fue cuando designó a Pekín. Ahora, debe cuidar el “espíritu olímpico” a fuerza de policías.

Tampoco fue ingenua Pekín cuando compitió por la sede, aunque ahora clame a Occidente que no mezcle la política con el deporte y que permita el libre recorrido de la antorcha. Los Juegos lograron con Pekín lo que no pudieron guerras ni revoluciones. Las topadoras olímpicas desalojaron en diez años a medio millón de ciudadanos, muchos de ellos obligados por matones a dejar sus viviendas. Y demolieron sectores enteros y escenarios míticos de la capital imperial, para sustituirlas por gigantescas galerías comerciales y un total de ochocientos hoteles de lujo que albergarán a 4,4 millones de turistas extranjeros y a 150 millones de turistas internos que espera recibir durante los Juegos. El hípercapitalista Partido Comunista chino levantó los últimos megashopping The Place, al mejor estilo Las Vegas, Shin Kong Place con 938 marcas de primer nivel mundial a las que no les importa lo que ocurre en el Tìbet, y China Central Place, a pasos de la Avenue de Luxe. De ese crecimiento económico se benefició también el Tíbet, cuyos monasterios destrozados en los años ´60 y ´70, igual que su culturay su gente, fueron refaccionados y convertidos “en una nueva Disneylandia del budismo”, para delicia de Richard Gere y otras estrellas de Hollywood, como afirmó el escritor Pankaj Mishra hace unos días en el diario The Guardian. Y tampoco es ingenuo el Dalai Lama, elegido líder según mandato divino, y no precisamente en elecciones democráticas, un reclamo que debería agregarse, para que el Tíbet no vuelva a los viejos tiempos del feudalismo y la servidumbre. La prédica de no violencia del Dalai Lama fue desoída estos días hasta por sus propios seguidores, que no se dejaron seducir tampoco por los dineros de Pekín ni por los profetas del mundo globalizado. Un mundo que debería carecer de tradiciones, pasado e identidad.

Igual que todos, también se subieron a la gran vidriera olímpica los manifestantes pro-Tíbet que hoy protestan al paso de la antorcha. Occidente, afirman ellos, boicoteó los Juegos de Moscú ´80 porque la ex URSS había invadido poco antes Afganistán. Pero no se anima hoy a boicotear siquiera la ceremonia de apertura de los Juegos de Pekín, pese a que lleva ya más de medio siglo de invasión en el Tíbet, una región que China, en rigor, siempre consideró territorio propio. El COI tenía la ilusión de que China, temerosa ante la inminente vidriera de los Juegos, mejorara su política de derechos humanos. ¿Pero cómo no iba a aumentar la represión para fortalecer su control en el Tíbet si hasta cerró al turismo la cima del monte Everest ante la posibilidad de que también allí, a 8.848m de altura, alguien pusiera la bandera tibetana? Igual que China, también George W. Bush dice hoy que los Juegos son un hecho deportivo. Justifica así su decisión de asistir a la ceremonia inaugural que se celebrará el 8 de agosto en Pekín. Los Juegos son un hecho tan “deportivo” como lo fue en 1971 la llamada “diplomacia del ping pong”, utilizada por ambos países para reanudar relaciones tras la revolución de Mao Tse Tung de 1949. El deporte, por mucho que asuste a los puristas, jamás fue “apolítico”. Bush no quiere boicots. Es consciente de que si hoy es China, mañana podrá ser Estados Unidos, sin contar la sede de Londres 2012, su aliado principal en la invasión a Irak. Además, hay que agradecerle a China porque no acató el boicot comunista a los Juegos de Los Angeles ´84, a los que Occidente asistió gustoso, pese a que Estados Unidos venía de impulsar y apoyar a las más sangrientas dictaduras de Latinoamérica.

Los Juegos se harán porque el negocio ya está montado. Pero ojalá sirvan al menos para que Occidente, además de la nueva riqueza china, observe también “la ausencia de democracia, a las franjas más débiles de la población olvidadas, sin cuidado sanitario y sin derecho a enfermarse porque las curaciones cuestan el salario de uno o dos años, millones de pobres explotados por unos pocos burócratas corruptos”, según dijo hace unos días al diario italiano Corriere della Sera Mo Yan, considerado el escritor contemporáneo más importante de China y autor del libro Sorgo Rojo, que llevó al cine Zhang Yimou.  
La polémica antorcha, que sufrió piquetes estos días en Londres, París y San Francisco, llegará el viernes a Buenos Aires. El piquete aquí no es novedad. Lo hacen quienes no tienen nada y también quienes tienen en exceso. ¿Cómo recibirá a esta cuestionada antorcha una Argentina que tiene el Made in China en todos sus locales comerciales, que casi jamás se interesó por el deporte olímpico y que incluso festejó su Mundial ´78 en medio del horror propio?

Publicado en Weblog Los Especialistas.

Comentarios (3 comentarios)

q onda, soy estudiante de antropologia y ando buscando informacion acerca del conflicto tibet- china, y me parecio muy bueno e interesante tu articulo. me gustaria saber si tienes alguna experiencia en el tema?? ojala y me puedas contestar en poco tiempo, suerte

javier castro / mayo 8th, 2008, 2:29 am / #

ESTA BIEN LO QUE VOS ESCRIVISTE PERO YO NO PUEDO OPINAR DE ESO CHAU
—–MELINA—–

MELINA LISTELLO / agosto 12th, 2008, 11:32 pm / #

ME PODES BUSCAR SOBRE EL COMFLICTO DE LA ANTORCHA
!!!MELINA!!!!!

MELINA LISTELLO / agosto 12th, 2008, 11:33 pm / #

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