Ricardo Piglia: ¿el autor sin atributos?
Por Miguel P. Soler
Cuando uno busca departamento, es increíble como advertimos en cada esquina de la ciudad inmobiliarias que hasta entonces nos eran invisibles (y los fines de semana, centinelas de sonrisas plásticas nos esperan merodeando por dos o tres ambientes deshabitados.) Cuando llega el bebé, la ciudad se puebla de carritos y obstáculos, se forman carreras de fórmula cero y se evitan colisiones estrepitosas. Si acostumbramos el ojo a detectar el número 101 en cada matrícula que alcanzamos a leer mientras viajamos hacia el trabajo, veremos que a lo largo de los días hábiles, surge una escuadrilla inaudita de vehículos que nos induce a pensar que el universo se pliega a nuestra visión paranoide.
Pero más interesante que descubrir un solo aspecto que se repite como si fuese una pesadilla recurrente, es hallar una “serie recurrente”, es decir, dos o más aspectos que bajo cierto orden, establecen una coincidencia de grado mayor. Algo así como presenciar una alineación de planetas o descubrir la correcta secuencia de giros que nos hace abrir una caja de caudales. Como si merced a una propiedad óptica inherente a un entrenamiento inadvertido, existiera una subjetiva intención de focalizar o subrayar en fosforescente los puntos análogos de una configuración de hechos, clones o hrönir. El azar, esa especie de dios que suele tenerse por autónomo y autárquico, que no acude cuando se le reza sino cuando se lo ignora, también vendría a depender de la mirada, y específicamente, de la mirada retrospectiva. Un lector absoluto de la Biblioteca Universal (ojo: no la de Babel), podría en un simple paneo descubrir las coincidencias entre todos los textos existentes. Basta que al escanear se acote con precisión. Si lo hacemos sobre una palabra, las coincidencias serán gigantescas; si es sobre un párrafo, serán menores. Esa experiencia se parece a la que tiene un docente cuando se sirve de los buscadores de la web para detectar copipastes y plagios en los trabajos de sus alumnos sospechados. Pero la cuestión, el arte del buen deporte de la focalización de series y constelaciones, está en el fortuito tropiezo de una coincidencia intencional y mimetizada, sesgada y silenciosa.
Apenas llegué de Villa Gesell comencé a leer, no sin cierta morosidad y dificultades varias, “El Hombre sin Atributos”: novela volumétrica e inconclusa del ingeniero Robert Musil. Ya de por sí, el primer tomo de Seix Barral con más de seiscientas páginas, resulta difícil de maniobrar viajando parado en el colectivo 109. Pero no lo es menos, estando sentado, puesto que en su abundancia y aspiración de absoluto se abre en múltiples pensamientos abstractos, contemplaciones histórico filosóficas, análisis psicogestuales, precisiones tecnológicas y científicas, especulaciones jurídicas y diplomáticas, microhistorias de la pasión y del espíritu, vórtices y remansos. Uno deriva adormecido o súbitamente alarmado a lo largo de ese caudal imperial.
A veces, no soy fiel.
Quiero decir: a veces no soy un lector fiel. O por lo menos, no tengo a la fidelidad como un mandato ético, siempre presente (¿hay una ética del lector o una genealogía de la moral del lector?) Como mucho, siento el mandato ético de terminar el libro que ya comencé a leer (eso hace que elija con cuidado los volúmenes monstruosos, como es el de Musil, antes de empezarlos o adquirirlos.) Digo: no soy un lector fiel en el sentido de que algo me puede acicatear en medio de un libro extenso, y aventurarme hacia otro como si fuese en pos de una amante fugaz. Puede ser algo que esté en el mismo texto que leo (un pie de página ex libris.) Me lanzo al adulterio como un perro a la ciclista de piernas bronceadas. Más aún cuando es un libro fino, alguna nouvelle, algún ensayo. Pero en este caso, lo que me acicateó no fue un indicio en el mismo tomo de Musil, sino una inquietud demorada, algo que se despertó, tal vez, al leer blogs o suplementos literarios. Realmente ya no recuerdo qué. Probablemente, la comparación de esos tomos gruesos de Musil con los “Diarios” de Gombrowicz (¿cierta aspiración por la obra total en construcción?) Y supongo que de Gombrowicz, derivé hacia Ricardo Piglia y su primer libro de cuentos, el que hasta entonces no me había decidido a leer.
Lo cierto es que compré “La Invasión”, y me dediqué a leer sus cuentos, mientras “El Hombre sin Atributos” descansaba amodorrado sobre su señalador en la página doscientos y pico. Es más, a pesar de ser un lector infiel, llevaba en mi valija los dos libros como quien lleva puesta la sortija a su cita clandestina. Iba leyendo el cuento “Tardes de Amor”, donde dos personajes, Wagner y el maestro Pardo se citan para presenciar, en la habitación contigua, una escena clásica (que viene a contaminar, igual que si fuesen vasos comunicantes, ambos espacios en una ambigüedad erótica de a pares):
“Wagner se acercó a la puerta. Luego se arrodilló contra la cerradura. La mirada recayó primero sobre un papel blanco, luego sobre un vaso; después vio el brillo de un anillo en la mano abierta de una mujer. Fue un instante porque enseguida la mujer se alejó, luego vio que apoyaba las manos en el piso y se estiraba hacia atrás, desnuda, contra el hombre que la abrazaba y la obligaba a girar. Lo que veía se desintegraba en pequeños detalles; el cubrecama verde se extendía como un prado; una mano blanca descansaba sin sentido en el aire; una esclava dorada envolvió el tobillo de la mujer.”
(Ricardo Piglia, “Tarde de Amor” en “La Invasión”, Ed. Anagrama, 2006, página 56)
Y en ese momento, me asalta el déja-vù. El “ojo de la cerradura” es el punto de lectura, el mirador desde el cual advierto una constelación, una serie definida de puntos: “papel blanco”, “anillo”, “verde”. Puesto que se manifiesta como una serie, una sucesión de objetos definidos sobre el rayo de la mirada, reverbera con mayor intensidad en mi memoria lectora. Una vez que mi instinto se larga al rastrillaje del libro de Robert Musil, descubro maravillado la misma serie. ¡La había leído el día anterior!:
“Solimán escuchó. —¿Asisten también generales austriacos? —preguntó.
—Mire usted mismo —respondió Rachel—; ha venido por lo menos uno. Y se dirigieron juntos al agujero de la cerradura.
La mirada recayó primero sobre un papel blanco, luego sobre una nariz; una sombra grande pasó de largo; después se vio brillar un anillo. La vida se descomponía en claros detalles; el tapete verde se extendía como un prado; una mano blanca descansaba sin sentido en el vacío, cérea, como en un panóptico; y mirando al sesgo pude ver brillar el fiador dorado del general.”
(Robert Musil, “El Hombre sin Atributos”, Libro 1, Parte II, Capítulo 44, Ed. Seix Barral, 2006, páginas 187-188)
Lo que en un principio me pareció una coincidencia austeriana (haber leído en la vasta profusión de escenas, un día antes, una muy parecida al del libro de Piglia), al transcribir los párrafos, descubro el gesto intencional del autor. La escena es una trascripción mimética del párrafo de Musil, montada con la intencionalidad de un transplante de corazón. O más bien (y haciendo referencia al joyero del primer cuento de “La Invasión”), la de un orfebre que engarza una piedra antigua en un anillo moderno de muy diferente estilo y brillo. Advierto con mi monóculo de aumento cómo el engarce se evidencia: el “verde tapete” de la mesa donde se reúnen los austriacos a planear un evento patriótico se torna el “verde cubrecama” donde se reúnen los amantes adúlteros. La frase que le sigue: “(…) una mano blanca descansaba sin sentido en el vacío”, coincide 1 a 1, como el punto de máxima conexión, como la llave en su cerrojo.
Piglia nos advierte en el prólogo de “La Invasión” que su cuento ”Tardes de Amor” fue reescrito para esta nueva edición de Anagrama. Esta precisión, tal vez no sea casual ni dada al pasar. Lamentablemente no cuento con la edición original (1967) para cotejar una y otra versión. Aún así, la reconstrucción de la escena de escritura podría ser esta:
a) Revisando, el autor lee un acto de vouyerismo a través de una cerradura en su cuento original.
b) El autor recuerda un acto idéntico leído en la obra de Robert Musil.
c) Lo rastrea y lo engarza (no es un simple montaje linkeano, puesto que se realiza un “ajuste”, una operación de asimilación o de compatibilidad orgánica) reemplazando el anterior.
d) Y por último y principal: se calla.
Pero lo que me intriga, fuera de lo fortuito (o no) de mi tropiezo exploratorio, es el punto “d”. Es posible que las hechos, al momento de la reescritura, no se hayan dado así, pero me intriga el callar de Piglia. Y empieza la sospecha. ¿Puede escribirse por engarce toda una obra? ¿Puede que esta obra hipotética, sólo sea un vasto anillo de escenas engarzadas provenientes de otros libros? ¿Es un plagio, una intertextualidad, un tesoro para lectores avezados, un regodeo privado de lector-escritor sagaz? ¿Es un estilo, después de todo? En el callar parece coruscar el estilo argumental de Piglia: lo sospecho.
El silencio otorga y el azar también.


Comentarios (29 comentarios)
Por una cuestión de experiencia con este blog, ya que casi todo lo que se publica en Nación Apache me aburre, cuando no me da asco, no pienso leer seguramente tu nota, pero me alegra que alguna persona tenga en cuanta a Musil y al Hombre sin atributos.
Un saludo, y alguna vez tal vez lea lo que escribiste, cuando se me pase el asco o el tedio de leer lo que se publica hace unos meses en Nación Apache.
Saludos,
Martín Riva.
Martín Riva / Febrero 19th, 2008, 9:01 pm / #
A raíz de las características del personaje que firma el comentario anterior, hemos borrado el link a su página web ya que conlleva ciertas características de spam. Creemos que, más allá de la opinión personal respecto a NA, su política en la blogosfera está impulsada por cierta búsqueda de protagonismo, y por qué no, de una salida laboral a cualquier costo.
Recomendamos que utilice los canales vigentes para tal fin: avisos clasificados, envío de currículum, o avisos de servicios personales, en caso que ofrezca servicios para la sociedad en general.
Por otra parte, si hay asco, Reliverán gotas. O algo más extremo, no regrese, así estamos bien y no tenemos por qué hacernos cargo de la fobia ajena, menos menos aún de manera gratuita.
Los Editores / Febrero 20th, 2008, 8:11 am / #
Hago posicionamiento web y un link no vale tanto como para creer eso que dicen ustedes, además los links en comentarios valen menos, y ya tengo nicks dentro de este blog, con varias notas. Y firmo con mi nombre y no con Los editores, salvo que se hayan reunido para responderme a mí, cosa que no creo porque me los imagino adentro de un procesador de bloq de notas a muchos de ustedes. Es decir: ¿sos Guilleromo Piro, o Genovese o quién? Depende quién seas te respondería de una manera u otra.
Ahora bien, eso de que es horizontal y abierto, está demostrado que es falso. Si lo que quieren es elogios, no tuvieron suerte esta vez. Cuando tuve que elogiar, difundir, poner links de ustedes, recomendar, lo hice con gusto, pero si ahora noto que están decayéndo, bueno, es así y no es tan grave. Parecen peronistas.
¿Y de figuaran me hablan? ¿Acaso firmamos la Divina Comedia con un Anónimo? Como si estar acá dentro fuera estar ante milllones de personas. Si fuera por eso, les mando un mail a cada uno de los integrantes o los llamo por teléfono y se enteran de quién soy. O comete un delito grande (como muchos integrantes de mi familia) y tengo más protagonismo. Pero lo que me interesa es dejar en claro lo que veo de Nación Apache últimamente.
Encima de lo que están haciendo estos meses ahora se me ponen sensibleros y cobardes.
Vamos, que se supone que este es un blog con intelectuales, valientes, éticos, que harán de nuestra sociedad algo mejor. No se comporten como infantes celosos y heridos.
Y ya que hablamos de difunfir, difundan la obra de Hugo Mujica, de Alberto Laiseca, de Rodolfo Fogwill, de Alfredo Moffatt, la mía está en veremos todavía, eso lo tengo claro, por eso aún no me mato por un link, aunque crean eso. Es un pedido, no sé si en este blog se aceptan pedidos.
Martín Riva
Martín Riva / Febrero 20th, 2008, 10:26 am / #
Según lo planteado inicialmente, se borra el link al sitio web del comentarista. Nos abstenemos de dar respuesta a las abiertas provocaciones dado que no son atinentes al contenido del presente post del autor Miguel P. Soler. Además, esto no es un delivery para andar aceptando pedidos.
Los Editores / Febrero 20th, 2008, 10:59 am / #
Queridos apaches: a todo argentino le crece un Quintín en la oreja. Ha de ser la humedad, el calentamiento global, o que está muy caro el servicio de acompañantes terapéuticas sexuales. Él chico éste, Riva, ¡por qué no se masturba más seguido? Por ahí le llega la paz definitiva. Una forma activa de lograr la muerte (y placentera).
Alberto Ruiz Días / Febrero 20th, 2008, 11:03 am / #
Uno se preocupa por el link, el otro me manda a que me masturbe, cuando ni el link es la cuestión y tampoco la masturbación. Nación Apache está publicando cosas cada vez menos relevantes y coherentes, era eso sólo.
Y otra cosa que se perdió. Qué genialidad la de Musil. ¿Habrán leído ustedes la obra El hombre sin atributos?
Tengo aire, no tengo calor. Me masturbo, claro, es una práctica más que tengo con mis dos mujeres. Somos profetistas, es decir, tenemos relaciones abiertas, en grupo.
Un saludo,
Martín Riva.
Martín Riva / Febrero 20th, 2008, 11:14 am / #
Martín, ¿por qué no probás mandando el CV a las web laborales? Porque tengo entendido NA es a pulmón, agotando el bolsillo de dos .a lo sumo 3 personas.
Alejandra / Febrero 20th, 2008, 11:21 am / #
El sistema de publicación de NA rechaza comentarios spam. Los casos de spam encubierto son detectados y eliminados como corresponde por los administradores del sitio. Los artículos aquí publicados están disponibles sin intención de difundir a terceras personas a través de intromisiones inauditas y fuera de contexto.
Los Editores / Febrero 20th, 2008, 11:36 am / #
Nación Apache está publicando cosas cada vez menos relevantes y coherentes: o Martín Riva perdió la razón en uno de sus espasmos eyaculatorios o yo no entiendo nada. Basta mirar la lista de artículos de NA (muchas traducciones inéditas) para darse cuenta que la rabieta de Riva es la pataleta de un niño envidioso: Julian Barnes, Robert Fisk, John Berger, Martin Amis, Peter Gay, Ryszard Kapuscinski, Martin Heidegger y siguen las firmas. Además de las firmas de los locales.
Refugiarse en Musil es patético (habría que hacerle la prueba de la lectura al propio Riva). Pero como la prueba del pudding es que se pueda comer, podemos visitar su propia página y ver no sólo su canon sino sorprendernos de cómo “traslada” amparado por la noche artículos y autores de NA a su propio costal. Te quiero, te odio pero dame más.
Uno de los editores / Febrero 20th, 2008, 11:59 am / #
Bien, vamos mejor: Uno de los editores es mejor a los editores en general. Si querés te respondo en privado, acá ya no vale la pena. Como quieras.
Si te animás a darme tu nombre me pondré contento ya que necesitamos como sociedad gente que ponga no sólo el nombre sino el cuerpo en lo que estamos construyendo.
Martín Riva / Febrero 20th, 2008, 1:19 pm / #
¿Y este alienígena? No los tenía experimentando con entes de otras galaxias. Fabio Zerpa tenía razón.
Luis Alberto Kempes / Febrero 20th, 2008, 3:17 pm / #
Riva, noto que ya aprendió a respetar la primera regla de convivencia respecto al spam autorreferencial. Luego, si es un poco más amable, ¿por qué no se queda en su web, solito, como hasta ahora y deja de embarrar la cancha sin más sentido que la difusión de tan pequeño ego machucado?
Un Editor que vale por tres / Febrero 20th, 2008, 3:23 pm / #
Realmente, entro a los comment para ver que discusiones “sobre” el texto publicado se han generado, y encuentro este “día de furia”. Si vamos a hacer catarsis, ¿por qué no hacerlo con los textos leídos, como diría un profe de literatura? Si somos exigentes como lectores, ¿por qué no ofrecer lecturas exigentes, comments con cierta exigencia intelectual o, por lo menos, ingenio? Es fácil ser crítico con lo anímico, difícil serlo con la mente.
Miguel P Soler / Febrero 20th, 2008, 3:23 pm / #
Eso, ¿Riva es un representante d e Piglia? ¿Qué es eso de hacer humo para distraer sobre lo que el artículo bien señala? ¿Riva pretende el premio planeta?
Seguramente, Soler, Piglia dirá que soñó lo que escribió y en realidad todo venía de una mezcla accidental en su memoria. Mussil se introdujo “subrepticiamente”. Un acto involuntario. Incluso, puede acusarlo de policía, y como tal, con toda la intención de la maldad policíaca. Pero que robó, robó. Cien años de soledad en la tumba lo aguardan. Después, lo llevarán al infierno a dar clases de literatura iberoamericana.
Monster Inc. / Febrero 20th, 2008, 3:33 pm / #
(Fuera de la disputa Riva-NA).
Sobre el texto:
A fuerza de parecer pasado de moda con el tema, quería comentar que aquí Soler ha ilustrado nuevamente el tema de los límites del plagio, aunque él mismo no busca señalar el procedimiento de Piglia como tal.
Pregunto (tanto a Soler como a quienes les interese): ¿por qué cuando la apropiación intertextual se aplica sobre el binomio Piglia-Musil no pensamos en la categoría de plagio del modo en que sí la aplicamos sobre el caso Di Nucci-Laforet? (Compárese con el ejemplo que consta en el artículo “Premoldeados. A propósito de Bolivia Construcciones y la revocación de un fallo”, de Gabriel Báñez, aquí en NA).
Personalmente, creo que, aunque no hay en el texto de Piglia ningún indicio que nos permita reconocer que se está haciendo una apropiación de Musil (lo cual viene siendo la única forma incuestionable de separar las aguas de la intertextualidad y el plagio), el silencio de Piglia al respecto no incurre en plagio debido a que en su apropiación hay variaciones sustanciales; la operación es referencial, hay una transposición de la situación narrada. En el caso de Di Nucci la situación es la misma, las palabras son casi las mismas… y las variaciones son menores. Es también una cuestión de proporciones, y posiblemente del valor que damos al resultado de la operación.
SASSULA VOROBIS / Febrero 20th, 2008, 5:22 pm / #
Dentro de la disputa, es claro que los comentaristas carecen de formació cultural para discutir conmigo. Cosa que ya sabía pero me gusta entreterme de este modo y ver otras cuestiones. Ahora que las cosas están claras, que saben de mi desagrado puedo pasar a lo otro
Fuera de la disputa, es claro que cualquiera que conozca verdaderamente la obra de Piglia, la de Macedonio Fernández y gran parte de la de Borges, se dará cuenta que Piglia hace todo el tiempo eso: sería un intento de hacer del pastiche una construcción estética. Lo ha hecho hasta con las entrevistas que le hicieron, dado que las reescribe.
Por otro lado la lectura de intertexto es un recurso que ya demostro Borges que no sirve demasiado, al burlarse de Américo Castro en el libro Otras inquisiones, si lo que se hace es copiar sin poder ir más allá de eso.
(¿Cuá será el cobarde que no se anima a firmar con su nombre cuando habla conmigo? Pienso en Rolfolfo Walsh, un intelectual de verdad, valiente, crítico, organizado, que no sólo puso el nombre a la hora de firmar, sino que también puso el cuerpo. Claro, casi nadie se compara con él hoy en día, que a lo sumo la mayoría te puede puter por un blog.)
Martín Riva / Febrero 20th, 2008, 6:26 pm / #
Me resulta difícil no opinar sobre lo dicho y no me refiero a opinar sobre opinión leí el texto y leo y releo a piglia y la verdad me resulta genial el texto de soler es interesante, no es que intente quedar bien solo que para alguien como yo que no es del palo de las letras ya que soy un obrero que trabaja prácticamente 12 horas al día mas el viaje me resulta gracioso escuchar cuando alguien habla de poner el cuerpo y esto lo digo sin ninguna ironía ya que lo mió no es el humor ni el sarcasmo.
Creo que NH es un sitio interesante, la verdad ya lo recomendé a barios de mis compañeros de trabajo y a ellos le pareció lo mismo. Poner el cuerpo ja ja
sergio / Febrero 20th, 2008, 8:16 pm / #
Perdón quise poner NA. Poner el cuerpo j aja ja
sergio / Febrero 20th, 2008, 8:18 pm / #
Piglia es un delincuente a secas. Es más, es un extraditable de la literatura argentina. Lástima que antes está Antonini Wilson, ¿no Kristina?
El mosquito de Faulkner / Febrero 20th, 2008, 9:17 pm / #
Piglia fue condenado en el juicio de Nielsen contra él, Planeta y Schlavenzon. O sea, es un reo, convicto, en libertad por pago de una condena. Quiere decir que también es un reo, radicado en otro país (EE.UU:), el cual le concede la estadía como trabajador siendo un delincuente condenado. ¿Cuál es su privilegio? ¿Acaso es un agente de la CIA como lo fue López Rega, gozando en la madre patria del norte los beneficios de una jubilación anticipada por servicios prestados?
Margot / Febrero 20th, 2008, 10:47 pm / #
Me resulta incómodo eso que Piglia hace: seguir como si nada pasara. Los lectores somos todos estúpidos, los críticos chupamedias y los medios funcionales a la editorial que lo publica. Todo porque machaca Sarlo sobre el pupitre. Ser argentino es más triste cada día.
Hugo ChachaChá / Febrero 21st, 2008, 6:02 pm / #
Me parece que da para una discusión súper interesante. Como pequeña contribución transcribo el párrafo de la primera versión de “Tarde de amor” (La invasión, Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1967, p. 16):
“Martín lo va dominando, le apoya todo el peso del cuerpo en la espalda hasta obligarlo a arrodillarse.
Los dos se amontonan contra la puerta.
Martín está encorvado sobre la espalda de Luis, le aplasta la cara contra la cerradura.
El picaporte clavado en la frente, Luis reconoce la otra pieza, la ventana, el respaldo de una silla y dos piernas de mujer que parecen flotar en el vacío. Es un instante, porque enseguida afloja el cuerpo, apoya las manos en el piso y se tira hacia atrás, contra Martín que lo abraza y lo obliga a girar, a mirarlo”.
Es como si se tratara de otro texto, porque tiene un régimen distinto. Sin embargo hay un obvio efecto de continuidad debido al trabajo del autor: lo que hizo no fue una revisión sino una reescritura. Es un caso distinto al de Sergio Di Nucci, aunque en mi opinión en ambos casos la idea de plagio es simplificadora y un tanto dogmática. Creo que la operación de Di Nucci es más radical que la de Piglia. Piglia es más escrupuloso y por lo tanto visible. Entre primera y segunda versión, muestra el trabajo deliberado y muchas veces impune de la literatura. Hace dialogar un texto del pasado y de la tradición, como es el de Musil, con su propio ejercicio. Es una operación secuencial sobre una misma base. Y es la secuencialidad la que trastorna la deliberación. Di Nucci y Piglia parecen tener una deliberación distinta, pero en su raíz es la misma; sólo que no conocemos la secuencia de Di Nucci. Allí reside su opaca radicalidad. Pienso que esto nos lleva a pensar en Piglia como un escritor que ha elegido reescribirse de un modo bastante único en la literatura argentina. En su primera edición, La invasión está dedicada a Roberto Arlt. Ignoro si la nueva edición también lo está. Gracias a lo que advierte Miguel Soler, puede suponerse que con esa dedicatoria Piglia rindió un tributo prolongado. Es una dedicatoria vigente, que continúa en el tiempo.
S. Chejfec / Febrero 21st, 2008, 10:35 pm / #
Me parece interesante la discuciòn y es bueno para aprender. Pero veo que la discuciòn es desordenada, poco ètica y , poco sustentable. Con respecto a las palabras del amigo Rivas por màs que resulten dolorosas deberìan ser respetadas. Ya que la tolerancia es una herramienta indispensable para el desarrollo de una discuciòn.
Y si pone un link o no, es lo que menos deberìa importar.
Un intelectual, es aquel que piensa y comparte sus ideas ademàs de estar preparado para soportar la critica y transformarla en un apoyo para su superaciòn. Tal vez deberìan meditar acerca de esto. No sea cosa que caigan en la profunda desepciòn del seudo intelectualismo. El cual no lleva màs que a dicuciones baratas y poco aprovechables.
Todo esto no me deja nada màs que la visiòn de un monton de niños jugando en el kindergarden.
Saludos
Germàn Dìaz / Febrero 22nd, 2008, 8:30 pm / #
Ché rivas (minúsculo por completo), dejá de disfrazarte para hablar de vos. ¿No ves que tu existencia es tan efímera como la de Fogwill? Y otra: ¿cuánto le debes al psicoanalista, imbécil? ¿O se te escapó con la guita y te dieron de alta por lástima? Rivotril, Halopidol, Coca con whisky, Fernet con ácido, destapacañerías con Odol. Pero tomá algo querido, urgente.
El Chicholino / Febrero 22nd, 2008, 9:27 pm / #
S. Chejfec, excelente tu contribución. Realmente era la pieza que me faltaba, y el contraste esilístico entre la versión original y la transplantada trae a colación una serie de inquietudes. Es evidente que la nueva versión es mejor, por lo menos visualmente, pero asimismo, la versión original es más “física”, los voyeaurs se tocan para ver, subrayando eso que era pura ambigüedad que es, que la cita amorosa también se da entre estos dos espías. Por supuesto,voto por la sumersión, es decir, por la versión dos. Piglia ha mejorado su original con un transplante maravilloso.
En cuanto a la diferencia entre la operación de Piglia versus la de Di Nuci (y esto, también para contestar a Sossula Vorovis), está en lo que denomino como “Engarce.” Ahí, me parece, se miden los pingos. En realidad, esto lo expresé en un post en mi blog, pero lo cito a continuación para evitarles el paseo:
“¿Pero qué hay cuando esos engarces, esas transposiciones son realizadas de callado? ¿No se vulnera cierto orgullo de autor a expensas de la lentitud del lector, al que le es inabarcable el cuerpo de la literatura? Esta práctica, que gusta particularmente a muchos críticos sagaces, también crea epigonistas de dudosa calidad, quienes terminan amparándose en la Academia una vez que son descubiertos. Porque esa es la diferencia: han sido descubiertos muy fácilmente a causa de que el engarce (lo que yo estimo como trabajo de valor agregado y que es la precisión del engarce) es muy burdo, trucho, indecoroso. Agregar a “Bolivia Construcciones” treinta páginas de “Nada” (y sospecho que tan sólo para cumplir con los requerimientos del concurso en cuanto a extensión de las obras presentadas), es un engarce trucho, y como sostuve en otro viejo post, no vale el riesgo para un Robin Hood que se precie de tal. Hay que entrar en el Castillo armado de la literatura consolidada y sortear los peligros de un ladrón con sagacidad. Puesto que al momento que chillan las alarmas de seguridad y las jaurías se activan, se debe salir airoso, a capa y espada, y quedar indemne o cuanto menos, trocarse en la leyenda afilada de pobres y menesterosos.”
Por supuesto, el post publicado en NA no versa especialmente sobre la moralidad del acto de apropiación de textos, ni sobre Piglia y sus conductas solapadas, sino, sustancialmente sobre el extraño encuentro en la mira de un lector (yo) del “engarce” de una porción diferencial de un texto extenso como un aleph en el cuerpo mínimo de un cuento reeditado. Y la sospecha, por supuesto, a colación de un tropiezo tan fortuito.
Gracias.-
Miguel P. Soler / Febrero 24th, 2008, 11:52 am / #
En realidad cada vez me convezo màs que son solo niños de un “kindergarden”. No soy Rivas, mi nombre es Germàn Andres Dìaz Area, y no tengo miedo de decirlo. Es màs aqui para dejar un post, te piden que des tu direcciòn de correo por lo cual eso garantiza aùn màs mi identidad. Tengo dos nombres y dos apellidos y no porque lo invente sino porque soy Uruguayo de Montevideo. Lo aclaro por si a alguien se le ocurre inventar que soy Rivas por tener dos nombres y dos apellidos. En fin aca parece que la cosa es no escuchar y si dar un buen palazo. ME HACEN ACORDAR A UN AMIGO QUE LLEGABA A LAS REUNIONES Y LO PRIMERO QUE PREGUNTABA ERA “DIGANMEN DE QUE ESTAN HABLANDO. POR QUE YO NO ESTOY A FAVOR”.
Germàn Dìaz / Febrero 24th, 2008, 4:43 pm / #
Gracias a S. Chejfec por su contribución y a Miguel P. Soler por su respuesta. El tema es interesante y las miradas aportadas contribuyen a esclarecerlo.
Sassula Vorobis / Febrero 25th, 2008, 9:53 am / #
Alguien me envìo un correo y me dijo que tuviese cuidado con NA. ¿Què es lo que habra querido decir? ¿Porque tener cuidado con una web de discuciòn y material? ¿Què tendrà NA de diferente a otras webs de similares caracteritìcas? ¿Y porque tener cuidado?
Tal vez serà porque me intereso y de alguna manera me gusta dejar mi opiniòn si es que existe la posibilidad. Desde el primer dia que lo leì me parecio que algo faltaba. Y si alguien me advierte sobre NA. Tal vez sea mejor que me quede un rato màs. Y seguramente encontrare lo que faltaba.
Germàn Dìaz / Febrero 25th, 2008, 8:18 pm / #
[...] tres años atrás, Miguel Soler encontraba ciertas marcas de Mussil en Piglia, o peor, la cita soterrada como falta de [...]
Phantom Circus » Blog Archive » Lo negro en lo diurno / Diciembre 16th, 2010, 7:54 am / #
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