Articulo

Benazir Bhutto (1953-2007)

Por Nicolás González Varela

¿Porqué ahora y porqué en Pakistan? No es extraño que en un país tan inestable como Pakistán todo depende de un hilo. Ese hilo se ha roto (¿definitivamente?) con el asesinato de Benazir Bhutto. En sólo unos minutos todos los planes para el futuro del país han volado por los aires. La presumible cohabitación que iban a formar Bhutto desde el Gobierno y el dictador Musharraf desde la Presidencia del país ha desaparecido, y las alternativas parecen peores. Quizá una guerra civil.

Los planes de EEUU están entre la lista de bajas. Durante meses, Washington había presionado a Musharraf para que permitiera el regreso al país de Bhutto y, en segundo lugar, que no impidiera la previsible victoria de su partido en las elecciones. Bhutto representaba eso que llaman en estos casos la alternativa moderada.

No se puede negar la valentía de Bhutto al afrontar una campaña electoral en la que sabía que había una diana en la cabeza. No se escondió y ha pagado por ello. Pero también resulta insólita la incapacidad de las fuerzas de seguridad en proteger a la ex primera ministra. Ni siquiera en Rawalpindi, la ciudad donde se encuentra la sede del Ejército, y por eso mismo el lugar con mayor concentración policial del país.

Las esperanzas de los seguidores del Partido del Pueblo de Pakistán no son las únicas que han quedado enterradas en Rawalpindi. Los planes de EEUU han corrido el mismo destino. Occidente aspiraba a una cohabitación entre el presidente Musharraf y una futura primera ministra Bhutto para que ambos hicieran frente a la amenaza de los grupos yihadistas cercanos a Al Qaeda y los talibanes.

Washington había dado por amortizado a Musharraf y, aunque no planteaba su salida del poder, sí le había exigido que dejara la jefatura del Ejército y permitiera unas elecciones lo más limpias posibles.

Benazir Bhutto era la candidata de Washington, y así se la veía en Pakistán. Al mismo tiempo, su partido es el único movimiento de masas que ha resistido el paso del tiempo. A pesar de todos sus fracasos en sus dos pasos por el poder en los años noventa, Benazir Bhutto era la única garantía de un Gobierno civil con amplio apoyo popular.

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