Juicios por violación de derechos humanos en Camboya y Argentina
Por Dennis Weisbrot
Mientras declaraban la semana pasada los últimos testigos en el juicio oral al represor de la ESMA, Héctor Febres, en Phnom Pen, Camboya, comenzaba un hecho judicial similar e inquietante: el procesamiento de Kaing Guek Eav, alias “Duch”, acusado de dirigir la tortura y el exterminio de 16.000 hombres, mujeres y niños, durante el reino del terror de los Khmer Rouge en los años ‘70, y bajo el cual se estima que fueron brutalmente asesinados dos millones de camboyanos. Cifra que representa un asombroso 25% de la población total de ese país del sudeste asiático.
Trazar un paralelo entre las actividades de las dictaduras argentina y camboyana es una tarea alentada por los juicios actuales a Duch y Febres.
Duch era la máxima autoridad en la cárcel S-21, donde llevaba a cabo delitos de lesa humanidad en un colegio secundario de Phnom Pen llamado Toul Sleng. Irónicamente, a 17.000 km, en otro instituto de enseñanza, a expensas de la infame Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) de la Argentina, Febres —prefecto designado en la ESMA—, secuestraba, torturaba y era un engranaje más en la patota del grupo de Tareas 3.3.2 que decidía la suerte de 5.000 ciudadanos que —como en la purga de los Khmer—, eran arrancados de sus hogares y encarcelados sin el beneficio del más elemental de los derechos humanos: el derecho al Habeas Corpus. El S-21 era considerado el campo de concentración más cruel del régimen de los Khmer Rojo entre los años 1975-1978, años cercanos a los de la dictadura militar argentina (1976-1983). El S-21 y la ESMA fueron campos de concentración emblemáticos de sus respectivos países y monumentos que representan el lado oscuro del espíritu humano.
En total, cinco importantes dirigentes Khmer enfrentan cargos por crímenes contra la humanidad en Camboya. Ante la reapertura de la conocida como mega causa de la ESMA, los organismos de Derechos Humanos de la Argentina han manifestado su oposición porque sólo está contemplado el juzgamiento de diez represores por setenta victimas, cuando han sido documentadas las acciones de trescientos represores.
Argentina, al igual que Camboya, recorrió durante décadas un camino que estuvo marcado por amenazas de muerte, la desaparición de Julio López y las distintas posturas políticas para llegar a este momento crucial de la historia en la que ambos países tratan de asumir la pesadilla de los ‘70.
Las similitudes obvias entre la experiencia argentina y camboyana terminarían ahí si no tuviéramos en cuenta que los dos torturadores y asesinos (Febres no será juzgado por asesinatos) representan dos extremos del mismo mal. Demacrado y contrito, Duch dice ser un arrepentido que renació cristiano. Reconoce sus crímenes y promete cooperar con el tribunal. Por otro lado, Febres, gordo y transpirado, guarda silencio sobre su culpabilidad.
En ambos países, estos juicios son considerados una prueba importante de la credibilidad de la justicia y de la voluntad de transparencia de sus actuales gobiernos. En ambas partes del globo muchos esperan que no sea otra maniobra propagandística del poder de turno o un simple paliativo social disfrazado de verdadera justicia.

Comentarios (un comentario)
[…] Muertes paralelas Justo, simultáneo a tan valioso aporte de Montes Bradley al pensamiento político y social del país, me ha llegado (vía Leo Sai) un breve artículo (o anotación) sobre ciertos paralelismos de sangre, falta de juicio y posible condena. Argentina/Camboya, un eje del mal absoluto. […]
Muertes paralelas « el fantasma / Noviembre 30th, 2007, 6:17 am / #
Dejar un comentario