Entre piernas de poder
Por Leonardo Sai
“¿Hay siempre que considerar malo aquello contra lo que hay que luchar…?”
Aurora
Federico Nietzsche
René Girard(1) afirmaba que todas las sociedades humanas, por motivos inmanentes, están sometidas a una fuerte presión endógena, auto-estresante, y se ven obligadas a purificarse por el asesinato común, cometido en un delirio de sed de venganza, de sangre, de los causantes identificados a sus males. Toda cultura local es una pandilla constituida en torno al asesinato fundacional —lo que se llama Derecho no es otra cosa que una acusación y condena colectiva— unánime del chivo expiatorio —el gran integrador del grupo— el ahora débil y objeto humillado de masas, para la posterior re-construcción del narcisismo y sosiego de conciencia. El chivo condensa todo el mal oficial sobre sí, sobre su cuerpo, sobre los objetos de deseo que doblegaban a la sociedad: Sacrificar un chivo es generar la nueva gobernabilidad, el nuevo piso institucional, la paz del post-estrés. El llamado consenso nace de la calma chicha que proporcionan las fuerzas del linchamiento colectivo y que, tras el exceso descargado, reposa sobre sentimientos edificantes. La exclusión del Mal hace posible la auto-inclusión de los no-malos en el restaurado espacio-nosotros patéticamente lleno. Lo que se sacrifica es un cuerpo homogéneo, la representación de los excesos que atraviesan a toda la capilaridad societal, posteriormente, semilla del Mal y de “valores menemistas”. Esto permite la coherencia interna de la presentación pública y el discurso honrado: el medio de la censura es una memoria plena de recuerdos. El peronismo es esa horda pre-humana que, cada tanto, sacrifica un chivo, excitando a la sociedad entre el límite de su descomposición real y la euforia de su nuevo inicio. Es el estabilizador religioso de nuestra urbe y, una vez limado en el tiempo, construidas sus canaletas, lo que era malo pasa a ser simpático. A Carlos el turco Menem, en algunos años, lo vamos a recordar con una pícara sonrisa en el rostro. La horda, reconciliada consigo misma, eructa su digestión.
En la lengua dispéptica de los comunicadores sociales se ha vuelto un dicho común el parloteo y la disquisición de una “nueva política”. El documento de Malnatti en TN fue, simplemente, descomunal: intendentes elegidos por la lista del Frente para la Victoria comprando DNI de aborígenes por diez pesos, con una investigación que filma una misma situación, empeorada, del 2006: 70% K de votos en Formosa. No fue el único caso. Y tampoco hay que ir a Formosa para evidenciarlo empíricamente. Se puede visitar San Fernando, Garín, San Justo, etc. Tampoco quiere decir que la pingüina gano por una maquiavélica articulación total del clientelismo absoluto. Como afirma Martín Sabbatella, re-electo intendente en Moròn: En algunos casos hay como una resignación de que esto es así, no creo que haya que resignarse a eso. A la larga te termina condicionando. El resultado electoral de la semana pasada demuestra también que cuando hay voluntad política a los aparatos políticos se los puede vencer. Lo del Barba Gutiérrez en Quilmes es una señal muy importante. Ese resultado nos puso muy contentos porque dejamos de ser esa suerte de mosca blanca en el conurbano, o la excepción que confirma la regla. Queda demostrado que cuando hay voluntad política se puede hacer. Estos personajes, estos famosos “barones del conurbano”, construyeron una imagen de que son absolutamente necesarios y de que es mejor tenerlos adentro. Es todo falso. Lo único necesario es que nunca más sean necesarios. Si la sociedad participa de proyectos que enamoran, el aparato no juega ningún rol.(2) Ni la pasividad bovina ni la decisión consciente. La política se juega en el medio, entre húmedas piernas de mujer.
Se equivocaron —y el tejido de las alianzas del partido vencedor es fiel espejo— quienes pensaron que Kirchner, en el bosque de los signos, era el mediodía de la nueva política. Kirchner no fundó ningún ismo(3), ni renovó el peronismo con cánticos de hace treinta años en las condiciones de la necesidad de oxigenación de un presente que lo ha envestido delirantemente, es decir, eficazmente. La construcción de una política, bajo el sentido del amigo-enemigo, es diagramar una topología de espacio interior y exterior: lo bueno interno, lo malo externo de lo cual nos estamos librando, elemento recesivo de auto purificación partidaria = el cambio recién empieza. Hay que fundar una legitimidad frente a lo impuro, lo justo frente a lo injusto, saciar la sed de venganza entendida como justicia. Por eso, el espacio interior es un circo. Un circo afectivo que toma sobre sí la gran empresa de la buena nueva, el re-re intento de domesticación de lo desmedido. En este sentido, Kirchner es el último hecho ecológico de la política argentina. Y su resultado, por supuesto, no es una “nueva política” sino una Moral. Una Moral que permite una túnica, un pañuelo, sobre las mismas prácticas, acordes con lo que acaricia esta sociedad, es decir, una nueva ternura para nuestra política afectiva. En el llamado kirchnerismo no se da ya el goce de la crueldad bajo el cinismo menemizador, quedando solo el placer que suministra el hábito de las prácticas por si mismas.
El “kirchnerismo” es la continuación del menemismo por otros medios. Lo que estos otros medios habilita, produce, o no, es una discusión permanente, esto es, la cocina de la representación… concepto incomprensible para quienes hablan del embole en la politiquería y festejan que la pantalla no pueda imponer sus estrellitas olvidándose que la auto-bautizada líder de la oposición es, hace 10 años, una fatalidad mediática. Se trata de periodistas que si se les menciona a Marcelo Tinelli les agarra un ataque al hígado, pero participan, gustosamente, del gran hermano de la historia argentina porque se los mima como personajes serios e inteligentes. Eso sí, los figuretis, los frívolos, los que se mueren por “figurar o morir”, por acostarse con señoritas con senos plásticos son otros… los menemistas, los malditos, los jóvenes apáticos, apolíticos, posmodernos en las mecas del bolicherío sanisidrense que es distinto. ¿Y la economía? ¿Y la economía?
Más allá de una lógica global de la cual se depende y se es casi, como decía Althusser, efecto de superficie, la diferencia específica de este gobierno es la expulsión en el discurso de todo lo maldito bajo la impresión de un sentido moral del cual el menemismo carecía en términos absolutos. En ese espacio, hay una nueva fe en una mujer a la cual, esta vez, no podrán disfrazar de santa sin caer en el más soberbio ridículo.
(1) Pueden encontrar en el segundo tomo de Esferas “Globos” de Pedro Sloterdijk, un precioso trabajo sobre los conceptos de Renè bajo el modo de una reflexión metafórica, de escritura clara y desarrollo demasiado extenso y, por momentos, irritante.
(2) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94107-2007-11-05.html
(3) Lo que hace que un texto como “Los cuatro peronismos” de Alejandro Horowicz sea un clásico, y un texto que tiene relevancia en el presente es haber demostrado que “Peronismos”, por la lógica interna del fenómeno, solo puede haber y habrá 4. Si está lógica se modifica, el archivo de los libros históricos tendrá un tomo más para llenarse de polvo. En el horizonte del presente, esto no sucederá.

Comentarios (5 comentarios)
Muy bueno.
Yo entendí así: si “la política se juega en el medio”, la política se juega en los medios. Es muy distinto que la política (condena colectiva incluida) se juegue en los medios o en un estrado jurídico o en la arena social o en el “dictamen de la historia”. Pero, ¿cómo es?
El título y el texto dan la pista: si “la política se juega entre piernas de mujer”, la política mediática es el ejercicio de una seducción. Si no hay decisión consciente, es que no hay elección de ciudadano; si a esto sumamos que la opción (en las elecciones y en las encuestas) depende de un juego de seducción, es que hay opción de consumidor.
O sea que hoy la política se juega entre piernas de mujer aunque gobierne un Néstor. La política ya no es una actividad viril.
Me asombra constatar que el proceso de feminización que se da en el trabajo actual se da también en la política.
Pablo Hupert / Noviembre 9th, 2007, 11:44 am / #
[…] continuar leyendo: http://www.nacionapache.com.ar/archives/1875 […]
Entre piernas de poder, por Leonardo Sai « Zoología Política / Noviembre 9th, 2007, 5:41 pm / #
Leonardo Sai, nos está acostumbrando a textos que evitan el lugar común y se meten de lleno con aquellos temas tabú de la coalición cívica correcta. El concepto de representatividad es bienvenido porque permite discutir sin sacar los pies del plato. […]
VER: http://comentaristanonimo.wordpress.com/2007/11/12/dos-para-pensar-en-continuado/
Comentarist@nonimo / Noviembre 12th, 2007, 8:06 pm / #
Hola. Disculpen que me entrometa pero quería dejar un comentario al respecto de la nota.
Si bien es interesante el análisis antropológico, que suena muy freudiano al estilo de ¨Moises y la Religión Monoteista¨, quedan al menos dos variables que deberían ser incorporada al analizar el paso del menemismo al kirchnerismo y la relación entre estos. En ese sentido, la primer varible es una tendencia a largo plazo que debería generar la pregunta: si, como muy bien decís, el kirchnerismo es el menemismo por otros medios, ¿es el menemismo algo nuevo o alguna otra cosa por otros medios? La otra tiene que ver con los fenómenos particulares y acotados que formaron parte de la transición del menemismo al kirchnerismo, en concreto, la crisis del 2001.
En cuanto a la tendencia a largo plazo, sugeriría ver el problema desde una óptica al estilo de Agamben, incluyendo la biopolítica de Foulcault y la teoría del estado de Arendt. De este modo podemos ver la continuidad de un proyecto que empieza con el peronismo del 45 y sigue hasta estos días y que es la represión del cuerpo social e individual (si, de los individuos de carne y hueso). En el sentido de Deleuze, el fascismo también educa el cuerpo. Desde la práctica de fascismo social que implicaba el ¨de la casa al trabajo y del trabajo a casa¨ a la práctica concreta de la Sección Especial con Lombilla y Amoresano torturando permanentemente, cárceles llenas y los primeros desaparecidos de la Argentina (Bravo que reapareció gracias al médico que controlaba las torturas e Ingalinella), el primer peronismo introdujo en el cuerpo social y en el cuerpo mismo de la gente el fascismo como un organizador (en lo discursivo y sus consecuencias ver el libro de Silvia Sigal y Eliseo Veron, ¨Perón o Muerte¨). Esto se profundizó con las dictaduras del 55 al 72 y empezó a constituirse en práctica sistemática con la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional, con campañas como ¨El Silencio es Salud¨ y el secuestro, tortura y desaparición de miles de personas. Una cosa importante a considerar es que muchos de los secuestros iban acompañados de grandes dispositivos militares que alertaban de lo que estaba pasando a todos los vecinos. Ahi estaba también la parte de represión al otro, que debía ver y sabía lo que pasaba con la víctima y tomaba conciencia de que podía pasarle a él mismo. Tras la dictadura, el menemismo completó la represión del cuerpo social en toda su plenitud. Hubo anuncios de posibles vueltas a la represión despiadada de la dictadura, pero lo mas importante era ver el cuerpo mismo de los ancianos movilizados, los desocupados, etc. La inseguridad social que generó el menemimos con su flexibilización laboral, remoción de derechos laborales, fin de horas de trabajo fijas y desocupación trae aparejada una re-educación concreta de lo corporal (y Spinoza decía que no se sabe lo que puede un cuerpo). Sin las formas repetitivas clásicas ¿que le estamos enseñando al cuerpo? Si no se de que voy a trabajar, ¿qué tengo que aprender a hacer con mi cuerpo? ¿si soy desocupado, para que rutina tengo que aprender a moverme? Este proceso tiene su efecto psíquico en cuanto a la pérdida de seguridades hasta entonces nunca puestas en duda. La crisis del 2001 profundizó eso. Y no deberíamos tratar de entender el fenómeno kirchnerista sin incluir entre las variables los efectos en la psiquis social del proceso traumático que terminó de destruir las pocas seguridades que quedaban: sin acceso al dinero, sin saber como hacer para poder conseguir la plata para comprar algo tan simple como la comida o pagar bienes básicos necesarios para subsistir. Eso, en si mismo, determina que espectativas los individuos tienen sobre el futuro en general y sobre su propio futuro en particular. Por eso no debería sorprender que la electa Primera Dama una de las primeras cosas que haya aclarado es que estaba en contra de la legalización del aborto. Devolverle a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, darles el derecho de propiedad sobre lo mas primario que tiene, no es simplemente un problema moral sobre cuando empieza la vida. Lo que CFK anuncia es que ella no viene a revertir ese proceso que empezó con Perón, y que sigue hasta estos días. No es sorprendente ni contradictorio que tanto Kirchner como Cristina Fernández de Kirchner, quienes nunca en los años que fueron autoridad en su provincia hicieron nada por la defensa de los derechos humanos o un simple homenaje a los desaparecidos ahora levanten esa bandera, cuando los desnutridos son cosas de todos los días en TV, o los cartoneros en camiones que son un peligro circulan todas las noches sin que nadie se espante, o cuando la ciudad se pobla de niños sin que comer en las esquinas. Lo de K es pura distracción. La pelea de K con Menem, entonces, habría que inscribirla dentro de ese contexto: con la crisis del 2001 se le hizo necesaria a la corporación politica peronista el reconstituir la gobernabilidad. Primero, debieron salvar los cargos y el aparto de ingreso. Después, viene el simulacro de pelea. K, o ahora CFK, todos ex menemistas, ahora hacen como que lo ejecutan y con él matan todo un pasado a olvidar, sin cambiar la realidad de ese pasado. Es una forma de tratar de superar el truma del 2001 por medio de un simulacro sin realmente ver que guarda el inconsciente. El kirchnerismo es el menemismo por otros medios, ya que aquello que debía hacer Menem ya lo hizo y la necesidad histórica pide que se haga otra cosa en este momento, en particular, de modo que la tendencia general no cambie. Haciendo como que mata al menemismo es la mejor forma de disimular que es su continuidad. El éxito del próximo gobierno no está basado en lo que realmente haga, sino en cual es la relación entre lo que haga y lo que la gente espera que sea hecho. Pero, dadas las circunstacias, ya pasamos de un querer algo mejor a un conformarse con no estar peor (interesante en este caso la mentiras del INDEC, que todos saben que da números falsos pero eso no genera un clamor general). Volviendo a lo foulcaultniano, ya pasamos del querer a vivir a conformarse con que nos dejen seguir vivos.
alberto / Noviembre 17th, 2007, 2:23 am / #
Muchas Gracias a todos por sus comentarios, en especial, a Alberto a quien agradezco todas estas lìneas. Una cosa, simplemente: No es necesario que te disculpes para pensar. Bienvenido.
Un fuerte abrzo,
Leonardo Sai
Leonardo Sai / Noviembre 18th, 2007, 8:50 pm / #
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