El encanto de las viejas revistas
Por Damián Tabarovsky
Me gusta el papel. Quiero decir, me gusta leer en papel. Debe ser por eso que no leo demasiados blogs, y los mails que tienen más de seis o siete líneas corren el riesgo de quedar para siempre inconclusos. Por razones de fuerza mayor (un euro: 4 pesos), leo en Internet los suplementos culturales de algunos diarios extranjeros y pocas cosas más.
Probablemente, también se deba a una segunda razón (concomitante con la primera): me gusta leer acostado. Tirado en un sillón, en la cama, o a lo sumo en una silla con las piernas subidas al escritorio. Ni la notebook más moderna permite leer echado, sin contar el temor que me produciría quedarme dormido con una computadora sobre mi panza (a la inversa, nada más hermoso que dormirse con un diario sobre el pecho). Y en especial, me gusta leer revistas. A lo largo de mi vida, he sido un gran coleccionista de revistas. Cuando me mudé de mi departamento de la Avenida de Mayo, me desprendí de las colecciones completas de Cerdos & Peces, El Porteño, El Periodista, El Expreso Imaginario, Babel y algunas más.
Tengo un vago recuerdo de hace muchos años, cuando tenía quince, en plena Guerra de Malvinas. Era una canción de Litto Nebbia que hablaba de los jóvenes aburridos que se quedan los sábados a la noche en sus casas leyendo revistas viejas (no debe ser muy difícil chequear si realmente la canción es de Nebbia, o si la letra dice eso; alcanza con ir al Google, pero como no tengo banda ancha, supongo que tardaré bastante en encontrar la información, y además prefiero quedarme con mi recuerdo). Pues bien: yo era uno de esos jóvenes aburridos (y aún lo sigo siendo. No joven, sino de los que se quedan en sus casas ojeando viejas revistas). Por ejemplo, hace poco, hablando con un diseñador gráfico sobre la tapa de un libro, le decía que habría que ilustrarla con una vaca, pintada con colores pop. En realidad, tenía en mi cabeza el recuerdo de una tapa del Porteño, donde había una vaca con walkman y el título “La Argentina moderna” (probablemente haya sido una ilustración de Gumier Maier; no debe ser muy difícil chequearlo en el Google, etc., etc.). En ese momento, me di cuenta de que había hecho mal en regalar mi colección (que ya ocupaba un placar entero del piso al techo, ya que también incluía centenas de recortes de diarios y suplementos culturales y revistas de rock). De vez en cuando, en librerías de viejos, encuentro algún número de esas revistas. Al verlas, suelo pensar: “Mirá este perejil, hizo una reseña a favor de tal o cual escritor”. A veces también tropiezo con algún artículo mío (de cuando recién empezaba a publicar). No me dan vergüenza ajena, simplemente me parecen escritos por otra persona, por alguien que lleva mi nombre pero no soy yo.
Hay una genial frase de Barthes sobre Proust: “El encanto de En busca del tiempo perdido: de relectura en relectura me salteo diferentes párrafos”. A mí me pasa lo mismo con esas revistas. Cada vez que las releo, encuentro algo nuevo. O a la inversa, algo que se convirtió en irremediablemente viejo. Ahora tengo la colección completa de Barcelona, de Lucha Armada en la Argentina, sigo con el Diario de Poesía, con Punto de Vista, con El Ojo Mocho (que ya casi no sale), con Tupé y con no muchas más. ¿No hay más revistas buenas, o soy yo que estoy envejeciendo? En todo caso, me gustaría leer una revista con el espíritu del Porteño, sobre todo de la época anterior a haberse vuelto cooperativa.
Hay un poema de Fabián Casas, incluido en su libro El salmón, llamado “Un plástico transparente”: una pareja se da un beso a través de la cortina de baño, y de repente, el poema dice: “Me llamaste, acercaste la cara/ y nos besamos a través del plástico transparente: fue un instante/ las parejas y las revistas literarias/ duran casi siempre dos números”. Quizás allí resida el encanto de las revistas viejas: en, como decía Baudelaire, “atrapar lo poético en lo histórico, lo eterno en lo transitorio”.
Este artículo apareció en el suplemento Cultura de Perfil, el 4 de noviembre de 2007.

Comentarios (5 comentarios)
También me gusta el papel, recuerdo el famoso “boom” de conectividad en el 96′ o por ahí, se pronosticaba una dramática baja en la producción de papel, porque ya no habrían cartas si no e-mails, y las revistas digitales, y los libros digitales, etc. El resultado fué el contrario, la demanda de papel para imprimir se incrementó entre el 96′ y el 2000 cerca de un 40 y pico %, la razón es la misma que vos esgrimís: somos muchos los que aún preferimos la blandura de un sillón y algunas hojas mágicas, a una pantalla, entonces revistas digitales, claro y e-mails, pero, como bien ilustrás, después de las 20 líneas, si el tema lo amerita va a la impresora. Yo colecciono también (el otro día encontré la colección de Primera Plana), pero a los recortes y revistas se suman ahora impresiones en borrador de revistas digitales, e mails, blogs, etc. que voy encontrando, porque el siempre deficiente recurso financiero para los emprendimientos culturales hace que se multipliquen las publicaciones solamente digitales de muy buenas iniciativas. El Ortiba por ejemplo o la revista ContraTiempo o El Interpretador, etc y otras cosas sueltas, además, por supuesto, de los blogs como este que siempre publican algo interesante.
Maguila / Noviembre 5th, 2007, 10:37 am / #
El gesto de la época que se hace eterno. Ahí está lo bello. El destino del papel es distinto del de los escritos digitales. Además, leer en papel permite subrayar, escribir en los márgenes y pegar post it con anotaciones ininteligibles.
Lucía Mazzinghi / Noviembre 5th, 2007, 1:55 pm / #
Yo que vivi en una casa donde Primera Plana estaba encuadernada en 14 tomos (que será de ellos) y recuerdo Archi a los 9, Pelo a los 14 y Humor a los 17, ignoraba que el papel haya incrementado sus ventas venciendo los pronósticos.
Me alegra.
Y me da verguenza, entonces, porque nunca más he vuelto a leer una revista, salvo el Para Ti, aunque quizá la culpa no la tenga la internet sino la edad y la pérdida de las ilusiones.
mariana / Noviembre 11th, 2007, 1:25 pm / #
comparto sus conceptos. jamas habrá nada mas placentero para mí, que tirarme boca abajo en la cama con un buen diario (ahora son dos por semana!) o un buen libro. y tambien coincido con que no hay buenas revistas ahora. jamas me desprenderé de LA MAGA, HUMOR y SEX HUMOR.
saludos
carmen vogler
carmen aida / Noviembre 12th, 2007, 5:44 pm / #
es mi primera ves que entro en esta pagina y la verdad que tambien comparto esto de no cambiar la compu por el papel, sera que nuestra generacion ( 38) tuvo la suerte de conocer cartas, revistas, etc.. ahora existen pero es la novedad entrar en la compu y buscar ahi… que siempre esta todo. digo… a mi nada me sorprende ni me agrada mas que leer un libro… pero teniendolo en las manos, marcandole la orejita para seguirlo al otro dia… que se yo, es distinto. un abrazo.
daniel sanchez. / Mayo 14th, 2008, 2:08 am / #
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