De triunfalismos y deslucimiento: El peligro de cantar victoria antes de tiempo
Por Mempo Giardinelli
En la historia sobran los ejemplos de vencedores que no vencieron, de igual modo que sobran los casos de quienes creyeron que las cosas eran inmutables. Nada lo es, y menos en política. Y ni se diga en la política argentina, donde, ya se sabe, cualquier cosa puede suceder y no siempre lo que sucede es lo mejor.
Ya hemos visto y vivido, muchísimas veces, eternidades que no fueron, triunfalismos desaconsejables e infalibilidades que terminaron por el suelo.
No se sugiere aquí que algo similar vaya a suceder en esta ocasión. Pero es un hecho que varios millones de argentinos votaremos este domingo casi convencidos de lo que se ha venido afirmando en las últimas semanas: que desde el lunes habrá nueva presidenta y que ella será Cristina Fernández de Kirchner, pues su triunfo está “confirmado” en las encuestas, todas las cuales “aseguran” que no habrá segunda vuelta.
Es muy probable que así sea, pero no estaría mal que los consejeros de la candidata tuvieran un poquito de prudencia y de humildad. Primero porque esas cualidades nunca vienen mal, pero sobre todo para que este país no estalle si ello no sucede.
Y quede constancia de que este consejo no es necesariamente para la candidata, que hay que reconocer que ha sido muy prudente y acaso en exceso, sino para muchos de sus operadores, consejeros y propagandistas.
En un brillante artículo titulado “El miedo a perder”, aparecido la semana pasada en la revista mexicana Milenio, el columnista Carlos Puig dice que “las campañas políticas, cuando son tan largas, van construyendo necesariamente su propia dramática”. Puig se refiere a “las malas decisiones” que en 2006 llevaron a la derrota al candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, fenómeno que hoy “es la mayor amenaza de Hillary Clinton, consagrada ya como virtual ganadora” en el camino hacia Washington.
Según este lúcido columnista, cuando eso sucede y la candidata “ya es tratada como la próxima ocupante de la Casa Blanca” es cuando “comienzan a publicarse ejemplos históricos de ventajas abrumadoras que se pierden, y de cómo la percepción de victoria anticipada hace que los seguidores no salgan a votar, causando la derrota”. Barack Obama “comenzó esta semana a tocar el tema”, advierte, y concluye: “Igual que en cualquier drama, ¿quién no adora al David que derrota al Goliat?”
Si volvemos la mirada a nuestros pagos, comicios recientes parecen avalar este llamado a la prudencia. Primero fue Misiones, donde el triunfo opositor sorprendió al gobernador Rovira y a todo el aparato kirchnerista nacional que lo sostuvo. Luego fue Tierra del Fuego, donde nadie esperaba, una semana antes, que resultase gobernadora la candidata del ARI, Fabiana Ríos. Y después se dio el caso más sorprendente en el Chaco, donde Ángel Rozas resultó imprevistamente derrotado por el neo-kirchnerismo del senador Jorge Capitanich, apoyado por un casi pintoresco rejunte de listas que traccionó votos a su favor, o, como creen muchos, en contra de Rozas. Lo cierto es que hasta el sábado previo las diferencias esperadas eran de entre 12 y 20 puntos para Rozas, pero el domingo quien ganó fue Capitanich. Por apenas mil y pico de votos, pero suficientes para revolucionar esta provincia.
De manera que ahora, este domingo 28, convendría a todos y todas ser prudentes y esperar que nada empañe el comicio.
Para que gane una vez más la democracia sería bueno que desde el gobierno K amainen la soberbia de algunas de sus espadas. Y respecto de esa variopinta oposición que corre como jauría cuando pasa un coche levantando polvareda, sería deseable que proceda con la altura y elegancia que hasta ahora no ha mostrado, dedicada más bien a chicanear con la inseguridad porteña y bonaerense, como si ése fuese el único problema nacional importante y exclusivamente atribuible al gobierno.
La campaña electoral, que cierra justo cuando esta revista llega a los quioscos, ha sido, por lejos, la más pobre de las últimas décadas tanto en propuestas programáticas como en candidaturas fascinantes; en oferta oficialista y en contraofertas de la oposición. Ésta es una percepción que cualquiera puede constatar, tanto o más fuerte que la de que ganará Cristina.
Ideal sería que nadie se ofenda con estas palabras, desde ya. Y que, en todo caso, unos/as y otros/as se auto critiquen y eleven la puntería de cara al futuro. Porque quienquiera sea que gane este domingo, la calidad de nuestra democracia parece haber disminuido. Y la culpa no es sólo del gobierno, ni de éste o aquél opositor. Es de todas y todos los argentinos, y eso es lo deslucido de este turno electoral.

Comentarios (un comentario)
Eso de salir a hablar a último momento con el periodismo en dos radios y un canal del grupo Clarín, con periodistas obsecuentes que no preguntaban a mi me huele raro, si obviamos las encuestas por ahí, quien nos dice que no lleguen al 40% y haya ballotage. Lo malo sería que estuviese entre 40,5% y 39,5% y se repita a nivel nacional el escenario cordobés. Si obviamos las encuestas hay esperanzas, solamente hay que ir a votar para no acucarles la base, que es lo que necesitan.
Maguila / Octubre 26th, 2007, 9:45 pm / #
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