Leyenda y realidad
Por Jorge Luis Borges
Quince años han bastado para que las generaciones argentinas que no sobrellevaron, o que por obra de su corta edad sólo sobrellevaron de un modo vago el tedio y el horror de la dictadura, tengan ahora una imagen falsa de lo que fue aquella época. Nacido en 1899, puedo ofrecer a los lectores jóvenes un testimonio personal y preciso.
No prometo ninguna revelación; me limitaré a notar ciertos hechos que fueron del dominio público y que un olvido cómplice o candoroso ha tergiversado. No en vano acabo de dictar la palabra ‘cómplice’. Esta palabra es de las que mejor pueden definir estos tiempos aciagos. Benedetto Croce observó: ‘No hay en Italia un solo fascista, todos se hacen los fascistas.’ La observación es aplicable a nuestra República y a nuestro remedo vernáculo del fascismo. Ahora hay gente que afirma abiertamente: ‘Soy peronista’. En los años de oprobio, nadie se atrevía a formular en el diálogo semejante declaración que lo hubiera puesto en ridículo.
Quienes lo eran públicamente se apresuraban a explicar que se habían afiliado al régimen porque les convenía, no porque to tomaran en serio. El argentino suele carecer de conciencia moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama ‘viveza criolla’. Fuera de algunos individuos de la Real Academia Española —cuyo sentido del idioma era deficiente— nadie creyó en el ‘justicialismo’, monstruo neológico que con su eco inexplicable sigue dando horror a una página del abultado diccionario.
Recuerdo las melancólicas celebraciones del día 17 de octubre. El dictador traía a la plaza de Mayo camiones abarrotados de asalariados adictos, por lo común de tierra adentro, cuya misión era aplaudir los toscos discursos, los cuales eran tremebundos cuando todo estaba tranquilo, o conciliadores y pacíficos si las cosas andaban mal.
El 17 de octubre, los almacenes recibían orden de cerrar para que los devotos no se distrajeran en ellos y arribaran sin tentaciones a la plaza de Mayo. Ahí coreaban servilmente ‘Perón, Perón, que grande sos’ y otras afusiones obligatorias. Solían, asimismo, vociferar ‘La vida por Perón’, decisión retórica que olvidaron, como el propio Perón, en cierta mañana lluviosa de septiembre de 1955. Diríase que el triste destino de Buenos Aires —conste que soy porteño— es engendrar cada cien años un tirano cobarde, del cual luego nos tiene que salvar las provincias.
El dictador fue un nuevo rico. Dada su casi omnipotencia, hubiera podido instaurar una rebelión de las masas, enseñándoles con el ejemplo ideales distintos, pero se redujo a imitar de manera crasa y grotesca los rasgos menos admirables de la oligarquía ilustrada que simulaba combatir: la ostentación, el lujo, la profusa iconografía, el concepto de que la función política deber ser también una función pública, el amor de los deportes británicos y el culto literario del gaucho. En todo esto abundó la exageración característica del guarango. Inundó el territorio del país con imágenes suyas y de su mujer. Su mujer, cuyo cadáver y cuyo velorio usó para fines publicitarios.
Lo anterior es meramente personal y baladí, si lo comparamos con la corrupción de las almas, con el robo para el cual se prefiere el nombre de negociado, con la picana eléctrica aplicada a los opositores y a toda persona sospechada de ser ‘contrera’, con la confiscación de bienes, con las pobladas cárceles políticas, con la censura indiscriminada, con el incendio de archivos e iglesias, con el fusilamiento de obreros en la secreta soledad de los cementerios y con la abolición de la libertad. ¡Tantas atroces y sonrientes efigies y ni una sola caricatura; tantos interesados panegéricos y ni una sola sátira!
Otra estigma de la época, hoy profundamente pretérito, fueron las delaciones costeadas con el dinero público. Sé de señoras y de niñas que se prestaban al ejercicio regular de esta indiscreción lucrativa. Otro soborno fue el aguinaldo, curiosa medida económica —imitada nunca sabré porqué por los gobiernos ulteriores— según la cual trabajan doce meses y se paga trece. Esta ridícula y onerosa medida ha sido decorada con el título de ‘conquista social’.
Ningún encono personal me dicta la apresurada redacción de estas notas; hará tres o cuatro generaciones que dejé de ser hacendado, cuando Rosas, primo de mis abuelos, les confiscó las tierras que aún guardan los nombres de mi sangre. Perdóneme el lector el atrevimiento de haberle recordado males que todos conocen, pero que ahora inexplicablemente se olvidan.
(#) Publicado originalmente en La Prensa, 28 de mayo de 1971. Recopilación y publicación en internet: Frenos & Contrapesos, 21/10/2007

Comentarios (7 comentarios)
me parece que esto es un plagio a Sebrelli, en particular de sus últimas apariciones en la TV por cable, la sociología del kiosquero que roba vueltos, Aguinis, Alejandro Rozitchner, Lanata, la Bersuit de Argentinidad al palo, Grondona, obvio, Oppenheimer y alguno más
charly gr / Octubre 23rd, 2007, 1:10 am / #
¿Borges plagió a Sebrelli?… Lo que pueden los muertos.
Das Mortes / Octubre 23rd, 2007, 12:39 pm / #
Es evidente que la proliferación de blogs, y sitios de internet que “hay que visitar diariamente” torna escaso el tiempo y es evidente que tambi´çen promueve la lectura apresurada, el primer comentario es una pruba irrefutable, seamos indulgentes, Charly GR, autor de la hipótesis del plagio no debe haber leído el autor, la fuente y la fecha de publicación, en 1971 Juan José Sebrelli era peronista o se debatía entre el peronismo intelectual, el existencialismo y la izquierda; es difícil que para esa época Sebrelli hubiese hablado así de Perón, tambié es dificil imitar la pluma de Borges, la utilización de palabras como “baladí” no es atribuible a Sebrelli, Grondona y mucho menos a la Bersuit.
Invito a leer todo antes de comentar, a menos que se sea adepto a los papelones originados por la necesidad de “decir algo”, refutar porque si.
Abogo por un indulgente rótulo de estúpido esnob para Charly.
Maguila / Octubre 24th, 2007, 10:16 am / #
Tratemos de no ser agresivos. El que no sabe leer supondrá la indulgencia ajena como insulto.
Das Mortes / Octubre 24th, 2007, 10:59 am / #
Maguila, estaba al tanto del peronismo de Sebreli y de la pluma de Borges, y de las fechas respectivas también. Lo que pasa es que para mí Borges estaba adelantado 200 años, y nos plagió a todos nosotros, incluyendo estos lugares comunes y anti-peronistas. Ese artículo de Borges lo escribió Argentino Daneri. Y por lo que vi en tu blog no te quedás atrás, esa foto de Cristina con un diente menos es burda como los poemas que escribía el protagonista del Aleph. Lo de estúpido es un poco fuerte, lo de esnob ya lo sabía!
saludo
Charly gr / Octubre 24th, 2007, 8:07 pm / #
Siguiendo la hipótesis de Charly GR diría que, en un plano estrictamente ideológico, salvando el estilo, parece un plagio a Omar GE
Pablo / Octubre 28th, 2007, 11:15 am / #
No es un diente menos, está ennegrecido por el tiempo y por mi mal manejo de photoshop, gracias por tus comentarios en mi blog, hacen juego…no te enojés, esto es internet, ni siquiera televisión.
Abrazo y felicitaciones por el triunfo
Maguila / Noviembre 4th, 2007, 10:58 pm / #
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