Máquinas impúdicas
Por Omar Genovese
En Alemania las máquinas expendedoras de libros están en los subtes, trenes y terminales de ómnibus –la amiga Inx me habló de ello, hace más o menos un año–. Entonces, la gran creación de nuestra disputada Biblioteca Nacional resulta ser adaptación criolla, simple argentinismo de alambre y veamos cómo anda. Típico, como el peronismo. ¿Y saben por qué? Porque estoy seguro, segurísimo, que al menos una más, y solo una, será la próxima máquina que saldrá al ruedo pues no hay ninguna otra en condición de ser recuperada. La nuevísima máquina (y hasta ahora única) de vender mini libros (del tamaño de un atado de cigarrillos, formato indispensable para que la expendedora automática funcione con ese fin “cultural”, y no haga falta patentar y fabricar una especial a tal efecto) es, en la Germania, adaptación de las que funcionaban respecto al tabaco, tal vez usuales antes de la segunda guerra, o que, en cataratas, se distribuyeron por todo el territorio durante la ocupación yanquee, contemporánea a la infancia de Fassbinder, por dar un referente. O algo más simple: su creador era alemán, y luego de la guerra las siguió fabricando hasta convertirse en millonario. Pero, basta de dar vueltas al aparato de captar lectores. La cosa (en sí, y para sí) es: ¿estarán fabricando más máquinas a tal efecto? ¿O se compran a una empresa con dirección en Islas Vírgenes, a precio de oro, por decir, al mismo precio que tiene un avión Airbus de los más comunes? Llenen el casillero y quédense con las ganas.
Pero, ¿es justo pensar por encima de todo sin reconocer el esfuerzo cultural? Y, además, ¿corresponde a la Biblioteca Nacional la función de edición y distribución a mansalva de obras literarias “fundamentales”? ¿Por qué fundamentales? ¿Qué texto es fundamental en un país como éste donde la Constitución no sirve ni para encender el fuego de un asado? ¿Hará la venta a un peso de un texto corto más felices a los niños? ¿Sembrará certidumbres de conocimiento transformando el destino de miseria de miles de adolescentes? ¿Podrán los ancianos reclamarlos cuando la falta de atención médica no les permite acceder a un par de anteojos? Basta de preguntas. Basta. Uno parece el malvado perseguidor de las buenas conciencias nativas, ésas que pagan por Greenpace y pisan perdices a 150 km/h escapando al smog, el tedio y cierta inseguridad agazapada tras toda figura pobre. Se editaron diez títulos, dos mil ejemplares de cada uno. Pensemos en equivalencias. Por ejemplo: el labio inferior de la senadora Cristina Fernández, candidata, ¿a cuántos libros equivale la cirugía de colágeno que contiene? Al total de ejemplares de la máquina o, tal vez, comprende el último upgrade facial. O tres carteras Vuitton. O medio reloj. O el equivalente en hotel de su reciente viaje a Alemania. O es el valor de las limusinas y custodios por dos días de representación elíptica (ya que, como candidata, no puede encarnar al estado en el exterior, como bien se lo hicieron saber los encargados del protocolo de los reyes de España). Medido así, el aparato difusor de palabras impresas resulta irrisorio, menos que frívolo, deslucido, condenado al fracaso. Porque, contra la belleza y glamour de una mujer poderosa, ¿qué libro se sostiene? Y al final, Sai tiene razón, la candidata erotiza y calienta, es otro tipo de feminidad, con prestancia y mano dura. No es una Eva más, ella tiene futuro. Ella, no es un librito en la mesa de luz, no guarda equivalencias con nada. Es, tautológica, único punto en que trata de ser Perón pero desde una estética Fashion TV.
Sigamos. Vayamos al genocidio toba que narró Mempo Giardinelli. ¿Qué mortajas lucen los cuerpos de los muertos de hambre? ¿Acaso de fino lino como las camisas de la candidata? ¿Por qué no una máquina expendedora de libros fundantes en dicha comunidad de “pueblos originarios” (seamos progresistas, nada de aborígenes)? Mejor aún: una máquina cada tres esquinas en el camino de la ribera, del lado de provincia, frente al autódromo de Buenos Aires, donde perros muertos, basura, mierda y orines, flotan por igual entre madres de ojos huecos y niños famélicos. Tamaño rol, asumido de esa manera radical, puede pensarse como revolucionario. Entonces, la Biblioteca Nacional sería gestora de una cultura de masas formadora de millones de hombres nuevos. Eso sí, peronistas nuevos, si sobreviven en el intento. Más allá del rédito político, me niego a creer que tanto ingenio difusor muera en un solo objeto mecánico. Sospecho que se trata de una avanzada ideológica de metódica urdimbre. Es, ni más ni menos, la inversión práctica de aquella consigna vetusta: zapatillas sí libros no. De ahora en más, tal vez, comiencen a florecer misteriosamente, en silencio, máquinas de libros mini. En baños públicos, paradas de colectivo, en las puertas de las bailantas, cerca de donde algún dealer vende paco. Totémica, inexpresiva, omnipresente, la expendedora taladrará las conciencias poblando de libros los pequeños círculos de la miseria humana. Y, por decantación, insistencia, un día, no muy lejano, será un país de zapatillas no libros sí. Pero cabe pensar para bien, para todo el bien de la comunidad organizada: ¿y si se trata de un acuerdo entre el Ministerio de Educación y el de Salud? Así, una vez instaladas las expendedoras, el segundo puede distribuir medicamentos genéricos a precios de oferta. O pastillas del último día, o jeringas descartables, bah, lo que fuera. Sería una forma dinámica de estar en contacto con las masas, sin tocarlas ni aproximarse en varios kilómetros. La movida magistral, que por un lado incentiva el regionalismo barrial y por otro, aleja el peligro de Puerto Madero. Pero sigamos, sin agotarnos, con alguna que otra licencia semántica.
Hay una cuestión que no se ha planteado aquí: ¿es función de la Biblioteca Nacional realizar contratos con editoriales para la edición y distribución de libros? ¿No tiene el Estado imprentas, camionetas, personal suficiente para realizar la tarea? ¿O el know how es más complicado que distribuir billetes o el mismísimo Boletín Oficial? Pero no. Existe una institución en la Biblioteca Nacional: primero memoria, luego encarnación de lo nativo, aquello que conforma la conciencia del pasado. Un pasado hecho documento que pesa como lastre (con todo lo que ello significa –frase por demás acaballada en el discurso electoral de la señora, en la cual es evidente que el todo nada significa en el ello). La decisión de salir a fundamentar con determinados textos (refrescar memoria, sostenerla, militar –militancia de- a las masas) supera el ámbito de lo cultural, resulta acto político de división territorial: lo que aquí ocurre es el pastiche de algunas ideas, es el revisionismo solapado, como trasvasamiento intergaláctico-temporal vienen a nosotros las palabras importantes que nos moldearon durante casi dos siglos. Esto habla sobre lo que el peronismo presiente de las palabras de sus contemporáneos, también críticos. Con tal de perdurar en el cargo, bien querrían colocarnos en cajas o compartimentos de una máquina expendedora de palabras pasadas, fundantes, pero para nada opositoras, inactuales ante el humillante estado de la población en general (con todo lo que ello significa, si es que el hambre tiene más de un significado como resultado político).
La Biblioteca Nacional, también, es una estructura burocrática, sindicalizada, administrativa, presupuestaria, donde existe una lucha interna expuesta como fractura en la conocida dimisión Tarcus. Es ahí donde el pasado hecho documento se activa como tesoro, o peor, como rehén político de las circunstancias partidarias. Simbólicamente, el acervo patrio está dentro de una máquina que, para representarse de manera amplia y popular, toma forma de expendedora automática de breves textos. En un sistema de tales jerarquías burocráticas, es lógico que un impulso joven, pleno de deseos altruistas, renovador del pensamiento polítiko, deba recurrir al emprendimiento privado para darse a conocer. A escala ínfima, el gesto maquinista de la Biblioteca Nacional es la consumación intelectual máxima que el peronismo asume como forma de hacer política: internet (blogs militantes), montonerismo regurgitado no violento, reparto de favores en la administración de los fondos del estado, agencias de publicidad, consultoras de marketing y comunicación, encuestadoras ad hoc, lobbistas; todo bajo el repulge grueso que aplica sobre la tradicional forma de hacer política de la mano del puntero, entre delincuente y delator, proxeneta de la falta ajena.
Si asumimos que la lectura -y el libro como objeto- es el alimento para el alma que la política del gobierno reconoce como elemental en el sujeto argentino, cabe preguntarnos qué “significa” (ya que está de moda el término, usémoslo) la desnutrición para el contenedor de tal espíritu. Y, si realmente la intención de la máquina es popular, por qué la mayoría de los destinatarios de su impronta carecen del mínimo sustento en calorías (sin tomar en cuenta que la ubicación de la misma es lejana a toda carencia), lo que hace pensar qué tipo de símbolo completa y por qué ocurre en este preciso momento de tensa abulia ideológica. ¿Qué hora reclama el peronismo? ¿La de los hornos? ¿Qué tipo de hornos? ¿O simplemente la hora maquinista de la reproducción de una lengua muerta? Siento, y esto es a título personal, una impresión sencilla, que la maquinola es la crítica involuntaria a la verdad peronoide: como mentira toma forma empírica y a la vez incongruente, impulsada como concreción de lo que hasta ayer era inimaginable, algo que es propio del movimiento. Sólo se trata de construir poder más allá de la política, pese a los hombres, siempre ignorantes de toda ética. El engendro mecánico, entonces, toma dimensiones de insulto estético, única respuesta del populismo embrutecedor.
Lo último que puedo hacer es imaginar una salida: que el país cambie para que existan máquinas de comida de excelente valor nutritivo, expendedoras gratuitas a disposición de la necesidad, en todas las esquinas, en todos los barrios, en todo el territorio. Sólo así, con lo básico asegurado, la integridad humana tendrá la paz de la lectura.

Comentarios (10 comentarios)
[…] Si asumimos que la lectura -y el libro como objeto- es el alimento para el alma que la política del gobierno reconoce como elemental en el sujeto argentino, cabe preguntarnos qué “significa” (ya que está de moda el término, usémoslo) la desnutrición para el contenedor de tal espíritu. Máquinas impúdicas. […]
mínimas / Octubre 18th, 2007, 11:45 am / #
[…] Al leer el artículo publicado hoy en Radar Libros, llamó mi atención el término utilizado por el cronista: “…Ezequiel Grimson, uno de los que dieron forma al proyecto y que no tarda en referirse a su secuaz Leopoldo Kulesz, el matemático de Ediciones del Zorzal…”. Convengamos que “secuaz” en este contexto no aplica felicidad a la frase, sino más bien pesadumbre. Sin ir muy lejos, obliga al interrogante: ¿por qué Ediciones del Zorzal editó los libros que contiene la máquina impúdica? Vínculos curriculares aquí y allá, dicen que Grimson y Kulesz (ambos hermanos), comparten puestos como docentes universitarios en Filosofía y Letras de la UBA. El primero es funcionario designado, según consta en documentación oficial, como Director de Música y Danza; cargo que no justifica qué hace editando libros junto a Horacio González en la Biblioteca Nacional. Pero supongamos que el gambito político todo lo puede y que allí debe estar por arte del enroque funcional. También llama la atención que la editorial de marras obtuviera beneficios extraordinarios por parte del Estado: “…tramitaron un subsidio oficial de 30.000 pesos que les permitió viajar a varias ferias internacionales”. Lo que quiere decir que la relación con las autoridades de la cultura oficialista ya estaba planteada, como campo propicio, antes de la aparición de la máquina bicentenaria. […]
Circunferencias de Puán « el fantasma / Octubre 21st, 2007, 9:59 am / #
Me parece, Fantasma, que estas haciendo pis un poco fuera de la pelela. A Grimson lo conozco de Puan porque fue profesor mio, y allá hay mas de 2000 y pico de docentes en casi 10 carreras distintas, y casi me juego a que no tiene ningun hermano que se llama Kulesz. De lo que si estoy seguro es que por lo menos desde el año pasado, Grimson ya no es más Director de Musica y Danza. Asi que, en vez de andar imaginando “gambitos y enroques” ¿por que mejor no chequeás tus fuentes y te informás como corresponde antes de hablar estupideces acerca gente que no conocés?. Te lo digo porque Grimson me pareció una persona con una excelente formación academica, lo cual en mi opinion casi excluye la posibilidad de que esté enganchado en cualquier pelotudez politica. Por ahi exagero, pero no me gusta la gente que pregunta ¿que hace un graduado de Puan editando libros en la Biblioteca Nacional?, como si el campo laboral que uno tiene en las carreras de humanidades (en mi caso, cuando me reciba) fuera tan amplio….
Gerardo / Octubre 22nd, 2007, 4:27 pm / #
Gerardo. Si pinchás en el link del comentario anterior al tuyo encontrarás toda la información respecto al vínculo que negás y que ambos -los Kulesz y Grimson- hacen público. Así que orino como corresponde, quedate tranquilo. Tampoco se trata de poner en duda la formación de tu profesor, sino que también encontrarás cuál es su concepto político de la cultura en el mismo link. Yo no sueño, solo percibo una realidad que postula interrogantes y no de la índole que vos retraducís. Lee con detenimiento todo lo expuesto y verás que el problema no es qué hace un licenciado de Puán editando libros, sino si es función de la BN hacerlo. Y por las vías que Grimson lo hace.
Ahora, si sos Grimson, no tenés cara.
El Fantasma / Octubre 22nd, 2007, 8:46 pm / #
ja, jaa!!!… te aseguro querido Fantasma que cierto cuatrimestre de mi vida habria sido mas comodo si yo fuera Grimson!!!. No te rindas a la paranoia: pasa que en tu comentario me chocó oir hablar mal de una persona que conozco, apelando a datos que hasta yo sé que son erroneos o discutibles, eso es todo. En primer lugar, lei tu articulo y el de radar. Hay cosas que sigo sin entender: en la carrera donde enseña Grimson (que es la mia) no hay ningún profesor que se llame Kulesz, de esto estoy casi seguro. No se si habra alguno de ese nombre en otra carrera de la Facultad, pero como te dije, hay 2000 y pico de docentes en Puan, lo que no significa que todos se conozcan. Es decir, que dos personas compartan un ambito de docencia puede ser una casualidad, sobre todo en Puan donde se dictan carreras tan distintas y hay tanta gente ¿no?.
Por otra parte, cuando te preguntas si “¿Pueden ser profesores de la UBA en actividad mientras cumplen función pública en otro organismo”, me imagino que debes saber que eso depende del cargo y la dedicación que tenga el profe en cuestión. Creo que un profesor no puede hacerlo si tiene una dedicación exclusiva. Hay miles de docentes universitarios que cumplen funciones profesionales en el Estado, y no puedo creer que en todos los casos eso sea incompatible. Yo no se como es esto en el caso de la gente de la que hablas, pero no veo que te hayas informado al respecto.
Lo que si es erroneo es que Grimson es Director de musica y Danza: no lo es desde hace año y medio al menos. Esto lo sé no solo porque me lo dijeron: si vas al sitio de la Secretaría de Cultura:
http://www.cultura.gov.ar/institucional/
vas a ver que la persona que figura en ese cargo es el “Prof. Eduardo Rodriguez Arguibel”, aunque no sé, tal vez se trate de Grimson disfrazado de otro señor.
A lo que me lleva todo esto es que tu critica parece bastante personal: si no te parece bien lo que hace Gonzalez, o Grimson o Fulano en la Biblioteca, está muy bien que lo expreses, pero me parece poco serio que no te tomes ni siquiera la molestia (yo sí lo hice) de averiguar datos minimos del prójimo acerca del que predicás. Eso le quita credibilidad a tu critica, aunque no te parezca.
GERARDO / Octubre 23rd, 2007, 4:22 am / #
Bueno, el link lo dice todo. Este es un bloguero K que se hace el justiciero. Igual, la pregunta queda vigente y Grimson resulta ínfimo, no más que un pequeño tornillo dentro del engranaje. Pero tiene un aire King Grimson. ¿No?
Das Mortes / Octubre 24th, 2007, 11:09 am / #
Volviendo, disculpen, ¿quién habla mal? Lo que yo hago es escribir, leer y comprender, comentar en consencuencia. Me parece que además de bloguero K, hace la del tero: chilla lejos del nido para que no lo ataquen.
Huele a podrido Dinamarca.
Das Mortes / Octubre 24th, 2007, 11:11 am / #
Está claro que “hablar mal” resulta preguntarse por qué. Sigo en lo mismo: ¿es función de la BN editar y difundir maquinalmente? El funcionario hace su función de acuerdo a una política, sobre ella pregunto. Las piezas no interesan sino lo que actúan.
Omar / Octubre 24th, 2007, 3:20 pm / #
[…] Las ideas están disponibles libremente. Además, el sistema capitalista no reconoce posesión sobre ellas salvo que estén ligadas con un sistema de reproducción y explotación. Pero, desde el mismo campo de la crítica que ocupamos (al fin, el blog tiene más gravedad en ello que en la exhibición de obras y estilos), la formulación de razonamientos está ligada a lo temporal. Tomás, lo mínimo y responsable es hacerse cargo de tu ubicación geográfrica en el mundo blog argentino (del que ufanás participar en cuanto evento cultural te involucra) y, al menos, citar la fuente del debate. No lo digo por este espacio, sino por Nación Apache. ¿Está claro el razonamiento o hay demasiados eufemismos? […]
Intertextualidad blogeril « el fantasma / Octubre 28th, 2007, 9:02 am / #
[…] Horacio González no tiene quien le escriba Por eso mismo, escribí en un blog a ver si soportás cinco minutos de feedback. Además, todos los blogs literarios van a sobrevivir a tu renuncia o despido, quedate tranquilo. En eso, tenemos la última sonrisa. Mientras tanto los pobres (quiénes sino) esperan las máquinas de sánguches de milanesa (y no de libros fundacionales), en todas las esquinas, en todos los lugares olvidados por políticos, notables y religiosos. Y otro dato, funcionario oficial: el que escribe está, tiene entidad, no es un desaparecido, sino un sujeto ambientado en espacio y tiempo. Ello significa que existe y no es anónimo, por si querés experimentar mi presencia “en vivo”. Y una última: Auliccino, lo tuyo y lo del ex socio de Chacón, es paupérrimo. ¿Cuánto por la rubia? ¿Y por la morena? (The Blues Brother Band, the film, escena en el restaurant, dicho por Belushi cuando trata de convencer al pianista que es mejor ser músico que maitre de los ricos.) […]
Horacio González no tiene quien le escriba « el fantasma / Diciembre 22nd, 2007, 12:16 am / #
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