Articulo

La vuelta del peronismo

t043dh02.jpgPor Diego Vecino

Aquí se debate literatura. Aquí se debate casi toda la literatura. Nos tiramos a casi todos los pozos y cometemos papelones radiales en ese afán atolondrado de adolescencia tácita, de amorfidad bloggeril. Bueno, queda claro que vamos a hablar de otro tema y espero poder resolver estos parrafitos dentro de los diez minutos que siguen así me puedo ir a leer y a dormir y a despertarme y a trabajar en condiciones normales de presión y temperatura, que es la única noción útil que me quedó del secundario.

Veinte centavos en la ranura

Horacio González, al que a esta altura ya quiero muchísimo, se las ingenió para perseverar en esa característica tan suya a la que yo llamo “peronismo ilustrado” e inventó junto a la muy buena editorial Del Zorzal (jóven y difusa, a diferencia de otras jóvenes y notorias, a fuerza de editar a Badiou, Bourdieu y Chomsky en textos políticos de coyuntura) una maquinita que te expende libritos ante el depósito en ranura (como decía Tuñón, si quiere ver la vida color de rosa…) de una simple y ridícula moneda de un peso. La consigna es: “comprese un libro y no se tome el bondi”. El ideal griego, cultive el cuerpo y cultive el alma. Es realmente notable, y para mi es una genialidad.

Hace 3 años el Radar ya aproximaba esta tendencia de poner libritos de entre 12 y 24 paginas en una máquina tipo golosina y ubicarlas en los baños públicos, las plazas, los boulevards y las ferreterías. En Europa ya se hacía. Y un poco con horror los chicos del cultural 12 interpretaban este gesto como otro mojón más en la pauperización y mercantilización burda y progresiva de ese objeto de trascendencias místicas que es el libro (“una cosa entre las cosas”, como dice Borges y cita mi amigo Ticher frente al micrófono): “…porque su orgullo apenas si soporta la cercanía de un disco o de un video”. El cambalache todavía esta vivo: “vi llorar la Biblia junto al Milka Mousse”, rezaría en la posmodernidad. Y hasta yo me sorprendo de lo bien que reemplacé las palabras.

Bueno, peronismo ilustrado decía yo; porque son libros pero a la vez son el gesto de acercarlos a todos. Por un peso usted se informa de Martí, de Groussac, de Sarmiento o de Mansilla. Y anuncian más textos. González, por su vocero Grimson –responsable del proyecto- dice que la expendedora del Bicentenario servirá para divulgar esos oscuros pedazos de texto y, en la idealidad ideal, hacer interesar al ocacional transeunte preocupado por las trivialides de la tarjeta de crédito, la cuota del garage y el colegio de los chicos a las formas más elementales y elevadas del saber. No de cualquier saber, sin embargo, sino de la teoría social latinoamericana porque, como dije ya dos veces, peronismo ilustrado. Un respiro de reflexión entre la marejada pedestre de la vida.

Psycho Killer ¿Qu’est que c’est?

El debate acá parece ser esa idea burguesa y occidental de que alguien que lee es preferible a alguien que no lee. Gastón Pauls le hace honor a su hermano y desde la tele en el metrovías nos dice, como si estuviese en la guerra de malvinas o en la 31 o en cualquier lado porque Gastón Pauls tiene siempre el mismo tono de voz, “enseñele a sus hijos a leer, no sea sonso”. Este debate aparece formulado muy recientemente en la columna de Tómas del diario Perfil y en su blog, consecuentemente. ¿Qué es un lector? ¿Qué es la literatura? Yo, claramente, no pude dejar de participar y le dejé un comentario. Pero ahora pienso que debería armar un post y dejar que todos los anónimos que nos bardean lo hagan también en esta oportunidad.

Pienso, por ejemplo, que yo leo un poco (no mucho tampoco, ustedes lo notan) y sin embargo eso no me ha hecho ni más imaginativo, ni más inteligente y ni siquiera me ha corregido la ortografía. Y que si la literatura no responde a esas tres razones digamos mercantiles o cuantitativas, que para qué sirve. Tomas cita a Aira en la entrevista que salió publicado en el Perfil también (la muy buena entrevista), en donde el ex-Opus Dei (es un chiste) dice que la literatura no sirve para un cuerno. Yo pienso que la literatura puede sacar a un pibe de la villa y depositarlo en la Universidad, a la vez que ni te hace inteligente, ni imaginativo ni más ductil a la hora de escribir como dice la Real Academia Española. Pienso a la vez que esa opinión, que la literatura no sirve para verga, es intencionada y sólo puede ser la de un tipo de clase media que podría haber vivido perfectamente sin literatura porque otras condiciones previas de su trayectoria social lo hubiesen permitido los destinos pedestres del contador, el licenciado en marketing o el diseñador de indumentaria. Entonces, ¿qué discutimos?.

Poética peronista

En efecto, yo creo que esta maquinola loca es un gesto hermoso de poética peronista. A la par, creo que es inutil en la facticidad dura: por supuesto que no va a cumplir su cometido ni a gran ni a pequeña escala. Nadie que vaya a meter un peso se va a interesar en la obra de Sarmiento por leer 24 paginas de Ejercicios populares de la lengua castellana a menos que estuviese interesado de mucho antes. Cosa que vuelve inútil a la máquina y al esfuerzo de producción en el fileteado y el decorado. Pero hay una cosa que sí hay que revindicar –y que por eso me parece que es un acto de poética peronista-; que es su efectividad simbólica. Porque además de las preguntas que puse como al pasar en el párrafo anterior la expendedora del Bicentenario nos permite pensar en otra batería de inquisiciones: ¿Sirve la divulgación? (y derivadas).

Y ustedes que pensaban que no ibamos a hablar del Che Guevara a cuarenta años de su muerte, se equivocaban, porque su figura –esas remeras, esas mochilas, esa “fiesta Che” que se anuncia en mi facultad- es la divulgación de la revolución, como Pigna es la divulgación de la historia argentina y como la máquina expendedora busca la popularización masiva de la alta literatura decimonónica latinoamericana (con todo, inaccesible a un lector contemporáneo que no lleva ya de antemano la pulsión o la pasión de la lectura). Poética peronista, la máquina de los libros en la Biblioteca Nacional, actualiza la “sociología del estaño” de la que hablaba Jauretche en los 50 y 60: se trata de sentarse en un bar y mirar. Sí, claro, usted también puede hacer sociología. Se sienta y mira y listo. Y dice algo. Un país de treinta y tres millones de directores técnicos avalan la eficacia de la técnica.

Parece que estoy hablando mal y me gustaría rectificar que no. Ese ideario peronista que provoca la desaparición de las fronteras, de todas las fronteras, y entre ellas de las que hay entre “alta cultura” y “cultura popular” (Panesi en Criticas, véase), es precioso y debe ser reinstaurado, violentamente si es necesario -y de eso se trata este blog-, pues produce esas formas dramáticas de relacionarse con el saber que en definitiva son decisiones vitales y que nos alejan satisfactoriamente de esa prepotencia académica que opina que para decir algo uno tiene que leer diez años, y otros diez para escribirlo; y se inscriben como parte de una voluntad genuinamente divulgadora y socializadora de aquellos objetos de uso exlusivo de determinadas clases para ejercer su pinche dominación y explotación a las clases desprovistas de todo.

Porque hay una divulgación buena y una mala. Y si la de la maquinola es la buena, la de Pigna y la del Che son las malas, pues son divulgaciones deliberadamente construidas no para despertar la duda, la cuestión, la pregunta que nos movilice en la búsqueda de contenidos constructivos y al intento de reflexionar críticamente, sino para vaciar de contenido, reducir e imponer una visión pedorra, monolítica y unívoca de lo que es la historia argentina (Moreno jacobino bueno, Roca genocida malo) y la revolución (buena pero pasada).

Y al final al final, fueron treinta minutos.

Comentarios (un comentario)

Alguien que no lee no cierra el círculo de la alfabetización: leer y escriir. Alguien que no lee no piensa. Y por leer entendamos en cualquier soporte: electrónico, papel o lo que sea. Y quien no lee, no habla correctamente, no expresa una idea con certeza, no se comunica. Las máquinas, cierto, pueden ser un acto inútil, pero son los únicos que valen la pena. Pongo en duda que una persona no incremente su creatividad o su inteligencia con el hecho de leer. Porque quien no lee pierde poder de análisis, de volver sobre un párrafo y captar al fin lo que encierra.
Totalmente de acuerdo en la caracterización de Pigna como pototipo de tantos lavadores de contenidos y simplificadores cerebrales. Si alguien acostumbra leer no caerá en la trampa de este señor de las infografías.
Hay que volver a leer, desmesuradamente, como quería Arlt, en desorden, desde el margen, como sea.
Y regresar a las polémicas, a la socialización y no al aislamiento, a los encuentros y no a los correos electrónicos o las llamadas, a no conformarse con cualquier frase de señalador, con los ringtones.
En resuen y siendo brutal: a coger y no masturbarse con la foto.
Un abarzo grande y gracias por aportar tus treinta de pensamientos en esta mañana lluviosa.
Ah, la nota que aporta Tabarovsky va en tu mismo sentido, como aquellas flecha.

Chau
Osvaldo

Osvaldo Croce / Octubre 12th, 2007, 11:47 am / #

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