Articulo

Sobre la comarca de Hugo Chávez II

QUEALGOQUEDA – Sustancia por allá, coñazos por aquí

Por Demalamadre
 
Antes no encontraba muchas respuestas al hacerme la pregunta: ¿para qué existen los estudiantes de Letras? Sólo se me ocurría elucubrar que estaban en el mundo para pelar bolas –con la excepción de aquellos nacidos en “cunas de oro”- y para dar clases en la Universidad a otros estudiantes de Letras –los más aventajados- o de Castellano –los más burros- en algún liceo público.

Pero esta vaina de la blogósfera (profe, ¿es válido el acento?) me amplió el entendimiento y me dio una visión más completa de esta especie.

Los estudiantes de Letras también existen para: a) querer ser escritores y, en consecuencia, ser ellos mismos objeto de estudio en un futuro no muy lejano; b) volver mierda a los colegas que quieran ser escritores y, en consecuencia, ser ellos mismos objeto de estudio en un futuro no muy lejano y c) también volver mierda a cualquier otro infeliz de su generación que sí haya podido pasar por escritor que esté comenzando a publicar o que no posea estatura de clásico de la literatura vernácula.

Ya había tenido una gran muestra de ese ánimo en este mismo blog a propósito de los comentarios sobre la antología que no es antología y que no es ni nuevo cuento venezolano ni son secretas las voces ni un carajo. Pero hace varios días alguien, un anónimo por supuesto, digamos que “depositó”, dejó caer aquí en demalamadre, lanzó ahí sin más ni más, sin hacer ningún comentario, un link que conduce a una discusión entre una carajita que acaba de ganar un premio por un cuento y su destripador personal que la despelleja por el simple “detallito”, por la pendejaita, de que uno de los jurados del premio es panita burda de la joven escribidora.

Pasé un rato leyendo el peo y la cocina de Gusteau se queda corta en cantidad de ratas y ratadas. Y lo ¿peor o lo mejor? es que la muchacha se mea en el asunto y hasta cuelga en su blog una foto de ella cachete a cachete con el miembro… del jurado.

Si quieren más detalles de la coñaza, vayan a darse una vuelta por esos espacios donde todos quieren ser escritores y se forman pandillas para frotarse las espaldas unos con otros y para cagarles el alma a los de los otros grupúsculos y al final darse todos contra todos amparados –como demalamadre- en la impunidad del anonimato.

Pero escribo de esto no porque me parezca la gran cosota. Realmente lo que me trae a este estercolero es haber estado leyendo la última edición de la revista Granta en la que se hace una selección de los escritores jóvenes más interesantes o prometedores de Estados Unidos. Coño, otra vez el imperio.

Puede uno encontrar ahí relatos o fragmentos inéditos de novelas y como en toda selección, hay cosas que te gustan y otras que no. Pero incluso las páginas más ladillas tienen algo que tristemente hay que decir que escasea entre los moradores de la comarquita local: sustancia.

Puede que no hagan gala de un estilo único o arrollador, también puede ser que ese estilo se pierda en la traducción, pero en conjunto todos me hicieron recordar una vaina que dijo David Lynch alguna vez sobre los elementos con los que se construye una buena película: una historia, la forma de contarla y “algo que se agita bajo la superficie”. Estos gringos del carajo lograron “eso”. O algo parecido a lo que quiso explicar el viejo Lynch.

Uno siente, hasta en el peor de esos relatos, que estos muchachos se están tomando esto muy en serio, que no se limitan a fantasear sobre borracheras ni a hacerse los intelectuales “folladores”, ni a escribir rápido y a los coñazos para publicar rápido y a los coñazos. Es eso, tienen sustancia, hay oficio, hay trabajo.

Y hago una aclaratoria. No le estoy lanzando una crítica disfrazada a la ganadora del premio ese. No he leído su cuento, ni tengo el libro que lo incluye. Lo único que he visto son dos o tres posts en los que da vueltas sobre sí misma escribiendo enratonada, aunque ella dice que tiene “resaca”. Eso es todo. Creo que lo que quiero decir, para no hacer más larga esta vaina, es que si más allá de las puñaladas traperas la envidia puede ser combustible para activar un motor, mis queridos pitoquitos, gástense los 40 mil que vale la puta Granta.

 

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