En Pro de un fútbol seguro
Por Leonardo Sai
En un sillón de masas.(1)
En uno de sus proféticos textos llamado “El Gran Re-aprendizaje” el maravilloso periodista y escritor Tom Wolfe hace referencia a ese segundo histórico donde la voluntad de determinadas sociedades, bajo el influjo de algunas bestias titánicas, se plantean la posibilidad de empezar todo de nuevo, el nuevo origen y punto de arranque de una esencia, de otro futuro. Es el extremo de la voluntad de dominio, la organización total, la crianza, la programación absoluta: el Nirvana de la política es la bomba nuclear. Es el momento donde la voluntad de poder ha sido lo suficientemente tenaz para someter al colectivo con la fuerza delirante de quien les propone la buena nueva: “Hagamos una Raza pura: Todo está en decadencia” “Este mundo, esta sociedad, esta política: ¡ya no sirven! ¡Hay que terminar de destruirlo todo! ¡Re-inventarlo todo de nuevo! Se desata la gran reforma, la dictadura, cualquiera que ésta sea. El Gran Paranoico, el Gran Pedagogo, decía Deleuze, ejecuta la decisión de un investimento reaccionario fascista del campo social. Es la carne del delirio colectivo. En su libro “Cultura y Sociedad” Herbert Marcuse explica cómo la teoría racional liberal de la sociedad, bajo el imperialismo (pasaje del capitalismo de libre competencia al monopolista) fusiona los elementos irracionales-totalitarios contenidos en ella con una concepción totalitaria del Estado. No se trataba de un ajuste ideológico, ni una adecuación de la superestructura, sino de una instrumentalidad táctica donde el todo aplasta a las partes bajo un delirio común: el hombre heroico, el caudillo carismático, el hombre nuevo, contra la pequeña felicidad, los pequeños fines, y el espíritu de almacenero. Este todo, esto es, la definición de lo que es una totalidad, no era otra cosa que el dominio que una clase, o un partido, le imponía a la sociedad entera. Todos los imperios de la historia en algún momento tienen al planeta en sus manos. El siglo XX, sin duda, lo soñó varias veces. Wolfe afirma que en Estados Unidos esta voluntad de poder había sido encarnada por los hippies.
Los hippies pretendían nada más y nada menos que “empezar todo desde cero”. Arremeter contra las reglas del pasado, hacer las cosas mejor. Wolfe enumera las reglas y restricciones contra las cuales lucharon los hippies, deliberadamente: la prohibición de usar el cepillo de diente de otra persona, dormir en cama ajena sin cambiar las sábanas, beber de la misma botella de la que habían bebido otras cinco personas, no fumarse el cigarrillo ajeno. La contribución americana al “comenzar desde cero” fue la Revolución Sexual. Para Wolfe, el Lenin de yanquilandia fue Wilhem Reich.
Quizás, lo que diferencia al pensamiento conservador del reaccionario y, obviamente, del revolucionario sea el escepticismo. Para un conservador, no se puede empezar todo de nuevo. Existe aquello que permanece, que insiste, que pulsiona, y que no es operable, ni reemplazable. No se modifica ni se extirpa. Lo inconsciente es un invento conceptual conservador con uso potencial revolucionario o reaccionario. La diferencia hace a las formas que tiene una sociedad de desear, de amar y de vivir. Todo muy lindo, sigamos.
Wolfe dice que el siglo XXI arranca allí donde el siglo XX demostró su fracaso: no hay nuevos comienzos, los campos de concentración en toda la tierra, la caída del Muro, son símbolos, monumentos, al colosal fracaso del intento de empezar de cero. Es el fin de la creencia de que una teoría, por más sólida que fuera, pueda vislumbrar la dirección (el sentido) de la historia. Sepelio de la Verdad. ¿Cuál será la imagen de un siglo así forjado? Un siglo marica, aniñado, de adultos con playstation. Un siglo retrógrado donde la gente de bien, contempla horrorizada, el siglo del Mal, aquellos años donde la humanidad tuvo “la prometeica insolencia de desafiar a los dioses”. Tom afirma que no tendremos la mínima tentación de imitar esa audacia de “empezar desde cero”. Nos cuenta que nos hundiremos tenazmente en nuestros sillones, agotados de Internet, mataremos el tiempo como viejas que bordan el pulóver del nene, satisfechos de vivir en “la resaca del siglo XX”.
En esta resaca, el pueblo, expulsado de las canchas, se cuelga del codificado para gritar gol desde el rancho.
El fútbol hecho country.
Varias veces se le ha propuesto a los argentinos “empezar todo de nuevo”. Para nosotros es el anuncio de un nuevo suicidio colectivo, la puesta en funcionamiento de una máquina de muerte. Incluso, para quienes tenemos menos de treinta, se ha vuelto una frase común.
Nuestro último cero es el 2001, ese desértico 2002. En este país, es un signo de pereza decir que hay que cambiarlo todo, que hay re-hacer toda la política, etc. Pereza y megalomanía sobran. Falta la voluntad de modificar, específicamente, algo. Nunca lo que se llama realidad se modifica en profundidad. Requiere coraje, inteligencia y decisión mejorar un pedacito de la sociedad. Cuando se habla de seguridad, las respuestas se pueden dividir en dos: los que piden más cárcel, lo que piden trabajo. Ambos piden justicia y seguridad, difiere, por estructura, que representa una cosa y otra para unos y para otros. Frente a un tema puntual, como la violencia en el fútbol, se reproduce lo mismo: lo que piden más trabajo (inclusión social, distribución de la riqueza, etc) y los que piden más policía, castigo, cárcel o fútbol cerrado. Quisiera hacer una pequeña crónica de este fútbol cerrado, este sueño tan pro de un fútbol sin hinchas, todos bien sentaditos en sus asientos. Como dice el ruso Verea “porque si el negro se sienta se transforma en blanco”. “Empezar desde cero” en el fútbol es el slogan de un fútbol seguro. Fútbol gorila, sin panza y sin chorizo: el fútbol de Bergoglio.
Hay una violencia que es específica del fútbol. No se trata de un ejercicio de sociología rápida sostenido en un reduccionismo a todo terreno que dice que “el riverboquismo es la expresión de la concentración social de la riqueza”. Así opinan los becarios del Conicet, hacen del fútbol una vivisección estructural, tiran la carne jugosa y relamen el viejo hueso de siempre. No se trata de una violencia que surge desde abajo sino de aquella que se diagrama, se ceba, se exacerba y se construye desde arriba, desde la AFA, desde los representantes del exitismo deportivo. Este proceso, esta política, desde arriba, no solo violentó al fútbol: idiotizo a su público. El proceso de confiscación del fútbol a las masas es monopolización mediática, perdida creciente de sociabilidad, cien años de clubes con historia tirados a la basura, sanidad y función social destruida: ¡La medalla de plata hay que arrancárselas del cuello! ¡Pisalo! ¡Pisalo! ¡Vos no ganaste nada! ¡Vos no hables! ¡Y vos, ¿quién sos?! ¡Vos no existís! ¿Qué hacemos si descendemos? Nos pegamos un tiro… En esta lógica, los clubes mientras más ganan más se descapitalizan porque más venden sus jugadores al exterior: el empresario se enriquece, el club quiebra. Entonces, hay que construir el semillero, la soja deportiva, la estructura de saqueo del monocultivo futbolístico. Los clubes gerenciados, en proceso de convocatoria o a punto de quebrar, por un lado. Los negociados absolutos del fútbol tevé, por el otro. Y la masa idiotizada en espera de su nuevo domingo para robarse un trapo y hacerle saber al otro cuanto más aguante tiene. Entonces, Almirante Brown de San Justo y Estudiantes de Caseros juegan su final sin gente, a puertas cerradas… ¡en Junin!
Como afirmaba, recientemente, el Ruso Verea en una entrevista que le hacía Alejandro Horowicz para su programa de radio “60 watts en el país”(2) (entrevista en la cual se basa este escrito) “ir a la cancha a ver a Chacarita significaba que tu viejo te decía: Estamos por acá, vamos por allá, esta es la parada del tren, tenés que tomar el subte tal, el colectivo tal, estamos llegando por… son cosas que te servían en tu vida cotidiana” Los antropólogos llaman a esto exogamia. Nuestro incestuoso fútbol, sin visitantes, vuelve real una metáfora: aquella que designa a las tribus de unas urbes con policía propia.
De las 25 mil personas que hacen del fútbol la fiesta que es, menos de mil energúmenos le dan a la policía lo que ésta necesita para legitimar su corrupta existencia. El fútbol, sentadito, seguro, mediatizado, no es otra cosa que su confiscación, la expulsión del pueblo de las canchas, la devastación de un proceso vital y sano de socialización. Fútbol endogámico. Empobrecimiento cultural.
Al hacer política con el estigma de los pibes chorros —imaginariamente confundidos con los llamados barrasbravas bajo el modo de la raza— con el cual la degradada institución policial legitima su funcionamiento corrupto, al responsabilizar a unos clubes empobrecidos y saqueados porque “no poseen butacas”, al encubrir la relación que barrabravas, intendentes, policía y empresarios (ver entrevista con Ricardo Ragendorfer en este blog) sostienen, se ha podido inventar, vender el escenario de unas turbas salvajes que no aceptan los buenos modos del fútbol inglés, donde la única solución posible es el muro cerrado, el fútbol country. No es otra cosa que el continuo de una sistemática política de abandono donde el último botín ya no es el disfrute del juego (porque lo perdimos) sino las alegrías del pueblo.
(1) “… en realidad Hitler no fue sino el producto inconfundible de una figura inventada según un modelo de proyección horizontal y mediático-masivo… nos queda por reconocer su figura como portadora de una función que también a seguido subsistiendo de un modo particular después de que la antigua descarga política volviera a encauzarse por otros medios: por las vías del entretenimiento apolítico orientado a la disposición afectiva de las democracias liberales de masas”. El desprecio de las masas. Peter Sloterdijk.
(2) “60 watts en el país”. Fm Identidad 92.1, lunes, miércoles, jueves, de 23hs a 1AM

Comentarios (3 comentarios)
Es muy acertado lo que decís con respecto al fútbol mediatizado. Cuando uno lo piensa, se da cuenta de que el producto que se presenta en la tele reduce el deporte a una serie de money shots – los goles, repetidos ad infinitum – y ahora, más y más, la violencia en las tribunas. Mientras el hockey sobre hielo se ha convertido en un producto sumamente rentable en Norteamérica al esposar la técnica del juego con los sopapos, hay una división por lo general más nítida en el fútbol latinoamericano. Una división de labor entre los jugadores y los barrabravas que les conviene a los medio y, a su vez, los exportadores que son los dirigentes de los clubes, que no pueden depender de la consistencia del espectáculo deportivo ni del vínculo afectivo (por lo ilusorio que fuera) entre el crack y el público.
Brandán / Agosto 17th, 2007, 2:50 pm / #
Estuvo muy acertado finalizar el artículo haciendo referencia a Hitler, su figura política y su implicancia me rondaron la mente en varias ocasiones mientras leia.
El tiempo no pasa en vano…y por tal no kiero decir q necesariamente hayamos aprendido algo. Hoy el autoritarismo y la tirania que experimentamos cotidianamente son mas complejas, menos obvias, mas sutiles. Evidentemente el monstruo nunca se fue…ni sikiera estuvo dormido, creció…evolucionó…fue a la facultad y aprendio…ahora sabe marketing, publicidad y rrpp…y lo aplica.
Claudia / Diciembre 13th, 2007, 12:38 am / #
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werutzb / Octubre 7th, 2008, 11:58 pm / #
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