Articulo

La democratización de las imágenes

Niel.jpgPor Gustavo Nielsen 

Aunque parte del discurso del arquitecto Adolf Loos, así como parte del discurso moderno de principio de siglo pasado, está perimido (tanto como lo está el de Sigmund Freud, y sin embargo…) voy a referirme otra vez a una de sus notas aparecidas en Neue Freie Presse el 12 de junio de 1898. Se titula Die Interieurs in der Rotunde, y se trata de la descripción de la Casa Foa de aquellos tiempos.

Loos describe la habitación del arquitecto vienés Otto Wagner, con sus sillas griegas y sillones de la secesión, y afirma que en esa habitación solamente podría estar cómodo don Otto. Ni una visita, podría acomodarse. Loos, que en algún momento de su vida artística se manifestó en contra de los pavos rellenos de todo tipo de exquisiteces abundantes en crema, hongos y condimentos, con la simple frase “yo como roast beef”, dice en esa nota: “¿Qué es estilo? Algo que difícilmente se deja definir. En mi opinión, la mejor respuesta a la pregunta la encontró cierta ama de casa. Si sobre la mesita de luz hay una cabeza de león y esa cabeza de león está también sobre el sofá, sobre el armario, sobre las camas, sobre las butacas, sobre la pileta del baño, y sobre todos los objetos de tu habitación, entonces esa habitación se dice que es de estilo.” A continuación, Loos se dirige a los industriales de la época con sabiduría y desenfreno: “¿No han contribuido ustedes a llevar una opinión equivocada al pueblo vienés? Por ustedes una columna, un pomo, una balaustrada siempre fue encajada a la fuerza en todos los muebles, a veces alargada, a veces ensanchada, a veces estrechada.”

Unos años más tarde, en la primera década del siglo siguiente, el célebre Le Corbusier participaría de un concurso internacional para la sede de los Soviets junto a su socio Pierre Jennearet. La experiencia está documentada en su libro “Hacia una arquitectura”.  Le Corbusier muestra, como apéndice de su enérgico manifiesto, el proyecto que envió. Un edificio de líneas vanguardistas y netas, sin ornamento alguno, claramente moderno. Pero explica que perdieron el concurso. Y agrega, con infinito desprecio: “esto es lo que ganó”. Y publica la fachada del horrendo proyecto academicista del primer premio, que obtuvo alguien del Partido Comunista.

Siempre admiré los ojos futuristas de Loos y de Le Corbusier. ¿Cómo hicieron para darse cuenta de que venía otra cosa? ¡Loos escribe antes de 1900!

Haga la prueba: especule sobre lo que vendrá, la estética del mañana. Lo único que puedo decirle es que será inmaterial y democrática. Inmaterial porque toda la técnica apunta a ello: cada cosa que sale es más chiquita o puede serlo, sencillamente. Todo tiende a desaparecer. Y democrática porque la técnica misma se ha democratizado.

La técnica dicta la estética del futuro de ahora.
Imágenes y pastillas

Pensemos solamente en la fotografía: antes había que entregarle las fotos a un laboratorio para que dictaminara mediante procesos mágicos (el revelado, el copiado) si nosotros éramos aptos para ese arte, y si las tomas que obtuvimos por nuestro mero deseo habían salido o no. Para el lego, el laboratorio cumplía la labor del ocultista. Todo el proceso llevaba un tiempo y un saber, y equipos.  Digamos, 24 horas, un técnico, unos extraños líquidos. A la salida, el técnico recomendaba hacer un curso para poder mejorar.
 
Las certezas técnicas siempre han sido utilizadas por la humanidad para producir oscurantismo. “Conozco la carqueja que le va a quitar el dolor de estómago, pero no le doy la fórmula a nadie, me interno solo en el bosque, como el druida de Asterix, y salgo con la hierba cortada y mezclada”. Tome esto, adiós dolor. Entre pecho y espalda, pastillas Valda.

Ahora existe la fotografía digital. No sólo la puedo ver ya mismo, sino que puedo corregir todos los errores sin recurrir a un especialista. O sea, puedo aprender gratis y en soledad de la misma práctica: saco las fotos que quiero del asunto que quiero, total no me cuesta nada, y tengo de antemano, en el caso de que quiera hacer una copia, la certeza de que la toma estará bien hecha. ¿No es esto democracia?

Para predisponerlos a lo que vendrá podría agregar que actualmente este tema de la técnica democrática ha contaminado hasta la misma salud. No me va a decir que usted no sabe cuáles son los ingredientes con que está fabricado el remedio que toma. Cuando yo era chico, esta información la sabían solamente los médicos o los familiares de los médicos que manejaban el Vademécum, biblia sagrada. Y secreta. Ahora los remedios se piden por la droga, lo que también hace que podamos elegir el precio más barato. La droga Loratadina, un medicamento contra la alergia, se vende bajo diez nombres distintos, y vale desde cinco pesos hasta treinta y cinco. Igual posología, igual cantidad. La democratización de la técnica nos abarata la vida, permitiendo que no nos engañen.
 

Grecia, Hollywood y nosotros los pobres

En realidad, al decir democratización de las artes estoy haciendo una analogía con el concepto griego de democracia. La capacidad de producción técnica de hoy está entre nosotros, pero para poder tener uso de esa capacidad se necesita, concretamente, ser “usuario”. Usar Windows, Internet, cámaras digitales. La producción audiovisual contemporánea implica utilizar una serie de símbolos, saber usar esos símbolos. O sea: es una democracia que no es de todos, sino que sigue perteneciendo a una elite. Nosotros somos los atenienses; en este caso sí hay una democracia audiovisual. Puede que los sectores más humildes y los piqueteros no accedan.

Es cierto que los sectores más humildes han recogido el concepto de Warhol de los 15 minutos de fama. La quema de gomas que hace un piquetero tiene por objeto crear una columna de humo negro, fácil de divisar en el contexto urbano o suburbano. Ellos son conscientes que la reacción de los noticiarios de la televisión tiene conexión con las radios policiales, entonces el tumulto sale por la pantalla como si fuera un accidente grave. Las cámaras llegan. La quema de llantas es un modo sencillo de llamar a la televisión. El que sufre es absolutamente consciente de que ese es el único momento que tiene para que sus reclamos sean escuchados. Reclamos desoídos, por otra parte, en los Ministerios y Municipios. El primer paso es la TV. “Tenemos hambre”, “no nos pagan el sueldo”, “hace dos meses que estamos sin luz”. La TV no descubre al pobre, es el pobre quien la llama. Los pobres no son el público que le conviene a la TV porque no son un sector de consumo. El piquetero, el que quema gomas, no es un consumidor. El que está todo el día en el fregadero, no quiere encender la TV para ver alguien en el fregadero. Por eso la TV ofrece otra clase de productos: “Soy gitano”, “Resistiré”. Conceptos rarísimos. La TV aprendió eso del cine. “Soy gitano” convive con el pasamontañas y el fierro. Los sectores humildes se hicieron conscientes desde los ‘80 de que, si no están presentes en los medios, son boleta.

Los reality también forman parte de este concepto. La ilusión mediática, el espacio de conciencia mediática, es muy fuerte. Siempre hacemos chistes sobre los porteros que hablan como policías y dicen “se presentó un masculino”, o contestan “negativo” a cualquier pregunta. Ese tipo está inscripto en el discurso de los medios. Imita el lenguaje de la TV.

Y lo que es más increíble: la gente tiene todo esto en claro según la narrativa hollywoodense, que dice “vamos a presentar el ámbito, como concepto heredado del teatro, después la época y último los presonajes”. Adónde, cuándo, quiénes. Eso es lo que enseguida se recibe en los noticieros. Lo que se preocupa de informarte el quema goma afectado por la conciencia mediática: te llevo hasta el lugar, “seguime, Cacho”, hasta que llego al evento mismo, preparado para mediatizar. Ese evento que no sabemos si iba a acontecer de todas maneras…

En cuanto a los atenienses, el cambio fundamental es la instantaneidad en la producción de las imágenes.
Cámaras e ideología

El oscurantismo de brujo se traduce a toda la gran industria que se levantó alrededor de Hollywood.

El hombre común no tenía que superar solamente la decodificación del lenguaje del arte, sino una serie de artilugios técnicos y mecánicos, fenómenos físicos, químicos, comprensión de dispositivos, utilización de palabras comunes a una industria. La producción audiovisual de entonces estaba lejos del hombre común. Aquí es donde se inserta la capacidad de bajar línea: hay un holding industrial-empresarial al que no puede acceder el hombre común, o solamente lo puede hacer como técnico especializado en uno de los ítems, desconociendo el resto. La industria está marcando, de esta manera, el lenguaje destinado a narrar con instrumentos especiales. Hay una asociación directa al diafragma 5,6 con una forma de ver la imagen. “El dispositivo es ideológico”, dice Luis Campos, un importante videasta de Buenos Aires.

No es un hecho disparatado pensar, por este camino, que la producción instantánea de la imagen es, en cierto modo, una democratización de la imagen. ¿Por qué? La aparición del video nos da la constatación inmediata de que la imagen está bien, de que la imagen es la que buscábamos. A partir del Super 8 hay una cantidad de chismes técnicos que convierten las cámaras en automáticas. Aunque todavía existía un tiempo de revelado entre la producción y la visualización de esa producción, ya había automatismos, con un 80% de posibilidades de que si hago lo que el manual dice –un manual de 20 líneas-, sale todo bien. Filmar en Super 8 en automático, entonces, fue algo posible para el lego. El video mejora aún más esta propuesta. El video dice: “la imagen está bien, la estás viendo”. Entonces, se acabó el oscurantismo.
¿Por qué tener que ver las cosas como lo dice la Empresa? Ahí comienza la rebeldía. “Grabé esta peliculita y se entiende. Mi hermana, mi hijo, mi abuela lo entiende. Mi amigo, mi vecino, mis padres lo entienden. Por eso voy a seguir grabando imágenes a mi modo, como yo quiero y no como dice la Industria”. ¿Por qué tiene que haber planteo, nudo, desenlace? ¿Por qué aquí debe ir esto y no esto otro? La narrativa hoolywoodense especifica a cuántos minutos del comienzo debe haber un golpe de efecto, un tiro, un beso. Los yanquis midieron este tiempo psicológico absurdo.
¿Pastillas Valda del arte? Desde ahora, exigiremos siempre el nombre de la droga. En la nueva democracia las cosas empezarán a hacerse como los usuarios queremos.

 

Comentarios (2 comentarios)

Gustavo, tu artículo sobre Democratización de las imágenes puede extenderse a la radio, que gracias a los cientos de emisoras de frecuencia modulada permitieron el ejercicio de la creatividad de muchísimas personas a las cuales les estaba vedado ese terreno. Quien quería ser locutor tenía el oscurantismo del ISER y solamente con influencias o con la plata para viajar hasta el COSAL podía graduarse. Hoy, existen programas y voces de toda laya. Si, podemos decir que muchas son espantosas y mediocres, pero es el precio de la democratización: hay varios ejemplos de excelentes voces que antes hubieran sido frustrados ciudadanos. En cuanto a los programas, al principio se copiaban de la estética de las FM comerciales (hermosas voces de locutoras y locutores lobotomizados, música para sala de espera o paga por las grabadoras) pero ya están en el aire de barrios y pequeñas localidades algunas audiciones (palabra muy vieja) que merecen destacarse por su ingenio y calidad. Y la música de cada lugar comienza a ser grabada en CD y difundida sin filtro de ninguna empresa.

Con Armando sostenemos que el diario es el pueblo de la literatura. Si miles de aspirantes a escritores, en lugar de publicar costosos libros que no son más que borradores y negocios de mercaderes tipo Dunken, por citar un nombre, inundan los diarios de sus ciudades con creaciones propias, tendremos de a poco el terreno para que surjan los talentos de la letra. Y al ver editados sus escritos, estos semejantes podrán corregir, corregirse, sacarse las ganas o desarrollar una carrera. Cuando estén con el convencimiento suficiente y la obra justa, vendrá el libro. El blog, a medida que Internet se haga masivo, será otra herramienta muy apta para abrir el juego de la escritura a todos.

Vamos con el hermoso ejercicio de desalambrar el arte, de abrir las ventanas a todos, sin desconfianza por lo deforme, lo espantoso o lo vacío. Es el abono para que salga lo bueno. Si no hay miles de jugadores de 4, 5 y 6 puntos, jamás aparecerán Bochini, Alonso, Marangoni, Messi, ni mucho menos Maradona.

Un abrazo. Tu artículo será difundido.

Osvaldo Croce y Armando Borgeaud
(dos que escriben en diarios de Zárate y Campana)

Osvaldo Croce/Armand Borgeaud / Julio 27th, 2007, 10:58 am / #

Coincido con tu comentario, aunque no sabía lo de las radios, sí, parece tratarse de lo mismo. Gracias. Un abrazo. Gus.

Gusnielsen / Julio 30th, 2007, 6:36 pm / #

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