Articulo

La isla del Dr. Michel

Por Martín De Ambrosio

[Una reflexión en torno a La posibilidad de una isla de Michel Houellebecq, Alfaguara, 2005]

Acabo de terminar de leer La posibilidad de una isla, la última novela del francés Michel Houellebecq. En principio, es extraña la insistencia del bueno de Houellebecq en la creación de tramas en las que agrega sin que vengan mucho a cuento elementos de ciencia ficción (ya lo hizo sin suerte en Las partículas elementales), cuando su fuerte no es precisamente escaparse de la sociedad posmoderna al estilo europeo, sino más bien meterse directamente en esa mierda sin futuro. Sus novelas resultan interesantes allí donde no son ciencia ficción. Es decir, en medio de clones y neohumanos, finalmente lo que importa es el diagnóstico sobre lo que podría llamarse actualidad.
Algo que suele decirse de la ciencia ficción (“siempre está hablando del presente aunque no lo notemos”) es más alevoso todavía en este autor. En definitiva, y aunque todo depende de cómo funciona el verosímil en cada lector, a Bradbury le creemos que estamos en Marte mientras que con Houellebecq nunca salimos de Francia.
Pasando ese detalle por alto, hay que decir que su personaje –el estricto narrador en primera persona, ahora apenas si desdoblado en clones y miles de años– es siempre el mismo en sus cuatro novelas. Un hombre aburrido, hastiado, misántropo, agudo y un poco amoral, cuya más alta expresión sigue siendo el gris “Michel” de Plataforma, brillante opus 3 de Houellebecq. Todos ellos entreven lo que ahora se llama la posibilidad de una isla, de alguna razón para estar vivos, de un atisbo de felicidad. Y para todos es el amor hacia una mujer de sexo generoso.
Los personajes tienen esa deliberada forma sexual de ejercer el nihilismo, que supongo que el retorcido eunuco de Nietzsche no permitiría.
En Plataforma, todo se acaba luego de que ella muere en un atentado fundamentalista (un golpe bajo que podemos pasar por alto, y que le valió al autor hasta una querella en Tribunales por la frasecilla “el Islam es la religión más estúpida del mundo” y otras por el estilo). En La posibilidad… ella es mucho más joven que él y no duda en irse a los Estados Unidos o en dejarlo afuera de las orgías. Ante el abandono, los hombres de ambas novelas se dejan morir.
La otra parte de la trama, con evidentes alusiones a la secta de Raël, podemos dejarla de lado. Lo mismo que el enigmático final (no creo que Houellebecq haya leído Runa de Fogwill ni Plop de Rafael Pinedo, aunque parece imitarlos) que, además, si bien adolece de los mismos problemas antes comentados, no deja de tener alguna gracia.
En breve: gracias Houllebecq por una nueva buena novela, pero la fórmula creo que se está agotando, sobre todo luego de llegar a ese punto cúlmine que se llama Plataforma, quizás la mejor novela del siglo XXI. Para más adelante, ¿tendrás algo nuevo preparado para nosotros o seguirán infinitas variaciones (que igualmente leeremos) sobre lo mismo?

Comentarios (un comentario)

me parece injusta su opinión acerca de lo que hace houellebecq con la CF. Este es uno de los puntos álgidos de las partículas elementales y de La posibilidad de una isla. Me parece extraño que no valore usted esa últma parte de la novela, en la que Daniel 24 viaja hacia la nada, y termina su perioplo en aquel mar desperdigado y triste. Es ciencia ficción y alta, es decir, filosófica y poética. POr otro lado, Las partículas….solo sería una buena novela sino no tuviera esa última parte en la que esos seres descendientes de los huimanos dedican el libro “a los hombres” , esta úñltima parte, esta reflexión final que justifica todo el libro (así como el final de los Detecties salvajes está justíficado por ese juego de formas… si no el libro podría durar pàtra siempre) es lo que la hace la obra maestra del siglo 21, junto con Plataforma , claro está y con La posibilidad…,. , por cierto.

Juan Araneda / Abril 23rd, 2008, 3:07 am / #

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