Por qué voté en blanco
Por Raúl García Luna
Personalicemos. Sin dictar cátedra ni excusarnos por nuestros actos. Porque es nuestro constitucional derecho. Pero antes que nada, dejemos en claro que esto fue escrito antes de la elección del domingo 24 de junio de 2007 a gobernador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Votación que, dicen los que saben, influirá decisivamente en las presidenciales de octubre. Y por Dios –aun sin ser creyente–, para este arbitrario escriba, “octubre” será por siempre otros octubres: la Revolución Rusa y aquel 17 del ’45 en que los “cabecitas” se mojaron los pieses –así se dice cuando son muchos pies– en la Plaza de Mayo. Octubres que cambiaron la Historia, claro. Avanti…
En estos días, ando “fusilado” por mails de colegas & amigos “progres” que pretenden asegurarse mi voto por Filmus –a quien respeto y estimo más allá de parecerme un inocuo alfil en el tablero institucional– para frenar el avance de un Macri meramente “macrista”, vale decir: gorilón, hueco, bruto, falso, mercachifle, retrógrado y neoliberal al fin. De acuerdo: lo es, y lo será desde el lunes 25 o cuando el dolape Telerman le ceda el cargo, acaso libre de déficits y lágrimas de “afrancesado” malquerido por el gobierno y el pueblo. Punto seguido. No me gusta: sé quién es Macri, y que miles de “televotantes” lo avalarán en su “despolitizado” afán de que “se vayan todos” (?), sin medir las consecuencias. Una lástima.
Pero yo a Filmus no lo voto. “¿Por qué, compatriota? ¿No ve que así propicia justo lo que no le gusta? ¿No entiende que las ofertas son dos, y chau pichi? ¿O es un apátrida, un nihilista, un ‘bolche’, usted?” Eso me dicen, y uno se mata “explicando” –misión imposible, pues cuando los “buenos” piden, lo hacen “de corazón”– por qué no está dispuesto a “comprar lo que hay”. Y contesta uno, por ejemplo: “Le agradezco el estímulo cívico y me quedo tranquilo, porque respeto por qué brega usted. Créame que a mis familiares y amigos les aconsejo votar ‘en positivo’… aunque yo me niegue. Raro, pero admisible. Y con eso tengo bastante, psé. Lo recomendé cuando Cámpora, Alfonsín y hasta la Alianza… aun predicando lo que no hice. Y así nos fue. Ya sé que a veces –excepcionalmente– cantidad es calidad… pero lo mío, ya lo he dicho: yo… no puedo. Mis muertos no murieron por tan poca cosa. Y siguen vivos, con el puño en alto, esperando. Infecundo en términos ‘democráticos’ –touché–, pero siempre soñando su hora. Que llegará tarde o temprano… o no. ¿Y qué? Si no apostáramos a eso, sólo seríamos otros auténticos desmemoriados, traidores a una ética más profunda. Y punto: no se culpe a nadie y a fracasar, que triunfar triunfan los triunfalistas… y así las cosas, es más digno perder. ¿Feo, inútil, egoísta? Tiene razón, compañero: soy un lírico. Pero sepa que me duele, y no gozo… ni aflojo. Y que el resto es amistad & buena leche, ojos bien abiertos & terca ‘nostalgia del futuro’. Un abrazo y hasta el puto lunes, joder. Así habló el poeta mal mirado, el ‘idiota útil’, el ‘superado’, etc.”
Desde luego, nada de todo esto tiene por qué ser respetable ni un dechado de virtud, patada al tablero ni ardiente cruzada tipo Brancaleone en aras de dirimir quién es “il vero santo Papa”. Todo lo contrario –o viceversa, diría el finado Ubaldini–, sólo manifiesta hoy, viernes 22 de junio, en una Capital con lluvia y amenaza de granizo, la pesadumbre de buena parte de los votantes del domingo 24, obligados a elegir el “mal menor”, lo aún poco conocido o lo “conveniente” en términos de un antimacrismo bien fundado en su ruin menemismo, su “bostera” moral de la mera ganancia y su peligroso mensaje “de pro”: empresarios al poder, consigna de los que vendieron el país y en otros lares –¿cabe aclarar: Estados Unidos, Inglaterra, Francia?– medran precisamente en base a lo que no hicieron los “demócratas” precedentes. Cuando Marx o Lenín –perdón, ¿eh?– se referían a “las tareas democráticas incumplidas”, sabían lo que decían. Y lo que decían era algo así como: “Guarda, viejo, que si don Hipólito, o el General, o Alfonso, o el Chacho, no hacen lo que tienen que hacer… vuelven los de siempre, carajo”. Y en eso estamos. ¿O no?

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