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La cifra inconclusa

Por Omar Genovese

(A propósito de la justificación de Sergio Di Nucci.)
 
Explicar un libro es como explicar la nada: el intento se aborta de inmediato. ¿Para qué escribir un libro si tan luego debo explicarlo? La obra con guía de lectura, estancos del pensamiento: todos los cerebros deben unificarse. Sugerencias de un chef que no supo con qué gusto sazonar. O, convencido de haber escrito la obra cumbre de la literatura argentina, hacer el guiño (morisqueta sutil, un tanto insípida) cuasi lacaniano: en mi estilo está la clave, acólitos piensen, deduzcan. Nada para explicar, o una teoría salvaje de la nada, y para ello el recurso de la copia, cruenta.
Pensar lleva tiempo, todo el tiempo. Quien está exento es que su tarea no es pensar: pico y pala, ladrillo y cemento. Trabajo manual o trabajo intelectual (¿trabajo?). No es necesario pensar para construir, por eso la lógica de la geometría, el saber de la experiencia en acto. Otra cosa es la dignidad de quien trabaja: ya sabemos lo que pasa cuando se quiere ser obrera textil para llegar a secretaria de sindicato. Pero aquí se abre el abismo del simplismo marxista: ¿es necesario el trabajo en sí? ¿Por qué morir produciendo lo que a las claras apenas satisface? Mutación de esclavos. Viva la pereza, o la simulación inteligente de la utilidad de lo que se hace. Re Presentación. Vuelta atrás, valoro lo que resulta invalorable, porque lo escrito no puede ser leído como original, ni como homenaje, omisión de la cita referente. Por intención misteriosa, superlativa, Laforet es una carta marcada para felicidad del lector ideal. Morales-Di Nucci ha supuesto un lector-amante de la novela des-premiada, ése que no estuvo en el jurado, ése que aún sigue buscando. No sean injustos, lean como se debe. O pasa lo que pasa, el malentendido.
Bruno Díaz es Bruce Wayne, y los dos son el súper héroe, donación de manzana mediante. Pero Morales parece traducirse en Di Nucci, hasta ocupar su lugar, amparándose en el intercambio dice de sí que hubo un plan, político. Disfrazarse de tonto digno para ser justiciero. Por eso primero el sueño, la confusión del no estar vigilante. Hay, tal vez, un mandato inconsciente, algo que proviene del borroneado pasado genético de la repetición del descanso. Porque antes de soñar se debe trabajar, pensar, escribir, todo a la vez. Gran esfuerzo. Y en eso está lo digno, aunque no parezca. Los pareceres son importantes: cuando leemos “parece” que está Laforet escaldada tal cual sus líneas originales, pero no es así, no. Se trató de un pre-moldeado, de una casa prefabricada barata, aquellas que crearon la ilusión de hogar pese al trabajo que todo condena. Cubil de intimidad pobre, Bolivia C (así, como Belgrano C) “se” justifica entera hacia el final (¿todo final, aunque indigno, nos justifica?): los anagramas fáciles acuden. Nombre por nombre, como fórmula sencilla, el uno a uno que señalara Sai. Sí, ahí está la piedra de toque, la carta, robada. Fusión de identidades, fracaso del personaje y su inventor (a esta altura nadie cree en algo inventado, sino al menos evocado con fulgor): el texto es tan funcional, invaginándose, introspectivo, que hace falta explicar la inclusión de un valor intangible, la misma Nada. Otra vez misterio, el poder de la iluminación intencional del saber para un fin supremo. BC no es un libro sagrado, pero BM-DN así lo pretende en su dualidad incansable. Dos novelas, dos autores, dos referentes “católicos”, pues él no ha hecho otra cosa que buscar, finalmente, un amparo en el perdón de las buenas conciencias. Tanto de aquellas que han leído el libro desbocado (el copiado) -para las que el fin ha justificado el medio-, como para aquellas que entienden tan elaborado recurso creativo como imprescindible. El efecto de extrañeza es burdo. Tan burdo que, sin intención, sin mala intención sino política, el texto evocado resulta igual a sí mismo. Puede que el sueño recurrente haya plasmado su mensaje, a lo sumo, involuntario.
Por último (es que la vigilia de la estupidez no puede sacarnos más tiempo), BM-DN-Batman habla de su libro como de una obra de arte. Supone que su arte (más allá de tal obra) es tan sutil, tan logrado, tan (cómo seguir el razonamiento sin emocionarme hasta las lágrimas, ante tanta incomprensión de mi escueta mente de lector) filosófico…, que han pasado siglos sin reconocerse éditos valiosos como él.
Estamos en una época oscura, donde los libros corren riesgo de omisión, de convertirse en datos cifrados para una tecnología de minorías. Esperemos que exista un gran bibliotecario de la inmensidad guardando obras como ésta, a la vez que redactando el catálogo imprescindible (ubicación, tomo, número). Es que aún no ha nacido el lector de BC. Lo esperamos, como un Mesías justo. Pero primero trabajo y dignidad, pues para el fin no alcanza la palabra, por eso se encienden las luces de la sala. Debemos, literalmente, irnos de allí. Y en el vacío, en la incomprensión de los lectores, lo que se vino a explicar resulta inaprensible. Tal vez en dos siglos más el mundo sea otro, y el iluminado sea leído como el Profeta Literario Argentino. Y habrá justicia en el aire, habrá memoria, homenaje, premio y cita. Hasta entonces trabajen, sean dignos en ello. Dejen al futuro el reconocimiento del saber excelso. No ofendan a los lectores señalando la verdad, dejen de explicar el truco de la genialidad que opaca el genio. Al fin y al cabo, todo niño tiene derecho a creer en los Reyes Magos.

Comentarios (5 comentarios)

No sólo Batman.
1. Bruno Morales es Robin Hood: ganó el premio y repartió el dinero entre los pobres.
2. Bruno Morales es Iluminator: en clave para iniciados escribió El Juego de los Abalorios versión Caballito.
3. Bruno Morales es Mr. Compromiso Literario: plasmó, con la idea genial de poner la Verdad en la voz de un extranjero, la Gran Crítica de la argentinidad.
4. Bruno Morales es Dios. Todo lo planificó, lo diseñó, lo conjugó, lo enhebró, lo fusionó y lo fundió en una Obra Maestra que se llama Bolivia Construcciones. Después soportó como un campeón las infamias, y al final bajó a la Tierra y tuvo la deferencia de explicar, a quienes no estaban a la altura de su genialidad, algunos de sus complejísimos procedimientos estéticos.
¿El premio La Nación? Es insuficiente. Deberían darle el Nobel.

Fabián Vique / junio 6th, 2007, 7:44 pm / #

BM es un imbécil.

Gusnielsen / junio 7th, 2007, 11:15 pm / #

Van Vogt escribió un par de aburridas novelas, donde existe una secta, son los No-A. Los no aristotélicos, entonces niegan toda evidencia, y actuan de una manera descabellada. En ese mundo no desentonaría Di Nucci.

ericz / junio 13th, 2007, 1:58 pm / #

La escena se vé así: El juez está en una combi, con su equipo de filmación registrándolo todo, con voz e imágen. El teniente Harrelson dá la orden y entramos ( ¡ Qué lindo poder jugar a S.W.A.T. otra vez..!).
DiNucci está en el centro de la habitación,salpicado de sangre, y en sus manos una Smith & Wesson humeante; el cadáver en el piso aún dando los últimos estertores. Lo rodeamos y apuntamos con nuestras M16 temblorosas.
Di Nucci, para nuestra sorpresa, sin rastro alguno de agitación, comienza:
“Ella…fué ella la que se arrojó sobre la bala que disparé. Ésto no es lo que parece.”
….Y así…

PABLO DANIEL GONZÁLEZ

PABLO DANIEL GONZÁLEZ / mayo 21st, 2008, 11:34 am / #

Postdata a favor de DiNucci: …Éste es un caso para PETROCHELLI…

PABLO DANIEL GONZÁLEZ / mayo 21st, 2008, 12:29 pm / #

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