Ingreso

Articulo

La historia terminó

Por Alejandro Caravario

Al inglés Gary Lineker se le atribuye una definición que hoy resulta más que oportuna: “El fútbol es un deporte en el que participan 22 jugadores y siempre ganan los alemanes”. La historia acaso demuestre alteraciones de esta sentencia, pero el partido que decretó el regreso a casa de la Selección de Pekerman hace pensar en un destino inexorable. En este caso, a su clásica habilidad para imponerse con mucho, poquito o nada puede agregarse el territorio propio, la hinchada, los fastos y el esfuerzo de la organización, en fin, una suma de razones que lo han colocado, al menos en los pronósticos, como el caballo del comisario.
No digo esto con ánimo expiatorio, sino simplemente para señalar que en un partido que alternó las rutinas administrativas con bienvenidos momentos dramáticos, la ventaja y el hall de la gloria pudo ser para cualquiera con total merecimiento. Por más que se desate la catarata retórica de los expertos y las interminables payadas contrafácticas de los hinchas (para eso existe el fútbol), por más que la derrota determine la honrosa renuncia del entrenador, habrá que decir, en primer lugar, que la única diferencia entre Argentina y Alemania la provee el presente: ellos aún andan con la resaca del festejo y nosotros con una amargura indigerible.
Todo esto se sabía, ¿no es cierto? Estábamos cincuenta y cincuenta. Grande contra grande. Sería impropio de gente memoriosa, a esta altura, achacarle a algún detalle táctico o a algún accidente (la lesión de Abbondanzieri, un tipo ducho para los penales, por ejemplo) el origen de un resultado. O del rendimiento del equipo que, si nos remontamos al antecedente más inmediato (la sufrida victoria ante México), no daba para ambiciones desmedidas.
La Selección fue bastante parecida a sí misma. Por lo menos mientras la dejaron o la tensión del partido no le hizo perder la línea. Acaso todos esperábamos que, con la ventaja del gol de Ayala (el mejor argentino del Mundial y por varios cuerpos), aparecería el dominio preciso de pelota (aunque no siempre penetrante), la circulación inclaudicable que desgasta al adversario ansioso y abre grietas para que los más veloces se cuelen y liquiden el negocio. Pero no ocurrió. Por el contrario, la Selección cedió terreno, jugó largo y a dividir, hizo, en suma, el partido que menos le convenía.
¿Porque salió Riquelme si era el hombre indicado para la retención constructiva? Tal vez es cierto. Pero, sin embargo, habrá que recordar que los rivales que practicaron una marcación enérgica (Holanda y su presión mientras jugó en serio o la jauría mexicana) desarticularon el circuito de Argentina, aun con Riquelme en el campo. El cambio (creo que razonable, Cambiasso es tan buen pasador como Román) sí desnudó una dependencia siempre negada porque el equipo se quedó sin padre y lo pagó mentalmente. Por otra parte, cabe preguntarse por qué el técnico decidió apartarse del pacto de fidelidad que parecía unirlo con el 10 justo en el partido en que nadie quiere salir. Si buscaba refrendar, como mensaje de despedida, que no se casa con nadie, fue muy eficaz.
Me quedará siempre la sensación de que éste era un juego para Saviola. Por su rendimiento en los primeros partidos y porque sus características hacían suponer una mortificación permanente para una defensa con jugadores grandotes y, lo demostraron a las claras ayer, propensa a las vacilaciones.
Si Metzelder le compró una gambeta a Crespo, no cuesta nada proyectar lo que podría haberle vendido Saviola. Tevez (la encarnación de la voluntad de ganar) asumió esa misión y no lo hizo mal, aunque pocas veces recibió con espacio y se vio obligado a invertir dos tiempos en acomodarse (eso sí, es un virtuoso para empujar en marcha atrás).
Parecía un partido para los chiquitos y expeditivos pero Pekerman prefirió no resignar nunca al hombre de área, aunque, como Cruz, jugara lejos de sus dominios naturales.
Léase esto último como un revisionismo de consuelo. Una licencia para imaginar un argumento distinto al conocido. Con el envión que traía la Selección, es difícil detenerse en consideraciones de largo alcance. En algo más que la derrota fresca y definitiva. Ya vendrán los balances. Un modo más elegante de sobrellevar la desilusión.

[Este artículo fue publicado en el diario Perfil de hoy]

Comentarios (no hay comentarios)

no hay comentarios para este post.

Dejar un comentario