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Articulo

A llorar a la iglesia

Por Mariano Hamilton

Es complicado sentarse a escribir con frialdad después de una definición tan caliente.
¿Argentina mereció despedirse del Mundial en los cuartos de final? ¿Alemania fue superior? ¿Es la definición por penales una instancia justa después de 120 minutos de juego? Y las respuestas a estas tres preguntas son no, no y no. Argentina debió seguir en el Mundial porque fue superior a Alemania y este tipo de decisiones estás absolutamente reñidas con la justicia.
Alguna vez las disfrutaron los argentinos (en el Mundial del ’90, sin ir más lejos, dejaron afuera a Yugoslavia y a Italia por esta vía) por lo que esta reflexión no es un llanto de mal perdedor (soy argentino, por si no lo saben) sino simplemente una reflexión de que marca algo que todos deberían conocer: el fútbol, uno de los deportes más injustos del mundo, porque no necesariamente gana el juega mejor, también posee una forma de desempatar que está más vinculada a la fortuna que a las condiciones o talentos de los futbolistas. Y así es muy complicado discernir los verdaderos méritos de un campeón del mundo, algo que, en teoría, debería estar mucho más vinculado a la capacidad colectiva e individual de un equipo que a la fortuna de un penal atajado, convertido o desviado. Y aclaramos que esto lo estaríamos escribiendo por más que Argentina hubiera pasado a la siguiente fase, algo que por otra parte habría estado más cerca de la verdad que este pasaje obtenido por Alemania.
¿Qué fue lo que pasó con la Alemania ofensiva de Klinsmann?, también nos preguntamos. Porque debe quedar claro que Alemania jugó más parecida a la Alemania especuladora, estructurada y utilitaria que a ese equipo maravilloso que despedazó a Suecia hace tan sólo una semana.
¿Acaso Klinsmann entendió que la naturaleza alemana era más fuerte que la convicción de cambiar y por eso jugó este planteo amarrete, sin presión y con tan poca ambición ofensiva?
¿Y qué pasó con la Argentina que hace dos semanas goleó a Serbia y Montenegro? ¿Por qué el equipo de Pekerman decidió, después de aquel partido, practicar el fútbol sin arcos? ¿Puede ser que hayan quedado tan enamorados de aquellos 26 toques del segundo gol ante los serbios que pensaron que el fútbol era sólo eso?
Un párrafo aparte queda para el entrenador Pekerman. Ocurrió algo que suponíamos pero no deseábamos: no estuvo a la altura de las circunstancias.
El hecho de que haya preferido jugar con Cruz en lugar de Messi o Saviola, en el momento cumbre de su carrera como entrenador, marca una verdad irrefutable: poca idea de lo que es la épica futbolística, poca inteligencia para entender el juego y ninguna capacidad para de reflejos para resolver problemas o definir partidos en los momentos indicados.
Pekerman argumentó que hizo los cambios forzado por las lesiones de Abbondanzieri y Crespo. Y nosotros decimos que es cierto, esos jugadores salieron lesionados, pero la elección de hacer entrar a Cruz para defender en pelotas aéreas en lugar de poner a Messi o Saviola para darle el golpe de gracia a los alemanes es toda una declaración de principio: la grandeza estaba en otra parte.
Quedarán para el recuerdo las estupendas actuaciones durante el Mundial de Abbondanzieri (es imposible no pensar contrafácticamente qué hubiese pasado si estaba en el arco en los penales), Ayala, Saviola, Maxi Rodríguez y Tevez. O algunos momentos de Coloccini, Mascherano, Cambiasso y Messi. El resto… Muy poco. Tal vez demasiado para un equipo que con el Mundial empezado sonó como favorito y finalmente se retiró de la competencia con otra frustración.
Y como para tomar nota de cara el futuro: hace exactamente 16 años que Argentina no gana en el tiempo reglamentario un partido de Mundial correspondiente a los octavos de final o cuartos.
El último fue cuando el equipo de Carlos Bilado se impuso 1 a 0 ante Brasil con un gol de Caniggia, en aquella definición insólita en Italia 90. Después, todos fueron penales, triunfos en el alargue o derrotas. Es demasiado tiempo sin demostrar una clara superioridad para un país que se considera en la elite del fútbol mundial.
Por lo que la pregunta es obligada: ¿Argentina, está realmente en la primera línea o en realidad es un equipo del segundo lote, bastante lejos de potencias como Brasil y Alemania? Porque, para respaldar los pergaminos, siempre son necesarios obtener resultados favorables.

[El siguiente artículo fue publicado en el sitio ESPN]

Comentarios (un comentario)

Salir a custionar ahora la ley de juego, cuando esta no nos favorece es una argentinada patriotera. Cuando sacamos a Brasil con ese gol de Caniggia, después de que nos pasaran por arriba todo el partido ¿no fue injusto? La belleza no se premia en el fútbol, se premia el resultado. Y eso lo entendió bien Bilardo, un mediocre jugador, un mal deportista. A él no le interesa ninguna estética virtuosa si no reditúa en números. Y si nos atenemos a la norma que rige en el fútbol, no le falta razón. Los líricos seguimos esperando que los dos caminos se junten: que la belleza se premie. Por eso el lirismo. Porque a algunos no nos conforma ganar a secas si no hay una estética depurada. Es una elección que trasciende al deporte. De ahí debe haber salido esa cuestión del “campeón moral”, cuando ninguna moral per se, implica triunfo fáctico alguno.
Y si hacemos historia, hubo definiciones peores que nos beneficiaron: recuerdo un juvenil argentino que ganó un torneo -creo que sudamericano- por el revoleo de una moneda. “Los campeones de la moneda”, tituló El Gráfico.

Gaby / julio 2nd, 2006, 10:45 am / #

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