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La poesía no paga, el crimen sí

Por Alejandro Soifer

A partir de una nota que salió en Nación Apache y que linkeó SL, me quedé pensando en la cuestión de la poesía y sus posibilidades en el mercado literario actual.
Basta decir que durante la lectura del post de Mori Ponsowy no dejé de asentir silenciosamente ante cada una de sus afirmaciones:
Es verdad: hay muchísimos poetas.
Es verdad: escribir poesía es algo relativamente fácil y cualquiera puede hacerlo. De hecho, casi todos nosotros lo hemos hecho alguna vez.
¿Qué adolescente no ha escrito algún poema en su vida?
Es verdad: las lecturas de poesía suelen ser aburridas.
Es verdad: con la poesía libre se abrieron las posibilidades de una escritura completamente libertina en la que con el pretexto de no tener que preocuparte por reglas, estructuras, silabaciones, etc., es relativamente fácil escribir lo que se te ocurra siempre que mantenga cierto ritmo (algo fácil de adquirir si por ejemplo, te dedicás a los octosílabos que es una forma de ritmo que se da naturalmente en el castellano).
Es verdad: podés agarrar el índice de un libro de poesía, leerlo como si fuera un poema y hacerle creer a la gente que eso es en efecto un poema.

Ahora una verdad mía:
Es verdad que cuando abro un blog que no conozco y veo que está saturado de poemas lo cierro rápidamente casi sin detenerme en leer un solo verso.
Porque, es verdad que me aburre la poesía y no la leo cotidianamente ni tampoco excepcionalmente (con las excepciones hechas de: Poe, Baudelaire, Bukowski y los poetas de la Beat Generation).

Ahora, más allá de todo esto hay dos puntos de vista que me interesan discutir.
El primero pasa por la autodenominación de “poeta”. El mismo autor del post se autodenomina poeta. Lo que me lleva a pensar que es difícil definir cuándo se es o no se es poeta o escritor. ¿Se lo es cuando uno tiene un libro publicado? Parece una discusión esencialista: ¿Se es carpintero cuando se corta la madera a pesar de no haber vendido ningún mueble todavía, por ejemplo? Yo, que escribí una novela y media (ambas inéditas), que escribí algunos relatos, escribo pelotudeces en este blog y colaboraciones con alguna revista, ¿Soy escritor?
La escritura es un oficio y como tal, aquellos que lo ejercen en forma profesional son los escritores, dejando para todos aquellos que no ganan dinero con el oficio la categoría de amateurs o practicantes de un hobby.
Sin embargo, son contados con los dedos de una mano los escritores argentinos que pueden vivir de sus derechos de autor.
Tenemos entonces una masa enorme de actores sociales que escriben y tratan de encontrar la forma de transformar la pasión del hobby en un oficio lucrativo y escribir se transforma en una gratificación, un lujo que se permite por la posibilidad de ejercer otros oficios o profesiones afines a la escritura y el aprovechamiento del capital cultural.
Dictar talleres literarios, trabajar en bibliotecas (mi caso) o librerías, fundar editoriales o trabajar como editores, en todo caso son todas profesiones establecidas que permiten a los escritores llevar el pan a la mesa y seguir ejerciendo la escritura de forma absolutamente literaria: como puro gasto inútil.

Creo que es por eso que la literatura en este país sigue tan asociada con el ideal romántico: porque nadie se la puede tomar como profesión en sí misma (no da dinero suficiente para vivir). Escribirla claro, no escribir sobre ella que es la crítica y es uno de los trabajos subalternos como los mencionados, que permite paradójicamente, escribir literatura.

La Carrera de Letras en la UBA (y en las que conozco aunque sea de referencia) no incluye en sus programas materias como “Escritura creativa”. En otras palabras: taller de escritura. En otras palabras, Letras no prepara escritores. No prepara gente entrenada en el arte retórico ni gente preparada para brindar una mínima función social aceptada.
¿Cuántas revistas literarias necesitan graduados en letras? ¿Cuántas librerías necesitan graduados en letras teniendo en cuenta que por lo general contratan pibes que lo mismo podrían estar vendiendo libros como zapatos?
En cambio, ¿Cuántos ghost writers se necesitarían en casi todos los ámbitos profesionales? Gente que escriba informes, que redacte comunicaciones internas dentro de las empresas, etc. Seguro que muchísimos más que lo que se necesita de investigadores y críticos.
La carrera de Letras no prepara escritores y es casi una mala palabra pedir algo así (lo viví en una incomodidad generalizada de mis interlocutores cuando en el II Encuentro de Estudiantes de Letras sugerí que para la reforma del programa de la carrera se incluyeran materias de “Escritura creativa”).
Entonces es verdad que hay una sobreabundancia de escritores de poesía y escritores amateurs que además, tampoco consiguen una inserción real en el mercado editorial (las causas de esto serían otras y no las voy a desarrollar acá).

El segundo punto de vista que quería desarrollar es bastante más obvio.
La poesía no paga, el crimen sí. ¿Qué significa esto? Que la poesía es un género que históricamente ha vendido muchísimo menos que la narrativa.
La novela es el género comercial por excelencia y es donde se cocinan las ventas. Es como decir: la novela cumple, la poesía dignifica.
La novela hace vivir a las editoriales, la poesía (buena) le da glamour a la literatura, le da esa esencia de lo no-decible, lo hermético, lo no-comunicacional que es la verdad de la literatura.
Sin poesía no podría haber existido la novela. Ni la literatura como la conocemos desde la modernidad.
La poesía no paga, no vende o vende poco y de lo más canónico. La proliferación de esas vanity publishers es una veta más de las posibilidades del mercado y es bastante inteligente. El razonamiento es: hay tanta poesía que la oferta de la misma es mayor a la demanda por parte de las editoriales que saben que no van a vender tiradas grandes de estos libros. Por lo tanto, a alguien se le ocurrió que podría ofrecer el servicio de publicar libros de poesía previo desembolso de dinero y así absorber esa sobreoferta. Debe estar encuadrado en algún tipo de teoría económica.
Mi hermano que estudia Administración de empresas me decía el otro día que existe una falla del mercado que se llama oligopsonio que se da cuando para un producto hay mucho ofertantes y un número muy pequeño de demandantes.
Tal vez sea este el caso de la poesía. Y como es evidente hasta para un ignaro en economía como yo, a mayor oferta y menor demanda, los demandantes determinan las condiciones de compra. En este caso pareciera ser tan exagerada la situación que incluso se da espacio para que la oferta se absorba con publicaciones de vanidad.

¿Y por qué el crimen sí paga? Es simple… el género policial es uno de los géneros indiscutidos en ventas. Las variantes del género son las preferidas del público.
Todos los meses se editan en el país muchísimos títulos del género (traducido casi en el 99% de los casos) y acá en la Argentina tuvimos en nuestros años ´70 un enamoramiento serio con el policial negro y ventas multitudinarias estimuladas por Richaro Piglia y su Colección de la Serie Negra.
Sin olvidar la incursión en el policial de Borges y Casares y su colección del Séptimo Círculo.

Estoy leyendo El sueño eterno de Chandler y pensba en Soriano y en todo la gresca que se armó con su figura.
Del Gordo leí solamente Triste, solitario y final. Me pareció un intento patético de escribir a Marlowe en castellano. Pero sin embargo, a pesar que su escritura me pareció aburrida y mala, el tipo vendió miles de ejemplares y aún hoy despierta pasiones populares.
Será porque en definitiva, como lo dije, el crimen sí paga y la poesía no.
A pesar de todo concuerdo con SL en que es necesario tirar la red al mar para pescar muchísimos pescados entremezclados con esa única perla que reluce al fondo de la red.
Para que pueda haber una perla tiene que haber muchísimo material de descarte al lado.
Para que haya un poeta que una editorial grande quiera editar y que sea realmente leído, tiene que haber muchísima poesía que no trascienda más allá de la edición de autor, el blog o la lectura de poesía con cejas levantadas y cabeceos al por mayor.

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