Articulo

Noticia sobre Amelia Rosselli

Por Pier Paolo Pasolini

Traducción de Guillermo Piro

Uno de los casos más clamorosos del conectivo lingüístico de Amelia Rosselli es el lapsus. A veces falso, a veces verdadero: pero cuando es falso, probablemente lo es en el sentido que, formado de manera espontánea, es inmediatamente aceptado, adoptado, fijado por la autora bajo la especie estética de una “invención que se hace a sí misma”. Y así insertado en la serie de los étimos, de los que esta lengua –nacida como afuera del cerebro, casi proyección física de un envoltorio espiritual racionalmente inexpresable– necesita constelarse, para presentarse como producto cultural reconocible, legible.
En realidad esta lengua –repito– está dominada por algo mecánico: emulsión que toma forma por su propia cuenta, despojada, como se tiene la impresión que sucede con los experimentos de laboratorio más terribles, con los tumores, las explosiones atómicas, dominados sólo científicamente, pero no en los síntomas de la terribilidad, en su acontecer objetivo.
De modo que el magma –la terribilidad– está fijada en formas estróficas que cuanto más cerradas y absolutas, cuanto más arbitrarias resultan.
Los lapsus –es extraño decirlo– en el fondo son lo único que vuelve a esta lengua histórica o, al menos, corrientemente determinada. Haciendo un análisis razonable, es el único hecho en común con los grandes textos que presupone (leídos en sus propias lenguas, en el simple curso escolástico y familiar de instrucción). Los falsos lapsus son una característica lingüística de los poetas lingüistas (categoría, sin embargo, a la que Amelia Rosselli no es reducible) y, al mismo tiempo, son uno de los elementos más recurrentes de la poesía surrealista (pero Rosselli no tiene ningún parentesco con eso). Quiero decir que Rosselli sabe de experimentos lingüísticos descubiertos en un laboratorio público. Y también que la publicidad de dichos experimentos es un dato formal de su poesía. Además, Rosselli conoce las analogías de sus nexos con los de los surrealistas, los místicos itinerantes, los aliteradores, los etimológicos, los anafóricos, los hacedores de reminders. Y sabe que existe un parentesco con Pound. Ese Pound que en las versiones milanesas es tan literario y provincial.
Sin embargo yo diría que los lapsus de Rosselli son más de especie ideológica que cultural (aunque lo son).
El mundo –a través de estos étimos que aseguran historicidad, continuidad y estabilidad a los textos que en realidad son soplidos espirituales, diría, epilépticos, de las ideografías en las que el alma se proyecta a la letra, y no sin literatura, el mundo se presenta como un mundo típicamente liberal e irracional.
Puede decirse que la crítica del poeta en sí mismo –en una relación similar con lo real– tiene lugar casi únicamente a través de los lapsus: es decir a través de la fabulación… focomélica… de las propias filiaciones institucionales sanas, y por lo tanto por la obligación social y la consagración.
Amelia Rosselli maltrata su propia lengua, no con la violencia de otra lengua rival –ideológica e históricamente “otra”– sino con la violencia de la misma lengua alienada a través de un proceso de desintegración (musical, diría la autora) que en realidad la representa, anormal, sí, pero idéntica a sí misma.
Los lapsus bajo la forma del error lexical y gramatical, como ocurre aquí, dejan a la palabra tal cual es: simplemente la revelan bajo un aspecto horrendo, de objetividad putrefacta y ridícula. La agonía o la muerte no cambian el mundo.
Todo el “espíritu” de la sociedad liberal está fundado en los lapsus como deformación lingüística. Lo cómico en el período de la literatura del capitalismo creador, de la gran burguesía, está fundado en la simple deformación de la institución, lo que excluye cualquier posibilidad real de reforma o de revolución lingüística (e institucional). Diría incluso que una palabra deforme es más resistente a la corrupción de una ideología revolucionaria que una palabra normal. La deformidad implica una capacidad de resistencia más íntegra, crea en torno de sí una valla insuperable de muerte y sacralidad. Todo el espíritu liberal vive de las burlas que ridiculizan las instituciones sin mellarlas, simplemente contentándose con una materialización inconsciente, con la inoculación en ellas la enfermedad del misterio. (Tengo ante mí un libro que tiene mucho éxito en Francia, La foire de cancres, errores de escolares burros: “¿Quiénes son los profetas? Los habitantes de la profecía, pequeña nación muy industriosa”, “…hacía morir a sus enemigos en refinerías de crueldad”. Y podría citar también todos los motes graciosos atribuidos en su mayor parte a un centro de producción colectivo, el mundo jergal de la élite laica de via Veneto).
El lapsus otorga una profunda liberación: sencillamente permite liberarse del peso institucional –que gravita sobre toda la longitud del alma– y, al mismo tiempo, respetarlo. No hay mote en forma de lapsus que sea tan cínico, feroz, irónico y displicente que no incluya un sustancial respeto por la lengua y la institución en uso. Si alguna vez la hubo, es la típica negatividad que afirma. El fondo del libro de Amelia Rosselli –conseguí decirlo a pesar de su total rechazo, su loca coherencia que lo mantiene unido, como una blanda fortaleza– es la gran cultura liberal europea del siglo XX. Y lo es con un esplendor excepcional. Diría que nunca, en estos años, me he topado con un producto de este tipo, tan poderosamente amorfo, tan objetivamente soberbio.
Con la poesía de Rosselli el Mito de la Irracionalidad (pongámoslo con mayúsculas), en los años 60, tiene su mejor producto: lujurioso oasis florido, con la sorprendente y casual violencia del dato comprobado, a los márgenes del dominio. Y la resurrección de la vanguardia –tan tétrica en los eternos aprendices de Milán y Turín– ha encontrado en esta especie de apátrida de las grandes tradiciones familiares de Cosmópolis, un terreno donde estallar con la funesta y maravillosa fecundidad de los hongos atómicos en el acto en que se vuelven forma, etc. etc. No voy a ir más allá de los límites de una página. Sólo me queda agregar que el tema del lapsus es pequeño, secundario e irrisorio respecto a los grandes temas de la Neurosis y del Misterio que recorren el cuerpo de estos poemas: es sólo un hilo que he seguido para poder producir algún axioma basado en este espléndido texto que se propone como inefable.

Comentarios (un comentario)

hola estoy buscando un traducctor de lengua apache,en cocreto busco la traduccion de palabras como feliz cumpleaños,,, podeis ayudarme? gracias

sebas / Abril 18th, 2007, 7:40 pm / #

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