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Sin pelos ne la lengua. Breve apunte sobre pedagogía y deglución

Por Pablo Chacón

La diputada Sandra Bergenfeld, que se pasó de las filas de Mauricio Macri a las del peronismo porteño en menos tiempo de los que se abre y cierra una valija, está muy preocupada por los estudios del actual jefe de Gobierno, Jorge Telerman, al punto tal que lo quiere dando excusas en Legislatura de la Ciudad Autónoma, bajo amenaza de “usurpación de título”.

Indignada, Sandra (o alguien muy cercano que susurró en sus oídos eso que la indignó), decidió que no podía, que no soportaba admitir que un candidato a titular de un Ejecutivo no hubiera terminado una carrera universitaria. Había que denunciarlo.

Ella, Sandra, es abogada. Es madre de familia. Está casada. Ella conoció las mieles del éxito de la mano de Jorge Porcel. Sandra, la gatita, también fue empleada de Socma y de la Fundación Bicentenario, y no dudó en abrazar las veinte verdades, pero no pudo con su genio.

En un arrebato dirigido a todos nosotros, electores, Sandra quiere enterarnos qué falsario esconde el apellido Telerman, y entonces, como es de rigor, apretó las teclas de su celular de última generación y dio con algunos de sus amigos periodistas, ávidos de destapar ollas después que a ellos se las destaparan todas.

Sandra dice que iniciará el procedimiento para pedir una citación a la Legislatura porteña y Telerman diga lo que ella sabe, porque el pueblo también quiere saber. El jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma la felicitará: su preocupación pedagógica lo excede, excede a los negocios, es un imperativo en un país con 20 millones de pobres.

Esos 20 millones de pobres que esa empresa, mientras ella trabajaba, prosperaba y deglutía, endeudó al Estado y alimentó el circuito que transformó al asalariado en flexibilizado, al flexibilizado en desocupado, y al desocupado en excluido. Son 20 millones pero van a ser más. ¿Cómo no solidarizarse con Sandra la solidaria?

“Ya preparé los proyectos de pedido de citación a Telerman, que voy a presentar el miércoles en la Legislatura”, dijo Sandra, y más: que recibió apoyo.

Dijo Sandra.

En rigor, lo de Sandra está muy bien: pensando que la clase política argentina es un hato de honorables que con suerte terminó la primaria, que el candidato a jefe de Gobierno opositor al sociólogo Filmus sepa qué es la semiología, la química, que sepa quién es Celsius y qué cosa la teoría del discurso, que pase del burn out y de los escrúpulos, que haya sido embajador en Cuba y que hable tres idiomas, es una barbaridad que no hay que volver a permitir.

Ya, ahora.

Nunca más.

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