Articulo

Flaco favor

Por Federico Monjeau

[Este artículo fue enviado a Página/12 para su publicación el domingo 18 en Radar. Lamentablemente no se publicó; al menos, no querría privarme de su circulación en la red. F.M.]

Pertenezco al campo de la música y no suelo sumarme a los debates literarios, aunque un estado de indignación y un elemento de historia personal me llevan a responder a las diatribas contra Beatriz Sarlo publicadas el domingo pasado en este suplemento.  

En cuanto al debate público en Filosofía y Letras que propone Osvaldo Bayer, le sugiero que revise su lista de invitados, y explico por qué. En 1985 yo trabajaba como columnista musical en el diario La Razón y colaboraba regularmente en el suplemento cultural, que dirigía Ernesto Schoo y editaban Oscar Taffetani y mi amigo Guillermo Saavedra. A fines de 1986 Saavedra firmó una crítica adversa de A sus plantas rendido un león, la novela de Osvaldo Soriano. A los pocos días yo estaba conversando con Saavedra en su escritorio cuando llegó un sobre con remitente de David Viñas. Era una carta de puño y letra elogiando la crítica al libro de Soriano por su inteligencia y valentía; una pequeña hoja manuscrita, letras grandes en marcador verde; todavía recuerdo perfectamente el encabezamiento: “Estimado Saavedra, no lo conozco personalmente, y lo lamento… “

Al poco tiempo el diario La Razón capotó y algunos de nosotros recalamos en Página/12, bajo el ala protectora del inolvidable Homero Alsina, jefe de la sección Espectáculos. Alsina nos dio trabajo, a mí como crítico de música y a Saavedra como crítico de teatro, aunque éste último puesto duró poco: Saavedra alcanzó a publicar algunas críticas mientras Soriano estuvo de viaje; a su vuelta el novelista lo hizo echar del diario sin miramientos. El incorruptible Alsina lo vivió como un drama personal pero no pudo evitarlo.

En ese momento resolví llevar a cabo una pequeña gestión personal, ya que a todas luces en la defensa de Saavedra se jugaba algo más que la defensa de un amigo. Decidí hablar con Viñas, a quien no conocía personalmente. Fui a visitarlo a su departamento en un edificio de la Avenida Córdoba. Me recibió amablemente; planteado el caso, le expliqué mi idea de armar una contracorriente en defensa de Saavedra. Viñas elogió calurosamente mis intenciones, se declaró inhabilitado de intervenir personalmente y me aconsejó que hablara con un “justo”. “Tal vez Horacio Verbitsky sea el hombre”, sugirió Viñas. No sé qué hubiera ocurrido de haber hablado con Verbitsky. Finalmente no lo hice.

Con o sin Viñas de por medio, el relato que hace Bayer es penoso. Es patético imaginar a un escritor maduro y reconocido, además de chispeante y burlón como Soriano, pidiendo por teléfono “entrar a la universidad por la puerta grande”. Según Bayer, lo que la cátedra de literatura argentina le habría negado a Soriano se lo habría concedido la cátedra de derechos humanos. Flaco favor.

La carta de Saccomanno ni siquiera finge el tono de pastor bonachón de Osvaldo Bayer. Es un glosario de agresiones y torpezas que no se decide entre criticar a Sarlo por elitista ilustrada o por columnista de la revista Viva y que moverían a risa si no fuesen síntomas de un generalizado y cebado populismo, al que en este caso se añaden resentimiento y mala fe.

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