Articulo

Embotellamiento de fiambres

Por Pablo Chacón 

Es de rigor aclarar que preferiría que en mi alma no haya nada de de alma bella, para contar este cuento en el que las pantallas globales terminan un año y empiezan otro con una auténtica panzada de muertes célebres, que a esta altura, mediados de febrero, sigue, aumenta: ya se sumaron a la lista la gorda Anne Nicole Smith (¿estaba gorda, había adelgazado, comía bulones?) y la hermanita triste de la princesa reventada que se curó de espanto y ahora es una gallina ponedora con la frente alta, la templanza en un puño y una dosis de clonazepam menor a la que engulló la tía que no llegará a conocer al nonato real que todavía en la panza de mamá patea cada vez que papá pone la mano. Así que hay un embotellamiento de fiambres, de muertes célebres, porque para las otras no alcanzarían los dedos de la mano: un verano caliente, a tope, con cortes, quebradas, colaboracionistas destapados, calentamiento global y pepitas de oro en Apuí.

A diferencia del fin de año de 2004 en que un tsunami se llevó en Sumatra e Indonesia unos 250 mil fiambres al fondo del mar, o quedaron estrellados contra algún poste, o hundidos en la arena culo para arriba, incluidos los pedófilos, que no sé si son gente pero ocupan lugar en la morgue, y 196 asfixiados, quemados, carcomidos por el fuego en un galpón piojoso del Once porteño, gracias a la pericia de policías, coimeros, funcionarios, coimeros y policías: todo por escuchar ruido y ensordecerse, en lugar de escuchar a Cerati, el solitario, en el Conrad del Este, o en el Faena de Puerto Madero, entre gatos, rufianes que compran gatos locales a precio euro y putos, cientos, miles de putos de paseo.

Este año hubo más procesiones fúnebres; la de Gerald Ford, la de James Brown y el precipitado viaje al patíbulo de Saddam Hussein, el plato fuerte de los mediodías y las noches de TN. La CNN, Fox News y MSNBC tenían un festín de necrofilia en sus manos y no sabían qué hacer. Estaba la solemne evocación del presidente que “curó a la nación en un tiempo turbulento” al perdonar a Richard Nixon de los crímenes que lo obligaron a renunciar a la presidencia; estaba la sentida pero emotiva celebración de la vida de Mister Dinamita, con llanto, canciones, baile, y la redención de Michael Jackson, quien por un momento dejó a Bambi y se volvió un admirador del autor de “Say It Loud- I’m Black and I’m Proud” (“Decilo fuerte- Soy negro y estoy orgulloso”). Y claro, el top ten que “marcaba un importante hito en la ruta de Irak para volverse una democracia”, como calificó George W. Bush al ahorcamiento de Saddam. Tuvieron que pasar cinco días para que este admirador pero del Jack Daniel’s dijera que la ejecución tendría que haber sido más digna, y sí que sabe de lo que habla: durante su tiempo como gobernador de Texas, fueron ejecutadas ciento trece personas, sin perder un minuto de sueño y a veces sí algo de compostura.

A los pocos minutos de la ejecución (6.10 am del 30 de diciembre), se informó que el tirano llegó a su cita con la muerte sereno y con el Corán en las manos. “Se rindió. Estamos sorprendidos. Fue muy extraño. Sólo se rindió”, dijo un testigo. El asesor de seguridad nacional irakí, Mowaffak al-Rubaie, entrevistado por la CNN, contó que el procedimiento se hizo con dignidad (¿y qué esperaba?). Pero mientras hablaba, alguien más decía al aire que ciertos soldados habían bailado alrededor del cadáver caliente. Al-Rubaie dijo que posiblemente eso fuera cierto, pero que de todos modos había sido una ceremonia seria, honorable, que no jodieran. Y después, lo prometido: las imágenes: en silencio se mostraba unos segundos a Saddam rodeado por verdugos con pasamontañas. Por más que los locutores porfiaban que se había hecho justicia, el asunto de los testigos bailando simplemente no sonaba nada digno. Se mostró un fundido de Hussein muerto, medio desnucado, pero sin la lengua colgando. Y en menos de lo que canta un gallo, comenzaron los testimonios, que revelaban lo que pasó en la cámara de ejecución. Alguien introdujo un celular con cámara y filmó el show: los testigos gritaban “Dios te maldiga”, “¡Moktada, Moktada, Moktada!”, refiriéndose al chiíta que controla al ejército y es el verdadero poder detrás de Al-Maliki. Hussein entonces preguntó: “¿Moktada? ¿Es ese el orgullo de los árabes? ¿Es así como se comportan los valientes?”. El cómico que conduce The Daily Show, uno de los programas más vistos en los Estados Unidos, dijo a cámara: “Es un buen indicador del estado de deterioro de Irak: la persona más digna en esta ejecución era el genocida”.

No tuvo problemas por el rating, si no, ¿quién sabe?

Linchar gobernantes es una vieja tradición en Irak: reyes, generales y presidentes han sido colgados, decapitados o baleados, y sus cuerpos, mutilados, expuestos a la masa. ¿Saddam era un criminal que envió a cientos de miles a la muerte? ¿Pero para qué perder tiempo con un proceso judicial cuando de todos modos se aplicaría la justicia de los vencedores? Desde que se transmitieron las imágenes de un médico norteamericano buscándole piojos, el hombre se había humanizado notablemente. Esa estrategia para humillarlo en realidad le dio algo semejante a la calidad humana que dicen nunca tuvo, la cual fue engrandeciéndose con las puteadas que escupió desde el banquillo de los acusados. Saddam, el carnicero de Bagdad, para muchos se volvió un símbolo de la resistencia. Y los estadounidenses y sus títeres lograron lo imposible: convertirlo en un héroe del mundo árabe, que muy probablemente en quinientos años será mitificado y recordado al lado de Saladino.

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