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Con las manos en la masa II

Por Julio Zoppi

Una lista de notables académicos confunde lo que podría ser viable dentro de los límites de un ejercicio didáctico de facultad con la violación ética a las pautas de un concurso donde se compite por un premio bajo determinadas bases, destinado a obras inéditas y donde se halla explícito el concepto de autoría individual. La literatura es una de las representantes más seductoras del milagro de la creación humana, una testigo clave de la autenticidad liberadora de su locura y una portadora orgullosa de su honesta y esclarecedora enfermedad. Estos fúnebres roedores, administradores y clasificadores han profanado la órbita sagrada del arte con esta verdadera apología del fraude y de la impotencia creadora. Enredados en las teóricas telarañas manipuladoras de su burocrática mediocridad de espíritu, no pueden ver que el cielo brilla mucho más allá del alcance de sus prisioneros ojos. Me propuse jugar con el texto de su declaración un rápido ejercicio de “intertextualidad” para en el mejor de los casos expresar que pienso lo contrario. Ante la decisión, dada a conocer por una lista de profesores de letras, antropólogos, curadores y ex-comisarios de dirigirse al diario La Nación en relación a su sorpresa respecto del retiro del Premio de Novela 2006 a Bolivia Construcciones de Bruno Morales, quién abajo firma quiere manifestar su sorpresa por los motivos aducidos. Bolivia Construcciones no hace explícitas, ya desde su título, ninguna de las dificultades de componer una novela que busque representar desde dentro una realidad aprehensiblemente propia para cualquier autor argentino que como el citado haya compartido mucho tiempo con los inmigrantes bolivianos. Por ello, no me explico por qué recurre a una serie de fraudes literarios de larga data. Uno de ellos, ignorado por esta lista de notables, es el de transformar pasajes de otros textos con una finalidad estética imprecisa apropiándose de todos y cada uno de los detalles que hacen a su identidad en la obra original. No hace falta insistir que los casos de plagio como han sido corrientes en las literaturas occidentales desde la Antigüedad, del que tantos autores han sido robados vilmente y se han beneficiado con el trabajo y la creación ajenas. Tal como ha señalado la crítica especializada, se trata de un procedimiento que enriquece los valores de Bolivia Construcciones y constituye uno de sus títulos de neta originalidad. Su empleo, conviene destacar, no es en modo alguno ocioso o injustificado, sino que responde a razones estructurales que obran en la novela. Todo ello, por lo tanto, no hace más que acentuar la influencia medular del plagio en el resultado final de la obra, ya que demuestra que la apropiación textual es determinante en la calidad de la misma, lo que agrava el tenor de la defraudación cometida contra la autora y contra los jurados, y el perjuicio contra el resto de los concursantes. De este modo, valiéndose de la copia de ambientes, personajes y situaciones de Nada (1944) de Carmen Laforet, escrita en español, que podría conseguir y leer en Buenos Aires el joven protagonista de Bolivia Construcciones, así como cualquiera de los lectores de esta novela, el autor crea un marco para aquellos capítulos en los que, como en un sueño, en una deliberada idealización, dos realidades contrastantes se funden generando una nueva realidad. No justifica para nade este uso que desde el interior de los diversos planos de significación, haya valorado la crítica la presencia constante de un nivel alegórico que coexiste con el realismo. No entiendo la inapropiada puesta fuera de contexto del párrafo citado de Bioy Casares en su prólogo a La Celestina: “Componer obras interesantes y hermosas, con frases destinadas a otros párrafos, a otras situaciones, a otros temas, ha de ser, por lo menos, tan difícil como componerlas con frases inventadas por uno mismo”. A menudo robar para algunos resulta bastante más difícil que crear, depende de las asignación de talentos que cada uno disponga, pero lo que se discute aquí no es cuán difícil es una u otra cosa. Sin la creatividad natural del artista la literatura no existiría. Así, los textos de Laforet copiados no puede decirse que hayan sido transfigurados para dar lugar a textos y situaciones diferentes. Por eso consideramos a la vez injusto y paradójico que se pretenda una reivindicación de Bolivia Construcciones por aquello que constituye la raíz de la acción fraudulenta de su autor, y que un grosero plagio sea confundido con una rica trama de intertextualidades.

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