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Basta de mala onda, o es una cuestión de actitud

Por Sonia Budassi

Mis ideas deportivas con respecto al Mundial poco pueden importar al resto, sé del prejuicio y de mis limitaciones; sé cuanto subestiman mis palabras los futboleros de siempre –machistas eventuales–, tan expertos ellos en tácticas y jugadas, historia del fútbol, historia de los mundiales, historia de Alemania, historia del fútbol alemán; conceptos técnicos y jerga, diagnóstico de lesiones graves, equipos agresivos, equipos retrasados, jugadores “pecho frío” y jóvenes promesas. Salteo, entonces, los detalles del hecho de que yo, nuevo puro interés genuino, mujer cliché de femeneidad antifútbol, aburrida mujer de no encender nunca nunca el televisor, despectiva con tarifas de tv por cable de la que prescindo hace años, gentil generosa con los suplementos deportivos que nunca pudieron tenerme de lectora, cambié. Aprendí. Me entusiasmé. Incluso puedo tener opiniones más o menos formadas con respecto a ciertas decisiones de Pekerman –me abstengo de decirlas, descuiden– todo gracias a los empecinados especialistas, los hombres en general.
Entusiasta, escuché paciente las también pacientes explicaciones, leí, miré y analicé infografías claramente didácticas con posiciones en la cancha –igual, aún les digo “tipitos” a los jugadores dibujados–  seguí instrucciones y me preocupé por virtudes y defectos de titulares y suplentes y también por nuevas reglas de juego –el gol de oro no existe más, el arquero no puede tomar la pelota con la mano si el pase viene de sus compañeros, etc. Hice los deberes con dedicación y alegría. ¿En pos de qué? ¿De ser aceptada dentro del masivo grupo de seguidores del mundial? Probablemente. ¿En pos de ganar la atención, de compartir momentos con mi pareja? Es posible. Pero, además, por egoísmo. Por sumar vértigo al ritual, adrenalina a la aventura vicaria, tener, como cuando miraba The sex and the city, una cita fija frente a mi olvidado televisor; compulsión placentera a seguir la épica por la pelota, una suerte de esperanza lúdica. Y, lo asumo, esta conversión, nueva suma de placer, se la debo a los mismos que ahora ataco. No soy triunfalista, pero estoy cansada –no soy la única– de escucharlos levantar cucos y malos augurios con Argentina-Alemania. Con su manto de racionalidad y erudición buscan argumentos para sembrar el miedo, para anticipar un fracaso, para hacerse “los racionales”, tan astutos ellos que, con nuevas dotes predictivas –sueñan– dirán: ¿“viste que te dije”?. Pero… ¿qué me importa lo que digan si lo que van a decir es malo, negativo, insoportable? Por favor, hagan ¡fúchale! a esa mala onda disfrazada de erudición que profesan por lo bajo y por lo alto, menos racionalidad, menos cálculo, más placer. Si no estás en la cancha, la única posible, la mejor alternativa, la más saludable y alegre para todos, es hinchar como hinchas, no diagnosticar catástrofes como meteorólogos nefastos, Ludovicas Squirrus apocalípticas, falsos gurúes aguafiestas; la previa se vive más y mejor sin sus enmarañadas pseudo científicas malas ondas.

Comentarios (2 comentarios)

Y yo me entusiasmé con tu texto. Es la primera vez que leo sobre fútbol y me gusta.

julieta / junio 29th, 2006, 9:02 pm / #

En mi caso es pura irracionalidad: digo que va a ganar Alemania para mufarlos, o juego solo al blackjack para ver como sale el partido

Hernan Squirrus / junio 30th, 2006, 11:02 am / #

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