Niños, niñas y jóvenes detenidos en Nigeria (*)
(*) de Capítulo III, “Los niños y niñas invisibles”, Excluídos e Invisibles, Estado Mundial de la Infancia 2006, UNICEF.
Los ojos se le humedecían e intentaba contener el torrente de lágrimas que amenazaba con arruinar el uniforme que llevaba, tan bien planchado. Pero las compuertas no tardaron en ceder y rompió a llorar conforme relataba los últimos cinco años y medio que había pasado en la cárcel. Nkeiruka quedó embarazada estando soltera, un hecho muy censurado entre la comunidad igbo de Nigeria a la que pertenece. En diciembre de 1999, Nkeiruka, que entonces contaba 15 años, dio a luz en casa sin asistencia alguna, y su bebé murió debido a complicaciones durante el parto. Su tío la acusó de asesinar al recién nacido, y Nkeiruka y su madre, Mónica, fueron arrestadas y conducidas a la prisión del estado de Anambra. Ahora, con 21 años, Nkeiruka tiene un futuro incierto; durante su estancia en la cárcel no recibió enseñanza escolar, por lo que apenas posee formación, y no sabe muy bien qué tipo de acogida recibirán su madre y ella por parte de la comunidad y la familia cuando regresen a casa.
Nunca se practicó la debida investigación ni se halló prueba alguna del supuesto crimen, y el expediente original del caso desapareció. Durante 1.971 días, Nkeiruka y su madre durmieron en una misma celda hasta con 37 mujeres. “Al igual que muchos otros niños, niñas y jóvenes que sufren prisión en Nigeria, fueron olvidadas,” afirma Nkolika Ebede, miembro de la Federación Internacional de Mujeres Abogadas de Anambra, la cual, en el marco de un proyecto realizado con ayuda de UNICEF, ha colaborado en su puesta en libertad.
Nkeiruka era uno de los más de 6.000 niños, niñas y adolescentes de Nigeria que están recluidos en prisiones o en centros de detención. Cerca del 70% de ellos han cometido un delito por primera vez y generalmente se les detiene por faltas leves como el vagabundeo, el hurto, la inasistencia a clase, o simplemente por vagar o merodear por las calles. Otros son detenidos a instancia de sus padres o tutores, que aducen que están fuera de control. Muchos de estos niños y niñas provienen de hogares con problemas o de familias pobres con muchos hijos, o son huérfanos. Según afirma Uche Nwokocha, miembro de la Sociedad para el Bienestar de las Mujeres que sufren Prisión en Enugu, ha habido casos de niños y niñas –algunos de ellos bastante pequeños– que han sido arrestados por la policía en lugar de sus progenitores.
Estos jóvenes, en particular las niñas, son en algunos casos víctimas de actos delictivos, como la violencia doméstica, la violación, la explotación y el tráfico sexual. Sin embargo, debido a anomalías de la administración de la justicia, particularmente durante las investigaciones previas al enjuiciamiento, estas víctimas infantiles pueden acabar confinadas en prisión. No se les permite recibir visitas de sus progenitores, se les priva de las debidas garantías procesales, son recluidos en condiciones deplorables, en contacto con delincuentes adultos y con el riesgo consiguiente de sufrir maltrato físico y sexual, y con frecuencia se les deniega la libertad bajo fianza. Muchos niños y niñas son forzados por la policía a declarar más edad de la que realmente tienen, o se falsea su edad en la orden de arresto a fin de procesarlos como adultos.
En las prisiones de Nigeria apenas se ofrece formación educativa o profesional ni hay instalaciones de recreo. Durante un tiempo, Nkeiruka estuvo aprendiendo a hacer jabón y a tejer, pero, según cuenta, las clases se interrumpieron de pronto en 2003. Los servicios de asesoramiento de que disponen los jóvenes que están recluidos son limitados o inexistentes. Cerca del 90% de estos jóvenes que sufren confinamiento no reciben una buena alimentación, no cuentan con una cama apropiada ni disponen de servicios o instalaciones sanitarias adecuadas, lo que les hace vulnerables a infecciones y enfermedades. Nkeiruka y su madre tuvieron la suerte de compartir celda con mujeres; muchas otras reclusas son confinadas en celdas mixtas, con el consiguiente incremento del riesgo de sufrir maltrato y explotación sexual.
En aquellos casos en que no existen tribunales juveniles, los niños, niñas y jóvenes son procesados por tribunales para adultos. Al carecer de medios para contratar un abogado o pagar una fianza, languidecen en prisión durante largos periodos de tiempo. Es muy frecuente que los jóvenes que están en prisión se vean totalmente aislados del contacto con amigos y familiares, debido a un miedo y una desconfianza muy arraigados que llevan a la gente a rechazar a todo aquel que entra en contacto con la ley, ya sea perpetrador o víctima. El estigma y el rechazo de la sociedad repercuten también en la reinserción de las víctimas. Durante los cinco años y medio que permaneció en prisión, afirma Nkeiruka, únicamente recibió la visita de uno de sus hermanos, la semana anterior a la fecha prevista de su puesta en libertad.
La oficina de UNICEF en Nigeria ha colaborado desde 2003 en promover la asistencia legal para jóvenes en conflicto con la ley y en mejorar el trato que reciben. Como parte del proyecto de Administración de Justicia Juvenil –emprendido conjuntamente por una alianza integrada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Colegio de Abogados de Nigeria y organizaciones locales y estatales– ha sido creado e instituido un sistema de turno de oficio para los abogados que renuevan sus licencias con dicho colegio. UNICEF ha colaborado mediante el apoyo en la formación de los jueces, policías, funcionarios de prisiones, abogados y trabajadores sociales que colaboran en el ámbito de la administración de justicia juvenil, fortaleciendo así la prestación de servicios jurídicos a los niños, niñas, jóvenes y mujeres.
Este proyecto, que tiene por objeto reducir la cifra de niños y niñas detenidos, se puso en marcha de forma experimental en tres estados del sur de Nigeria. Para mediados de 2005, el proyecto había beneficiado a casi 600 niños y niñas, que, o bien habían sido excarcelados de las prisiones o correccionales o puestos en libertad bajo fianza, o sus casos habían sido archivados o resueltos extrajudicialmente o, de continuar abiertos, habían sido asumidos por el proyecto.
La cifra de niños, niñas y jóvenes detenidos ha disminuido como resultado de este proyecto. La formación de los jueces ha traído consigo un mayor rigor a la hora de dictar sentencias de reclusión para jóvenes que han cometido delitos leves. Los funcionarios de policía procuran evitar confinar a los jóvenes que delinquen en las celdas para delitos leves de las dependencias policiales, y en su lugar les remiten de inmediato a los tribunales para su procesamiento. En vista del éxito obtenido, el proyecto está siendo implantado en nueve estados más de todo el país en estrecha alianza con el Servicio de Policía de Nigeria.
Información del Gobierno Federal de Nigeria y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, “Juvenile Justice in Nigeria”, Hoja de datos, UNICEF Abuja, 2003; presentación de la oficina de UNICEF en Abuja, 2005, y debates de grupo con niños y niñas celebrados en Enugu, Nigeria, el 14 de mayo de 2005.


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