Articulo

Garré, monstruo de la defensa

Por Esteban Schmidt

Dios dijo: Andrea Prodan en la ducha de su casa. Y la puso con las manos abiertas y los brazos atléticos estirados contra el vidrio templado y húmedo de su box hermético como empujando la mampara, pero empujando nada, pura relajación juvenil de mina con lomo ganador, mientras el agua caliente, la lluvia feroz, le iba erosionando la espalda, le acupunturaba la columna y perdía su cabeza de abogada en algún lugar entre el antes de haber nacido y el después de haber sido pensada. Sintió, por supuesto, que no existía. Como te hacen sentir los tipos que tienen la lapicera. La fuga del yo duró lo que duró porque el agua es casi gratis en la patria de Perón y Meolans. Dios deja la escena (”Yo me borré”, dijo desde Montevideo), cuando llegó al baño un mensaje de texto que hizo tutu o que hizo brrr, la cosa es que además la cosa se movió. La tapa blanca del inodoro donde apoyó el Motorola fue el océano de madera pintada donde zozobró un barquito negro y chato. Se entoalló, se echó el pelo para atrás y se hizo el turbante. En el vidrio empañado del botiquín escribió ANDREA con el dedo y abajo una P y abajo de la P una V. Viva Prodán. Para luego estirarse en diagonal, perder la toalla y apoyar las tetas contra el espejo. Porque pase lo que pase, así firma Andrea cuando está sola. Con los timbres duros que hacen agujeritos de agua.

Abre la tapita. Aprieta leer.

PRESCINDIMOS DE TUS CONOCIMIENTOS. NO ES NECESARIO QUE REGRESES.

Si en el mundo de la gente común, los mensajes de texto y los mails cubren la cobardía del que tiene que decir algo doloroso y no se anima al cara a cara, en el planeta monto ex monto que alimenta el presidente tiene el sentido, en scanner, de un atentado. Sería como poner un caño. Así que te ortivaste, mirá como es la cosa. Prodan cometió un pecado gigante: fotografiarse en bikini en la playa y hacer declaraciones a la revista Noticias, sin autorización de Jorge Luis Bernetti, un periodista peronista fuertemente asentado en el mito Walsh que libera las energías comunicacionales de la ministra de Defensa, Nilda Garré. ¿Por qué lo hizo Prodan? Ni ella sabe. Le pasó. Por inexperiencia o porque el periodista la cagó o porque en su juicio más normal no le pareció un disparate divertirse dando una entrevista a un medio y que le saquen fotos y hablar de ella o de un ministerio que tampoco existe, ¡porque no existen las Fuerzas Armadas, carajo! Andrea vio que el aire es libre, que el aire es de todos, que la playa es ancha y que las olas vienen y van en un trámite incesante que de pronto la educó acerca de darse los gustos en vida. Y entonces habló porque le daba la gana.

Los gustos en vida son un problema para los reprimidos y las resentidas. Se sabe que tras el restablecimiento de la democracia en Irak, el eje del mal tiene un nuevo actor, la señora abogada Garré, la ministra de la Defensa de un país menos que soberano y bastante indefendible. En los copados años setenta, cuando Miguel Paulino Tato dirigía el Instituto de Cinematografía y la muchachada miraba Alta Tensión por la tele, Nilda era una luchadora, una militante grossa del peronismo juvenil y copado, del peronismo con aguante (un aguante onda de izquierda), y tenía calientes a casi todos los que la conocían y que transitaban los no menos copados pasillos del Congreso Nacional, según dice la leyenda, que por supuesto tratándose de aquella primavera es lo único que importa. Uno de los prosistas principales de los años del beat y el bang bang, el congressman Miguel Bonasso, ha dedicado muchas líneas a exagerar el perfil yegua de Nilda en su novela El presidente que no fue, un libro muy entretenido que tiende a hacer del odontólogo de Giles, Héctor J. Campora, una suerte de extraordinario estadista perdido en la dimensión del retorno del generalísimo fundador de la Triple A y que, además, era macanudo, lo cual es una cosa muy importante en la fábula peronista.

A Nilda, Bonasso le dedica esas líneas softcore, sin planos a los genitales, especialmente cuando cuenta cómo la ex diputada de la tendencia incursionaba en la embajada de México donde estaba protegido su ex compañero, ex dirigente justicialista y ex dirigente del PRI, Don Juan Manuel Abal Medina padre. En el planeta Kirchner, el libro de Bonasso sobre Cámpora caminó bien, todos lo leyeron porque casualmente sobre ese mito setentista es que muchos pudieron luego exculpar su enriquecimiento de los noventa. El ilícito pero también el lícito. Porque la moral y el código penal no siempre son lo mismo.

Fue entonces que el mensajito de texto de prosa canchera fue como un caño de la M o algo tal vez más emparentado con la descortesía del FG. La falta de cordialidad fue el único hijo que el Frente Grande le hizo a la patria. El vástago malvado y egoísta de ese partidito de mil afiliados con banderas verdes como la esperanza de ganarse unos dólares sin poner el cuerpo, no a lo Menem, más de coté, aunque con el mismo hambre de futones y toallones robados en los hoteles de la Isla Margarita. Ser un ogro te libera de dar explicaciones y de pedir las cosas por las buenas. “Chacho es un poco fóbico”, escuchábamos a sus lugartenientes en los lamentables bares de la calle Riobamba donde se gastaron cinco años de preparativos. (Ja, ponele adelante a Álvarez una mina con buenas tetas y sabés cómo se empieza a desenvolver de golpe). Ser descortés te salva pero te deja solo. Los que se agruparon detrás de ese liderazgo mantecoso vieron el filón de la política sin compromiso personal. Para algunos era hora de descansar, para otros era seguir hamacándose en su vagancia y frivolidad, aunque el chamuyo setentista lleno de anécdotas sacrificiales les daba un increíble margen para el desdén y la siesta.

Y así es que dejaron en bolas a Andrea como quien la ningunea, o como quien le pone un caño. Pero su despido deja más cosas al desnudo, como su función innecesaria en esta democracia de partido único y sin instituciones. Ella era el enlace del ministerio con el Congreso, por lo tanto fácil de rajar, sustituible hasta por una mascota. Lo cual devela la política de contrataciones del gobierno nacional. Nombrás sin tener la menor idea de qué pueden hacer tus contratados una tarde aburrida de vacaciones, nombrás a una secretaria de Medio Ambiente porque está buena, a un enlace con el Congreso porque es familiar de Luca. No hay marco de trabajo o de ideas en común. No hay un cazzo.

Un día, Andrea, yo te juro, vamos a hacer una escalera con los huesos y las cornamentas de todos estos personajes para bajar del cielo a todos los que se comieron el garrón de haber sido gobernados por gente así, administrados por personas sin fe. Y si no alcanzara, porque el cielo de los argentinos quedó lejísimo, habrá que deshuesar más.

Salgamos a correr, entrenemos grosso, estemos listos.

Hasta el amargo final.

Este artículo apareció en Monolingua.

Comentarios (no hay comentarios)

Se han cerrado los comentarios para este post.

Dejar un comentario

Los comentarios están cerrados para este post.