Ingreso

Articulo

Biblioteca Nacional: superar la crisis

Por NN

[Lo que sigue uno de los editoriales aparecidos en La Nación en el día de hoy. Como es habitual en el diario fundado por Mitre, los editoriales carecen de firma. Pero como en NA somos modestos, abiertos, solidarios y, por sobre todas las cosas, nos aferramos a nuestros principios y a nuestro manual de estilo, el editorial va firmado por NN. Si algún trabajador de La Nación o cualquier allegado puede dar cuenta de quién escribió esto, que nos lo haga saber, porque los NN no nos gustan.]

Con la designación de la doctora Elsa Barber como subdirectora de la Biblioteca Nacional -el cargo que dejó vacante Horacio Tarcus hace dos semanas–, parece haberse calmado por un tiempo la crítica situación institucional de la entidad, aunque las consecuencias de la mencionada renuncia todavía pesan en el ánimo de funcionarios e intelectuales.  

Sería de desear, sin embargo, que la decisión de un profesional reconocido como Tarcus no haya sido en vano, porque el planteo formulado en la carta con la que justificaba su renuncia, más allá de las desinteligencias personales que pudiera haber mantenido con el director del organismo, el sociólogo Horacio González, puso sobre el tapete un tema de fondo: la aparente dicotomía sobre el destino real de la Biblioteca. Es decir, si la gestión debe estar dirigida a transformarla en un gran centro cultural o, por el contrario, convertirla en el centro de un moderno sistema bibliotecológico nacional y reservorio principal de la producción editorial.

Es lamentable que cada dos por tres la Biblioteca Nacional deba ocupar el primer plano de la información, siempre por motivos nada alentadores. Y no es necesario remontarse muy lejos en su historia ni volver a recordar los 30 años que se tardó para terminar el edificio que hoy ocupa (y que también merecería un párrafo aparte, porque, siendo como es una obra de firma y representativa de un momento brillante de la arquitectura argentina, no recibe el mantenimiento necesario). Parece una constante, que por repetida se vuelve tragicómica, que los problemas de los funcionarios entre sí o con el secretario de Cultura de turno o con los líderes de los tres sindicatos que detentan gran parte del poder dentro de la institución (UPCN, ATE y Soeme) la hagan volver una y otra vez a una cíclica situación de caos, que hace perder de vista los temas que realmente importan.

Una vez establecido que las falencias de la Biblioteca son de larga data y no han nacido con la actual dirección, debería entrarse ahora en una etapa superadora de los disensos teóricos y administrativos para trabajar mancomunadamente hacia ese objetivo superior que debe ser tener la Biblioteca Nacional que la Argentina se merece y espera.

Por eso resulta muy auspiciosa la designación que el secretario de Cultura de la Nación, José Nun, hizo de una especialista tan prestigiosa como Barber, directora del Departamento de Bibliotecología y Ciencia de la Información de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y capacitadora de bibliotecarios en el país y en el exterior. Una acertada decisión, que llena las expectativas de los que temían que se perdiera definitivamente el perfil técnico de la entidad. Además, no hay que olvidar que la doctora Barber estaba en el consejo consultivo del organismo desde marzo de 2006. En una primera entrevista después de designada, Barber ya confirmó que este año se seguirá con el inventario de partituras y que se ampliará a todos los soportes, aunque a su juicio poder completar el proceso de automatización de la Biblioteca, el asunto clave de su gestión, llevará unos tres años.

De manera que se trata de sacar el mayor provecho posible de una situación poco feliz, pero que desnudó una vez más problemas que no sólo se dan en el ámbito de la Biblioteca, sino que se repiten intermitentemente en el ámbito de otro organismo cultural emblemático como es el Teatro Colón, también sujeto a las luchas entre autoridades y sindicatos.

Lo que está en juego y ha quedado muy claro es para qué debe servir una institución de tanta importancia para la cultura de un país. No se trata de buscar sólo culpables -habría que preguntarse si las editoriales cumplen con lo que estipula la ley de entregar un ejemplar de cada libro que se publica en la Argentina–, sino también de darle a la entidad el lugar que se merece, con el presupuesto suficiente, con una administración transparente y con técnicos designados por concurso. De llegarse a este equilibrio, podríamos decir entonces que los dirigentes argentinos han comenzado a comprender el papel fundamental que le cabe a la cultura nacional en la recuperación del país. Y que la Biblioteca Nacional puede llegar a ser uno de los centros culturales y de excelencia bibliotecológica más importantes de América latina, como debería ser.

Comentarios (no hay comentarios)

Se han cerrado los comentarios para este post.

Dejar un comentario

Los comentarios están cerrados para este post.