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Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

Por Daniel Freidemberg

[Mensaje enviado a Quintín, a La lectora provisoria, a propósito de su columna en Perfil del 14 de enero.]

Me alegra saber que leés mi blog, Quintín. Pero, ya que leés, te pido que leas bien y no me hagas decir lo que no dije: no escribí que los que se pronuncian a favor de Tarcus “son” hijos de puta y mafiosos sino que ahí, en ese espacio, están los hijos de puta y mafiosos (es decir, ninguno de los dos adjetivos abarcaba al conjunto), y tanto que en un comment posterior que, si es que lo leíste, se te pasó por alto, confirmo esa diferenciación. Pero, sobre todo, no me parece que se pueda cotejar lo que se escribe en los blogs, y más aun en los comments (casi todo lo que citás figura en comments) con lo que aparece escrito en los diarios y otros medios. Por la índole misma del blog: esa facilidad e inmediatez que ofrece y que permite dejar anotadas cosas sin pensarlo mucho, a veces respondiendo a impulsos del momento. Otra cosa muy distinta es redactar una declaración o escribir un artículo: mi apunte casero en un blog (para colmo las calificaciones que lanzo en respuesta a un comentario que habla de “hijos de puta”) no puede compararse con lo que hizo Altamirano, que fue convocado por un medio masivo en tanto destacado integrante del campo intelectual. Los grados de responsabilidad son distintos, y los niveles de repercusión en la sociedad. Y, al ser distintos los medios, son distintas las actitudes que supone escribir en ellos, y el tipo de atención que merecen: el blog es un espacio de diálogo –incluidos la chicana y el conventilleo– y de intercambio, supone inmediatez y poca aspiración a llegar a un público amplio. Fuiste injusto, me usaste mal, haciéndome decir algo que difiere bastante de lo que dije. Y lo hiciste en un diario, donde la posibilidad de réplica es infinitamente menor a la del blog.

Precisamente, haciendo uso de esa maleabilidad e inestabilidad del blog es que borré la entrada en que hablaba de la Guggenheim (a la que no renuncio a presentarme alguna vez). ¿Cobardía? Tal vez, pero la razón que me llevó a quitarla –y de eso estoy muy seguro– fue otra: me vinieron a la cabeza nombres y rostros de unas cuantas personas que consiguieron la Guggenheim y a los que aprecio bastante o mucho, y a los que una lectura rápida podía presentar involucrados en componendas feas, lo que ni de lejos estaba en mi intención. No es tan grave quedar como cobarde –es un riesgo que sabía que debía correr– como ser injusto, y en el espacio del blog es muy fácil ser injusto, pero también tenés un poco más de posibilidad de hacer algo para rectificar lo que hiciste respondiendo a un primer impulso. En los diarios no, o mucho menos.

Aclaro, para jugar lo más limpiamente que pueda, que el texto de este mensaje voy a ponerlo en mi blog, y si puedo en algún otro. Al margen de todo esto: la creación de La Lectora Provisoria es una de las buenas novedades con que me encontré en estos días. Es un sitio que me da ganas de leer habitualmente, que a esta altura son ya muy pocos, y uno de los poquísimos cuyas entradas tiendo a copiar y guardar (algunas, al menos) para leer con tranquilidad en otro momento. Iba a escribirles eso, pero la aparición de tu artículo en Perfil llegó antes. De todos modos, no me parece que sea un motivo para no hacerles llegar esa expresión de complacencia, que sí, a pesar de todo, es complacencia.

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