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Renuncia de los súbditos

Por Martín Riva

Hay una necesidad de líderes, pero también una necesidad de acompañantes de líderes, o dicho de otra manera, es necesario aprender a ser súbdito, a ser vicedirector, a ser vicepresidente, a ser hasta segundo como máximo. Claro está que muchas personas no quieren ser en todos los casos un elemento posterior al poder máximo de una organización, y está bien que trabajen por eso, pero lo cierto es que si la dirección la tiene otro, disputar ese poder no debería hacerse a cualquier precio. Pero lo que me interesa resaltar es la necesidad de aprender a ser un invitado, a ser un acompañante, a ser un líder detrás de otro, y así casos similares. De lo contrario es difícil llevar adelante las organizaciones, porque si ante cada acto de poder se suma una disputa por el poder, nos encontramos siempre discutiendo ese litigio y no el desarrollo del resto de la organización. Los factores por los cuales las personas disputan el poder son muchas, pero a los efectos del desarrollo óptimo de las organizaciones es claro que en la mayoría de los casos no son propicias esas disputas, salvo para lograr el poder o la destrucción o empeoramiento de las organizaciones, o ya ir directamente a la agresión personal del que domina las últimas instancias de ciertas cuestiones de una organización. Con esto no quiero decir que hay que aceptar el poder establecido, ni mucho menos, sino que es tan complejo ser líder máximo de una organización, como serlo en otra escala dentro de la misma organización.

Este escrito es una invitación a la construcción cuando se está de acuerdo, e inclusive para cuando no se está de acuerdo. Pero también es otra cosa: me gustaría que se piense en la función de líder elegido, de la necesidad de saber que el líder elegido —y muchas veces el líder presente aunque no haya sido elegido— no cree favorable o no puede llevar adelante los pedidos de los otros líderes de una organización. En situaciones así, no siempre hay que renunciar al hecho de estar adentro de esas organizaciones. Además, quedarse suele ser una manera de sumar más allá del no acuerdo.

Me ofrezco como súbdito, yo, que soy líder.

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