Articulo

Los docentes peronistas #Lapsus I (cogitare alicui fraudem)

PeronFinal.jpgPor Omar Genovese

Podemos celebrar la llegada de un defensor de las Verdades Peronistas. Un hecho fortuito (del que todo ignoramos, y en nada tiene que ver con cierta invocación del destino) lo ha llevado a tener también un blog, y ubicarlo como contemporáneo de lo publicado aquí. Para algarabía del gorilismo a ultranza, su lanzadera al abismo del discurrir lo ha llevado a sentar una base de lectura, o cierto orden canónico al que denomina S, por un tal Soria, de quien carecemos de datos biográficos certeros (puede tratarse de el ex jefe de la SIDE durante el gobierno de Duhalde, de la profesora Soria que analizó la iconografía neo nazi de Apold, o de un simple plomero, acaso militante de Escobar, al igual que el nada ilustre reaparecido Gerez) pero sí contamos con una cita que, a continuación, trataremos de discernir como contenido rector. Cada párrafo en bastardillas corresponde al tal S, mientras que en redonda siguen los comentarioss de quien escribe.

Un pueblo puede carecer de «superficie geográfica» pero no puede carecer de alma.

Atento a lo que ya vimos, el peronismo tiende a establecerse como categoría de verdad por encima de cualquier condición, incluso despreciando el nivel de ignorancia a quien interpela desde sus afirmaciones: el pueblo. El gesto demagógico por excelencia, y tal vez punto de partida elemental que invoca S (Soria), es darle al pueblo un reconocimiento de entidad carente pero a la vez vital; así invoca el espacio (la tierra como posesión imposible, o el cuerpo más allá de su potencial fuerza de trabajo, y en su perduración, trascendente) de la que no es dueña pero que con creces puede compensar con el animismo más elemental. Esto crea un campo de conocimiento donde, reconocer la falta e invocar lo imprescindible, deja entrever que el peronismo obrará por un beneficio supremo, más allá de la miseria cotidiana. Su fin, resultará elevado.

El Movimiento Peronista, para servir acabadamente al Pueblo y a la Patria, debía poseer él mismo no sólo un cuerpo (organización) sino un alma, ya que «no se puede dar lo que no se posee.

No se trata de servidumbre ni servilismo sino, más bien, de servicio con la vocación y entrega que presuponen las máximas militaristas básicas de todo grupo armado: la fidelidad, más allá de toda orden, está garantizada. El espíritu de cuerpo (o fuerza de choque, avanzada) se compromete por una fusión de intereses entre el pueblo de la primera oración y el movimiento peronista de ésta: la síntesis no es proteica, sino animista, lo que vincula a la esencia escolar de Nación (integrada por el Pueblo, la Patria y -mendazmente omitidos- los representantes del primero, quienes ejercen el gobierno), con el valor intangible que humaniza y acerca sus partes, y también esa esencia común al homo de la filosofía greco-romana fundacional que, para ser tal, debe poseer aquello que no se puede dar cuando no se lo posee. Fórmula de una trampa, en la que lo orgánico se transfiere como humanización de la agrupación a movimiento, y que ejerce una elevación a nivel teocrático de sus actos que volverán, necesariamente, al pueblo en forma de beneficio.

Por eso el General Perón lo organizó y le dió su Doctrina, infundiéndole, en cierto modo, su propia alma.

Dejaremos de lado la ironía del tercer exceso acentuado. El General (más que por su investidura, por su poder generalizador, que involucra a todo y todos) aparece con el esplendor sintético de su diptongo, organizando y dando al movimiento, infundiéndole también -en un gesto extraño (“en cierto modo”) a los mortales-, “su alma”, que podemos calificar de impropia, por lo exagerada. ¿Qué características guarda esa alma que tanto desborda y empapa un movimiento? Un algo, un texto emanado por ella, básico, iluminado, incuestionable: la Doctrina. Remedio a todos los males del pensamiento errado, ésta será la columna vertebral del nuevo ser peronista, que como miembro de un movimiento, tomará dirección en la fidelidad y vocación de servicio, transferencia implícita que llega con la animosidad adquirida.

El alma del Movimiento Peronista es la Doctrina de Perón o Doctrina Peronista.

Una vez que el alma de Perón toma cuerpo en el movimiento, el alma se “doctriniza”, o bien se ordena tras las órdenes de la primera, pero diferenciándose, pues el movimiento tendrá una voluntad mística que sobrevivirá al líder, al dador, de tan preciado néctar.

Por eso el Movimiento Peronista sirve al Pueblo y a la Patria trabajando por infundirle la Doctrina de Perón, que al ser transferida al Pueblo y a la Patria, se conforma como Doctrina Nacional, que es nuestra Doctrina Peronista.

He aquí la causa justa del trabajo, el verdadero servicio y la infusión salvadora de un pueblo enfermo, sin alma, antes del peronismo. Portador de las fórmulas sanadoras, o del poder chamánico elemental, el movimiento ejerce su doctorado a través de una transferencia (de la que no se detalla fenomenología alguna) al conjunto Pueblo / Patria, sugieriendo que han tomado el poder por iluminación esotérica, ya que lo que antes era una doctrina de minorías ahora, ejercida en toda la población, se convierte en Nacional, socavando cualquier posibilidad de pensamiento plural o disidente. Como una mancha de tinta vital, se opone a todo lo que no responda a sus preceptos transferidos a la Nación, suponiendo una plaga tal dislate, o peor, un verdadero riesgo que socava la seguridad de las instituciones tomadas por asalto desde un fanatismo de pocas letras.

El Pueblo tiene avidez de Doctrina…es como un hombre que ha vislumbrado su propio destino y desea conocerlo para realizarse, realizándolo.

El peronismo sabe lo que el pueblo necesita, lo presiente, lo mama de sus expresiones e impulsos, y en ese saber también supone lo ávido e imprescindible que es la fe, reemplazada con la docta reglamentaria. Ahora, el pueblo deja de ser movimiento para ser hombre, pues cada integrante del movimiento debe sentirse pueblo, arrogarse el lugar de ésa palabra, para no sólo tener alma sino, también, derivar la creencia en un futuro encarnándolo en destino. El pueblo (como el hombre del movimiento) tiene un ansia de sabiduría del futuro, quiere adivinar lo que vendrá, anticiparse al movimiento para no dar pasos en falso y apartarse del recto camino. Es que así podrá “realizarse” realizando aquél destino, aceptando su rol, las órdenes, los preceptos, y todo gesto mandatario que establezca la Doctrina y las interpretaciones de la misma que el movimiento emane. El hombre del pueblo, el pueblo mismo, deberá resignar su capacidad política y de acción, sometiéndola sin más lo que el destino doctrinal dictamine.

El Pueblo argentino está organizado. Su cuerpo reclama el alma adecuada que es la Doctrina de Perón.

La organización del pueblo se ha impuesto, y responde a un cuerpo y un alma moldeada a imagen y semejanza del líder. Primer trabajador, origen de la sabiduría en forma de doctrina, Perón ha encarnado definitivo en la doctrina y a través de ella en los otros, dando de sí ese otro todo, no como divinidad, sino como don, característica elemental de la definitiva felicidad del pueblo. El alma-doctrina es adecuada, única capaz de materializar un proyecto de nueva vida, de generar otra forma de existencia, siendo regeneradora de un cuerpo dado, anterior, transformánolo en matriz política, fuerza y potencia de futuro.

El Pueblo argentino podrá realizarse de esta manera, realizando su propio Destino Nacional.

Abrazada la doctrina al cuerpo popular, culminada la fusión, el futuro adviene materializando (realizando) la promesa de bondades encubiertas. Funda una nueva Era, en la comunión de todos los destinos, unificándolos en uno solo, Nacional, por encima del Estado, la Patria, el Pueblo, los hombres, y por qué no, sobre la historia misma.

Si la Doctrina Peronista (que incluye las Verdades Peronistas) pueden defenderse tomando posición en el canal místico de frecuencia irracional, estaremos entonces ante la declamación infinita de una nueva forma de mulah, que no contento con implorar cinco veces al día la gracia de su divinidad doctrinaria, tendrá por amenaza el castigo más severo para aquél que use un razonamiento alejado de toda retórica del sometimiento mental. Quiroga alude a la doctrina como palimpsesto, que tiene dos definiciones:

1. m. Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior que fue borrada.

2. Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir.

La primera definición excede la capacidad histórica de la doctrina peronista, pero la segunda, guarda el secreto ignífugo de su perdición política: el peronismo ha borrado no sólo sus premisas, sino que toda influencia del pasado, mudando de piel, metamorfoseándose en una selva de intenciones, donde guarda un lugar de privilegio, el del depredador.

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