Las ensoñaciones del reposo
[¿Bares para beber alcohol, bailar, escuchar música?, ¿para charlar con amigos después del trabajo o para desayunar? Anacronismos. Inhalar oxígeno, tomar un té recién traído de China, llorar rodeado de otros llorones, dormir la siesta o leer, son las nuevas opciones a la hora de elegir un bar donde pasar el rato y relajarse. Hasta hace muy poco, en cualquier revista, las clasificaciones de los bares tenían poca variedad: pubs, cafeterías, cervecerías, vinerías, para noctámbulos con espectáculo, striptease, strippers, gays, lesbianas. Pero el mundo global amplía las variantes.]
La variedad crece, las costumbres cambian, la relación con el tabaco cambia (en algunos lugares): los comportamientos sociales cambian. En Europa, las diversas leyes antitabaco no han disminuido su clientela, como se creyó en un principio. Pero no: los datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) indican que la gente sigue yendo a los bares, y que su afluencia hasta ha aumentado.
¿Podría deberse a que los parroquianos encuentran en los bares un espacio para otras actividades? Se ha dicho adiós a los bares únicamente para beber y fumar. Las restricciones suelen disparar ideas, ha crecido la especialización ha aumentado, hay bares dedicados casi exclusivamente a un cierto tipo de productos. La tendencia existía, pero la oferta, ahora, es monotemática y más sofisticada.
Los bares de agua, por ejemplo, empiezan a verse en las grandes urbes. La moda “natural”, ecológica y saludable, encuentra en el Water Bar Chez Colette de París más de ochenta tipos de agua de todo el mundo (del Riachuelo nada). En Australia, Japón y los Estados Unidos, esas casas se imponen cada vez con más fuerza y bajo su tutela, aparecen los primeros cursos para “catadores” de aguas.
En una línea similar, los bares de oxígeno aprovechan también la moda. Se inhala un compuesto de oxígeno puro con un aroma a elegir. Hay una gran variedad: aromas cítricos, de violeta, naranja, rosa, cilantro, clavo (y nauseabundos, baño clausurado, para espíritus críticos). Se consume la ilusión de energía, vitalidad y salud. Están muy extendidos en los Estados Unidos y Japón, pero hay por todo el mundo. El 2202 Oxygen Bar de San Francisco ofrece además un tratamiento facial de oxígeno para combatir los efectos de la contaminación en las grandes ciudades.
Aunque ya tuvieron su momento, vuelven con fuerzas renovadas los bares de té. Se pueden disfrutar especialidades traídas de lugares remotos, indicados para distintos estados de ánimo (recordar las recomendaciones de nuestro Fernando de la Rúa a Juan Pablo II sobre los beneficios del tilo). En París, el Ten Ren Tea se especializa en variedades chinas, como el Pearl, el Tapioca o el Bubble Tea, todos neoyorquinos. Este último, ubicado en Chinatown, junto al Soho, es frecuentado por famosos enganchados a su consumo.
Algo similar pasa con el chocolate (no confundir con el hasch): cada vez hay más bares especializados, como el Chocolate Bar de Nueva York o el Lindt Concept Store & Café, donde se pueden degustar las especialidades de la casa Lindt.
Pero consumir aire, de un puro, habano o cigarro, también puede tener un efecto beneficioso, al menos para el espíritu, sobre todo si se sabe apreciar la calidad, y si se hace en un ambiente relajado, con música, una copa de brandy, con un libro, periódico o pierna a mano.
Es que los cigar bar están resurgiendo. Son sofisticados, envuelven la atmósfera de un aire viciado pero carísimo, que invita a la meditación y al sosiego (por ciero menos que en los buenos fumadores de opio de Bombay). Más que bares se podría hablar de clubes. Muchos se encuentran en hoteles de lujo, como el New York Palace de Budapest, o el Grand Havana Room que cuenta con sucursales en Nueva York y en Los Angeles, en la exclusiva Beverly Hills. Si contamos con que fumar puros se está poniendo de moda entre los jóvenes (y los que la van de jóvenes), se espera un auge todavía mayor de los cigar bars; eso sí: con una estética prepúber.
Hay otras maneras de cuidar el cuerpo en los bares: a través del relax (y demás); con la excusa de un trago o una cena, se puede ir a espacios donde las mesas y sillas han sido sustituidas por camas. Son cómodos, sonorizados con bandas new age, atendidas por señoritas todo servicio, que no es de extrañar que los visitantes, en su mayoría, sean hombres (hombres casados), aunque no se exigen documentos.
En el Bed Supperclub de Bangkok, el curioso se desconecta de la atmósfera estresante de la ciudad, se reclina en cojines, y mira películas mudas (pornográficas). El concepto, próximo al de chill out, es uno de los atractivos del Bed New York. En su terraza hay divanes donde atragantarse de soja y porotos negros con vista a Manhattan (lamentablemente, sin Torres Gemelas).
Si hay alguien que para dormir necesita absoluta ausencia de luz, el Bar in the Dark, de la exposición Dialogue In The Dark, ofrece la posibilidad de saber lo que siente un ciego. Han quitado absolutamente toda la luz y se bebe y se habla con los demás en completa oscuridad. Se planean emprendimientos similares, atendidos por mudos y sordos. Seguramente serán autoservicios.
Para los que sufren nostalgias de infante, en el Babyland de Londres tratan a los clientes como a niños mientras se cena o se toma una copa. No está permitida la entrada a niños de verdad, porque muchas veces antes de la cena o la copa, las camareras amamantan.
Para hipocondríacos lo mejor es el Barmacy de Nueva York. La decoración recuerda una farmacia kitsch. Las paredes están llenas de medicamentos y pócimas y las bebidas son suministradas, como si de medicinas se tratasen, por camareras uniformadas de enfermeras. Están prohibidas las drogas (ilegales).
Y si lo que tiene son ganas de exteriorizar la tristeza llorando, el Cry Bar de Xian, es el sitio indicado. Por 50 yuanes la hora es posible desahogarse sin verguenza. El lugar no tiene nada especial, excepto música triste (Ricky Martin, Alejandro Lerner, ACDC, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez), y una serie de ingredientes: cebollas crudas, pañuelos de papel, pimienta, mentol, y si no hay caso, puede solicitarse un puñetazo donde el cliente diga.
Contra el estrés, el Isdaan de Manila ofrece comida y permisos para romper platos (llenos o vacíos) contra las paredes. Es ideal para relajarse. Eso sí: los platos se venden -incluso los vacíos. Así que sólo hay que concentrarse en padres, amantes, esposos, esposas, hijos, tíos, suegros, policías, porteros, policías, funcionarios, obsecuentes y vecinos.
En los knitting cafes aterrizan legiones de aficionados a tomar café o té y tejer en compañía. Pero no son locales sólo para mujeres; muchos hombres son asiduos, y a ninguno le importa el qué dirán. The Point NYC o Knit son muy populares en la Gran Manzana, y se están extendiendo al resto del mundo.
A veces un mal día sólo lo salva un tratamiento. Para eso, nada como ir a los Beauty Bar, donde en un ambiente que recuerda a un salón de belleza de los años 50 se puede disfrutar de un cóctel mientras solícitas muchachas o muchachos (depende de la demanda), hacen la manicura.
En Barcelona, el Talls i Tallats permite un trago mientras se lee o se navega por Internet. Se puede optar después por un corte de pelo o los pelados, por un masaje terapéutico. Si además del masaje se pretende algo de yoga y un té, el Yoga Café es una opción.
Si se siente necesidad de airear los trapos sucios hasta dejarlos limpios, en el Laundry Bar de Miami o el Sit ‘n’ Spin de Seattle se puede hacer lavar la ropa mientras se da cuenta de un Jack Daniel’s, la bebida favorita del ama de casa norteamericana.
Y cultivar el espíritu es una tarea digna de los Cafes Scientifiques. Fuera del ambiente académico, tomando café, vino o lo que sea, se habla de cualquier cosa, incluso de estupideces. La sesión empieza normalmente con una charla de un invitado, y después de pedir las consumiciones, empieza las preguntas, respuestas y certezas. Los hay por todo el mundo.
Si se desea hablar de blogs, hay Blogs & Beers donde acuden los bloggers de la ciudad para conocerse y tomar unas cervezas. En Bogotá, el Café+Blog adapta estas reuniones a las costumbres de Colombia.
Se sale también de bares pero para leer. Aquí no hay prisas y los sillones invitan a pasar el tiempo. En Chicago, The Book Cellar es un caso. En Madrid, está El Bandido Doblemente Armado, propiedad de la escritora Soledad Puértolas, y el J&J Books and Cofee, que posee más de 10 mil libros en inglés y organiza reuniones de conversación para practicar ese idioma.
Si lo que se busca es intercambiar fluidos, combatir la soledad, el hastío y el frío, los bares ofrecen muchas posibilidades. Y aunque hay lugares especializados en estos temas, desde que el mundo es mundo, la tecnología y los cambios de hábitos han hecho emerger nuevos sitios, sin el regusto sórdido que los caracterizaba.
Pero conectar con ayuda de la tecnología no es lo habitual: en el Remote Lounge de Nueva York hay más de 60 cámaras y pantallas que convierten al visitante en una suerte de espía de aquel o aquella que haya despertado su interés: un Big Brother Bar.
Los bares (no mancebías) donde practicar sexo se han extendido sobre todo en la comunidad homosexual. Los dark rooms de algunos clubes, donde se practica sexo anónimo, o los lugares donde es obligatorio entrar desnudo, son una opción cada vez más frecuentada.
Las mujeres que sueñan con tirar la chancleta y bailar como una strepper profesional, lo hacen sobre la barra del Hogs & Heffers de Nueva York, capital del planeta. Y si lo que se quiere es tener sexo con un prostituto (no confundir con puto), hay locales especializados como el Charming Barbara.
Y si lo que se desea es un trago sin hablar con nadie, ni siquiera con el barman, también es posible. Brainbar, una máquina a la que hay que conectarse con electrodos, reúne datos de la corteza cerebral y según lo que lee, prepara la bebida conveniente. Sentándose, y conectándose al Automeet, con la información que recibe a través del pulso, la temperatura corporal y el nivel de alcohol en sangre, el artefacto dispone. Por supuesto, sin mediar palabra.


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