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Articulo

Andrew Vachss / En las trincheras

Por Art Taylor

Traducción de Paula Pampín

[Al comienzo de una entrevista telefónica con Andrew Vachss, Art Taylor probó con una pregunta afilada: “Déjeme jugar a ser el abogado del diablo por un momento”. Él lo paró, cortés pero firme, con un comentario: “El diablo no necesita de ningún abogado”. Publicado originalmente en Spectator Magazine (Raleigh, Durham, Chapell Hill, N.C.) el 9 de Abril de 1998.]

Aparte de ser un autor de los más vendidos, sumamente respetado y especializado en el abuso de niños y la ofensa sexual, Vachss ha trabajado en las trincheras, en la guerra contra esos criminales. Ha sido trabajador social, organizador laboral y director de una prisión de máxima seguridad para delincuentes juveniles. Como investigador federal en enfermedades de transmisión sexual tuvo la escalofriante experiencia de rastrear una “cadena de sífilis” en una niña. Ahora es un abogado de New York especializado en justicia juvenil y abuso de niños y se mantiene como un activista provocativo y controversial. Tomen como ejemplo su representación del feto en el caso “Bebé B” que sentó precedentes al final de los ’80: la futura madre cargaba una historia de abuso a sus niños (seis de siete de sus chicos ya se los habían quitado); aceptando el argumento de Vachss de que su próximo chico también estaría en peligro, la corte le ordenó entregar al bebé cuando naciera. A escala internacional, más recientemente, cofundó “¡No compren! ¡Thai!” para protestar contra la prostitución infantil en Bangkok; representantes del gobierno Thai han criticado el boicot. Trabajar a nivel cero le ha dado a Vachss una visión de primera mano de los crímenes contra los niños y sus novelas elaboradas, con el horror presente, han demostrado ser no sólo tan provocativas como su trabajo legal sino, desafortunadamente, tan correctas en sus apreciaciones como el paisaje criminal. “Cuando escribí sobre predadores pedófilos traficando pornografía infantil a través de un módem (Strega, 1987), los críticos fueron unánimes al decirme que tenía una imaginación enferma, afiebrada y loca. Lo sabía porque lo veía; yo no pronosticaba nada… Escribí acerca del tráfico de órganos humanos (Blue Belle, 1988), y logré lo mismo de los críticos. Mi primer libro (Bajos fondos, 1985) fue acerca de pedófilos que deliberadamente conseguían trabajos en centros de cuidados de día para vejar a los niños”. Vachss les hace una advertencia a aquellos críticos que han desechado sus novelas, “Cuando escribo sólo desafío a la imaginación”, y sigue: “Bueno, tal vez la imaginación de ellos, porque esa imaginación es el camuflaje que usan los predadores”.

Llevar a la gente tales temas parece ser la razón de ser de Vachss, e indudablemente la razón de sus novelas: aunque el libro de texto de Vachss de 1979 acerca de los jóvenes obtuvo “reseñas maravillosas”, él explica que “Jamás llegué al público con él… Mis novelas están traducidas a dos docenas de lenguas. Nunca podría estar hablando con gente en Japón, Alemania, Francia o Suecia con un libro de texto”.

Como respuesta, el éxito de las novelas ha ayudado a hacer de Vachss un portavoz sumamente solicitado en temas de abuso infantil y le ha dado una audiencia aún más amplia. Tiene un web site (http://www.vachss.com/) donde ofrece información, contactos y recursos a personas interesadas en estos temas; ha aparecido en lo de Oprah; también es editor contribuyente de la revista Parade, y dice: “Nunca nadie ha escrito un libro que haya vendido tantas copias en una semana como lo ha hecho Parade”.

Su ensayo de tapa para Parade –“Nuestra especie en peligro”– plantea la inhabilidad de la sociedad para proteger y preservar sus propias crías “plantea una amenaza más grande que la guerra, la pobreza, el hambre, el crimen, el racismo y el tribalismo de la genocida diversidad combinada”. Con respecto a los mamíferos no humanos escribió: “Los predadores dentro de los límites de una especie no son tolerados. Son expulsados, evitados o matados. No se trata de juicios morales; son manejados biológicamente y, entre todas las especies, excepto la nuestra, dominados”, y más tarde concluye su ensayo enfatizando que con respecto a los pedófilos y predadores: “Debemos reproducir la conducta de nuestros ancestros animales y responder como ellos lo hicieron, y si no logramos hacerlo así, desaparecer como algunos de ellos lo han hecho. Para siempre”.
En nuestra entrevista telefónica, Vachss explicó que la respuesta a ese artículo había sido extraordinaria. “El web site en las treinta horas siguientes a la medianoche de aquel día tuvo 50.000 visitas. El feedback ha pasado, literalmente, desde ‘Este es el artículo más importante que alguien haya escrito alguna vez’ hasta ‘Este es el más estúpido, más desagradable pedazo de basura, y es peor que la pornografía’. Obtengo blanco y negro, y estoy acostumbrado a eso”.

Pero aunque tiene fe en las perspectivas de rehabilitación de algunos abusadores infantiles, tiene una opinión firme con respecto a los peores ofensores: “A los predadores pedófilos crónicos, reincidentes, los considero desperdicio radioactivo absoluto y lo mejor que podemos hacer con ellos es enterrarlos”.

Al respecto, Vachss tiene algunos comentarios fuertes con relación al nuevo registro en Internet de Carolina del Norte que publica los nombres, direcciones y fotos de los delincuentes sexuales y secuestradores de niños registrados: “Lo que estas notificaciones legales realmente significan es que el gobierno dice a sus ciudadanos ‘Ahora vamos a liberar a quien nunca deberíamos haber liberado, pero en lugar de protegerlo a usted, en lugar de dejarlo a él en prisión, les vamos a hacer saber que él está en su comunidad’. La cuestión real no es si debería haber una notificación a la comunidad, la cuestión es por qué la gente que está en el web site está libre”.

Sus palabras acá o en cualquier lugar son directas, claras y chocantes. En un punto de nuestra conversación, Vachss se llamó a sí mismo soldado, y sus comentarios dan la sensación de alguien que cree que es leal a una causa por encima y más allá de él mismo. En la misma veta, referencias a “la batalla” y “la guerra” acentúan su imaginería y, también por extensión, el mundo que él representa parece una zona de guerra. Uno quiere saber cómo el buen soldado continúa luchando, enfrentando los horrores que ve como parte de su trabajo de cada día, manejando el trauma que una experiencia tal podría inducir. Su respuesta al interrogante fue puntual y punzante.

“El sentido de satisfacción, de disfrute literal que consigues al salvar la vida de un chico no se puede reproducir por manejar tu BMW al country club o jugar al golf. Todos dicen, ‘¿Cómo puedes mirar a ese material horrible?’ Mi única respuesta es ‘¿Cómo pueden no hacerlo? ¿Cómo diablos pueden simplemente oprimir el botón de su control remoto y negar que un niño está siendo violado?’ A lo mejor la terminación de mis nervios está cauterizada, a lo mejor estoy a prueba de shock en este punto, pero no hay mayor placer que proteger a nuestros jóvenes, y hacer que la gente que los destruye, pague. Estoy más que compensado”.

[Fotografía de Mike Anderson]

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