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Los docentes peronistas #7

Peron-Moto.jpgPor Omar Genovese

Verdad Nº 13: Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.

Doctrina:
1. f. Enseñanza que se da a una persona sobre una materia determinada.
2. Ciencia, sabiduría
3. Conjunto de creencias defendidas por un grupo: la doctrina liberal.

Sinónimos de doctrina:
Erudición, sistema, saber, creencia, religión, ciencia, ideales, principios, sabiduría.

En la verdad 13 encontramos dos oraciones: la primera edulcora y justifica la severidad de la segunda. Lo evocativo antecede a lo lapidario, tal vez con la intención última de justificar aquello que la práctica política ha mostrado como injustificable. También la primera oración acerca al sujeto que lee aquello que le es distante e intocable: el poder. Se lo muestra como cuerpo común, accesible, inmediato, cognoscible; que necesita de un alma, como indica la creencia vulgar, entre mística y pragmática. Si un cuerpo con alma es un gobierno, defenderlo simboliza la defensa de una existencia que, también, pertenece al que la defiende, siendo su extensión y órgano convocante. Cuando un gobierno carece de doctrina (alma), significa que es algo indigno, oscuro, informe, o diabólico, nocturno, dañino, riesgoso. La doctrina ofrece la solución como la sangre el alimento a las células, circula por sus componentes, dándole vida, promoviendo sanidad. Es vehículo y sustancia y, tal vez, la energía misma que impulsa el ejercicio del poder. La evocación puede profundizarse, entonces el alma en pena equivale a un gobierno sin doctrina, la deriva de un muerto sin paz. Casi siniestro, el futuro sin doctrina es igual al espíritu condenado vagando en la noche de la desesperanza. Para que el peronismo sobreviva (para que todo gobierno sobreviva a su opuesto), sí y solo sí, debe existir una doctrina.

La primera afirmación hace evidente el “Por eso…” con el que comienza la segunda. Para evitar un gobierno penoso, el peronismo tiene la solución en “su propia” doctrina que abarca lo político, económico y social. Una doctrina que recurre a la tríada elemental del sujeto destinatario de su política, el peronista: militancia, bolsillo y familia; o también, fuerza, poder y disfrute, minimización y reduccionismo a lo elemental de la necesidad básica de un ciudadano que puede no ser peronista (y es aquí donde es evidente, una vez más, que lo que no es peronista se encuentra omitido, no importa). Esos tres ejes serán las guías sobre las que el transitar de la existencia peronista encumbrará su liderazgo y a sus líderes. El ámbito de la acción precede al de la posesión y el goce, siendo lo más importante ya que antes que pensar en el deber que la familia o la relación afectiva y su demanda, antes de elaborar una estrategia individual respecto a un oficio o profesión que alimente el entonrno, el peronista debe accionar, obedecer a esa palabra magna, cuya regencia indiscutible queda para el final: Justicialismo. ¿Qué significa, si es que puede buscarse un significado? No quiero teorizar al respecto, pero llama la atención que la noción de lo justo se entrelace con la terminación ismo. Por un lado, la materia como fin de la doctrina se concretaría como Justicia implacable e histórica, y por qué no fundamental. Y por otro, la sonoridad del conjunto acentuada en el ismo, le da una envoltura de tono filosófico o de saber indiscutible. El ingenio del apelativo dado al conjunto doctrinal parece sugerir cierta pre existencia del término en un libro sagrado que no se menciona, o que proviene de una experiencia científica de una ciencia inaprensible. Esa sobredosis de universalidad coloca al término Justicialismo en las orillas mismas de todos los sinónimos de la palabra doctrina, pero sin mojarse en ellas, pues no enuncia su origen o peor, lo oculta con intención. Y ello es porque el misterio de su anunciación lo hace cumplir con el requisito básico del conjunto: una verdad debe ser irrefutable para serlo, y que mejor método para lograrlo que evocar la divinidad como su origen velado, aunque se embeba del más alevoso paganismo. ¿Quién se atrevería a cuestionar algo emanado por Dios? Aunque, como se infiere, carezca por completo de sentido, y peor, de algún significado.

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