Articulo

La traducción interminable

hugo wolf.jpgPor Silvia Dabul

Hugo Wolf, compositor que “mal” cantaba la Maga en Rayuela y una de las personalidades más irascibles y atormentadas de toda la historia de la música, es posiblemente quien llevó la canción alemana o “lied” al punto más alto de intimidad con el texto que se pueda imaginar en cualquier lengua. Jamás compuso sobre sus palabras: se apropió –en el pleno sentido del término– de las de Eichendorff, Mörike y Goethe para transformarlas en alrededor de 300  “lieder” que constituyen la obra vocal de cámara más exquisita y sintética del romanticismo tardío.
Nacido en 1860 en la actual Eslovenia, Hugo oscilaba entre la euforia y la depresión, entre la ironía y la sutileza más liviana. Amaba y admiraba a Wagner con pasión rayana en el fanatismo. Consecuentemente, detestaba a Brahms. Murió recluido y completamente loco por la sífilis en un hospicio.
“Italienisches Liederbuch” o “Cuaderno de canciones italianas”  es una colección de 46 lieder cuyos textos, traducidos al alemán por Paul Heyse, provienen de poemas anónimos antiguos italianos, recopilados por Niccolò Tommaseo, Giuseppe Tigri y Angelo Dalmedico y publicados alrededor de 1840.
Según relata Guillermo Piro, traductor de las “Italienisches Liederbuch” de Juan Rodolfo Wilcock, ésta era la música que escuchaba el poeta en su rancho de Viterbo mientras escribía esos 34 poemas de amor bellísimos.
Es probable que la versión que oía Wilcock por radio fuese la que ejemplifica esta nota. Circulan hoy contadísimas grabaciones de la obra de Wolf, es legítimo imaginar entonces que en 1973, cuando Wilcock escribía  sus “Italienisches”, la única disponible era ésta que en 1965 grabaron  Fischer-Dieskau y Elisabeth Schwarzkopf. Si no fuera legítimo, es al menos bello  suponer que estamos escuchando exactamente las mismas voces que Wilcock escuchó, fantasear sobre este tipo de cosas obra como bálsamo.
Paul Hayse se tomó, como era de esperar, naturales libertades con el original italiano: las traducciones al español que aquí se incluyen están basadas en el texto alemán.
Así, un recorrido desde los poemas anónimos de la vieja Italia hasta la exaltación enamorada de Wilcock, pasando por los textos de Hayse y la música de Wolf, sifilítico iluminado; muerto, como corresponde a un alma expresionista y complicada, en trance de ardor y de locura.

Hugo Wolf
Italienisches Liederbuch

Elisabeth Schwarkopf: soprano
Dietrich Fischer-Dieskau: barítono
Gerald Moore: piano

Nº 22
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Io son venuta a farvi serenata,
Padron di casa, se contento siete.
So che ci avete una giovin garbata:
Dentro le vostre mura la tenete.
E se per sorte fosse addormentata
Questo da parte mia voi le direte:
Che ci è passato un suo caro servente,
Che giorno e notte la tiene in mente.
Tra giorno e notte son ventiquattr’ore;
E venticinque la tengo nel core.

Ein Ständchen Euch zu bringen  
Ein Ständchen euch zu bringen kam ich her  
Wenn es dem Herrn vom Haus nicht ungelegen  
Ihr habt ein schönes Töchterlein  
Es wär wohl gut sie nicht zu streng im Haus zu legen  
Und liegt sie schon im Bett, so bitt’ ich sehr  
Tut es zu wissen ihr von meinetwegen  
Dass ihr getreuer hier vorbeigekommen  
Der Tag und Nacht sie in den Sinn genommen  
Und das am Tag der vierundzwanzig zählt  
Sie fünfundzwanzig Stunden lang mir fehlt!

Vine para cantaros una serenata,  
para una serenata a vos aquí vine. 
Si al señor de la casa así le place: 
vos tenéis una hijita hermosa, 
no sería bueno encerrarla en casa  
si ya está en cama, se lo ruego,  
hágale saber de mí al momento,  
que su fiel admirador ha pasado,  
que siempre la lleva en el pensamiento,  
¡Y que en el día de veinticuatro horas  
llevo en el corazón la veinticinco!

Nª 25
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El mio moroso m’à invidato a cena,
E nol gaveva casa da menarme.
Ghe manca ‘l fogo e ghe manca la legna,
Ghe manca la pignata da tacare.
Ghe manca ‘l caratèlo del vin bon,
E nol gavea bocal da travasarlo.
Curta la tola e streta la tovagia,
El pan xe duro e ‘l cortelo no tagia.

Mein Liebster hat zu Tische mich geladen
Und hatte doch kein Haus mich zu empfangen,
Nicht Holz noch Herd zum Kochen und zum Braten,
Der Hafen auch war längst entzwei gegangen.
An einem Fäßchen Wein gebrach es auch,
Und Gläser hat er gar nicht im Gebrauch;
Der Tisch war schmal, das Tafeltuch nicht besser,
Das Brot steinhart und völlig stumpf das Messer.

Mi amado me ha invitado a comer
sin tener siquiera una casa donde recibirme,
ni leña, ni hogar para poder guisar o freír,
la cazuela, estaba desde hacía tiempo partida en dos.
Un barrilito de vino era cosa de mucho esperar.
tampoco tenía vasos que se pudieran usar.
La mesa era pequeña, el mantel era corto,
el pan duro como una piedra y el cuchillo no cortaba.

Nª 17
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Se vuoi vedere il tuo servo morire,
Testi capelli non te li arricciare,
Giú per le spalle lasciali ire,
Che paion fila d’oro naturale.
Paiono fila d’oro, oro in filato,
Son belli li capelli, e chi l’ha in capo.
Paiono fila d’oro, e seta fina:
Son belli li capelli, e chi li striga.

Und willst du deinen Liebsten sterben sehen,
So trage nicht dein Haar gelockt, du Holde.
Laß von den Schultern frei sie niederwehen;
Wie Fäden sehn sie aus von purem Golde.
Wie goldne Fäden, die der Wind bewegt -
Schön sind die Haare, schön ist, die sie trägt!
Goldfäden, Seidenfäden ungezählt -
Schön sind die Haare, schön ist, die sie strählt!
 
Si quieres ver morir a tu amada  
No lleves tu pelo rizado, querida,  
deja que ondee libre sobre los hombros.  
Hilos parecen, de oro puro,  
tus cabellos en el viento.  
¡Bello es tu pelo, bella quien lo lleva!  
¡Hilos de oro, hilos de seda sin fin,  
Bello tu pelo, bella la que lo irradia!

Nª 10
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Ti pensi di legarmi con un filo,
Con uno sguardo farmi innamorare.
Non ti fidar di me quando che rido:
Che piú d’in alto l’ho fatti calare.
E l’ho fatti calar; credilo a mene.
So’ innamorata, ma non già di tene.

Du denkst mit einem Fädchen mich zu fangen,
Mit einem Blick schon mich verliebt zu machen?
Ich fing schon andre, die sich höher schwangen;
Du darfst mir ja nicht trau’n, siehst du mich lachen.
Schon andre fing ich, glaub’ es sicherlich.
Ich bin verliebt, doch eben nicht in dich.

¿Piensas que con un hilito me vas a atrapar,
que con una mirada harás que me enamore de ti?
Yo he cazado a otros que remontaban más alto.
No deberías confiar en mí cuando me ves reír.
Cacé ya a otros, créelo con seguridad.
Estoy enamorada, pero no de ti.

Nª 32
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Caro amor mio, non mi far l’adirato.
Averla contro me non hai ragione.
Piglia un coltel che sia ben appuntato,
Vieni alla volta mia, passami il core.
Se non serve un coltel, prendi una spada,
E del mio sangue fanne una fontana.
Se non serve un coltel, prendi un pugnale,
E lava nel mio sangue ogni mio male.

Was soll der Zorn, mein Schatz, der dich erhitzt?
Ich bin mir keiner Sünde ja bewußt,
Ach, lieber nimm ein Messer wohlgespitzt
Und tritt zu mir, durchbohre mir die Brust.
Und taugt ein Messer nicht, so nimm ein Schwert,
Daß meines Blutes Quell gen Himmel fährt.
Und taugt ein Schwert nicht, nimm des Dolches Stahl
Und wasch in meinem Blut all meine Qual.

¿A qué se debe esa rabia, amor mío, que te enardece?
Aunque soy consciente de no haber pecado,
¡ay! es mejor que tomes un cuchillo bien afilado,
te acerques a mí y me atravieses el pecho.
Y si no te sirve un cuchillo, toma una espada,
que así el manantial de mi sangre ascenderá al cielo.
Y si no te sirve una espada, toma un puñal de acero
y lava todos mis sufrimientos con mi sangre.

Italienisches Liederbuch
J. R. Wilcock
(Traducción: Guillermo Piro)

Nº 6

Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
el cielo se oscurece con una luz verde,
la gente huye de la orilla del mar
por un presentimiento remoto de tormenta
o de contraste entre los elementos,
llamaradas se enarbolan sobre los cables de los tranvías,
y un gran silencio cae sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo olvidado,
de un presente que se derrumba sin tregua
velozmente en el deforme pasado,
lees acerca de un rey y coronas, jardines y guerras,
tú que eres la corona de cada imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de los sentidos de la naturaleza,
lees: «¿Quién creerá mis versos en el futuro
si digo ahora todo lo que vales?»
y sucede en aquel momento que esos versos
como una flecha lanzada en los siglos
alcanzan a quien un día los ha inspirado.
Y entonces la oscuridad verde se hace total,
la gente se oculta, abrumada,
y en un silencio como de terremoto
se alza la luna sobre los Castillos Romanos
y lentamente vuelve todo al azul,
mientras tú, mi poesía, lees poesía.

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